miércoles, 10 de octubre de 2018

Maratón de Chisinau (3) - La carrera

El sol brillaba en el cielo, la temperatura rondaba los 10 grados y el viento soplaba ligeramente en Chisinau cuando quedé en la puerta del hotel con Pili y Antonio para dirigirnos a la salida junto con Marisa; mis 32 maratones se quedan cortos al compararlos con los 52 de Pili o los más de 100 de Antonio, un soriano amigo de Pili al que le gusta correr en sitios "raros" y en este caso acertó de pleno; en fin, más de 200 maratones entre los tres, ahí queda eso.
Había mucha animación en los parques aledaños a la zona neurálgica de la carrera, donde se ubican salida, meta y feria del corredor; tras prepararme en un banco del parque, me fui a calentar un poco, lo justo para soltar músculos y nervios para empezar tranquilo. No tenía un objetivo claro después del accidentado verano que he pasado en el que no he entrenado con regularidad y como Pili había corrido en Berlín dos semanas antes, decidimos salir tranquilos, mientras Antonio se iba para atrás.
El caso es que comenzamos tranquilos o no tanto, porque la salida es cuesta abajo y con la euforia del inicio nos aceleramos un poco en los primeros kilómetros, justo hasta que la carretera pica hacia arriba y cada vez pica más y acaba en una rampa de un kilómetro aproximadamente en la que hay que regular bien para no perder fuerzas antes de tiempo. En esa primera subida Pili se fue un poco, pero conseguí recuperar terreno durante la bajada, de manera que recibimos juntos los primeros ánimos de nuestro grupo de seguidores.
Tras el primer paso por meta, es evidente que vamos ràpido, sobre todo porque Pili se da cuenta que va bien clasificada, huele el podio e instintivamente pone una marcha más, así que la sigo, pero tras completar la primera vuelta, cuando volvemos a comenzar la subida la dejo ir porque no quiero pagarlo más tarde. Poco a poco pierdo de vista a Pili y aunque intento "hacer la goma" se me va, pero sigo a mi ritmo sin ponerme nervioso, en la bajada y en la posterior subida (más tendida hasta meta) donde me vuelve a animar mi afición justo antes de llegar la contrameta, donde aún hay que completar un bucle para pasar por la media, cosa que hago en un tiempo de 1h38'15'':
El tiempo es bueno y me da un horizonte por debajo de las 3h20', pero Pili se ha ido mucho y tengo que tomar una decisión, seguir a mi ritmo o bien intentar ponerme de nuevo a su rueda; aunque no estoy muy seguro de poder aguantar un ritmo fuerte hasta el final, decido acelerar y ya veremos si me sale bien o me toca sufrir, así que me tiro a tumba abierta en la bajada a ritmo de 4'15'', pero es difícil recortar terreno, así que decido mantener un ritmo alto en la interminable y tercera subida que hago a un ritmo alrededor de 4'30''. Ya por entonces había tomado un primer gel que me había ayudado a recuperar fuerzas y a disminuir el hueco que nos separaba, que se redujo aún más en la bajada en la que volví a rodar a ritmos cercanos a 4'15''.
No estaba tan bien de piernas como en Seattle, pero mantenía un buen ritmo que auguraba una marca intersante; además el tiempo acompañaba, pues no hacía calor y soplaba un viento, ya moderado que refrescaba bastante. En la subida hacia la zona de meta pillé a Pili que me dijo que siguiera, que iba muy fuerte y así lo hice, aunque ni yo iba tan fuerte, ni ella tan mal, pues no la distancié  mucho y me tuvo como referencia hasta el final.
Comencé la última vuelta a ritmo fuerte, volví a bajar a buen ritmo hasta que comencé la última subida, que se me hizo dura, pero sin más, porque en la bajada volvía meter la quinta marcha y a darme cuenta que iba a bajar de las 3h15. Recibí los últimos ánimos, crucé por última vez la contrameta y aunque ya las fuerzas escaseaban me conjuré para ir a tope hasta el final en ese último bucle de 1'5 km aproximadamente. Enfilé la recta de meta feliz, esprinté y crucé el arco en 3h13'17'' celebrando mi 33º maratón con euforia, pues la marca y la estrategia de carrera lo merecían. La alegría fue completa, pues unos segundos después llegó Pili, que quedó clasificada segunda en la general.
El balance del maratón de Chisinau es realmente positivo, no solo por hacer una buena marca, también por haber corrido mucho más rápido la segunda media y por supuesto por quedar clasificado el 26º de la general y primero en mi categoría. Todo esto, lo he conseguido después de un duro verano, con los problemas de salud que conocéis y tras unos entrenamientos que no fueron lo regulares que es deseable.  La preparación de mi entrenador, Depa, sigue siendo, sin duda, una de las claves de mis éxitos, como también lo son el apoyo de todos mis amigos y familia y en especial de mi inagualable afición que me sigue a lo largo y ancho del planeta. A todos ellos, gracias.

lunes, 8 de octubre de 2018

Maratón de Chisinau (2) - La organización

El Maratón de Chisinau ha cumplido su cuarta edición en 2018, un dato que puede explicar en parte los fallos organizativos que he podido apreciar en esta edición; otro factor a tener en cuenta sería el bajo presupuesto de esta carrera e incluso me atrevería a decir que intuyo una escasa implicación de las autoridades en el evento, pero todas estas reflexiones y alguna más que pueda surgir, deben fundamentarse en la exposición de unos hechos que vienen a continuación.
Empiezo, como siempre, por la página web, que no es de las mejores que conozco, aunque tampoco se puede calificar como mala, pero tiene muchos defectos; el más evidente es el problema del idioma, pues la página se puede consultar en moldavo, ruso e inglés, pero cuando te inscribes, y al efectuar el pago tienes que hacerlo en rumano o ruso, es decir, casi a ciegas y eso no me parece muy correcto. Quizás por esa razón hubo fallos en las banderas que lucían los dorsales de los participantes; yo lucía la bandera moldava en mi dorsal y a la hora de consultar la clasificación, me adjudicaron la bandera de una colonia francesa de ultramar; fallos sin importancia, pero supongo que fácilmente subsanables. Por lo demás, la página da una información precisa, pero se queda corta, sobre todo en la semana previa a la carrera.
Pasamos a la feria del corredor,, ubicada al aire libre y frente al parlamento moldavo, en pleno centro neurálgico de la ciudad; al puro estilo de Boston, esa zona se cierra al tráfico desde el viernes por la noche, de manera que atletas y aficionados pueden acceder facilmente a la zona para disfrutar de las competiciones o de una cerveza Chisinau y unas salchichas en los puestos que se ubican al efecto.  Me sorprendió,que la feria fuera tan grande y animada, aunque obviamente faltan las grandes marcas deportivas, salvo Garmin, pero hay bastantes puestos de productos locales y hasta un carpa con merchandising a buen precio. La recogida del dorsal se ubica en un extremo de la feria y es muy ágil, sin esperas y los voluntarios hacen un trabajo muy bueno facilitando las cosas a los atletas. El dorsal es de plástico (la primera vez que lo veo) muy práctico, con chip incluido y con bandera, aunque con los problemas reseñados.
Con toda la zona debidamente cortada y acotada, el acceso a la zona de salida es muy cómoda, con muchos atletas, pero suficiente espacio para cambiarse y calentar sin problemas, pues está rodeado por dos parques; aunque la organización dispone dos zonas de salida, una para maratón y media y otra para los 5 y 10K, en la práctica todos los atletas se mezclan y los cajones establecidos no sirven prácticamente para nada; aún así, la salida es rápida pues la avenida es muy ancha y el número de participantes no es muy elevado. 
El circuito sirve es el mismo para todos y en el caso del maratón son cuatro vueltas que resultan un tanto "pesadas" sobre todo porque el perfil no es plano y básicamente o se sube o se baja; hay "pacers", aunque sin mucho éxito de público, pero los hitos kilométricos no están señalados, así que se corre un pooc a ciegas, salvo que lo hagas con tu GPS. Los avituallamientos están ubicados solo en un lado de la carretera y solo dan agua y algo de fruta, aunque hay un puesto oficial de Red Bull, algo que me parece sorprendente pues esa bebida no es precisamente para deportistas.
El circuito está correctamente definido y no es posible equivocarse, pero las vallas que dividen la avenida son escasas, unidas con cinta de plástico y además no resistían la fuerza del viento, de manera que en ocasiones había que esquivar algún obstáculo; sólo la zona de meta está totalmente acotada por vallas, pero el resto del circuito no y como la presencia policial es inexistente, la gente cruzaba entre los atletas sin que nadie les indicara el mejor momento o lugar.
Cuando cruzas la meta, te colocan una bonita medalla y puedes avituallarte con agua, cerveza  y fruta, no muy abundante, pero suficiente para reponer fuerzas. Por último, me parece que una buena idea es celebrar la entrega de trofeos por la tarde, de manera que se evitan las interminables esperas de los corredores una vez acabada la carrera.
La organización de Chisinau es mejorable, pero no es mala teniendo en cuenta que es una carrera muy modesta y con una participación reducida de maratonianos; lo positivo, es que las mejoras que se pueden implementar no son muy complicadas, ni muy costosas. Yo empezaría ampliando el circuito en una ciudad suficientemente extensa para hacer un maratón de una vuelta, instalando hitos kilométricos y mejorando los avituallamietnos; en paralelo, deberían intentar un incremento de la participación foránea a fin de conseguir que la humilde pero pintoresca Moldavia sea puesta en el mapa por más europeos.

sábado, 6 de octubre de 2018

Maratón de Chisinau (1) - El ambiente

Una de las preguntas que más me han repetido en los últimos meses ha sido la relacionada por la ubicación de Chisinau, la ciudad que elegí para completar mi 33º maratón; espero que todos los que me lo habéis preguntado y los que no , hayáis puesto ya a esta ciudad en el mapa, pues es la capital de Moldavia, un pequeño y humilde país que linda con Rumanía por el sur y con Ucrania por el norte. Esta ciudad tiene un pasado muy turbulento pues ha sufrido varias destrucciones, pero actualmente conserva cierto aire soviético heredado de su pertenencia a la extinta URSS mezclado con nuevos edificios que parecen intentar abrirse a la cada vez más amplia Unión Europea.
Dejando a un lado temas políticos, se puede decir que Chisinau no es una ciudad bonita, pues. a pesar de ser una de las capitales europeas con más zonas verdes, carece de un centro histórico definido y sus monumentos más visitados serían ignorados en cualquier otro lugar. Lógicamente no estamos hablando de una ciudad turística, es más, los turistas que pululan por la ciudad son escasos o casi nulos y estoy convencido que pocos corredores foráneos se acercaron a disputar el maratón de Chisinau como único propósito, pues por lo que vimos, la mayoría era gente que trabajaba por la zona.
Pero como bien sabéis, mi grupo y yo nos desplazamos a Moldavia con la única intención de hacer turismo, empaparnos de la cultura y gastronomía moldava, catar sus afamados caldos y en mi caso, correr un maratón, más en un país que poca gente pone en el mapa, pero que aconsejo descubrir a aquellos que se sientan aventureros.
Dicho esto, es fácil deducir que el ambiente maratoniano foráneo estaba reducido a un grupo de animosos españoles, pero el objetivo  principal de la prueba no es atraer a numerosos corredores extranjeros sino a crear una auténtica fiesta deportiva que implique a todos los habitantes de la ciudad, desde niños a adultos, mejor o peor preparados, porque se disputan distancias desde los 1,5 Km hasta los 42,195 que hizo famosos Filípedes.
Y la fiesta se celebra por todo lo alto, en pleno centro de la ciudad, con el arco de triunfo moldavo como testigo de la salida y llegada de los esforzados atletas; la explanada ubicada sirve de base de operaciones donde se celebra la feria del corredor y la recogida de dorsales; las calles aledañas se cortan al tráfico desde el sábado para la disputa de las pruebas infantiles y no se vuelven a abrir hasta el domingo por la tarde; no es difícil imaginar, que esa zona se convierte en el centro neurálgico de la vida de Chisinau durante ese fin de semana, con constante movimiento de atletas y voluntarios.
Durante la disputa de las pruebas, la animación es la calles es mejorable, pues la mayoría de la gente mira inopinadamente el paso de los corredores, aunque hay una serie de puntos en los que voluntarios o espontáneos montan un pequeño show con música y animadoras que hacen más agradable el recorrido. Teniendo en cuenta que es un circuito al que se dan cuatro vueltas, se podría decir que cumplen con dignidad, aunque sin pasar de eso.
Mención especial merecen los únicos aficionados que portaban banderas y animaban a a los atletas, lógicamente, mis afición, que dieron una nota especial a la carrera y fueron el centro de atención de muchos moldavos que se acercaron a fotografiarlos o hablar con ellos; Carlos, Myriam, Encho, Toli, Jorge; Ana y Rafa, capitaneados por Marisa, volvieron a demostrar que son los auténticos número uno.
Por todo lo anterior, considero que el ambiente de este humilde maratón es bastante mejor que el de muchas otras pruebas que se celebran en ciudades mucho más grandes y con más recursos; el centro  Chisinau se respira un ambiente sano y deportivo que suele gustar a los maratonianos como yo y estoy convencido que poco a poco irán consiguiendo aumentar la participación de atletas extranjeros que tanto anhelan.


martes, 25 de septiembre de 2018

The wine country

La República Moldavia es un pequeño país que se ubica entre Rumanía y Ucrania, sin salida al mar y sin grandes recursos naturales; un país de los más pobres de Europa actualmente y que e prácticamente desconocido por la mayor parte de los europeos occidentales, pese a los esfuerzos de su pueblo para mejorar las condiciones de vida de sus 2,5 millones de habitantes.
La historia de este humilde pueblo ha sido difícil desde siempre, pues fueron invadidos por el imperio otomano allá por el siglo XVI, posteriormente sirivieron de campo de batalla de las disputas entre rusos, turcos y austriacos, fueron anexionado por Rumanía y por Rusia en el siglo XVIII y finalmente pasaron a formar parte de la Unión Soviética en1917. El yugo soviético perduró hasta 1981, fecha en la que lograron la independencia y el autogobierno de una sociedad que aún está dividida entre pro-rusos y pro-europeos, pero que intenta modernizarse y acercarse a Europa poco a poco.
Para lograr ese acercamiento, los moldavos están intentando mostrar su mejor recurso, el vino, al resto del mundo y es que este pequeño país es el séptimo exportador vinícola del planeta y posee varias bodegas que ofrecen una elevada producción y además con una calidad notable en sus caldos; Purcari y Cricova son las bodegas con más producción y renombre, aparte de Milesti Micii, que tiene el honor de ser la  bodega subterránea más grande del mundo, pues  suma 250 Km de galerías subterráneas.
Aún así, Moldavia sigue siendo uno de los países menos visitados del mundo, razón por la cual se las autoridades se han afanado en crear acontecimientos que atraigan a turistas europeos y mundiales, como la feria del vino que cada año tiene mayor afluencia de visitantes, pero sin descuidar los eventos deportivos con la celebración del la Wine Run y sobre todo del maratón de Chisinau, que este año cumplirá cuatro ediciones. Obviamente, a un ávido buscador de maratones como yo además de amante del vino, le interesó esta carrera desde un primer momento, hice la oportuna propuesta a mi grupo de seguidores y ellos decidieron apuntarse a esta nueva aventura que también compartirá conmigo la inigualable Pili Isidro, con sus 52 maratones en el zurrón, que sumados a los 32 del mío, suman 84 maratones en el asfalto moldavo dividido entre sólo dos atletas; eso si, a Pili no le gusta el vino y la oferta cultural de la ciudad no parece muy abundante, así que espero que no se aburra mucho, pero no debe preocuparse de las catas de vino, pues Marisa y yo mismo nos encargaremos de beber las copas que deje abandonadas.
El maratón de Chisinau se celebra junto a una media, una carrera de 10Km y una Kid Run, de manera que consiguen reunir a casi 15.000 participantes, de los cuales unos 1500 disputan la distancia de Filípedes; la salida y la llegada se ubican en el centro de la ciudad y el circuito es de 10 km, por tanto hay que dar cuatro vueltas en un perfil casi plano. A priori, No parece el recorrido más atractivo, ni la mejor organización, pero estoy seguro de que voy a disfrutar la experiencia de correr en Chisinau con el inestimable apoyo de mi afición, que volverá a ser numerosa: Carlos, Myriam, Encho; Toli, Jorge, Ana, Rafa y lógicamente, Marisa.
El país del vino me espera para disputar mi 33º maratón tras una preparación condicionada por mis problemas de salud, que han sido decisivos para evitar que tuviera la continuidad necesaria para afrontar con garantías una carrera de este tipo; sin embargo, las sensaciones de las últimas semanas han sido buenas y aunque mi estado de forma no es tan bueno como hace unos meses en Seattle, estoy convencido de poder hacer una buena carrera, aunque no un gran tiempo. Aún así, lo importante siempre es disfrutar de la competición, vivir una nueva experiencia y cosechar una medalla más, la que espero conseguir en esta modesta, pero apasionante ciudad.