jueves, 28 de febrero de 2019

Tel Aviv Marathon (1) - El ambiente

Hablar del ambiente de Tel Aviv no es complicado si tenemos en cuenta la animación permanente que presentan las calles de esta coqueta ciudad costera en la que bares, restaurantes y mercados son foco de atención de turistas y locales en busca de diversión; me habían hablado muy bien de la "marcha" de esta ciudad, pero mis expectativas se han quedado cortas tras pasar el fin de semana maratoniano allí. Pero este blog no está dedicado al ocio de las ciudades que visito, sino a los aspectos más relacionados con el atletismo y toca escrutar el ambiente deportivo de este evento.
Empezando por lo que debería ser el final, el Samusung Marathon Tel Aviv no es de los mejores ambientes atléticos que he conocido, pero tampoco se le puede colocar en el furgón de cola: en principio, he de reconocer que tiene un formato extraño para lo que estoy acostumbrado y que ese puedo provocar lagunas informativas de mi relato. Digo esto porque tras aterrizar en el moderno aeropuerto de Ben Gurion y registrarme en el hotel, me fui directamente a recoger el dorsal a un centro comercial y salvo los stands de recogida de dorsal no había nada más, es decir, no había feria del corredor, era exclusivamente un punto de recogida de dorsal y camiseta. Es de imaginar que el ambiente allí era inexistente por completo, pues los corredores se limitaban a recoger su pack y marcharse ya que no había nada más por allí; sin embargo la feria del corredor existía y estaba ubicada en la salida del maratón el mismo día de la carrera por la mañana temprano, aunque ignoro si los stands que allí había, fundamentalmente de artículos deportivos como relojes, gafas, alimentación para deportistas etc estuvieron allí los días previos.
El centro neurálgico de la competición se establece en el precioso y enorme parque Yarkon donde se celebran las carreras para los más pequeños y la comida de la pasta el día antes de la gran cita, pero no se me ocurrió pasar por allí antes del maratón porque estaba bastante alejado del centro; supongo que todo estaba montado desde los días previos, pues había muchas carpas e hinchables publicitarios en la enorme explanada en la que se inicia y acaba las diversas pruebas del fin de semana. Pero el centro de la ciudad no es ajeno a la celebración de la prueba, pues hay infinidad de carteles anunciadores esparcidos por el centro, aparte de las señalización en las calles por las que pasa y también unos pequeños escenarios preparados para la animación que la organización ofrece durante la carrera; en resumen, es muy complicado no enterarse de la celebración de la prueba si vives en Tel Aviv.
El día de la prueba, viernes, la zona de la salida luce sus mejores galas para acoger a los 40.000 participantes que disputan carreras de diferentes distancias; el ambiente previo es inmejorable, con multitud de corredores y acompañantes en la zona ultimando detalles antes de la salida escalonada por distancias. Una vez comienza la prueba, la presencia de público en la calles es intermitente,  baja en la zona que discurre al lado de la playa, pero aumenta progresivamente cuando se adentra en el antiguo puerto de Jaffo y posteriormente en el centro de la ciudad. La organización instala bastantes escenarios esparcidos por el recorrido que animan el cotarro con música a todo volumen, pero lo que me resultó realmente bonito fue la presencia de varios grupos de niños pequeños que junto a sus monitores se colocaban a ambos lados de la calle para animar sin descanso y chocar manos a los corredores; ignoro si es una idea de la organización o una idea espontánea de los colegios de la zona, pero me parece una iniciativa muy original y gratificante para los corredores que se ven jaleados por pequeños de 6 a 8 años  y obviamente para los niños y niñas que participan en este importante evento.
Capítulo aparte merecen mis animadores, Encho, Toli, Camilo, Rafa, Magüy y Marisa, que me dieron esos ánimos necesarios en tres puntos del recorrido incluyendo la meta y que volvieron a dar la nota de color española en un maratón fuera de nuestras fronteras. Es evidente que no soy el mejor corredor que puede competir por las primeras plazas, pero estoy seguro que mis seguidores siempre conseguirían subir al podio; no puedo decir más, simplemente agradecer su incansable apoyo.

lunes, 18 de febrero de 2019

Correr en Tierra Santa

Han pasado casi ocho años desde que visité la feria del corredor del Maratón de Londres donde tras pararme a ver el stand del Maratón de Jerusalén, me abordó el responsable para animarme a correr allí; fue una simpática conversación en la que  yo argumentaba que la carrera me parecía excesivamente dura. y el me rebatía diciéndome que un creyente como yo debería correr esa prueba que discurre por todos los lugares sagrados; pero sin duda lo más gracioso fue ver su cara cuando le dije que me llamo Jesús, lo cual le volvió a llenar de argumentos para pedirme que corriera en su país. No puedo negar que después de aquella anécdota empecé a plantearme la posibilidad de correr en Israel, un país cargado de historia y por supuesto de simbolismo religioso que me ya me atraía desde niño, pues no en vano mi madre. siempre quiso visitar "Tierra Santa" pero no logró cumplir su propósito, algo que haré yo en su nombre en los próximos días.
Al contrario que Jerusalén, el maratón de Tel Aviv es una carrera rápida, que discurre íntegramente por esta sorprendente ciudad costera llena de vida y ambiente nocturno; la bondad de su trazado, la posibilidad de poder visitar los famosos lugares santos y de remate competir en Oriente Medio, una zona del mundo en la que nunca he corrido, me hicieron decidirme por esta prueba que aparentemente parece que presenta un buen nivel organizativo.
La organización cifra la participación en 40.000 corredores, pero no hablamos sólo de maratonianos ya que con el maratón se celebran simultáneamente pruebas de 10k y una media, aparte de una carrera infantil y un 5K que se disputan el día anterior; por tanto ignoro el número de participantes exacto que me acompañarán corriendo la distancia de Filípedes, aunque supongo que será un buen número pues es una prueba que atrae a muchos participantes foráneos por sus diversos atractivos. Una carrera que curiosamente se corre en viernes, pues el fin de semana israelí empieza ese día y el sábado o Sabbat, está prohibido correr por motivos religiosos, 
Atraídos por esos atractivos también viajaran mis acompañantes de esta ocasión, Magüy, Encho, Toli, Rafa y Camilo que capitaneados por Marisa, a buen seguro volverán a poner color español en el recorrido. Por mi parte, espero estar a la altura de sus ánimos, pues llego en un buen estado de forma después de una buena y dura preparación que espero que me sirva para tener buenas sensaciones y disfrutar de la carrera sin sufrir en exceso. Al ser una ciudad costera de temperaturas agradables, similar a las islas Canarias, la prueba me infunde un poco de respeto, aunque parece que la meteorología no va ser un problema pues se prevén 11 grados al inicio de la prueba, un inicio muy tempranero por cierto, las 7 de la mañana.
En Tel Aviv me espera mi trigésimo sexto maratón, voy con ganas de correr y y de paso probar mi estado de forma en un año en el que tengo puestas mis esperanzas de marca en diciembre y en Valencia; hasta entonces espero dar un buen nivel tanto en este, como en Copenhague, dos pruebas rápidas y a nivel del mar que siempre me son favorables si la temperatura me respeta. En otras palabras, no voy a Tel Aviv de paseo, eso lo haré después del maratón y de visita por esos lugares que tantas ganas tengo de conocer, no en vano soy un gran belenista, como muchos sabéis, pero también un buen corredor y espero demostrarlo el próximo viernes.

martes, 29 de enero de 2019

Trofeo Paris y Media de Getafe

Una vez iniciado el año 2019 corriendo el Neujahrsmarathon, había que retomar las competiciones para empezar a preparar la segunda cita maratoniana del año en Tel Aviv; el maratón nocturno resultó ser más duro de lo previsto pero aún así decidí seguir el plan inicial y competir dos semanas después en el Trofeo Paris, otro clásico del atletismo madrileño que se distingue por su buena organización y por su recorrido íntegro dentro del Parque Lineal del Manzanares.
A pesar de no poder entrenar específicamente la prueba, contaba con la forma adquirida para preparar el maratón y al no ser una carrera objetivo me iba a resultar muy útil conocer como estaba y ya de paso meter un poco de velocidad en mis entrenamientos a modo de controlado.
Como suele ser habitual, coincidí con bastantes amigos en esta primera clásica del año en la que los atletas desafían las bajas temperaturas de enero, aunque este año el clima fue un poco más benigno y además de seco y soleado, tuvimos la suerte de no encontrarnos con las también clásicas zonas heladas durante el recorrido. El caso es que tras un imprescindible calentamiento, me coloqué en la parte delantera del grupo para salir y comenzar a un ritmo vivo pero sin pasarse pues mi objetivo no era otro que hacer un sub41'. El Paris es una carrera que hay que saber correr, pues hay que gestionar correctamente las subidas y bajadas, ligeras eso si, pero que pueden costar un disgusto si vas demasiado alegre. Por eso intenté mantener un ritmo estable durante toda la prueba, de manera que conseguí no hacer ningún kilómetro por encima de los 4'08" y a pesar de quedarme un poco clavado en la recta final que pica hacia arriba, logré mi objetivo con unos buenos 40'58'' que me sirvieron para subir mi autoestima de cara al aún largo camino que quedaba para llegar a Tel Aviv.
Restaban dos semanas para competir en Getafe, una media en la que iba a comprobar con más rigor mi estado de forma cara al maratón; para llegar bien a Getafe, Depa me programó sesiones con más kilómetros y con series más largas que salieron bastante bien aunque con bastante esfuerzo debido al reducido descanso postmaratón. No obstante, supe regular de manera coherente mi esfuerzo para llegar a Getafe con buenas sensaciones y posibilidades de hacer un sub 1h30', un objetivo ambicioso, pero factible que pactamos Depa y yo antes de la carrera.
Getafe es otra carrera clásica y por tanto otro importante punto de encuentro con atletas conocidos, tanto de Madrid como de El Espinar, encabezados por mis amigos Alex y Beto, dos corredores de gran nivel. Volví a colocarme en una buena posición para salir, pero esta vez salí a 4'15'' pues no era aconsejable salir más rápido para no pagarlo más tarde, ni era aconsejable salir más lento y alejarse demasiado de la marca objetivo. Como siempre, la salida fue multitudinaria, pero no tuve ningún problema de atascos al empezar con atletas que llevan el mismo ritmo y es que se nota que en esta media la gente que corre es de los habituales. Sin embargo, el día contaba con un actor molesto, de esos que siempre estropean las marcas, obviamente hablo del viento, un viento fuerte y frío que no molestó mucho durante la primera parte de la carrera, esa que discurre por la zona nueva de la localidad madrileña, donde tuvimos la suerte de tener a Eolo casi todo el tiempo de espaldas y cuando soplaba de cara el efecto se mitigaba un poco pues los grupos eran aún muy numerosos.
Pude mantener el ritmo previsto sin problemas, mis piernas gozaban de buenas sensaciones y todo parecía ir sobre ruedas, pero sabía que tarde o temprano iba a tener el viento de cara y eso iba a ser un problema y lo fue aún mayor porque tras salir de la mencionada zona nueva se vuelve a una avenida que pica hacia arriba y donde el viento castigó a todos los atletas sin p'iedad, fueron unos 2 km muy duros que no solo me hicieron perder segundos, sino que también me dejaron tocado de cara a los que restaba por correr. Los kilómetros se fueron yendo por encima de los 4'5" y me fui dando cuenta progresivamente que iba a ser difícil bajar de los 90 minutos, pero no quería tirar la toalla, así que seguí luchando contra los elementos esperando mejorar mi ritmo.
Y aunque no fue nada espectacular, las cosas mejoraron en la última parte de la carrera que discurre por el centro de la ciudad antes de volver a encarar de nuevo la Avenida Juan Carlos I para llegar a meta; fueron mis mejore kilómetros, de hecho hice el último a 4'04'', pero antes había perdido demasiados segundos y al cruzar la meta mi crono señalaba 1h30'47'' un buen tiempo, peor que el del año pasado, pero razonablemente bueno teniendo en cuenta las condiciones meteorológicas que nos acompañaron.
La marca conseguida en Getafe reafirma que estoy haciendo bien las cosas pues en realidad no puedo pretender estar mucho mejor y en Tel Aviv mi objetivo es simplemente disfrutar y pasarlo bien, sin la presión de la marca, pero está claro que con todo, creo que seré capaz de hacer un buen maratón. Quedan casi cuatro semanas para afrontarlo y en ellas habrá que volver a entrenar duro, más duro que hasta ahora para llegar con suficientes garantías de hacer un buen ritmo en una ciudad donde espero calor y humedad, que como sabéis no me gusta mucho. Pero como he dicho, lo importante no es la marca, es disfutar la carrera y el viaje con mi afición y ya de paso apuntalar un poco más mi estado de forma, muy regular y que sirva de base para objetivos más ambiciosos, aunque para eso quedada bastante.



lunes, 7 de enero de 2019

Neujahrsmarathon (3) - La carrera

Una ligera lluvia caía en Zurich la mañana del 31 de diciembre constatando que no se habían cumplido las previsiones meteorológicas que auguraban tiempo seco y frío; no me preocupé demasiado porque esa lluvia no era suficiente para encharcar los caminos que tendría que recoger por la noche y además servía para atemperar la temperatura que se pronosticaba ya a unos cómodos 2 grados a la hora de la carrera. No estaba preocupado, de hecho me fui a pasear con Marisa y Ángela por la ciudad para hacer un poco de turismo sin demasiada prisa antes de comer ligero y volver al hotel en torno a las 16 horas para descansar. No me preocupaba la meteorología, ni siquiera correr de madrugada, sin embargo me preocupaba correr solo con mi frontal en una carrera que había previsto correr junto con la mejor maratoniana que conozco, Pili Isidro, que fue baja del maratón unos días antes  por un grave problema familiar. Sabía que correr sin Pili iba a ser distinto y que iba a echarla de menos cada kilómetro, pues siempre me ayuda a superar los malos momentos y sabía que esa noche iba a estar llena de momentos de incertidumbre,
Cenamos en un italiano entorno a las 20 horas y tras volver al hotel de nuevo para prepararme, tomamos el tren de las 22:59 que nos dejaría en Schlieren a las 23:09 y tras un paseito, llegamos al polideportivo a las 23:20, ya repleto de atletas y de aficionados y con todo listo para la batalla. Me cambié y decidí a última hora no llevar gorro ya que la temperatura no era muy baja, así que Ángela me colocó un buff a modo de cinta en el pelo con la que me fui a calentar un poco por las desiertas calles de la localidad suiza para volver a la salida con suficiente antelación para buscarme un huequecito a la cola del pelotón donde celebrar la llegada del año nuevo. No me importaba salir con retraso, prefería celebrar la cuenta atrás con mi familia y tras comer tres uvas y dar los preceptivos besos, comencé a correr el Neujahrsmarathon.
Los primeros metros fueron muy lentos, había mucha gente y la salida es muy estrecha con varios virajes muy acusados que desembocan en un camino en condiciones lamentables en el que te comes todos los charcos sin remisión, pero enseguida se sale de la zona de influencia del polideportivo y se entra en el camino por el que iba a correr una maratón completa, un camino irregular, con charcos y con la dificultad añadida de correr de noche, aunque las linternas del resto de corredores ayudan a que se vea bastante bien. En esos primeros compases también ayudan los fuegos artificiales que se lanzaban profusamente tanto en Schlieren como en las localidades aledañas, pues además de iluminar un poco más el recorrido, animaban a los atletas en los albores de 2019.
Mi ubicación a la cola del grupo en la salida me obligaba a adelantar atletas lentos continuamente, algunos que incluso iban caminado en las salida y debido al estrés generado en esa situación, olvidé poner mi cronómetro en marcha hasta que me di cuenta pasados unos minutos, de manera que mis referencias iban a ser erróneas durante toda la carrera; el sendero discurre paralelo a un río que se cruza antes de llegar al kilómetro 5, donde se ubica un avituallamiento en el que bebí agua para seguir avanzando y adelantando atletas; imagino que a Pili no le hubiera gustado mucho el despliegue pirotécnico que seguía atronando sin descanso, pero seguro que hubiera estado más atenta que yo en una zona muy irregular pasado el puente en el que me tropecé varias veces a causa de las raíces, alcantarillas y alguna cosa más que no llegué a identificar.
Alrededor del km 8 se pasa por una zona en la que las que hay casas decoradas con muchas luces y figuras navideñas lo cual anima un poco más antes de llegar a una parte en la que se hacen fotos y ya te encaminas hacia la primera vuelta entrando en el polideportivo en el que me esperaban Ángela y Marisa para darme ánimos, breves, muy breves antes de volver a la oscuridad del camino y ya con menos atletas. Se había ido los del 10 k y ya sólo quedaban por eliminar a los de la media, a los que adelantaba con facilidad en la segunda vuelta, en la que mi ritmo se había estabilizado a ya en torno a los 4'50''; había algunos kil´ñometros más rápidos y otros que se iba casi a 5', pero era difícil correr de manera homogénea a pesar de que el recorrido fuera plano plano, pero las irregularidades del terreno, los charcos , los adelantamientos sin espacio y los giros bruscos impedían que la media mejorara.
Ya por entonces mis referencias eran un lío por el problema con el reloj y porque los hitos kilométricos sólo señalaban las distancias de la primera vuelta y como cada vuelta mide 10,55 km, había que hacer bastantes cálculos mentales para saber como vas; el caso es que tras beber un isotónico templado en el avituallamiento del puente, me vine un poco arriba y comencé a adelantar atletas y ya no pasaría hasta el final. El tramo de vuelta hacia el polidportivo era más complicado y largo, pero era más motivador porque volvía a la zona donde sabía que mi familia volvería a animarme antes de encarar la tercera vuelta, en la que ya los atletas escaseaban y yo seguía doblando a gente de la medía y adelantando maratonianos.
Echaba de menos a Pili, el rimo seguía estable pero empezaba a faltarme la motivación y el recorrido resultaba cada vez más duro psicológicamente; ya pasaba mucho tiempo corriendo solo, siempre atento al suelo para evitar accidentes y con las piernas cargadas por las condiciones de la ruta. Ya por entonces estaban cayendo los geles con agua que me había llevado, los mismos que usé en Seattle y que me dieron buen resultado, pero aquí hacía más frío y un isotónico templado sentaba de maravilla para encarar el tramo hasta el polidportivo que me llevaría a la última vuelta. Otra vez recibí los ánimos familiares y los del speaker que me llamó por mi nombre para decirme que me quedaba una vuelta, la más dura sin duda, corriendo prácticamente solo, recordando a Pili cada metro y adelantando a atletas que ya iban muy lentos pues la carrera estaba castigando las piernas, tambi´ñen las mías pues mis kilómetros se fueron casi todos a 5 minutos.
a falta de unos tres kilómetros y sintiendo ya el olor de la meta me salí del camino tras distraerme, me desorienté, no sabía como volver al trazado y tuve que esperar a un atleta que había sobrepasado para volver a la linde, volver a adelantarle y encarar los últimos kilómetros con fuerza y con muchas ganas de llegar y entrar en calor. Lo hice en 3h25'10'', un tiempo razonable dadas las circunstancias y que hubiera valido mucho más en caso de ser un maratón diurno. Marisa y Ángela me esperaban tras recoger mi medalla, eran las tres y media de la madrugada de año nuevo y acaba de terminar mi 34º maratón, una experiencia nueva, un maratón que tenía muchas ganas de correr, pero que al final no me resultó tan bueno como esperaba, de hecho no repetiría. En fin, quizás el problema fue no haber corrido con Pili, con ella hubiera sido distinto, pero bueno, nos quedan muchas batallas por librar, así que habrá. que mirar al futuro con ilusión. Feliz año 2019 a todos.