domingo, 19 de mayo de 2024

Maratona da Europa (3) - La carrera

 Tras un fin de semana muy lluvioso,  el sol lucía en Aveiro el domingo por la mañana, el viento soplaba ligeramente, pero la humedad era elevada después de toda la noche cayendo agua; desayuné en la habitación porque el hotel no quiso abrir antes el comedor y me preparé para disputar la que podría ser mi quincuagésima maratón terminada. Tras una preparación no muy intensa, pero suficiente después de Roma, confiaba en hacer un buen papel en una prueba señalada para disfrutar del número señalado.

Me dirigí a la salida con Marisa y con Rubén, mi sobrino, que iba a disputar la media; calentamos un poco, le di algún consejo, nos hicimos unas fotos y todo estaba listo para empezar a correr; hacía calor, no me gustaba, pero confiaba en mis posibilidades y había que ser cauto y ambicioso al mismo tiempo. Tras ubicarnos en nuestro cajón, le dije a Rubén que fuera por delante, yo iba a salir a un ritmo mucho más lento que el y no quería estropear la marca que le vaticinaba.


Aunque la salida está bien organizada, los cajones abarcan muchos tiempos y los primeros metros resultan complicados debido a la cantidad de corredores lentos que hay que adelantar, pero al no estar pendiente de la marca, me lo tomé con tranquilidad; la carrera se fue despejando y pronto aparece el primer cruce del canal, o lo que es lo mismo, un puente con una considerable inclinación que iniciaba el festival de pasos elevados de la carrera. Mantenía el ritmo que había previsto, alrededor de 4'40'' el kilómetro con comodidad, no quería pasarme de ritmo, pero tampoco rodar más lento, parecía que las cosas marchaban de acuerdo al plan previsto.

Sabía que el recorrido no era muy favorable para la animación de mi grupo de fans, tanto que llegaron un minuto más tarde de mi paso por el kilómetro 10, aunque tuve la suerte de cruzarme con Rubén, que iba ya por delante y como una moto; aproximadamente en ese punto los recorridos de la media y del maratón se separan y se la prueba larga se encamina hacia la playa do Barro, por una carretera entre polígonos un tanto aburrida y sin público, en la que charlé un rato con un atleta orensano que corría su segunda maratón. Tras un buen rato juntos, se quedó y yo seguí a buen ritmo hasta alcanzar el paso elevado de la autopista por el que se accede a la zona de la playa y el faro; esta vez es una cuesta larga y aunque voy bien, empiezo a notar los efectos del calor y la humedad, no voy mal, pero algo cansado.

Justo después del faro se cruza la media maratón, lo hago en 1h39', conforme a lo previsto pues mi objetivo era rebajar el tiempo de Roma y si era posible, bajar de 3h20'. Como me sentía bien, puse un ritmo ligeramente más rápido y empecé a adelantar atletas, aunque el nuevo paso por el puente elevado me dejó un poco tieso. Había que volver a Aveiro, pero en vez de hacerlo por el polígono, ahora la prueba discurre por una carretera que cruza varios pueblos y resulta más agradable, además de recibir más ánimos del público. 

Aveiro se atisba en el horizonte, pero queda mucho y bastante duro; he tomado mis geles y sales minerales, pero empiezo a perder segundos en cada kilómetro y ya no voy fresco, es evidente que la humedad está haciendo mella en mi rendimiento. Por fin aparece mi afición, alrededor del kilómetro 30, me animan y todavía tengo fuerzas, pero las cosas se van a poner feas poco después, aunque vuelvan animarme en otras dos ocasiones. Ya hemos entrado en Aveiro, mi ritmo ha caído mucho y empiezo a cambiar mis objetivos, aunque siguen estando alrededor de 3h20'. Faltan todavía 7 km, suficientes para sufrir en un maratón y es que cuando se empieza a subir por la avenida principal de la ciudad me paro, no puedo con las piernas e intento recuperarme, pero ya no va a ser posible.

Creo que cometí un error al incrementar mi ritmo tan pronto y lo pago, pero ese no es el único problema, lo peor es que las piernas no van bien, la humedad y las cuestas están haciendo picadillo y mis músculos empiezan a dar señales de agotamiento, o lo que es lo mismo, empiezan los calambres. La última parte del recorrido sigue teniendo cuestecitas que machacan a las piernas cansadas como la mía; no sé cuantas veces me paré, bastantes, con calambres en ambos isquios, en gemelos, incluso avisos de posible rotura en modo de sensaciones muy extrañas; lo peor fue el calambre en la fascia de la planta del pie izquierdo a falta de un kilómetro que me obligó a parar y a estirar durante un buen rato con la ayuda de un aficionado.

Cojeando y sin hacer esfuerzo llegué al final, donde me animaron todos, incluido Rubén que ya se había cambiado. Crucé la meta en 3h29'48'', feliz por acabar mi 50 maratón, pero no del todo por el devenir se los acontecimientos en la última parte de la prueba. Ya ni importaba, la bonita medalla dela Maratona de Europa y el abrazo de Marisa me hicieron regresar a la realidad, había logrado mi objetivo, terminar y redondear mi palmarés con un número redondo, que no es más que eso, porque los maratones van a seguir, hasta que se me acabe la cuerda.

Mi quincuagésimo maratón ya está en mis vitrinas, no fue mi mejor carrera, pero me llevo la satisfacción de la marca de Rubén, que bajó de 1h29'  en la media y tiene margen para mejorar, estoy seguro que lo hará; pero también estoy seguro que tengo que seguir corriendo con la misma ilusión que hasta ahora y compartir mis experiencias con todas las personas que me acompañan o que me animan cada carrera, empezando por Marisa, que cumplió también 50 maratones como acompañante; el mérito de haber llegado hasta aquí no es sólo mío, lo comparto con todos. Ahora toca seguir completando retos.

sábado, 18 de mayo de 2024

Maratona da Europa (2) - La organización

 Analizar la organización de un maratón pequeño como este es una tarea complicada pues hay que poner en contexto todos los factores que se analizan; lógicamente, no es lo mismo manejar a 40000 participantes que a 6000, que es la cifra aproximada de atletas en Aveiro sumando las tres carreras. De esos, los maratonianos no llegan a 1500. Sin embargo, hay detalles que ayudan a comprender que los organizadores se esfuerzan para ofrecer la mejor atención a todos los participantes, que son los verdaderos protagonistas del evento sin importar el tiempo realizado.

A pesar de ser un maratón modesto, han puesto un gran empeño en conseguir una página web muy trabajada, atractiva, fácil de usar y con toda la información relevante que se necesita; la inscripción se realiza por un portal de inscripciones sencillo y además no es demasiado cara, teniendo en cuenta que la bolsa del corredor es abundante. Supongo que los visitantes de la página no son tantos como en pruebas masivas, pero está al nivel de eventos mucho más importantes.

El cuartel general de la organización se ubica frente al hotel Meliá Ría, en unas carpas ubicadas al lado de la ría y es allí mismo donde se ubica la salida y llegada de la prueba. La feria es pequeña, pero interesante; la recogida del dorsal se hace en una primera carpa y después se pasa a una segunda donde se ubican stands con publicidad de maratones y artículos deportivos fundamentalmente, nada que se salga de lo habitual. Hay merchandising, un puesto pequeño, pero suficiente para comprar algún recuerdo a precios competitivos; por último, se llega a otro espacio grande en el que te pueden hacer una foto que te envían al instante y algunos elementos más tendentes a hacerte la foto de recuerdo y el ya típico muro de firmas. Antes de abandonar la feria, te puedes tomar un café o una cerveza en un bar.

La carrera comienza al lado de la feria, entorno precioso, grande, ideal para calentar, cambiarse, estirar y hacerte las fotos previas al comienzo; hay bastantes baños para las urgencias de última hora y la entrada a los cajones está muy bien organizada con muchos voluntarios trabajando de verdad, ni una pega. La recta de salida es amplia, pero no hay que olvidar que Aveiro no es una gran urbe y en los primeros metros hay bastante aglomeración, hasta que la carrera se va despejando poco a poco. Después se comienza a correr por un recorrido complicado y es que no creo que sea muy sencillo idear una ruta de 42 kilómetros y una sola vuelta en una ciudad pequeña y con canales; el resultado es que hay que cruzar puentes en varias ocasiones, que hay demasiados giros y que gran parte de la prueba discurre por las carreteras que unen la ciudad con las playas. No me gustó el recorrido, de dureza media y poco atractivo, pero entiendo que es difícil hacer algo mejor. 

Por lo demás, el recorrido está bien señalizado, muchos voluntarios y avituallamientos buenos, a derecha o izquierda según el tramo,  con agua, electrolitos, geles a partir de la media, alimento sólido y algo que me gusta mucho, voluntarios ofreciendo el vaso o la botella, un trabajo bien hecho que valoramos mucho los corredores. A diferencia de Roma, aquí hay las liebres justas y necesarias y no molestan a los participantes.

En un recorrido de este tipo es previsible que no hay mucha animación; la mayoría de los aficionados se ubican en Aveiro, por donde no se corre nada más que al salir y al llegar; entre medias, poca gente por la carretera, salvo en algunos puntos concretos y también hay presencia de espectadores en el paso por la zona del faro. Tampoco hay zonas de animación de la organización, lo que se recorran muchos kilómetros  prácticamente en solitario, pero es algo normal en un maratón pequeño. La llegada repleta de público lo compensa un poco, al ubicarse en un lugar céntrico y atractivo.

En la llegada, puedes beber agua, bebida isotónica y cerveza, además alimentos sólidos como fruta y barritas; para rematar una buen a bolsa, te dan una camiseta de finisher y un chubasquero, un detalle muy bonito y práctico.

Me ha gustado la organización de esta prueba, muy enfocada a los corredores, modesta pero efectiva; es una pena que una carrera a la orilla del mar no sea completamente llana para atraer corredores en busca de una buena marca, pero creo esta prueba seguirá progresando, aunque espero que una subida en la participación no suponga una merma en otros aspectos.


viernes, 17 de mayo de 2024

Maratona da Europa (1) - El ambiente

Siempre he pensado que hay demasiadas "venecias" esparcidas por el mundo; la fuerte influencia de la capital del Véneto, ha provocado que se denominen de esa manera otras ciudades que poseen canales, de hecho podríamos hablar varias "venecias del norte", pues así denominan algunos a Amsterdam, San Petesburgo, Estocolmo... pero también hay una "venecia" en China (Suzhou), en  EE.UU (Fort Lauderlaude) e incluso en España se considera así a El Masnou. No es extraño, por tanto, encontrar otra "venecia" en Portugal, concretamente  Aveiro, una pequeña y coqueta ciudad que alberga unos cuantos canales que le han otorgado esa denominación. Para mi, el encanto de esta ciudad del norte portugués no reside sólo en esos canales, Aveiro tiene muchos atractivos llamativos como sus edificios Art Noveau, su pescado y su marisco, sus ovos moles y su espíritu deportivo, pues esta pequeña ciudad ha albergado eventos tan importantes como el Europeo de Fútbol y año tras año su Maratona da Europa, que atrae a corredores de todo el continente y en general de todo el mundo.

Al llegar por carretera a nuestro destino, pudimos admirar el bonito estadio construido para la Eurocopa, que no se encuentra actualmente en un buen estado de conservación, pero  no pasa lo mismo con la ciudad, pues tras registrarnos en el hotel y pasear hasta la feria, pudimos observar una ciudad muy cuidada y muy limpia. La feria se ubica en una carpa al lado de la ría, junto  al hotel oficial de la carrera, el Meliá. Es una feria pequeña, bien organizada y con mucho ambiente, pues desde que entras hay cosas que hacer y posibilidades de hacer buenas fotos/recuerdo, esas que tanto nos gustan a los corredores.
El lluvioso fin de semana no impidió que los participantes en la carrera se dejaran ver por las calles de la ciudad, en monumentos, tiendas, restaurantes... eran fácilmente identificables las zapatillas, camisetas o bolsas con referencia al maratón. Hacía tiempo que no corría una carrera tan "casera" y volví a disfrutar de este tipo de detalles que generan un ambiente especial al evento.
La carrera en si también tiene un sabor especial, aunque teniendo en cuenta que es una ciudad pequeña y que el circuito se completa en una sola vuelta, es fácil adivinar que hay muchísimos kilómetros con ausencia total de animación; como es habitual, mucha gente en la salida y el primer kilómetro y después en puntos importantes de la ruta, tanto en Aveiro como en la zona de la playa y el faro, donde también se podía disfrutar de público animando a los sufridos atletas. Los últimos kilómetros por la zona universitaria también son un poco sosos, pero se compensa con una espectacular llegada por una alfombra azul y muchísimo público dando esos ánimos finales que tanto se necesitan.

Obviamente mi afición siempre merece un capítulo aparte, pero más aún en esta ocasión en la que iba a cumplir mi quincuagésimo maratón terminado;  esta vez, prepararon de manera especial la animación para arroparme aún más, con camisetas conmemorativas, sombreros y un regalo especial que me dieron al acabar. Carlos, Myriam, Encho, Toli, Magüy, Camilo y Rafa, dirigidos por Marisa, volvieron a ser los mejores, como siempre, pero se van superando día a día. Correr con el apoyo de tus amigos es mucho más importante que cualquier marca o cualquier reto, ellos tienen mucha culpa de que haya llegado a este número de carreras terminadas y espero que sigan animándome por le mundo muchas más ocasiones. Un diez, matrícula de honor, cum laude... da igual la nota que les ponga, siempre dan lo máximo.
La Maratona de Europa es una carrera bonita, de esas en las que disfrutas de los pequeños detalles que hacen una carrera grande: buen trato al corredor, numerosos voluntarios dispuestos a ayudar, una ciudad volcada en su evento... Un maratón que hay que correr.


miércoles, 24 de abril de 2024

En tierra de fondistas

 El 12 de agosto de 1984, el portugués Carlos Lopes se colgaba la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles contra todo pronóstico, al superar a los grandes favoritos, Alberto Salazar y Robert de Castela; Lopes no sólo venció, sino que logró tres hitos, ser el primer atleta portugués en conseguir un oro, el récord olímpico de maratón y el convertirse en el atleta más veterano en conseguir el título olímpico de la distancia, contaba con 37 años. Lopes un corredor tardío que logró sus mayores éxitos a una edad avanzada, se imponía a pesar de su edad, un claro ejemplo de la longevidad de los maratonianos que se puede comprobar con muchos más casos, como el de los grandes Gebreselassi y Bekele.

En Los Ángeles, una tal Rosa Mota, también lusa, lograba la medalla de bronce en la prueba de Filípedes, pero su gran momento llegó cuatro años después al imponerse en la final olímpica de Seúl. Mota, fue una de las mejores maratonianas de la historia, ganó 14 de los 21 maratones que disputó y es sin duda la mejora atleta de la historia de Portugal, además de una de las mejores fondistas mundiales. Peor no queda ahí la cosa, el atletismo de fono luso ha dado otros grandes nombres como los hermanos Castro o el gran Fernando Mamede.

Tuve la oportunidad de ver los últimos kilómetros de la prueba en la que se impuso Lopes y aunque yo era muy joven, ya entonces empezaba a pensar en el maratón y en las hazañas de hombres como el portugués, Abebe Bikila o Dorando Pietri, vencedor en 1908; pero como Lopes, mi afición a esta prueba fue tardía, debuté con 40 años y 18 años después sigo con la misma ilusión acudiendo a citas maratonianas, aunque la del próximo domingo en  Aveiro va a ser especial, porque si termino, habré llegado a completar 50 maratones, una cifra redonda muy resultona.

La elección de la Maratona de Europa para celebrar el evento ha sido casual, simplemente el quincuagésimo maratón va a caer allí y aunque me hace ilusión llegar a esa cifra, lo que realmente debo celebrar es que sigo corriendo y espero seguir haciéndolo durante bastantes años, si es posible, con la compañía de familia y amigos, como hasta ahora. Hablando de familia, en Aveiro volveré a correr junto a mi sobrino Rubén, que disputará la media, como ya hizo en Murcia en 2020; será especial volver a correr junto a el en esta ocasión.

Lógicamente no voy a estar solo en Aveiro, pues volveré a tener un nutrido grupo de animadores, dirigido, como siempre, por Marisa; Rafa, Camilo, Encho, Toli, Carlos y Myriam estarán animando en las calles de la "Venecia Portuguesa" y espero que celebrando la consecución de una nueva medalla de "finisher".

Aveiro, una ciudad costera, famosa por sus canales, por sus edificios art noveau, por su playa  y por su industria pesquera, será la sede de mi primer maratón en el país vecino en una ocasión muy especial. He entrenado bien y con ganas para llegar en las mejores condiciones posibles, no me importa la marca, pero si disfrutar la carrera con intensidad y cruzar la meta con energía Después de conseguirlo, llegará el momento de pensar en muchas personas, pero eso ya os lo contaré máss adelante.


domingo, 24 de marzo de 2024

Maratón de Roma (3) - La carrera

El sol ya lucía a las 6 de la mañana en Roma, con una temperatura fresca que prometía aumentar con el paso de las horas, sin viento y sin nubes; tras el desayuno en el hotel, me fui caminando con Marisa y Myriam hasta la salida, siguiendo en procesión a muchos corredores que iban a formar parte del evento. Una vez en las inmediaciones de la Plaza de Venecia, me preparé, me despedí de Marisa y me dirigí al cajón de salida al que llegué a tiempo a duras penas, como ya he descrito. Prácticamente sin calentar me puse a correr y olvidé los problemas, había que pensar en lo que tenía por delante, pues me esperaban 42,195 Km difíciles e inciertos después de mis dos últimas experiencias.

No salí rápido, más bien tranquilo, tras una complicada salida con muchos atletas y poco espacio; pronto encontré el ritmo cómodo que buscaba, ligeramente por debajo de los 4'45'' min/km, que me permitía adelantar corredores constantemente pues había empezado muy atrás. El primer escollo fue adelantar al globo de las 3h25', tarea relativamente fácil, pero un poco más tarde me tocó adelantar al globo de las 3h20' y eso me costó bastante porque las calle era estrecha y no quería dar un acelerón. Ente unas cosas y otras, los kilómetros iban pasando y también los pasos por las principales atracciones del recorrido, como la pirámide o el Circo Máximo, pero sin duda lo más espectacular llegó tras un giro a la izquierda y entonces encontrarme San Pedro del Vaticano frente a mis ojos; fue  emocionante recorrer unos 300 metros con vistas a un lugar tan icónico y justo después girar a la derecha para seguir el recorrido con una dosis extra de motivación.
Las emociones no iban a terminar ahí, justo acababan de comenzar porque poco después, recibí los primeros ánimos de mi afición que me dieron otro buen empujón antes de pasar la media en 1h40'48'', cercano a lo que tenía previsto, pero discrepante con los datos que me ofrecía mi reloj que estaba midiendo metros de más.

Después de la media, el recorrido se aleja del centro hasta llegar al Estadio Olímpico, donde aparte de algunos puestos de bufandas de la Roma y un stand promocionando los Campeonatos de Europa de Atletismo, se vive otro momento emocionante al recorrer un paseo con placas conmemorativas de grandes atletas italianos como Alberto Cova o el inigualable Pietro Menea, uno de los ídolos de mi juventud. Una vez dejado atrás el estadio, se recorren las calles aledañas a las pistas de tenis del Foro Itálico, lugar donde el gran Rafa Nadal ha cosechado un gran número de victorias. 
la carrera se dirige de nuevo al centro, mi ritmo seguía siendo estable y aunque mi reloj me informaba de r ritmos más altos, mi paso por los hitos kilométrico me dejaban ver la marca real previsible. Ya camino del kilómetro 32, volví a recibir los ánimos de la afición justo antes de iniciar el motivador final de fiesta en el que pensaba aumentar el ritmo. En el kilómetro 35 se entra en la Piazza del Popolo y tras hacer un giro nos dirigimos a la Piazza de España; las calles ya están abarrotadas de un animoso público que llevan en volandas a los atletas, aunque aún queda un buen trecho para el final. Se sigue corriendo por el centro, en un suelo irregular a causa de los adoquines y lo baches, además de hacer innumerables giros, es es imposible ir más rápido, pero da igual, es un final espectacular en una ciudad espectacular. Tras el paso por Piazza Navona ya nos dirigimos al Coliseo, que espera después de más adoquín y dos empinadas cuestas que casi acaban con mis fuerzas, la última con vistas a la mítica Piazza del Campodglio donde se ubican los Museos Capitolinos. Con el foro y el Coliseo a la vista se recorren los últimos metros, ya sin público, con la piernas destrozadas después de tanto adoquín, pero con la felicidad de cruzar la línea de meta en un entorno realmente inolvidable.

Mi cuadragésimo noveno maratón acabo en 3h22'01'' después de su comienzo, una marca decente después de una carrera dura y emotiva. Lo fundamental ha sido volver a disfrutar corriendo un maratón, recuperar esas sensaciones que había perdido y que ahora me van a ayudar para preparar mucho más motivado mi próxima cita maratoniana. Roma siempre quedará en el recuerdo como una carrera especial, pero por delante quedan proyectos muy atractivos que habrá que volver a pelear y a disfrutar.

jueves, 21 de marzo de 2024

Maratón de Roma (2) - La organización

La ciudad de Roma ofrece un marco incomparable para la celebración de una prueba maratoniana, pero precisamente por ser una ciudad con un patrimonio artístico tan impresionante, requiere un enorme esfuerzo organizativo difícil de manejar y no siempre bien resuelto.

Los primeros problemas surgen con la inscripción, que se realiza en una página de inscripciones deportivas independiente a la página oficial del maratón; la página oficial es bastante aparente con información relevante pero mal estructurada, porque las búsquedas no son ni intuitivas, ni sencillas. La inscripción es aún más complicada porque establece varias categorías en función de la procedencia de los atletas y de la posesión o no de la Runcard, una tarjeta que la Federación Italiana de Atletismo exige a los corredores que se quieran inscribir como "competitivos", aunque no es obligatoria para los que no quieren aparecer en las clasificaciones. En resumen, que si quieres salir en el ranking oficial, tienes que rascarte el bolsillo y gastar 15 euros para adquirir una tarjeta válida por un año, pues no hay opción a una "licencia de día", el modelo español más sencillo y económico. Además,  si quieres la inscripción buena, necesitas un certificado médico, que normalmente es otro gasto adicional. En resumen, la inscripción es engorrosa y sale por una pasta, aunque la organización no es la responsable directa, más bien hay que mirar a la federación.

El fin de semana maratoniano está repleto de eventos, aunque no suelo participar mucho, así que me centraré en lo que conozco, empezando por la feria del corredor, ubicada en un pabellón de exposiciones, bien organizada y con bastantes expositores, la mayoría publicitando carreras en Italia y países limítrofes. El resto  de stands son bastante diversos, no todos centrados en el deporte; eché en falta que hubiera más oferta de marcas relacionadas atletismo, tanto de ropa como de alimentación o dispositivos electrónicos, pero sólo había una pequeña tienda de Decathlon y otra de Joma, merchandising oficial del evento. Como suele ocurrir en estos, no había demasiadas tallas disponibles y muchos productos estaban agotados, así que era difícil comprar. En resumen, la feria no está mal, pero es mejorable.

Cuando llegó el domingo, todos los atletas habíamos recibido instrucciones precisas para el acceso a la salida en las que, además, se insistía en la necesidad de llegar con tiempo pues las obras en la zona condicionaban dicho acceso. Se suponía que dicho acceso estaba restringido sólo a los participantes, pero cuando llegué a la Plaza de Venecia reinaba el desorden; no había señalización adecuada, los escasos voluntarios no se enteraban de lo que había que hacer y de ese modo, por la zona de salida pululaban atletas y curiosos mezclados. Si a ello unimos una deficiente colocación de los baños, cuyas colas de espera se colocaban en la misma zona de salida, el resultado es fácil de adivinar: caos absoluto. Por esa razón, pude llegar con sólo dos minutos de adelanto a mi área de salida, previa parada en los baños (claramente insuficientes) y cuando llegué no pude acceder a la calle central porque había demasiado atletas, lo cual indica que la zona en cuestión no era adecuada, demasiados atletas para un espacio tan reducido. Al final, se da la salida y avanzas poco a poco hasta la puerta de acceso, pero las cosas no deberían funcionar de esta manera tan chapucera.

Una vez en marcha, hay que analizar el recorrido, diseñado para que los corredores disfruten plenamente de una experiencia romana; es un recorrido complicado para correr, muchos giros, muchas partes de adoquín o irregulares, cuestas... pero es evidente que no se puede hacer un recorrido rápido y atractivo a la vez en una ciudad como Roma; si quieres pasar por el Vaticano, tienes que pisar adoquín y lo mismo lo podemos aplicar a la Piazza del Popolo, a la de España, a la Piazza Navona o al final de la prueba llegando al Coliseo. No conozco la ciudad tan a fondo como para saber si se puede hacer un recorrido un poco mejor, pero lo que hay me parece muy bueno pues a Roma no se va a hacer marca, se va a disfrutar de la ciudad.

Por lo demás, el recorrido está bien señalizado, la animación oficial es pobre, como ya he dicho y los avituallamientos suficientes, separados menos de 5 Km y también hay un servicio de esponjas independiente al de hidratación; la pega es las mesas que no son  largas, no hay voluntarios ofreciendo vasos o botellas y con tanto giro, a veces, es difícil ver las indicaciones de las  mesas de hidratación que se ubican a izquierda o derecha sin seguir ningún patrón; creo que es otro aspecto a mejorar.

También requiere un comentario especial el tema de las liebres; parece que en Roma son muy aficionados a este tipo de ayuda en las carreras, porque hay globos por tramos de 5 minutos (3h30, 2h25, 3h20...) y además se repiten en las diferentes oleadas (es decir, hay más de un globo de 3h10', por ejemplo). Yo nunca sigo el ritmo de los globos, pero respeto que haya corredores a los que les pueda ayudar; el problema son los grupos que se forman detrás de ellos pues suelen ocupar toda la calle y es difícil adelantar si vas ligeramente más deprisa que ellos. Los que vamos por libre (la mayoría) nos vemos obligado a seguir el ritmo de los que ocupan todo el espacio sin pensar en el esto e intentar pasarlos en una calle lo suficientemente ancha o hacer un sobreesfuerzo para adelantarles con rapidez. Además, la obsesión por seguir el paso de los perseguidores del globo, provocan a veces accidentes en forma de tropezones, pues no son capaces de ver lo que les rodea, como se evidencia cuando coincides con un "grupo globero" en un avituallamiento y se cruzan al resto de los atletas  sin ningún miramiento. En Roma sobran liebres, aportan poco y molestan mucho.

La llegada  a las inmediaciones del Coliseo es espectacular, a pesar de la ausencia de público por obras; después de cruzar la meta tienes agua y bebida isotónica, te dan la medalla y posteriormente una bolsa con dos piezas de fruta y una botella de agua, algo pobre, en mi opinión. hay suficiente espacio para descansar y caminar hacia la salida después de recoger sin demoras problema para recoger la mochila de los camiones. 

En mi opinión, la organización de la prueba no está a la altura de un evento tan especial; Roma no es un lugar fácil para organizar un evento de este tipo, pero un poco de respeto a los participantes siempre se agradece y cuando hablo de respeto, hablo de hacer las cosas de manera que el atleta se sienta cómodo durante todos las fases de la carrera y eso no ocurre.


martes, 19 de marzo de 2024

Maratón de Roma (1) - El ambiente

La capital de Italia es una de las ciudades más visitadas del mundo por tener un patrimonio artístico insuperable y por acoger la Ciudad de Vaticano, punto de referencia universal de la religión católica; miles de visitantes de todas las nacionalidades recorren a diario sus calles, forman parte del día a día de una ciudad imprescindible de visitar. Es evidente que Roma no necesita celebrar un maratón para llenar sus calles de turistas, pero celebrar una prueba en la ciudad eterna es algo debería considerarse obligatorio y afortunadamente esta carrera forma parte de la lista de deseos de todos los corredores populares que se precien.

Llegué a Roma el viernes a mediodía y por la tarde me pasé por la Feria del Corredor a recoger el dorsal y disfrutar del ambiente que se vivía allí; bastantes corredores y muchos curiosos en una feria bastante animada en la que ya respiraba el aroma de la carrera del domingo. Como suele ocurrir en las ciudades grandes, la Expo estaba ubicada muy lejos del centro, por lo que la que la repercusión en la calles principales no era excesiva, no obstante, caminando por las zonas más turísticas de la ciudad se podían distinguir fácilmente a  muchos corredores, les delataban sus zapatillas o las mochilas que la organización regalaba a todos los participantes.
Nos vamos a la mañana del domingo, en la que desde muy temprano se ven a corredores y acompañantes dirigiéndose en masa a la Plaza de Venecia, lugar donde se entra a la zona de salida de la prueba; la plaza y alrededores está en obras por la mejora de la red de metro, de manera que la zona es un absoluto caos y es difícil distinguir si sólo hay atletas o también acompañantes; tampoco importa mucho de cara a la animación inicial,  porque debido a las obras, el acceso al público estaba prohibido en la salida y la llegada que se efectuaron sin los ánimos de los aficionados. Eso si, la cuenta atrás y el posterior lanzamiento de confeti tras al pistoletazo de salida, contribuyen a elevar el ánimo de los atletas.

Durante el recorrido hay claros y oscuros, como en todos los maratones, pero la afluencia de público es afortunadamente bastante regular, aunque obviamente se concentra en  las zona más espectaculares de la prueba, como el paso por el Vaticano, la Piazza Navona, del Popolo y de España y en los últimos kilómetros  en los que hay espectadores por doquier; en este aspecto, creo que es una prueba que cumple con las expectativas. En cuanto a la animación "oficial", esa que pone la organización para animar las partes más aburridas es bastante pobre, unas bandas de música al principio de la prueba y para de contar; sinceramente, a mí me gusta la música clásica, pero una banda animando un maratón está más fuera de lugar que Alberto Tomba rematando un córner.
Quizás me repita, pero volver a recordar que mis animadores volvieron a merecer una nota de matrícula de honor es algo necesario; con sus camisetas azules, sus banderas y sus ánimos volvieron a ser los mejores animadores de la prueba. Creo que soy el corredor de fondo menos solitario del pelotón popular internacional. Marisa, Dani, Carlos, Myriam, Camilo, Marta, Rafa, Maguy y Ana, fuisteis los mejores, pero no me quiero olvidar de otra Ana, a la que no veía desde hace años y que se unió al grupo en el primer paso para animar con el resto del equipo. Gracias a todos.
El Acea Run the Rome Marathon es una buena carrera para pasarlo bien, por su recorrido y por su ambiente, realmente recomendable.

martes, 12 de marzo de 2024

Tras las huellas de Bikila

Un 10 de septiembre de 1960, al atardecer, se disputaba el maratón olímpico en Roma; Abebe Bikila calentaba en la zona de salida después de conseguir su plaza debido a la lesión de un compañero jugando al fútbol. Aquel año, Adidas patrocinada los juegos y proporcionó zapatillas a todos los participantes, excepto a Bikila, a quién no le sentaba bien ningún par, supuestamente por el gran tamaño de sus pies. El espigado atleta etíope decidió correr descalzo, ante la atónita mirada de participantes y afición congregados en la salida, justo debajo de la imponente estatua de Marco Aurelio.

Nadie sospechaba que esa noche el atleta etíope iba a hacer historia, tras correr destacado una gran parte de la prueba junto al gran favorito, el marroquí Rhadi, al que dejó atrás a falta de 3 kilómetros para meta para imponerse con un tiempo de 2h15'16'', récord del mundo. La meta, ubicada bajo el Arco de Constantino fue la guinda perfecta de un maratón que ya es historia de los Juegos Olímpicos; un arco que también observará a los participantes de la Maratona de Roma que se celebra el próximo domingo, del que seré de la partida.

Roma siempre ha estado en mi "lista de deseos" maratoniana, no sólo por que fue el centro del mundo durante muchos siglos, también por poseer un patrimonio artístico envidiable, por ser sede del Vaticano, por ser la capital de Italia y la ciudad que vio nacer a la loba capitolina, a Julio César, a Virgilio, a Rafael, a Boticelli, a Pietro Mennea o a Francesco Totti. Roma es una ciudad apasionante donde hay que correr, al menos, una vez en la vida y ya me tocaba.

Por delante me esperan 42,195 kilómetros llenos de arte, pues la carrera comienza y finaliza a los pies del Colíseo tras pasar por lugares tan emblemáticos como la Basílica de San Pablo, el Vaticano, el Foro Itálico, la Piazza del Popolo y la Plaza de España; un recorrido similar al que completó Bikila en aquella mítica carrera. Pero no todo son buenas noticas, pues en la ciudad de las siete colinas es difícil diseñar un recorrido plano, lo que unido a una parte final que discurre por calles adoquinadas, vaticinan una prueba dura y sufrida hasta el final. Al menos, parece que el tiempo va a acompañar.

Acudo ilusionado a Roma, pero también cauto después de las dos últimas maratones disputadas, donde acabé con muchos problemas; correr lesionado en Zaragoza me pasó una factura de casi dos meses parado que no permitieron una preparación adecuada para Adelaida, donde los calambres me machacaron; luego llegó Estambul, donde otra lesión muscular no me dejó llegar con los kilómetros necesarios a la cita, en la que sufrí lo indecible. Tras un parón obligado en diciembre por motivos de salud, he completado una preparación bastante regular y sin sobresaltos para llegar a Roma con garantías de disfrutar la carrera, objetivo primordial de esta prueba. Me da igual la marca, me da igual la posición, lo que persigo esta vez es volver a disfrutar de la carrera plenamente y espero hacerlo porque el volumen de mis entrenamientos ha sido muy alto, bastante adecuado para afrontar la distancia de Filípedes con garantías; otra cosa distinta es saber si voy a poder aguantar un buen ritmo, espero que si, porque quiero recuperar mis buenas sensaciones.

Como es normal, no viajo solo a Roma, mi fiel afición me acompaña de nuevo; esta vez la expedición consta de 11 personas, Carlos, Myriam, Encho, Toli, Camilo, Marta, Rafa, Maguy, Ana, Daniel y obviamente Marisa. Aparte del colorido que van a dar en las calles romanas, van a ser esenciales en mi rendimiento, pues sus ánimos siempre me dan la fuerza necesaria para seguir sufriendo si es necesario. Espero brindar con ellos por el éxito con una cerveza italiana bien fría tras cruzar la línea de meta.

La hazaña de Bikila se me quedó grabada hace años cuando leía cualquier libro que caía en mis manos sobre los Juegos Olímpicos; el atleta etíope fue la primera y una de las principales inspiraciones que me llevaron a ponerme un dorsal para correr un maratón. El domingo le rendiré homenaje corriendo por las calles por donde él corrió y  donde nació su mito, obviamente a un ritmo mucho más modesto, pero conservando ese comportamiento atlético que tanto admiro: humildad, constancia y sacrificio, algo que define al buen maratoniano.