domingo, 13 de noviembre de 2011

New York Marathon (2)- La organización

El maratón de Nueva York es, sin duda, el más masivo de los que se disputan en el mundo; 47.000 runners han participado en la edición de 2011, por lo que no es de imaginar que hay que organizar muy bien todo para que el resultado final sea satisfactorio.
Las normas de inscripción para el maratón Nueva York son modélicas, porque permiten a todo el mundo participar por lo menos una vez, aunque para la edición de 2012 han incluido cambios endureciendo las marcas que dan derecho a participar sin entrar en la lotería; ese endurecimiento es notable y me da la impresión que responde a intereses económicos más que organizativos y es que los maratones se están convirtiendo en un negocio y eso puede ser perjudicial a la larga. No obstante, es un tema que prefiero dejar para otro post.
Una vez conseguida la inscripción  hay que estar atento a la página web para conseguir plaza en el autobús o en el ferry que lleva a la salida, así como para descargar e imprimir tu certificado de inscripción, con el que te debes presentar en la feria del corredor los días previos. 
En la feria, los voluntarios están por todos los lados haciendo su trabajo. En primer lugar te identificas con el pasaporte y luego pasas a recoger tu dorsal con chip incorporado sin esperar colas; de ahí te diriges a la recogida de la camiseta, cuya talla puede ser engañosa pues los americanos tallan más grande que los europeos, por lo que los voluntarios están muy atentos para cambiarte la talla si tienes problemas.
Dirimidos los trámites burocráticos, la feria en si está bien organizada y es muy animada, pero no le vendría mal un poco más de espacio, pues se queda pequeña, sobre todo si la comparamos con otros majors o incluso con Tokio o París. No sé si por la limitación de espacio o porque declinan su participación, lo cierto es que se echan en falta algunas grandes marcas deportivas y más información sobre maratones.
La carrera en si es el reto definitivo para una buena organización y sobre todo en Nueva York, pues hay que desplazar a todos los participantes hasta Staten Island, donde comienza la carrera. El jolgorio empieza a partir de las 5 y media de la mañana, hora en la que parte el primer ferry desde el muelle sito en el downtown de Manhattan hacia la famosa isla residencial. Mi ferry partía a las 6:15, aunque al final me enrolé en el de las 6:30. Tras unos 20 minutos de agradable travesía, una vez en tierra y sin apenas hacer cola, unos autobuses te llevan hasta la zona de salida situada al lado del mítico puente de Verrazano. 
Allí, hay tres zonas diferenciadas (verde, azul y naranja) en la que se reparten los corredores ya que cada zona tiene su salida diferenciada. En la zona de salida, los corredores se pueden avituallar con todo lo necesario, como agua, barritas energéticas, bebidas isotónicas y lo no necesario como bagels o un café malísimo, a tono con lo que se consume en el país de Obama. También hay baños portátiles suficientes para no tener que esperar demasiado antes de aliviarse. Me correspondió la zona verde, no demasiado grande, pero suficientemente cómoda para comer algo, cambiarse y dejar la ropa en los camiones, también sin demora.
Hora y media antes de la salida la megafonía llama a los corredores de la oleada uno (la que me corresponde) a los cajones de salida y allí me dirijo pertrechado con ropa vieja para tirar, al igual que el resto de corredores; aquello parece un desfile de ropa vieja y extraña, pero útil para combatir el frío, que tampoco era demasiado, sobre todo para mi, que soy de Pucela. En el cajón de salida hay que pasar un buen rato sin hacer gran cosa, salvo visitar el baño, porque no hay sitio suficiente para calentar. 
Del cajón, pasamos a la línea de salida unos 30 minutos antes del comienzo de la prueba; allí ya no hay baños, pero si muchos nervios y a pesar de la expresa prohibición de la organización, las cunetas se llenan de runners que expulsan sus últimas gotas... de nervios. Por fin llega la hora, suena el himno americano interpretado por una cantante a la que no pude ver y tras eso el pistoletazo de salida a los acordes de la mítica "New York New York" de Frank Sinatra. Hasta entonces, todo marcha bien, organizativamente hablando.
Comencé la carrera en el nivel inferior de Verrazano, menos vistoso, pero muy útil, pues no hay demasiada gente y se corre sin problemas; para haceros una idea, mi retraso respecto al pistoletazo de salida fue de solo 14 segundos. Puestos ya en carrera, las avenidas son amplias, se corre fácil, hay  baños cada milla y avituallamientos repletos de agua y Gatorade servidos por una legión de voluntarios; impecable.
Tras las 26,2 millas, se llega a la meta de Central Park, donde rápidamente recibes la asistencia de los voluntarios que te dan tu medalla, la famosa manta térmica y una bolsa de recuperación con una bebida que sabe a jarabe, además de agua y fruta. Se sigue hacia adelante donde se recoge la ropa sin ninguna demora y de ahí hacia la salida, previo paso por una zona de masajes que puedes visitar si es preciso.
Hasta aquí todo bien, pero lo que no acabo de entender es porqué en esta prueba se ha eliminado la zona de encuentro con los familiares. La salida por la calle 77 con Columbus Avenue es un auténtico caos, con familias buscando a runners y runners buscando a familiares. No me parece de recibo que la organización diga a los corredores que se busquen la vida, pues tras 42 kilómetros y pico lo que más anhelas es encontrarte con los tuyos y si te lo ponen difícil es frustrante. Afortunadamente para mi, encontré sin problemas a Marisa y mis amigos y me dirigí al hotel entre el caos reinante en la Avenida Columbus. 

Creo que la organización del maratón de Nueva York raya a gran altura, pero es difícil alcanzar la perfección cuando hay que manejar a 47.000 almas; sin embargo, la eficiencia organizativa americana queda patente y como me ocurrió en Boston, mi nivel de satisfacción es alto.

sábado, 12 de noviembre de 2011

New York Marathon (1)- El ambiente

Puede parecer exagerado, pero en una ciudad de ocho millones de habitantes, tan extensa y tan cosmopolita con Nueva York, el maratón es una de las citas imprescindibles del año. Prensa y televisión se afanan en ofrecer noticias del evento que ellos mismos consideran como la más importante carrera popular del planeta. Los miles de runners llegados de fuera, dan un aire distinto a Manhattan el fin de semana previo, pues se dejan ver con sus zapatillas de deporte o sus camisetas diseñadas para el evento por las zonas turísticas, tiendas y restaurantes, los sectores más beneficiados de la invasión masiva de deportistas.
Centrándonos en lo puramente deportivo, habría que empezar comentando el gran ambiente que se respiraba en la feria del corredor. Una feria muy animada por la que se pasaron atletas de renombre para animar a los atletas populares, como el caso de Ryan Hall, con el que charlé un minuto antes de que estampara su firma en un póster. Sin embargo, la feria en si me pareció pequeña y con pocos expositores comparado con otras majors. Quizás la crisis tenga alguna influencia, pero también debería tenerla el cada día más popular "turismo deportivo", claramente patente en la feria por la que deambulaban runners de todas las nacionalidades exhibiendo su bandera. En cualquier caso, la falta de algunas marcas deportivas importantes y la escasez de maratones internacionales con stand, no es lo que se espera de un maratón tan importante.
Claro que el verdadero ambiente se vive el día de la carrera y en ese aspecto a Nueva York hay que darle la nota más alta; y es que una vez que se cruza el puente de Verrazano, tras una emotiva salida, la animación es constante en todo momento. Las primeras millas se corren por Queens donde ya las calles están cubiertas por animosos espectadores que no paran de animar; el ambiente va incrementándose con el paso de las millas hasta llegar al animado barrio de Brooklyn, donde aumentan los aficionados y las animaciones, de las que destaco un excelente coro de Gospell. A medida que la carrera se acerca al río, disminuyen los espectadores hasta llegar al puente de Queensboro, donde, lógicamente, se cruza sin público para llegar a la parte más impresionante de la carrera: la primera avenida.
La primera avenida aparece tras una curva de manera espectacular; una recta amplísima con dos y tres filas de gente agolpadas en los laterales exhibiendo carteles de ánimo y banderas, gritando, animando... Para los corredores es difícil no dejarse llevar por la euforia y aumentar el ritmo al son del griterío, aunque se consigue cuando se echa la vista hacia adelante y se comprueba la longitud de la avenida en cuestión.
De Manhattan se pasa al Bronx, la zona mas deslucida y con menos público, pero corta, con lo que se llega pronto a Harlem, donde los aficionados vuelven a ocupar los laterales y es que, no en vano, el final se acerca.
Y en ese final llega lo mejor, pues en Central Park se vive un auténtico ambientazo. El entorno es inigualable, lo que unido a los miles de espectadores agolpados en las cunetas que animan sin cesar, hacen de esta llegada quizás la más espectacular de las que he vivido.
El maratón de Nueva York es especial y eso se percibe milla a milla en su espectacular recorrido. Es cierto que la meteorología ayudó, pero que una ciudad tan extensa y tan dividida en barrios se una para celebrar unidos este gran acontecimiento, dice mucho de esta carrera. Dice tanto, que me quedan ganas de repetir.





viernes, 4 de noviembre de 2011

Me marcho a Nueva York

En unas horas despega el avión que me llevará a mi y otros muchos maratonianos a la ciudad más universal del planeta; el maratón de Nueva York nos espera. Muchos de los participantes en la carrera ya se encuentran en la ciudad de los rascacielos, donde todo está preparado para que 50.000 runners ocupen sus calles la mañana del domingo.
Me decía ayer Depa que no pensará en la carrera y aunque intento no obsesionarme con la marca, es inevitable pensar en lo que me espera en unas pocas horas: la salida de Verrazano al compás de la mítica canción "New York New York", interpretada por el no menos mítico Sinatra, el paso por Queens, por Broooklyn, el cruce de Queensboro Bridge y la espectacular entrada en la primera Avenida, el pequeño trayecto por el Bronx, Harlem y la dura, pero maravillosa llegada en Central Park, el corazón de la ciudad por el que cada día corren miles de fanáticos de este deporte.
Nueva York es un maratón para disfrutar, para vivir intensamente sus 26,2 millas y voy a tener el privilegio de hacerlo el domingo, independientemente de mi marca; pero no os alarméis, mi espíritu competitivo no se evaporado ni un ápice en los últimos días y voy a encarar la carrera con el cuchillo en los dientes, con ganas, con confianza, porque no voy a pasearme, voy a batir mi marca y lo puedo hacer porque me he preparado a conciencia y lo llevo en las piernas.
Los últimos días, he recibido muchos ánimos por parte de compañeros y amigos y todavía faltan algunos que supongo lo harán mañana. Durante las últimas semanas habéis aguantado mis conversaciones sobre ritmos, tiradas largas, series... y además me habéis dado siempre vuestro ánimo. Creo que es el momento de dar las gracias a todos y deciros que todos esos ánimos me los llevo en una mochila y van a estar muy presentes en las 3 horas y pico (espero que piquito) de carrera. Gracias por haber estado ahí estos meses y gracias por seguirme el día de la carrera (sé que algunos lo haréis). Os mantendré informados y espero que con buenas noticias.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Probablemente ¿el mejor maratón del mundo?

El maratón de New York es, sin duda, el más conocido de los maratones populares que se disputan año tras año en el mundo. La cobertura mediática del evento tiene parte de culpa, pero la magia de la ciudad de los rascacielos es la razón principal para que la mayoría de los runners del mundo sueñen con correr esta prueba alguna vez en su vida.
Puede parecer extraño, pero en mi caso, no he tenido nunca un interés especial por este maratón por varias razones: la primera es su elevado número de participantes, que pueden entorpecer la expectativa de una buena marca, sobre todo si se sale de muy atrás; además, el recorrido no es muy favorable, pues aparte de los repechos que hay que superar al cruzar los puentes, el viento puede ser un factor determinante al correr por unas avenidas tan amplias; por último, la dificultad para inscribirse, aunque este problema ya se está generalizando en otras carreras y está tomando una deriva muy negativa. Pero todo esos argumentos no son suficientes para evitar correr este maratón, simplemente porque en New York hay que correr alguna vez y más aún si, como en mi caso, cuento con una marca que me permite inscribirme por derecho propio. Además, New York es un de  los cinco "majors" y como sabéis tengo la intención de completarlos todos; de hecho, el próximo domingo espero poder decir que ya he completado el cuarto.
Pero centrándome en el título del post, de lo que quiero hablar es la consideración de este maratón como el mejor del mundo, pues aunque todo el mundo quiere correrlo, no todos piensan que es el mejor. Ya sabemos que cada uno tiene sus preferencias, pero hay parámetros objetivos que nos pueden ayudar a resolver la duda planteada. Esos parámetros pueden ser la organización, la participación de atletas y el ambiente de la carrera. Y centrándonos en esos aspectos, no hay duda que los "majors" aprueban con nota en todos esos aspectos, pero también lo hacen maratones como el de Tokio o París e imagino que alguno más en los que no he competido. Personalmente me quedo con la organización de Boston y de Tokio y en cuanto a participación, los datos nos dicen que son Londres y Nueva York los más numerosos.
Pero puestos a decidir entre uno u otro, es preciso escuchar la opinión de los que lo viven por dentro, es decir, de los atletas y en ese aspecto mi experiencia me dice que hay dos maratones que comparten la consideración del mejor del mundo entre los atletas: Londres y Nueva York. Yo he competido hace unos meses en la capital británica y su organización es excelente, pero llama la atención la gran animación a lo largo de toda la prueba, con las calles atestadas de público entusiasta y colorido. Muchos atletas me han comentado que la animación es mayor que en la ciudad norteamericana, famosa por llenar todo su recorrido con aficionados de todo el mundo; quizás por eso, para algunos, Nueva York es insuperable.
En cualquier caso, a partir del viernes comenzaré a vivir la aventura de mi 11º maratón y tendré la oportunidad de juzgar por mi mismo el nivel organizativo neoyorquino, empezando por la feria del corredor, siguiendo por el traslado a la salida y culminándo con el desarrollo de la carrera y la animación que encuentre. Cuando todo acabe, seré capaz de tener un criterio más definido