viernes, 30 de enero de 2015

Maratón de Marrakech (3) - La carrera

A las 5:30 de la mañana sonaba el despertador en mi Riad; Marisa y yo, habíamos quedado con Pili para desayunar y se nos unió más tarde otro atleta alojado en el mismo hotel. El desayuno fue ligero, con zumo, tostadas y café, lo normal antes de un maratón. Al acabar nos preparamos, Toli se unió a la expedición y todos juntos tomamos un taxi hacia la salida situada al lado del hotel La Mamounia. La temperatura rondaba los 8º, había un poco de humedad, ni rastro de nubes y una ligera brisa.
La escasa afluencia de corredores nos permitía estar relajados, así que me cambié tranquilamente, fui al baño y calenté ligeramente antes de que Marisa me deseara suerte y me colocara en la línea de salida, en la parte delantera, justo detrás de la elite.

Estaba un poco nervioso, pero confiado porque las sensaciones de la semana previa habían sido buenas y además había entrenado muy bien esta prueba; así que cuando comenzó la carrera, puse un buen ritmo y me coloqué en las primeras posiciones de los populares. Las piernas funcionaban y el reloj me indicaba un ritmo de 4'17'', suficiente para los primeros kilómetros, pero había que aumentarlo poco a poco, en cuanto se calentaran bien las piernas. El recorrido discurría por avenidas muy amplias, sin público, con la vista de la imponente cordillera del Atlas nevado al fondo y picando ligeramente hacia arriba, lo cual, unido al ligero viento de cara, molestaba un poco.
Fuera por lo que fuera, mi ritmo no mejoraba y empecé a preocuparme; cuando en el km 7 recibo los primeros ánimos de mis amigos, estoy concentrado, bien de ritmo, pero sin visos de poder aumentarlo con facilidad. Se me empieza a hacer un poco largo el recorrido hacia el Atlas, hasta que por fin la carretera gira y se dirige a los jardines de Aqdal que cruzo incrementando un poco el paso, pues ya ha desaparecido el viento y la carretea llanea. A la salida de los jardines, me espera Marisa que me anima, pero ya no voy bien, mi estómago está empezando a doler y no me explicaba el porqué, ya que, aparentemente, había hecho la digestión y no había comido nada raro.
Mi ritmo se resiente, empiezo a ponerme nervioso y el estómago molesta más cuando bordeo la muralla de la Medina donde se concentra la mayor parte del público, incrementado porque hay muchos campos de fútbol justo al lado de las murallas y muchos niños jugando. La media está al caer, no estoy nada castigado, pero sé que mi ritmo no es bueno, aunque me gustaría corroborarlo, pero los hitos kilométricos son casi inexistentes y mal colocados.

Cuando paso el kilómetro 20 el estómago dice basta y tengo que parar a vomitar; no vomito casi nada, pero pierdo un tiempo precioso y en las condiciones que estoy, me doy cuenta que ya he he dicho adiós a un posible sub3h. Queda mucho trayecto y está claro que lo que me espera va a ser duro; cambio el objetivo, que a partir de ahora simplemente será llegar, aunque sé perfectamente que el precio va a ser alto, pues estoy convencido de que me va a tocar sufrir. 
Sigo corriendo y ya no me preocupo del ritmo, que se va por encima de los 4'30''; tengo geles, pero me da miedo tomarlos y también me da miedo tomar el agua que dan. No sé muy bien que hacer, pero sigo mi camino, me interno en la carretera que va al Palmeral y al pasar por el km 25 vuelvo a beber agua, con la consiguiente parada unos minutos después: mi estómago no aguanta nada.
Mi ritmo baja, me siento débil, mareado, las piernas están cargadas y aunque el Palmeral es un sitio muy bonito, yo sólo pienso en lo mucho que me queda. Pienso que Pili estará detrás de mi y en algún momento me adelantará si  sigo bajando el ritmo, así que me tranquilizo esperando que llegue. Antes de salir de la bonita zona de palmeras, camellos y desierto, me vuelve a dar otro aviso el estómago, muy fuerte, me voy a la cuneta y tras un rato escucho la voz de Pili por detrás, decepcionada por verme así. Me uno a Pili, me anima, me cuida, me habla, intenta que deje de pensar en mis problemas y que siga su estela, pero yo estoy cada vez peor, ya rondo los 5 min/km y la cosa va a peor. Pili baja su ritmo por mi, me dice que le siga y lo hago, pero sufriendo.
Tengo hambre y sed, estoy débil y aunque sudo poco, quiero reponer sales, así que me tomo un gel y agua en el km 30, una auténtica bomba para mi estómago. Sigo detrás de Pili cuando ya se ve Marrakech al fondo, queda poco, pero voy mal. A falta de 500 metros para el 35 me vuelvo a parar, Pili no puede ya pararse, le digo que siga y me tomo mi tiempo para recuperarme. Faltan siete kilómetros y los voy a hacer solo.

Subo una cuestecilla, llega el km 35 y allí está Marisa y mis amigos; Pili ya les ha dicho que voy mal y a mi el tiempo ya no me importa nada, así que me acerco a la cuneta, abrazo a Marisa y le cuento que voy fatal, pero que quiero terminar. Marisa me pregunta preocupada que si estoy bien para seguir y le prometo llegar entero.
Sigo, no hay más remedio, no quiero acabar vencido por mi primer maratón africano y total, son sólo siete kilómetros más. Ya dentro de la ciudad, el recorrido es desastroso, recorriendo una avenida semicortada al tráfico, con muchos coches, los atletas en fila india, sin voluntarios señalando el recorrido y con el estómago fatal. Me paro una vez más, en el 37, pero es la última, porque me conjuro para seguir e intentar olvidarme del estómago, donde ya no voy a meter más agua, me deshidrate o no.
A 5'10'' completo los últimos kilómetros, hasta llegar al 41, o eso creo porque no había ninguna marca, donde acelero y me pongo a 4'45'' para llegar mejor. Enfilo la recta de meta, por mi izquierda llegan los de la media a puñados, pero ya todo da igual, voy a llegar, sin la gloria de la marca, sin la satisfacción de haber hecho una buena carrera, con las piernas machacadas y el estómago dando mucha guerra, pero feliz. Mi tiempo: 3h23'58''. Cuando recibo la medalla reafirmo  esa felicidad: he acabado mi vigésimo maratón y mi primer maratón en África y ya van cuatro continentes.

Está claro que algo ha fallado estrepitosamente en Marrakech; puede que hayan sido las comidas previas, o quizás algún virus que ya llevaba puesto, incluso puede que fuera el agua excesivamente fría del avituallamiento; en realidad ya me da igual, he vuelto a fallar en el intento de bajar de tres horas y empiezo a dudar si seré capaz de hacerlo algún día, aunque no pienso rendirme sin luchar. Sin embargo, he acabado contento por la experiencia, pues por primera vez he corrido en África y espero que no sea la última; si a esto le uno que he cumplido veinte maratones acabados, el resultado es como para estar contentos, aunque decepcionado a la vez por como sucedieron las cosas. En eso consiste la grandeza del maratón, en que sólo con llegar has ganado, así que tengo que estar contento porque he vuelto a ganar.
Ahora tendré que analizar todo lo pasado, detectar los fallos, ajustar el calendario y volver al tajo de los entrenamientos; pero para eso hay tiempo, ahora toca disfrutar de haber vuelto a cruzar la línea de meta, esta vez, en Marrakech.


martes, 27 de enero de 2015

Maratón de Marrakech (2) - La organización

Marrakech ha sido mi primer maratón africano y espero que no sea la última carrera que dispute en este continente, aunque mi experiencia en la ciudad marroquí no ha cubierto las expectativas que tenía; puedo presumir de tener experiencia en citas maratonianos, después de 20 maratones disputados, pero la esperanza de un circuito plano, un clima apropiado y un viaje cómodo, me impidieron darme cuenta de la realidad que mi amigo Juan me advirtió hace meses: Marrakech, no es una buena plaza para intentar un sub3h.

Empezaré, como siempre, por la página web, no demasiado elaborada, con información interesante, aunque sin actualización alguna de la misma; de hecho, creo que no se actualizó en ningún momento desde que me inscribí hace seis meses. La inscripción se realiza con comodidad por la web con un coste de 4 euros, un gasto innecesario porque es posible inscribirse el día previo a la carrera.
La feria del corredor suele ser, en muchos casos, un reflejo del esfuerzo organizativo del evento y en el caso que nos ocupa el esfuerzo se puede valorar como prácticamente nulo, pues la feria como tal no existe, tan sólo dos casetas portátiles en medio de la plaza 16 de Noviembre cercanas a una feria de artesanía, de manera que se hace difícil ubicar correctamente el lugar donde se supone está la fiesta del atletismo. Obviamente, no hay que esperar para recoger el dorsal y la camiseta y además no es muy difícil encontrar el stand del merchandising porque no hay más que dos; se pueden comprar camisetas, llaveros e insignias de la carrera a un precio asequible.
El día de la carrera, todo está preparado en la zona de salida, convenientemente vallada y con escasos, pero suficientes baños portátiles para el puñado de corredores que íbamos a competir en la distancia de Filípedes. La carrera comenzó con puntualidad pero de manera extraña, pues los corredores de elite estaban separados de los populares unos cincuenta metros, de manera que cuando se dio el pistoletazo de salida no pude averiguar cual era la línea verdadera donde comenzaba la carrera. Después, se comienza a correr por unas avenidas enormes, donde se podrían meter muchos más atletas, pero la participación no es numerosa y se corre de manera cómoda porque hay espacio para regalar; se pasa por zonas nuevas y por parques, con ausencia casi absoluta de público y a no ser por las marcas pintadas en el asfalto en color azul (había otras pintadas en blancas, pero deduje que eran la azules), hubiera sido difícil seguir el recorrido porque los voluntarios eran muy escasos, tan sólo localizados en algún cruce y en los avituallamientos.
Un comentario aparte merecen los hitos kilométrico, inexistentes, salvo en los kilómetros 1, 5, 10, 15, 20, 25, 30 y 35; lo peor, es que, además de estar colocados cada 5 kilómetros, están mal colocados, porque las lecturas de mi gps a veces coincidían y a veces no; un desastre, en resumen.
Los avituallamientos son sólo de agua (muy fría, por cierto) y en botella, nada de isotónicos. A partir del 15 dan naranjas, pasas y creo que dátiles, pero yo no comí nada. Están correctamente ubicados cada cinco kilómetros aproximadamente, son cortos y a un sólo lado de la carretera.

La parte intermedia de la carrera discurre por una zona llamada "El Palmeral", donde se pueden ver, evidentemente, palmeras, camellos, un resort con campo de golf y mucha arena, porque por allí no hay nada y mucho menos gente animando; sin embargo, es un recorrido bonito. 
El recorrido vuelve a entrar en la ciudad en el kilómetro 35 y es entonces cuando llega la peor parte, pues el tráfico sólo se corta parcialmente, los voluntarios ya no existen, las marcas en el suelo tampoco y hay que seguir una avenida muy larga, por un sólo carril y a veces por la cuneta debido a las obras, confiando en que los atletas más adelantados conozcan el recorrido y que los guardias corten el tráfico a tiempo, que no siempre es así. A mi me parece una falta total de respeto a los corredores, sobre todo cuando hablamos de la parte final del recorrido, donde mucho íbamos seriamente "tocados".
Pero faltaba la guinda, con la caótica llegada  en la que se unen los corredores de la media por una calle a la izquierda para cruzar la línea de meta y encontrarse con un atasco monumental del atletas que intentan conseguir la naranja y la bolsa de pasas con la que nos "obsequia" la organización. Aparte de quedarme sin naranja porque se habían acabado, no me parece de recibo que se junte a todos los participantes, porque a los maratonianos nos hace falta un poco de aire y de tranquilidad al acabar un esfuerzo tan importante; a los organizadores de esta prueba, eso no parece importarles.
Por si os habéis dado cuenta hasta ahora, mi opinión sobre la organización del Maratón Internacional de Marrakech es muy negativa, por su feria cutre, por sus avituallamientos escasos, por el corte parcial de calles y todo eso por un precio de 70 eurazos, por lo que te dan una medalla de baratillo y una camiseta bastante fea. Aunque para mi, lo peor es la falta de respeto al corredor. 


lunes, 26 de enero de 2015

Maratón de Marrakech (1) - El ambiente

Marrakech es, seguramente, la ciudad más turística de Marruecos, por lo que no era descabellado pensar que su maratón podría atraer a muchos runners de fuera del país que quisieran combinar deporte y turismo en una ciudad tan peculiar. Sin embargo, el tirón de esta prueba no debe ser muy acusado, porque los atletas que pululaban por la famosa plaza Jamaa el Fna los días previos a la carrera, se podían contar con los dedos de la mano. 

Más decepcionante aún es la visita a la "Feria del Corredor" si es que a los dos puestos situados en la plaza 16 de Noviembre se le puede llamar así; os podéis imaginar que no tuve que soportar mucha cola para recoger el dorsal, pues los únicos corredores que estábamos por allí el sábado por la mañana éramos Pili (que me ha acompañado en este maratón) y yo. Quizás no se pueda esperar más en una carrera que sólo disputan 800 maratonianos y unos 1500 participantes más en la media, por lo que el ambiente en la feria es nulo y los únicos stands que se pueden visitar son los de la recogida del dorsal y otro en la que venden camisetas y llaveros de la prueba.
El día de la carrera las cosas no son muy diferentes; el maratón comienza a las 8 de la mañana, de manera que en la zona de salida no había casi nadie a esa hora, tan sólo los corredores y algunos acompañantes, como  Marisa y Toli, que madrugaron para ir a acompañarnos y recoger nuestra ropa, pues no hay ropero. Las cosas no mejoran tras el pistoletazo de salida, porque el recorrido transcurre en sus kilómetros iniciales por parques y zonas recién urbanizadas y no se ve a casi nadie animando, salvo en algún cruce aislado. De hecho, el único punto del recorrido en el que recuerdo más animadores, es alrededor del kilómetro 20, por la zona del palmeral. Después de eso, más de lo mismo, carretera, algunos grupos aislados de animadores, algún transeúnte despistado y poco más. Y al contrario que en otros maratones, los kilómetros finales no están repletos de público, siguen vacíos, hasta prácticamente los últimos 200 metros, cuando la prueba ya termina. Junto al  de Moscú, este ha sido el maratón en el que menos animación he visto en las calles. Está claro, que el acontecimiento no interesa a la población marroquí.
Afortunadamente para mi, mis incondicionales nunca fallan y esta vez, Carlos, Rafa, Jorge, Ana, Encho, Toli, Jesús, Mayte y por supuesto, Marisa, volvieron a estar ahí para darme esos empujones que tanto necesito. Los mejores animadores de esta carrera volvieron a ser los míos y es para estar orgulloso de ellos.

lunes, 19 de enero de 2015

Próxima parada: Marrakech

Marrakech es una de las ciudades más importantes de Marruecos, junto a Fez y Rabat; la llamada "Ciudad Roja" acoge alrededor de un millón y medio de habitantes y a miles de turistas que acuden a visitar diariamente  de una de las ciudades más bonitas del reino alahuita, con especial mención a la medina y al zoco, donde se puede comprar de todo. Será la primera vez que viaje a Marruecos y la primera vez que corra un maratón en África, por lo que he elegido el destino a conciencia, pues espero disfrutar tanto de la visita de la ciudad en los día previos, como de la carrera del domingo, de la que hablan muy bien las crónicas de maratonianos que ya compitieron allí, aunque no puedo esperar una organización al nivel de los grandes maratones mundiales
La expedición que me acompaña a mi primera maratón africana es, de nuevo, numerosa, pero esta vez, además de Marisa y de mis incondicionales, correrá conmigo mi amiga Pili, la mejor maratoniana que conozco y aunque en principio no vamos a llevar el mismo ritmo, seguro que su presencia me motiva un poco más. Junto a ellos, espero pasar un fin de semana maratoniano inolvidable, en el que la visita a la pequeña feria del corredor y la cena de pasta el sábado noche, serán esas actividades "clásicas" en un evento de este tipo.
Por delante queda una semana muy tranquila de entrenamientos, simplemente rodar y unas series a ritmo de media maratón con el fin de no gastar más fuerzas de las necesarias. Después de las tres últimas semanas, necesito ese descanso para llegar al domingo en condiciones de hacer una gran marca, pues en esta ocasión he entrenado bastante bien, con mucha regularidad, manteniendo buenos ritmos en los rodajes y cumpliendo o superando el ritmo objetivo en las series. Además, parece que la meteorología me va a ayudar, porque no va a hacer calor y el viento va a ser muy ligero, según las previsiones a día de hoy. Habrá que comprobar, por tanto, si la piernas me responden y puedo mantener los 4,15 min/km que necesito para bajar de las tres horas.
Hasta que llegue el momento de la salida, habrá que espantar los nervios, refrescarme con las bajas temperaturas madrileñas estos días y ya en Marrakech, saborear sus hidratantes tés de menta, practicar el regateo en el zoco, perderse por las calles de la medina y sobre todo, disfrutar del momento y tener fe en mi.