jueves, 3 de noviembre de 2016

Maraton de Frankfurt (3) - La carrera

La noche previa a la carrera coincidía con el cambio al horario de invierno en Europa, de manera que pude dormir bien antes de que el despertador sonara a las 7 de la mañana; desayuné en la habitación y me volví a tumbar un rato para descansar hasta última hora porque la salida estaba a 10 minutos caminando.


Quedé con en un parque aledaño a la salida con Mario, su cuñado y su amigo Luis, para calentar y darnos los últimos ánimos antes de comenzar a disputar la prueba; hacia frío, pero el viento soplaba con muy poca fuerza y el cielo estaba despejado, un clima casi ideal par afrontar una prueba en la que había puesto muchas esperanzas.
Tras despedirme de Marisa y de mis hijos, me dirigí a mi cajón de salida, donde ya estaban casi todos los atletas, de manera que Mario y yo tuvimos que colocarnos en un lateral esperando el pistoletazo de salida y el avance de la "riada" de atletas. A pesar de este inconveniente, la salida fue limpia, jaleada por el numeroso público que abarrotaba las calles a esa hora tan temprana; tenía decidida mi táctica y aunque era similar a la de Mario, decidí no seguirle porque sé perfectamente que no estoy a su nivel. En definitiva, me puse a un ritmo aproximado de 4'18'' y aunque el comienzo fue un poco más lenta, intenté compensar en los siguientes kilómetros. Cometí el error de seguir el globo de las 2h59'59'' durante un kilómetro, pero es evidente que no llevaban un ritmo muy regular porque me salió a 4'05'' aproximadamente, así que volví echar el freno.
Los primeros kilómetros de la carrera discurrieron por el centro de la ciudad; había demasiados atletas y demasiados giros y pasos de bordillos e incluso un atasco alrededor del kilómetro 5 que me obligó a pararme unos segundos; había nervios entre los que queríamos llevar un ritmo cercano las 3 horas, pero poco a poco la carrera se fue estirando en la zona más desfavorable del recorrido que va del kilómetro 6 al 10 y que yo conocía pues Juan me había relatado a la perfección los pormenores del recorrido dos días antes. El caso es que pasé el km 10 en 43'04'', a ritmo de 4'18'' que yo quería, después de recibir por primera vez la inyección de moral que suponen los ánimos de Marisa y mis hijos.
A partir de ese punto, se inicia un tramo más favorable de unos 3 km en el que incrementé ligeramente el ritmo; luego la carrera se vuelve definitivamente plana y mi ritmo seguía siendo constante, a pesar de haber perdido ya la referencia, aunque seguía con los globos a la vista delante de mi.
Pasé la media en 1h30'47', es decir, a 4'18'' el kilómetro, pero no me sentía con fuerzas para incrementar el ritmo, así que decidí ser prudente e intentar mantener el que llevaba, lo cual significaba que el sub3h se alejaba casi definitivamente. Pero mi ritmo se iba resintiendo poco a poco y en el km 28 mi tiempo ya se había ido a 2h02'30'', pero en vez de desanimarme busque un nuevo objetivo y ese era acabar en 3h06'.
Marisa, Ángela y Alonso no faltaron a su cita a falta de 6 km, cuando mi ritmo ya había disminuido hasta los 4'40'' y mi nuevo objetivo era bajar de 3h10'. Intenté no venirme abajo en el tramo final de la carrera e incluso conseguí acelerar un poco en los últimos dos kilómetros, pero mi tiempo se fue hasta las 3h09'14'', un tiempo digno para cruzar la línea de meta de mi 25º maratón.
No puedo estar contento con mi actuación en Frankfurt, pues creo que tenía un sub3h05' en las piernas, pero estoy satisfecho por haber logrado el quinto mejor tiempo de mis 25 maratones completados, un tiempo por debajo de las 3h10'. Cumplí el plan que había establecido, saliendo a 4'18'', pasando la media entre 1h291 y 1h31', alternando agua/isotónico en los avituallamientos y tomando los tres geles habituales, más una pastilla de sales para evitar calambres; sin embargo, las piernas no dieron para más y la explicación es simple, no estaba tan bien como yo pensaba.  Habrá que entrenar mejor para la próxima vez que quiera intentar hacer una buena marca, que será en septiembre de 2017 en Varsovia.
Hasta entonces intentaré disfrutar un poco más de la carrera y dejaré al margen la marca en los tres maratones que tengo programados; en 10 días correré en Ravenna, el próximo mes de enero en Las Palmas y en mayo en Lima, con lo que tacharé un nuevo continente donde habré disputado la distancia de Filípedes.



miércoles, 2 de noviembre de 2016

Maratón de Frankfurt (2) - La organización

El auge de la carrera a pie y la competencia entre los respectivos organizadores para conseguir más participación, ha supuesto un notable aumento de la calidad organizativa de los eventos; sin embargo, el caso que nos ocupa es Frankfurt, una carrera muy veterana y con una buena organización desde siempre que ha cumplido con mis expectativas, aunque hay algunos aspectos mejorables, en mi modesta opinión.
Mi relación con el maratón de Frankfurt comenzó hace casi un año cuando me inscribí por medio de su página web; la página es buena, tanto para inscribirse como para obtener información útil de cara al fin de semana y además se actualiza de manera periódica con el consiguiente envío de la newsletter vía mail; desde mi punto de vista, roza la perfección.
Una vez en Frankfurt, las cosas discurren por un camino similar; la feria está bien comunicada y prácticamente al lado del hotel oficial del evento, aunque yo no me alojé en el. El pabellón es grande, de manera que no hay problemas de congestión; la recogida del dorsal es ágil, aunque luego tienes que hacer una peregrinación hasta otros dos stands que están de punta a punta para hacerte con la bolsa y la camiseta oficial. Me parece innecesario que te hagan recorrer la feria para que pases por todos los puestos de anunciantes, yo creo que si no te gusta visitar los stands, no tienen porqué "obligarte".


La feria es de tamaño medio, en lineas generales dividida en los puestos de la organización, stands de maratones y por último muchos puestos de venta de artículos deportivos, aunque sólo uno oficial, el de Asics, organizador de la carrera. Es entretenida, con juegos, interactivos, mucha variedad de productos y cerveza sin alcohol gratis, pero el merchandising de la carrera es muy deficiente, compuesto de unas cuantas camisetas de algodón muy feas y una zona de retales en las que se podía adquirir la camiseta oficial de años anteriores, pero la camiseta oficial de este año no; no sé si el merchandising es o no rentable, pero, por lo general, a los participantes nos gusta llevarnos algún recuerdo maratoniano.
Como ya he comentado, el día previo al maratón disputé la popular Family Run, que en este caso se llama Pretzel Run; ha sido mi primera participación en una carrera de este tipo y me resultó divertida, además de bien organizada. El recorrido era agradable, cercano a la ribera del río Meno y a la llegada, todos pudimos comer unos o dos pretzel, beber cerveza sin alcohol y bebidas isotónicas a demanda; incluso hubo medallas para todos los participantes. Muy logrado.
No asistí a la comida de la pasta, pero las referencias que tengo son buenas, pues la comida y la bebida son gratuitas con la inscripción, un detalle que deberían copiar otras organizaciones de maratones.
Llegamos ya a lo importante, la carrera del domingo; la salida se ubica al lado del Messe, de manera que el mismo día de la carrera se puede recoger el dorsal; hay sitio para calentar sin problema y sin aglomeraciones de gente. Sin embargo, creo que había pocas cabinas de wc en la calle, de manera que los arbustos fueron pasto del ácido único de los nerviosos participantes. Se sale por una avenida amplia, sin problemas de aglomeración, es decir, se puede correr bien desde el inicio.
El recorrido se adentra en el cetro de la ciudad en los primeros kilómetros y aunque la animación es muy buena, creo que le sobran giros y sobre todo cambios de superficie, pues se corre por el asfalto de las calles, por las aceras, por zonas peatonales y hasta por un empedrado, con el consiguiente riesgo de caídas debido a los bordillos que hay que subir y bajar; además, alrededor del kilómetro 5 hay un estrechamiento importante al pasar de una calle ancha a una zona peatonal y cuando yo pasé se produjo un embudo que nos obligó a parar; creo que deberían buscar una alternativa.
Se abandona el centro cruzando un puente sobre el Meno en curso a a coqueta zona de los museos, que se cruza hasta llegar a una zona residencial muy cuidada en la que los residentes sacan sillas y viandas a la calle para pasar la mañana; es una parte agradable del recorrido, sin giros, pues se circula paralelo al río hasta llegar a la media maratón, que se ubica en una zona en la que ya no hay demasiadas casas, pero donde la organización ha colocado más puestos de animación.
Después de completar la mitad del recorrido, llega la parte más fea de la carrera, ya que discurre por carreteras y hasta por una autopista sin apenas público y en alguna ocasión por una parte marginal de la autopista; esta parte no me gustó demasiado, obviamente. Se cruza un puente y de nuevo, el recorrido entra en la ciudad, dirigiéndose poco a poco al centro, por el que se recorren prácticamente la mismas calles que al principio de la prueba.
El final es muy animado, con mucho público y con un colofón espectacular sobre la alfombra roja del Frankfurt Messe, un recuerdo imborrable para cualquier atleta. Una vez cruzas la linea de meta, llegas a una sala muy grande donde te puedes hacer una foto de estudio y desde ahí sales de nuevo a la calle donde te cuelgan la medalla y en un patio hay numerosos puestos con fruta, sopa, batidos de proteínas, agua, bebidas isotónicas y por supuesto, cerveza (sin alcohol).
La organización del Maniova Frankfurt Marathon es sobresaliente, aunque no les vendría mal pulir algunos defectos; aún así, ocuparía un nivel destacado en la clasificación de los maratones que ya he disputado, que como sabéis son veinticinco.






martes, 1 de noviembre de 2016

Maratón de Frankfurt (1) - El ambiente

La ciudad bañada por el río Meno acoge el maratón más antiguo de Alemania,una prueba de la que se enorgullecen sus moradores y que es uno de los acontecimientos más destacados del año en esta importante ciudad industrial germana. El Frankfurt Messe, una especie de pabellón en el que se celebran tanto ferias como conciertos musicales masivos, acoge la feria, la salida y la llegada de la carrera y se convierte en el punto neurálgico de la ciudad durante el fin de semana maratoniano. No es de extrañar que el ambiente atlético se ciña en gran medida a esa parte de la ciudad pues los hoteles y el centro comercial aledaño están repleto de maratonianos durante todo el fin de semana. Obviamente, también se pueden ver muchos turistas con zapatillas "voladoras" paseando por el centro de la ciudad.
Llegué el viernes a Frankfurt y ese mismo día me dirigí a la feria, que ya estaba bastante animada tanto por dentro como por fuera del recinto; la feria ofrece bastantes atractivos para que la gente pase un buen rato visitándola, aunque su tamaño se ajusta al número de participantes, es decir, tamaño medio; el ambiente de la feria, también se traslada al centro comercial aledaño cuyos restaurantes estaban repletos de atletas comiendo hidratos. De hecho, en algún restaurante nos dijeron que se notaba la gran afluencia de público durante el fin de semana, algo que también se podía ver en el centro de la ciudad, aunque en menor medida, pero que me lleva a concluir que en la ciudad de  Frankfurt se vive de manera especial este evento tan importante.
En esta ocasión, decidí correr la Family Run el día antes del maratón, que en Frankfurt se denomina Prtezel Run pues tras finalizar el recorrido de 5 km, a todos los asistentes se les obsequia con pretzels y bebida, además de una bonita medalla; calculo que fuimos unos 500 participantes, la mayoría alemanes y en muchos casos disfrutando del deporte con sus hijos de corta edad. Fue una excelente manera de hacer el rodaje previo a la carrera del domingo junto con Marisa y otra prueba que indica que los francforteses viven con intensidad su maratón.
Los buenos augurios sobre el ambiente se refrendaron el domingo, pues la salida era ya un hervidero de atletas y público muchos minutos antes del pistoletazo de salida; después, se recorren los primeros 10 km prácticamente por el centro y la animación es constante, con mucha gente en las calles jaleando a los atletas. Cuando se cruza el río, desciende un poco la cantidad de público salvo en las inmediaciones de algún puente, pero los habitantes de los barrios por los que se cruza también disfrutan la carrera y se pueden ver sillas al borde de la carretera para disfrutar en primera fila del espectáculo. Pasada la media, la carrera se adentra en una autopista y durante unos cuanto kilómetros no se ve prácticamente a nadie animando, pero a partir del km 28 se vuelve a entrar en la ciudad y la afluencia de público aumenta progresivamente hasta llegar a los kilómetros finales, en los que se vuelve a pasar por el centro de la ciudad donde la afluencia es masiva hasta llegar a la espectacular llegada en el interior del Frankfurt Messe. La llegada es realmente espectacular, de esas que se recuerdan toda la vida.
Creo que no es descabellado calificar con un notable alto el ambiente de esta veterana prueba en la que además de correr rápido por su correcto trazado, se puede disfrutar de un gran fin de semana atlético.


miércoles, 26 de octubre de 2016

Aquel gol de Katalinski

Corría febrero del año 1974 cuando la selección española tuvo que jugar un partido de desempate para la clasificación del Mundial de 1974; las selecciones de Kubala y de Miljanic habían empatado a todo en la fase de grupos y se jugaron el todo por el todo a un partido que se disputó en Alemania. Por entonces yo tenía siete años, pero recuerdo que Katalinski, un fornido central balcánico, acabó con mis esperanzas de ver a la selección española en la fase final de la Copa del Mundo de 1974, tras rematar un rechace de Iribar. Meses después, aquella gran selección balcánica disputaría el partido inaugural del mundial ante la selección brasileña, aunque todos recordaremos aquel torneo por el gran fútbol desplegado por la selección holandesa, aquella mítica "Naranaja Mecánica" que lideraba un tal Johan Cruyff.
Creo que fue en ese día cuando oí hablar de la ciudad de Frankfurt por primera vez, pues fue en su estadio donde se disputó ese partido que sigo recordando con amargura a día de hoy; en realidad, no estoy seguro si ya conocía antes el nombre de la ciudad regada por el río Main, pues era precisamente allí donde residían los Seseman, cuya hija inválida, Clara, se hizo inseparable de la inolvidable Heidi, cuya serie de dibujos animados fue muy popular en esa época. Y que decir de las famosas salchichas de Frankfurt, que también se empezaron a comercializar en España por esas fechas. Sea como sea, el próximo domingo tomaré la salida del Maniova Frankfurt Marathon, considerado uno de los más rápidos del mundo y que además, se adapta como anillo al dedo a mis preferencias: una carrera con participación media, totalmente llana y con una temperatura normalmente baja.
En un año en el que disputaré cuatro maratones, este es el único que he preparado a conciencia para conseguir una buena marca; a falta de cuatro días para competir, no me equivoco si afirmo que he hecho un buen trabajo y que me encuentro en un estado de forma bueno, tirando a excelente; he sacado los entrenamientos con cierta solvencia y he conseguido mantener ritmos que hacía tiempo que no conseguía, pero ni así me atrevo a predecir lo que puede pasar el próximo domingo. En ocasiones anteriores he puesto el listón más alto que mis posibilidades y me he llevado varias decepciones, por eso es mejor ser cautos en esta ocasión y pensar solamente en correr lo mejor posible y luchar hasta el final por un buen tiempo; estoy convencido que tengo una buena marca en las piernas, pero me hace falta demostrarlo.
Pero dejaré al lado este tema para hablar de estadísticas, pues en Frankfurt cumpliré 25 maratones completados, si llego a meta; será mi tercer maratón en Alemania y mi décimo maratón en Europa (excluyendo España). Y para los más cotillas, puedo también contar que el día previo a la carrera celebraré mi 22º aniversario de boda con Marisa, que volverá a darme ese aliento que tanto necesito en varios puntos del recorrido; en esta ocasión, también viajan mis hijos, que suelen ser garantía de éxito, pues me han visto batir varias veces mi MMP.
El trabajo duro está hecho, ahora llega el momento de disfrutar otro apasionante maratón, de vivir intensamente la visita a la feria, la recogida del dorsal, el ambiente en las calles y por supuesto esos 42,195 km que intentaré completar en el menor tiempo posible, sea cual sea. No quiero hablar de marcas, mi objetivo en Frankfurt va a ser correr lo más rápido que pueda y esta vez espero que sea muy rápido, pero sobre todo, espero disfrutar de una prueba con la que voy a cumplir las bodas de plata, mientras celebro con mi familia otro aniversario mucho más importante.