La ciudad de Nantes es la sexta ciudad más habitada de Francia aunque sus habitantes no pasan de 300.000, es decir una población de tamaño medio donde se celebra uno de los maratones más importantes del país a la sombra, evidentemente de la prueba de París. La capital de los países del Loira posee una importante tradición deportiva, con equipos destacados de fútbol, balonmano o rugby y por lo que parece, sus habitantes disfrutan practicando el atletismo, como demuestran los registros de inscritos en la prueba.
Lo digo porque el fin de semana maratoniano es verdaderamente intenso, el viernes por la tarde comienza la recogida de dorsales y nada más comenzar el reparto, la feria está muy animada, a pesar de celebrarse en un pabellón lejano al centro, ubicado en la principal zona deportiva de la ciudad; a pesar de la ubicación, creo que el lugar está muy bien elegido porque cumple todos los requisitos que se pueden pedir a un evento de este calibre pues además de la feria, la prueba también finaliza en ese pabellón.
En el centro de la ciudad también se puede percibir que durante el fin de semana el atletismo va a ser el protagonista, pues además de carteles anunciadores, también hay avisos de cortes de calles y obviamente participantes que deambulan haciendo turismo, con nacionalidades distintas, pero especialmente franceses de otras regiones.
El sábado empieza la fiesta atlética de la mejor manera posible, un 10K nocturno que comienza y termina en la isla, esa zona en la que se ubican las máquinas que reproducen las narraciones de Julio Verne en sus novelas; la prueba parte y acaba en el pabellón donde se exhiben "las máquinas de la isla", un lugar espectacular para la salida y tras recorrer el centro de la ciudad, regresar a una meta iluminada para la ocasión. Lo realmente reseñable es que las principales calles y plazas de la ciudad se cortan para que compitan una marea interminable de entusiastas atletas, mientras la mayoría de las terrazas está llenas de gente aún cenando.
El aperitivo es espectacular, pero lo bueno llega el domingo por la mañana temprano, cuando comienza la media y ya por entonces, la isla es un hervidero de corredores, pero también de aficionados animando a los atletas; posteriormente se da la salida del maratón y los aficionados permanecen allí para aplaudir los primeros kilómetros de la prueba reina. Una vez que se sale de la isla, el público sigue ocupando las calles, obviamente ayuda el recorrido que pasa varias veces por los mismos lugares, aunque no sea una carrera de dos vueltas; plazas, parques y las calles principales están atestadas de público animando, solamente en algunas zonas los aficionados son más escasos, pero en general hay gente durante todo el recorrido. La última fase de la carrera pasa por una zona de parque que se dirige a las afueras para llegar al pabellón y también en esa zona poco habitada, hay aficionados dando el último aliento a los corredores que ya perciben la meta muy cerca. Los últimos metros están atestados de gente así como la recta final ya dentro del pabellón; se puede decir que la población de Nantes da la talla en cuanto a dar ánimos y color a la distancia de Filípedes.
Aunque lo podéis imaginar, mi afición también volvió a dar la talla, esta vez en un recorrido más fácil para ellos que les permitió darme su aliento hasta en cinco ocasiones, la última de ellas justo antes de cruzar la meta; el apoyo de mis amigos siempore es importante, pero aún más cuando vas tieso durante gran parte de la carrera, como pasó en esta ocasión.
Me ha sorprendido el ambiente de Nantes, no esperaba tanta afluencia de público y ha sido muy agradable recoger tanto cariño de la gente que te grita desde la acera, sobre todo con dos fórmulas muy francesas: allez y courage.
