domingo, 27 de julio de 2014

You can't always get what you want

YOU CAN´T ALWAYS GET WHAT YOU WANT...but if you try sometime you might find you get what you need.
A los fans de los míticos Rolling Stones, les sonará este estribillo, que fue magistralmente interpretado por la banda británica en el concierto hace aproximadamente un mes en el estadio Santiago Bernabeu. Fue por entonces, cuando iniciaba de manera más intensa mi preparación para el maratón de Quebec, que está a solo cuatro semanas vista. No puedo decir que esté satisfecho de lo que he entrenado hasta ahora, pues salvo en contadas ocasiones, mis sensaciones han sido malas, con tendencia a malísimas, pero no he perdido la ilusión de recuperar un estado de forma que me lleve a afrontar la cita canadiense con ciertas garantías.
Después de casi dos semanas de "vacaciones" tras el maratón de Praga, comencé poco a poco a correr sin más pretensiones que ir recuperando el tono muscular; a partir de junio, las sesiones han comenzado a ser más serias, pero de poco kilometraje y mucha intensidad, es decir, buscando un aumento de mi velocidad. Todos sabéis que no soy un atleta veloz y las series cortas se me suelen atragantar, pero he ido progresando poco a poco, de manera que mis ritmos actuales son bastante decentes, pero no así los ritmos que llevo en los rodajes, mucho más lentos y dolorosos que los que hacía en abril.
Queda poco para el maratón y es obvio que no voy a llegar con una preparación específica para la prueba, pero espero llegar en unas condiciones que me permitan disfrutar y no sufrir demasiado. Espero que pueda de tirar de mi "fondo acumulado" por que tampoco estoy haciendo demasiados kilómetros, pero, afortunadamente, tengo bastante experiencia en la prueba e imagino que podré encontrar el ritmo óptimo con facilidad.
Por si alguno lo duda todavía, el asalto a las 3 horas no se va a ejecutar en Quebec, ni siquiera en mi próxima cita maratoniano, Atenas de noviembre, pero no me he olvidado de ese reto y el año que viene volveré a intentarlo y espero que lo consiga. 
Sé perfectamente que no siempre se puede conseguir lo que se anhela, pero eso no supone que haya que tirar la toalla, así que voy a seguir intentándolo, porque estoy seguro que valgo dmnos de tres horas. Sin embargo, ahora debo intentar recuperar sensaciones, volver a correr con "alegría" y llegar a  Quebec con fans de disfrutar la carrera y de hacer una marca digna. Canciones como la de los Stones y otras muchas que escucho en mi ipod mientras entreno, me ayudan a encontrar esa motivación que, esperemos, de sus frutos.

martes, 20 de mayo de 2014

Maratón de Praga (3) - La carrera

Cuando Depa me propuso correr en Coruña tras mi retirada en Sevilla, le dije que no podía ser, pues en dos semanas tenía Praga, carrera a la que ya estaba inscrito; para mi sorpresa su respuesta fue clara: puedes correr las dos. No me lo pensé y decidí intentar la "machada", sin saber muy bien si iba a ser capaz de superar un rato así, aunque confieso que no me parecía tan difícil correr una maratón a ritmo de rodaje, aunque fuera sólo dos semanas después de otro en el que corrí en busca de marca.
Acabé tocado después del Maratón Atlántico y tras una semana de reposo absoluto, le siguió una semana típica de previa de maratón, es decir, muy floja, antes de viajar a la capital checa. A pesar del descanso, me notaba cansado antes esa semana previa, aunque confiaba en estar a punto en la línea de salida; de hecho, en el rodaje suave del día previo a la carrera, me encontré muy bien de piernas, con buenas sensaciones y con ganas de correr.
Dormí bien la noche previa a la carrera, es la ventaja de afrontar un maratón con el único objetivo de disfrutar; sin embargo mi rutina no debía cambiar y desayuné a las 6:30 de la mañana, como siempre y tras preparar las cosas en el hotel, me dirigí caminando hacia la zona de salida en la Plaza Vieja, que estaba a escasos quince minutos. Me acompañaba mi familia, así que dimos una vuelta para ver el ambiente, me tomé un café con ellos y me fui a calentar un poquito y enseguida a la zona de salida, donde coincidí con un compañero de mi centro de trabajo, que me quería acabar sobre las 3h05'.

Se dio la salida y me puse al ritmo que tenía previsto, a unos 4'37'', sin forzar, dejándome llevar y con la sensación de ir cómodo. En los primeros kilómetros se da una vuelta por el centro, se cruza el río para luego volver a cruzarlo por el espectacular Puente de Carlos y volver a cruzarlo por tercera vez para recorrer unos tres kilómetros por la ribera del Moldava antes de volver al centro tras el cuarto cruce del río. Empecé a darme cuenta que Depa llevaba razón cuando me dijo que no era un buen maratón para hacer marca; y es que aparte de algún que otro repechito y un molesto viento, hay que mirar bien por donde pisas, porque las zonas de adoquín son extensas y los cruces de vías de tranvía numerosos. Con todo, pasé por el kilómetro 10 en 46', conforme a lo previsto o incluso un poco más rápido, pero me sentía bien. Ya por entonces, he coincidido con dos pucelanos, Jose y Chini, con los que hablo un ratillo, pero acabo descolgándome para no forzar demasiado.
La carrera vuelve al centro de la ciudad y tras pasar de nuevo por la Plaza Vieja, me dirijo a la Torre de la Pólvora donde me espera mi familia por primera vez y claro está, primer subidón a seguir corriendo. Otra vez nos llevan al río, pero hacia el otro lado, por una zona no demasiado bonita, pero con gente animando. Por esa zona, me empiezo a cruzar con los corredores que vuelven y por fin veo a mi amigo Andrés, a buen ritmo y concentrado en su tiempo; nos animamos, la carrera va bien.

Paso la media en 1h37'55'', un buen tiempo teniendo en cuenta que voy al "tran tran", pero empiezo a notar cansancio en mis piernas y me doy cuenta que va a ser imposible mantener el ritmo por mucho tiempo. Me tomo el primer gel y parece que mejoro; el viento sopla con más fuerza, mientras sigo corriendo al lado del río en el tramo más soso de la carrera, pero me anima pensar que pronto volveré a ver a mi afición animarme. Sigo viendo corredores españoles y también aficionados que me animan por mi nombre, impreso en la camiseta, pero ya no voy tan alegre porque me cuesta mover las piernas y mi ritmo ya no baja de 4'50''.
Empieza a llover, pero dura muy poco y cuando vuelvo a cruzar otro puente, me encuentro de nuevo con mi familia y ahora me fijo en las pancartas que han preparado para esta ocasión, geniales. Sonrío, les animo, pero por dentro estoy cansado y aún quedan 10 kilómetros. Ha caído el segundo gel en el km 28 y el último cae en el 34, uno que pruebo por primera vez como experimento y que resulta bastante positivo, porque me animo de nuevo e intento acelerar. Las piernas dan ya para muy poco y para empeorar las cosas, el viento sopla de cara tras el último giro para enfilar el último tramo paralelo al río que me lleva a la Ciudad Vieja. Son los últimos cuatro kilómetros contra el viento, como me pasó en Coruña (vaya añito de viento), pero hay que aguantar, la meta está muy cerca y mis piernas están cansadas, pero sin rastros de contracturas ni de rigidez, pues el ritmo no es tan alto. 

Llego al último kilómetro y enseguida giramos a la izquierda para enfilar la calle que lleva a la Plaza Vieja, llena de gente animando y entre ellos mi familia me da el último aliento a escasos 300 metros de la llegada. Pienso que va a caer mi decimoséptimo maratón, que me lo he currado, pero también que he sufrido más de lo que ingenuamente esperaba. Cruzo la meta en 3h21'32'', lejos de mi mejor marca, pero también lejos de la peor; lo he conseguido, dos maratones en quince días y sigo entero.
Tras cruzar me ponen la pesada y bonita medalla  y una capa para el frío, con la que salgo de la zona de corredores mientras me dirijo a encontrarme con mi familia; pienso en que he completado una "machada", que estoy orgulloso de lo que he hecho, pero que no voy a repetir, ha sido una buena experiencia, pero desgastarse tanto en dos semanas no creo que conlleve ningún beneficio, aunque afortunadamente, tampoco ha supuesto ningún perjuicio; he llegado entero, sin lesionarme y con las piernas mejor que tras la carrera de Coruña, más cansadas, pero mejor muscularmente.
Ahora toca descansar y empezar a planificar carreras más cortas en las que espero competir en verano; sin embargo, aún tengo dos citas pendientes con la distancia de Filípedes antes de que acabe el año, pero en ninguna de las dos voy a salir a tope. Si todo va bien, el asalto a las 3 horas ya será en 2015 y hasta entonces, a seguir disfrutando de este deporte con menos presión.

lunes, 19 de mayo de 2014

Maratón de Praga (2) - La Organización

Cuando decidí correr en Praga, lo hice motivado por la belleza de la ciudad y por el  circuito supuestamente favorable para hacer marca; la primera de las razones es una obviedad que no merece la pena comentar y la segunda es un hecho más que discutible, pero una vez completados los 42 Km, diría  que vale la pena correr un maratón en el que se cuidan tanto los detalles organizativos, algo que agradecí mucho como participante. 
Pero empecemos, como es habitual, por la página web, medio principal de inscripción y de información de la carrera; este es uno de los aspectos mejorables de la carrera, pues la página no es demasiado clara y cuesta encontrar la información, sobre todo la semana previa a la carrera, en la que se agradece que se acceda fácilmente a datos tan importantes como la ubicación de la feria, o los horarios de los roperos etc.
Una vez en Praga, las cosas resultan mucho más fáciles, empezando por el fácil acceso a la feria, a la que se llega en tranvía sin problema y una vez allí, se accede a un precioso edificio ferial donde se ubica una feria pequeña, pero muy bien ordenada, con muchos stands de equipación atlética y bastantes de maratones "exóticos" para mi, pues  países como Polonia, Letonia o Lituania están representados. Los voluntarios atienden con gran amabilidad y diligencia, de manera que la espera es nula para recoger el dorsal, la camiseta y una mochila de regalo; me gustó un detalle, irrelevante, pero bonito y es que cada dorsal llevaba impresa la bandera del país del participante, en mi caso, la bandera de España. Pero también hay algún aspecto en el que la organización falla, o más bien el patrocinador, pues el merchandising es escaso y además sólo quedaban tallas grandes, lo cual es grave, teniendo en cuenta que el día fuerte es el sábado.
El día de la carrera todo estaba perfectamente preparado cuando empezamos a llegar los corredores; las calles del centro valladas y la hermosa Plaza Vieja llena inundada de stands, baños, gradas etc y con la zona de salida perfectamente delimitada. No utilicé ropero, así que prefiero no opinar, aunque no escuché quejas al respecto. El acceso a los cajones parecía bien controlado, de manera que la salida fue bastante ordenada y sin problemas de aglomeraciones.
Un vez en carrera, hay que destacar el gran número de voluntarios que cubrían el recorrido, las ya comentadas animaciones "oficiales", muy numerosas y unos avituallamientos suficientemente grandes y a ambos lados de la carrera; a eso hay que sumarle, la comodidad que supone recibir tu vaso de agua o isotónico de manos de un voluntario, pues, como he dicho, había muchos en todos la carrera. En los kilómetros finales había fruta y algún otro alimento que no consumí, pues llevaba mis geles.
La llegada en la Plaza Vieja sobre una alfombra azul es realmente emotiva y enseguida entregas el chip, te dan agua, la medalla y una capa térmica, con la que te diriges al ropero, aunque no fue mi caso.
He corrido muchos maratones y creo que Praga ocupa uno de los primeros lugares en cuanto a organización y buen trato al corredor; no es un maratón masivo, unos 12.000 corredores y quizás por eso puedan gestionar de un modo tan eficaz una carrera, pero se nota que los organizadores se vuelcan para conseguir un resultado realmente merecedor de esa Gold Label de la que tanto presumen.

Maratón de Praga (1) - El ambiente


Praga es un maratón "Gold LAbel" de acuerdo con la IAAF y aunque no estoy muy de acuerdo con las calificaciones que hace ese organismo a las pruebas, está claro que " algo debe tener el agua cuando la bendicen", o lo que es lo mismo, si Praga tiene la máxima calificación en un maratón de unos 12.000 participantes, por algo será.
Claro que este post está dedicado al ambiente y no a la organización, pero mi experiencia maratoniana sustenta una teoría que he acuñado y es que si el maratón está bien organizado, el ambiente suele ser excelente. Por eso, cuando aterricé en el aeropuerto checo y vi los carteles dando la bienvenida a los participantes de la prueba, me di cuenta que me esperaba una carrera bonita, con mucha animación y con mucha participación foránea, lo que siempre contribuye a crear un ambiente atlético interesante.
Fui a la feria del corredor casi nada más llegar, el viernes por la tarde y aunque estaba a punto de cerrar, se veía movimiento y muchos corredores pululando por la zona; sin embargo, donde realmente se podían ver muchos "runners" era en el centro de la ciudad, fácilmente reconocibles por su cara afilada y por sus zapatillas de correr en los pies. El mismo panorama se podía ver el sábado en toda la ciudad, pues Praga no es una ciudad muy grande y la mayor parte de los participantes éramos foráneos, así que literalmente "ocupamos" la ciudad. 
Lógicamente una ocupación pacífica y aceptada por los habitantes de Praga, encantados por hacer caja con los locos por este deporte; por eso, a nadie le molestaba que la Plaza Vieja y las calles aledañas estuvieran ya preparadas para la prueba un día antes, con su vallado, baños portátiles, carpas, arcos... Personalmente, a mi me motiva ver los preparativos el día previo.
Y llegó el domingo y la salida de la Plaza Vieja, con mucho público animando y unos primeros kilómetros por el centro realmente espectaculares; después, el recorrido se aleja por el río, vuelve a pasar por el centro y vuelve a alejarse, pues, el centro no es muy grande y es necesario sacar la carrera de allí. Por eso, la presencia del público no es constante porque hay zonas un tanto anodinas, pero en general se corre con público la mayoría del tiempo. Además, la organización coloca muchos puntos de animación y eso contribuye a distraer a los corredores y a mitigar un poco el cansancio en el último tramo.
En mi caso particular, volví a tener a mi animación particular detrás; esta vez, repitieron Marisa y los niños, pero se sumó mi hermana Feli, mi cuñado Jesús y mi sobrino Manuel. Pancartas, banderas y muchos ánimos en cada paso, como es habitual, pero esta vez los agradecí mucho más, pues necesitaba mucha energía externa para acabar un maratón justo dos semanas después de haberme dejado el alma en la prueba de Coruña. Una vez más, Marisa y su equipo estuvieron a una gran altura, mucho mayor que la "Gold Label" de la IAAF.