domingo, 18 de agosto de 2019

Un maratón en el centro de la tierra

Julio Verne publicó en 1864 su ya célebre novela "Viaje al Centro de la Tierra" en la que el joven Axel y su tío Otto se embarcan en una vertiginosa aventura que se inicia en Islandia, más concretamente en el volcán  Snafellsjökull por el que acceden al corazón de la Tierra donde vivirán un sinfín de peripecias; ha pasado mucho tiempo desde que Verne incluyó esta agreste isla en uno de sus relatos, pero no ha sido el único en hacerlo pues las peculiares características de Islandia le han convertido en un lugar propicio para ambientar relatos, películas, series de televisión o videoclips, entre otras cosas.
Es indudable que la isla, cuna de los primeros vikingos, atesora una belleza particular que le otorga su  su ubicación septentrional y su origen volcánico que generan unos paisajes agrestes y caprichosos que atraen cada vez a más turistas, aunque conservando ese carácter casi virgen que la hacen especial. Desde hace bastante tiempo llevo anhelando viajar a Islandia y desde el inicio de mi carrera como maratoniano me fijé en Reikiavik como un destino ideal para competir en la distancia de Filípedes, así que este año me he decidido a cumplir ambos deseos de una sola vez e intentar acabar mi 38º maratón en una isla agreste, plagada de volcanes, cascadas, glaciares, playas mágicas, verdes montañas y por supuesto llena de habitantes básicamente rubios.
Aunque pueda resultar sorprendente en una ciudad de poco más de más 100.000 habitantes, el maratón goza de una nutrida participación, cercana a los 6.000 corredores divididos en diferentes pruebas y además cuenta con una nutrida representación foránea, pues no en vano, la isla es un importante foco turístico a nivel mundial. A primera vista, parece una carrera bien organizada con un bonito trazado en el que se recorre prácticamente toda la ciudad empezando y acabando en el Ayuntamiento. Se corre en agosto, es cierto, pero no hay ningún problema en este caso, porque la temperatura suele rondar los 8 grados en esta época,  y sólo hy que tener en cuenta otro importante factor meteorológico, el viento, que puede ser un molesto compañero si sopla fuerte el día de la competición, o al menos eso me transmitió un maratoniano islandés al que pregunté tras finalizar la prueba de Copenaghe.
Sin duda esa baja temperatura será para mi un alivio después de haber pasado tres calurosos meses entrenando en Madrid donde hemos sufrido los rigores del verano de un modo muy acusado; no ha sido una de mis mejores preparaciones, pero en realidad para esta prueba no tengo un objetivo claro, aparte de acabar, aunque considero que si las cosas van como yo espero, pueda hacer un tiempo cercano a las 3h20', una previsión un poco aventurada pues cuando se entrena con tanto calor, nunca sabes si los ritmos son bajos porque estás en baja forma o porque la temperatura aprieta.  Afortunadamente cuento con Depa que me ha programado unos entrenamientos acordes con las condiciones climáticas evitando forzar en exceso para llegar descansado y en buenas condiciones a septiembre, cuando comenzaré a preparar el Maratón de Valencia, objetivo prioritario de esta temporada.
Claro que la alegría va por barrios y si a mi me encanta correr con frío, a mi compañera de fatigas Pili, con la que volveré a compartir zancadas, no le gusta nada correr con temperaturas frescas, es lo que tiene ser de Alicante; junto a Pili, nos acompañan en la expedición Ángela y por supuesto Marisa que nos animarán en las calles con las típicas banderas españolas que en esta ocasión pueden ser muy útiles pues el color de pelo de mis seguidoras podría dar lugar a que las confundieran con nativas vikingas. A buen seguro, Marisa y Ángela volverán a recorrer un montón de kilómetros para buscar la mejor ubicación y darnos esos ánimos tan necesarios para completar la carrera.
En fin, un reto maratoniano más por cumplir y acercándome a los cuarenta, un número redondo, pero que no me supone reto alguno, pues acumular maratones no es mi objetivo, sino acumular experiencias en nuevas ciudades, nuevos países y  con nuevas gentes, rodeado con las personas que me hacen seguir disfrutando de esta bonita afición; por tanto, que siga la fiesta.


domingo, 26 de mayo de 2019

Maratón De Copenhague (3) - La carrera

El sol ya lucía a las 4 de la mañana de Copenhague abriéndose paso entre unas nubes que cubrían el cielo danés pero que acabaron cediendo ante el empuje del astro rey; en mi hotel las cortinas no eran precisamente opacas y aunque el descanso no fue el adecuado, no me podía quejar cuando sonó el despertador a las 6:30 de la mañana y me dispuse a desayunar en la habitación. Las previsiones meteorológicas auguraban una mañana soleada con temperaturas que llegaría a los 18 grados de máxima y eso no me gustaba nada, pues afrontar un maratón con una temperatura y humedad altas no es precisamente lo que más se adapta a mis condiciones.
Había quedado con Jaime y con Pili en la zona de salida a la que me acompañó Marisa dando un paseo desde el hotel y de camino pude comprobar que las previsiones se iban a cumplir pues ya por entonces a los viandantes les sobraba hasta la chaqueta y se les veía en mangas de camisa. Tras acabar la preparación previa a la carrera, me dirigí a mi cajón  sin calentar y con la intención de hacer la salida con Pili que se había ido a dejar la bolsa y que  me localizó entre la multitud de corredores.
Ni Pili ni yo estábamos al 100% así que lo prudente era salir a un ritmo tranquilo e ir viendo como se desarrollaba la prueba; así lo hicimos desde el principio, marcando un ritmo cómodo entorno a los 4'50''/km que nos permitía ir calentando un poco el cuerpo para lo que nos esperaba. Sin embargo yo no iba cómodo, hacía calor, había muchos atletas y empecé a pasar un mal rato al recordar mis malas experiencias de Rotterdam y Tenerife donde sendos golpes de calor me hicieron sufrir más de la cuenta. Habíamos recorrido sólo 5 km y estaba a punto de entrar en pánico hasta que  la carrera se empezó a abrir al llegar a un parque donde la sombra y una ligera brisa atenuaban un poco la temperatura y un poco más adelante se llegaba a la primera ducha del recorrido ubicada justo delante del primer avituallamiento que me sirvió para bajar mi temperatura corporal y a lavez reponerme y comenzar a correr más tramquilo y concentardo en la carrera.
Los kilómetros iban pasando inexorablemente mientras corríamos  disfrutando del animad ambiente que había enlas calles,  pero sobre todo en el paso por el kilómetro 13 donde nuestros animadores nos dieron nuestro primer empujón que recibimos con alegría pero sin modificar nuestro paso constante, que nos permitió cruzar la media en 1h41'36'', dentro de lo previsto. Por entonces, Pili ya había parado un rato al baño y rodé en solitario unos kilómetros hasta que se pudo integrar de nuevo  a nuestro "duo", pero en el kilómetro 23 se volvió a quedar atrás en un avituallamiento y poco a poco fue rezagándose, pues como me había prevenido no llegaba en las condiciones óptimas a la cita. Yo continuaba llevando un ritmo constante pero ya en la fase en la que se empieza a tirar de geles y  a contar los kilómetros hacia atrás; en el km 29 volví a recibir el calor de mis animadores, a la vez que el calor ambiental subía, pero sin consecuencias para mi rendimiento; mi concentración y mi inteligete decisión de  buscar la sombra durante todo el recorrido y a refrescarme en cada ducha junto a las pastillas de sales evitaron la presencia del temido golpe de calor.
Fui adelantando atletas en casi toda la segunda media e intenté acelerar un poco a partir del km 37 pero yo tampoco estaba a tope después de mi irregular preparación, así que no quise arriesgar demasiado para evitar males mayores; aún así pude hacer la segunda mitad más rápida que la primera cruzando la línea de meta en 3h22'49'' tras recibir el último aliento de Marisa, Jorge y Ana en la recta de llegada. Contento por lo conseguido recibí una merecida medalla y posteriormente pude ver a Jaime que me estaba esperando y tras esperar a Pili que llegó un poco por detrás de mi, nos tomamos una cerveza y nos dirigimos a la salida donde me esperaba Marisa para darme ese tradicional abrazo que tanto necesito en esos momento; hay que conservar las tradiciones y ésta aún más.
Con este ya son 37 maratones completados, una cifra que sigue engordando, pero que no es más que un reflejo de lo que disfruto de este bonito deporte y sobre todo de esta apasionante competición que nació en la Grecia antigua; entrenar, competir, viajar... forma parte de mi vida, me hace feliz y me ayuda a seguir peleando en mi día a día. No lo puedo asegurar, pero todo esto no sería igual si no tuviera la suerte de tener buenos amigos atletas como Jaime, un entrenador que comparte la misma filosofía que yo,  unos fieles animadores que me acompañan cada carrera, si no pudiera compartir zancadas y proyectos con la mejor maratoniana del mundo, Pili, pero sobre todo si no tuviera a Marisa a mi lado, como la he tenido en todas mis competiciones maratonianas, las 37 y las que todavía nos quedan por experimentar juntos.

sábado, 25 de mayo de 2019

Maratón de Copenhague (2) - La Organización

El maratón de Copenhague cumplía cuarenta ediciones en 2019, una buena razón para que los organizadores se esforzaran especialmente en ofrecer un servicio adecuado a los más de 12.000 participantes que se inscribieron en la prueba; la carrera está clasificada como Bronze Label y tras haber vivido la experiencia atlética danesa durante el pasado fin de semana, debo decir que la clasificación no se ajusta a la realidad, aunque reconozco que los criterios que utilizan para clasificar los maratones no son precisamente de mi agrado.
Fotos en blanco  negro en la página web rememoraban el aniversario del evento, cuarenta años son muchos y la organización ha sabido adaptarse perfectamente a la evolución tecnológica a la vista de la página más que correcta que permite una sencilla inscripción ofrece información detallada del evento y además tiene un diseño muy atractivo; también es destacable la información puntual que ofrece la newsletter que envían regularmente a los participantes, detallando todos los aspectos atener en cuenta para los corredores. No se queda a la zaga la app para teléfono móvil que ofrecen, pues aparte de tener un buen diseño y de su uso fácil e intuitivo, permite un seguimiento muy fiable de los participantes durante la prueba y lo que es mejor, te envían las fotos que te han hecho durante la carrera una hora después de finalizada la prueba; realmente espectacular.
Otro importante aspecto organizativo a analizar es la feria del corredor, ubicada en un complejo deportivo de la ciudad, junto al estadio de fútbol, polideportivos, pistas... Pero la feria se ubica en unos barracones a los que se añaden unas carpas para conseguir ampliar el espacio que aún así, es demasiado pequeño para acoger la gran cantidad de público asistente; eso no influye para que la recogida del dorsal sea rápida, así como la entrega de la camiseta y de la espectacular bolsa/mochila del corredor que lejos de ser una bolsa de plástico con cuerdas es una mochila hecha con un material mejor que una bolsa, con un diseño resultón y de gran practicidad, un acierto. La feria en si es animada, con muchos expositores de maratones y bastantes de ropa deportiva y nutrición, complementado por el gran stand de merchandising de Nike, patrocinador de la camiseta del evento en el que se pueden encontrar muchos productos del maratón a precios bastante elevados, eso si.
Pero vamos a los más importante, la carrera, empezando por la salida, bien organizada en un bonito espacio verde junto a un canal en el que es fácil encontrar un lugar para cambiarse, es relativamente fácil calentar y donde hay un atasco mejorable en los baños; luego e pasa a los cajones de salida, ue son orientativos basándose en el buen criterio de los atletas y que a la postre funcionan. Y a partir de ahí, un recorrido bonito, bien señalizado y en buena parte vallado, con bastantes puntos de mucha animación, con duchas en cada avituallamento, pero con el lunar de ubicar los avituallamientos sólo a la derecha, lo cual provoca atascos en la primera mitad de la prueba; el avituallamiento es correcto, agua en vaso de plástico, isotónicos y frutas a partir del km 20. Repito que el recorrido es bueno, se ven varias zonas importantes de la ciudad, pero hay demasiados giros, sobre todo en la zona del centro de la ciudad, aunque la animación es también más intensa en esa zona.
Llegamos al final, en la misma calle donde se comienza donde tras cruzar la línea de meta te colocan la medalla, te ofrecen agua, barritas, cerveza sin alcohol y te hacen una foto con la medalla que te mandan por sms casi ipso facto junto con tu tiempo en la prueba. La zona de llegada también es amplia, la recogida de la bolsa ágil y como punto negro hay que decir que la salida de la zona para encontrarse con la familia es demasiado pequeña y eso provoca un atasco monumental de gente.
Se puede decir que organizativamente hablando esta prueba supera con creces la etiqueta de bronce pues todo se hace pensando en el corredor al que se trata con mucha corrección; además, es un maratón que no se mezcla con otras pruebas con el objetivo de sumar participantes como sea para conseguir popularidad, esta es una prueba sólo para maratonianos y eso es de agradecer en los tiempos que corren, en lo que parece que es más importante aparentar con grandes cifras que ofrecer el servicio que Copenhague da a los esforzados atletas. En resumen, un maratón que hay que correr.



jueves, 23 de mayo de 2019

Maratón de Copenhague (1) - El ambiente

Dicen que  los habitantes de lo países del norte de Europa  están deseando que llegue al primavera para que luzca el sol y salir a la calle a llenar las terrazas de los bares de las ciudades; quizás por esa razón los organizadores de los maratones de lospaises nórdicos eligen fechas que les garanticen el ambiente en su evento, al menos en Estocolmo y en Copenhague, dos pruebas que he corrido en la misma época, primavera avanzada.
La capital del reino de Dinamarca luce un aspecto espectacular a finales de mayo, con verdes jardines llenos de flores de colores vivos y terrazas a rebosar de turistas y nativos pues es necesario  refrescarse con una buena cerveza autóctona; un cartel en el aeropuerto saluda a los participantes que llegan de otros países, pero luego no se aprecian demasiadas referencias visibles en la coqueta ciudad danesa.
En está ocasión decidí participar en la Breakfast Run por su carácter solidario y porque se celebra dentro de los jardines del famoso Tívoli donde el ambiente era bastante bueno a pesar de que apenas 300 corredores fuimos de la partida para completar unas cuantas vueltas solidarias (por cada vuelta se donaban 10 coronas a los niños con cancer)  por los jardines de este bonito parque de atracciones; al evento se apuntaron Marisa, Pili con dos amigas y además Jorge y Ana que lo hicieron andando. Tras completar el recorrido y desayunar el café con bollo de canela que incluye la inscripción dimos un paseo para visitar el parque con tranquilidad y luego nos fuimos a la feria del corredor donde el ambiente era ya espectacular.
La feria está ubicada al lado del estadio de fútbol local, en unos barracones o carpas que estaban atestadas de gente pues aparte de los curiosos y los que recogimos el dorsal, se estaba celebrando la Kid´s Run en una pista anexa. La feria tiene mucho ambiente, pero al estar lejos del centro apenas tiene repercusión, salvo que por las zonas turísticas se puede ver algún que otro corredor con la bonita bolsa/mochila que regalan colgada a la espalda.
Llegamos al día de la carrera y en la línea de salida se puede ver a mucha gente a pesar de ser de 12.000 el número de participantes, pero la hora de inicio (09:30) y la agradable temperatura debió animar a familiares y curiosos a acercarse a la zona de operaciones. Se puede considerar normal una elevada asistencia de público en la salida, pero lo que no me esperaba era la cantidad de gente que iban a estar animando en las calles durante todo el recorrido; es cierto que había tramos de difícil acceso en los que no había nadie, pero calculo que se podía ver público en tres cuartas partes del recorrido y en algunos casos con una animación tremenda usando las palmas o los artilugios regalados por la organización para hacer ruido; creo que es uno de los maratones con más animación de los que he disputado, teniendo en cuenta, insisto, que hablamos de sólo 12.000 particiantes.
Por último, toca hablar de mi equipo de animadores, esta vez era un número reducido, Marisa, Jorge y Ana que animaron sin cesar con las ya míticas banderas españolas que han recorrido medio mundo; como siempre, estuvieron a una gran altura, no sólo animándome a mi, sino al resto de maratonianos con los que compartimos mesa y mantel después de la carrera, a saber, Pili; Martina, Conchi y Jaime. Fuimos un gran equipo durante y después de la carrera y disfrutamos de la mítica distancia de Filípedes en un ambiente tipicamente español.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Rosencrantz y Guildenstern se han cruzado en mi camino

Corría el siglo XVII cuando William Shakespeare plasmó en una magnífica obra la leyenda de Hamlet, el príncipe de Dinamarca, un personaje atormentado a causa de la muerte de su padre a manos del usurpador Claudio que a la vez era su tío; sin entrar en los detalles de la obra, supongo que los que hayáis leído el texto os acordareis de Rosencrantz y Guildenstern, dos caballeros a los que el rey usurpador les encomendó la misión de desterrar a Hamlet a Inglaterra para así evitar que desvelara la verdad de lo  ocurrido pues el rey muerto se había aparecido en sueños a su hijo y le había contado las circustancias de su muerte. No pretendo arrogarme el título de príncipe de Dinamarca, por el mero hecho de ser uno más de los participantes en la 40ª edición del Maratón de Copenhague, pero tras la accidentada preparación que he padecido para entrenar esta carrera, bien podría decir que los famosos lacayos del malvado rey Claudio han tenido algo que ver poniendo una piedra tras otra en mi preparación para esta cita, que espero acabe con la consecución de mi 37º maratón.
Como ya apunté en mi anterior post, varias pequeñas lesiones y una gripe han trastocado mi preparación que ha sido muy irregular, con demasiadas paradas inoportunas, la última hace unos días y a falta de diez para la competición a causa de un virus estomacal que me obligó a parar y recomponer varios entrenamientos. No sé si ha sido peor el parón o la sensación de impotencia que me queda cuando no puedo salir a entrenar, pero afortunadamente las series de 1500 que realicé ayer como último entrenamiento de calidad previo a la carrera fueron buenas y por fin volví a notar las piernas frescas y preparadas para afrontar la distancia de Filípedes.
De acuerdo a las previsiones, la capital danesa me recibirá con tiempo inestable, aunque no excesivamente frío y aunque el día de maratón no se preveen lluvias, parece que la temperatura va ser más alta de lo deseable, aunque sin llegar a valores altos; espero que la meteo me ayude a completar un maratón muy llano, un poco revirado según mis informadores y bonito de correr una vez estudiado el recorrido. Mi objetivo está muy claro, colgarme la medalla al cuello tras los 42,195 Km de carrera, pero hoy por hoy soy incapaz de idear una estrategia pues ni yo mismo sé como me podré encontrar el día clave. Pero confío en que la preparación, aunque intermitente, de sus frutos pues en general ha estado muy bien planificada por Depa y creo que he podido asimilar bien todo lo entrenado y así lo demostraré el las calles danesas.
En esta ocasión la expedición de aficionados será más corta de lo habitual pues solamente Jorge y Ana nos acompañarán en este reto, pero como ya demostraron en Varsovia, sus ánimos me serán muy útiles además de dar color español a las coquetas calles de la capital del reino danés. En este maratón la gran Pili Isidro también será de la partida, aunque viaja con un grupo de amigas, pero espero compartir con ella kilómetros y quien sabe si la carrera completa, pues supongo que nuestro ritmo va a ser similar. Asímismo, Jaime, otro amigo, estará en la línea de salida, aunque bastante por delante pues corre por debajo de las tres horas.
Habrá que cruzar los dedos para que Rosencrantz y Guildenstern no hagan de las suyas el próximo fin de semana y que todo transcurra con normalidad para que pueda conseguir cruzar la línea de meta sin contratiempos; me espera de nuevo la distancia de Filípedes, esta vez en un país que está muy al norte, en una época en la que el sol apenas se oculta y por un recorrido entre canales y coquetos edificios en los que Marisa y mis aigos me animarán sin parar; pinta bien, ahora sólo falta empezar a correr y disfrutar de la competición, como siempre.

jueves, 11 de abril de 2019

Muchos contratiempos, cero excusas

Hace tiempo que no escribía en el blog, fundamentalmente porque no he tenido nada interesante que contar, pero también porque el infortunio se ha cruzado con mi afición atlética tras la disputa del maratón de Tel Aviv y he tenido que superar varios contratiempos encadenados en el tiempo y que ahora parece que pueden haber quedado atrás. 
Una vez finalizado mi segundo maratón del año me dispuse a preparar de la mejor manera posible la disputa de los 10 Km de Laredo, una de mis carreras preferidas en la que llevo compitiendo cuatro años seguidos. Obviamente no tenía tiempo suficiente para hacer una preparación específica, así que el objetivo era gestionar bien la transición hacia una distancia más corta e intentar hacer una buena carrera en la localidad cántabra, pues un asalto a mi marca no era planteable. Es evidente que pasar del maratón al 10K es complicado y si a eso le añadimos unos intensos días de trabajo en el jardín, obligaciones laborales y viajes el resultado puede ser una lesión, que fue exactamente lo que me ocurrió el sábado previo a la carrera, o sea una semana antes de competir.
El problema en cuestión fue una contractura en el biceps femoral izquierdo que no me impidió comenzar a entrenar al día siguiente, pero tuve que parar antes de terminar porque ya no podía correr; pintaba feo, así que tuve que descansar, visitar al fisio y esperar que la pierna aguantara en Laredo al menos para terminar la prueba de una manera digna, pues el parón se alargó toda la semana.
Las sensaciones, sin embargo, eran óptimas el sábado por la mañana cuando recogí el dorsal en la Avenida de los Marineros y decidí salir fuerte, pero prudente, esperando que la lesión latente me respetara hasta finalizar la prueba; salí a un ritmo de 4  min/km con ganas y buenas sensaciones que iban mejorando con el paso de oso kilómetros al ver que mi ritmo no se resentía, pero la alegría no iba a durar demasiado pues por el km 4 empecé a notar algo raro en la cara posterior del muslo y aunque podía correr era evidente que algo empezaba a fallar. De hecho, mi amigo Mario que había salido justo detrás de mi me advirtió que estaba cojeando y me sugirió que me retirara pues no valía la pena. Mario tenía razón y unos 400 metros después la molestia empezó a ser más fuerte y decidí parar y evitar males mayores; los 10Km de Laredo se había quedado en 5'45 a una media de 4'02 min/km.
Tras la retirada tocaba descansar otra vez y volver a entrenar progresivamente pero con la mirada puesta en la próxima cita importante, el maratón de Copenhaghe; en esta ocasión la transición fue óptima y las molestias desaparecieron enseguida pero parece que un tuerto me había mirado porque surgió un nuevo contratiempo, esta vez en forma de gripe. El malestar general que provoca un proceso gripal inhabilita a cualquiera para entrenar, así que me tocó pasar varios días en el dique seco hasta volver a retomar los entrenamientos, pero cometiendo un grave error, pues no estaba plenamente recuperado.
El caso es que tuve que interrumpir mi entrenamiento de 10x1000 en la octava repetición, con el cuadriceps de la pierna izquierda muy cargado; el problema se agravó por la tarde ya que se trasladó al abductor de la pierna derecha de manera que me pasé esa tarde y el día posterior cojeando y tratándome con un rodillo. No las tenía todas conmigo cuando volví al trabajo un día después, pero conseguí el objetivo de acabar, por fin, un entrenamiento aunque el ritmo se resintiera un poco; desde entonces he entrenado con normalidad y parece que las molestias están superadas, aunque hay que seguir alerta.
Restan seis semanas para competir en Dinamarca y todo parece indicar que no llegaré en mi mejor forma, pero espero llegar en una forma que me permita hacer una carrera razonable; las excusas no forman parte de mi ideario y llegue como llegue a mi siguiente cita maratoniana saldré a darlo todo y a disfrutar de la distancia de Filípedes, al fin y al cabo de eso se trata.

lunes, 4 de marzo de 2019

Tel Aviv Marathon (3) - La carrera

Aún era de noche cuando bajé a la recepción del hotel a recoger mi desayuno que amablemente me habían preparado en el hotel para llevar en una caja compuesta por un yogur con granola, fruta deshidratada y frutos secos que complementé con un plátano y unos deliciosos dátiles israelitas. Un desayuno frugal pues la carrera empezaba dos horas después, a las 7 en punto de la mañana, buena hora para evitar que el calor influya en el rendimiento de los atletas. Tras desayunar en la habitación, me cambié y volví a la recepción donde un taxi me esperaba para llevarme a la zna de salida en compañía de Marisa y Toli.
A pesar de la temprana hora, la zona de salida estaba ya atestada de  aficionados y atletas que ya estaban preparándose y calentando pues la primera carrera, la media, comenzaba a las 6:30 de la mañana; yo me cambié, le dejé la bolsa a Marisa y me puse a calentar un poco tras una breve visita al baño pues los nervios siempre condicionan esas visitas. La temperatura rondaba los diez grados y un ligero viento provocaba que la sensación térmica fuera aún peor, pero se me pasó rápido el tiempo hasta que llamaron a los atletas que iban a competir en la distancia larga y entramos a la recta de salida donde me ubiqué bastante por delante para evitar sorpresas posteriores, aunque la participación no era muy numerosa.
Tras los discursos de rigor se dio salida de la prueba y comencé a correr de manera muy conservadora, entre 4'45'' y 4'50'' el kilómetro pues no quería arriesgar anda a pesar de tener buenas sensaciones en las piernas; el recorrido inicial es un poco soso pues discurre por los alrededores del parque para posteriormente dirigirse al mar y tras un giro en U comienza un espectacular recorrido junto al mar que se deja a la derecha. Se pasa una primera zona de parque para pasar ya a la zona de las playas donde me esperaba mi afición alrededor del kilómetro 12 donde recibí mi primer "gel de moral" y donde Camilo se animó a correr unos metros junto a mi hasta que chocamos las manos.
Mi ritmo ya se había incrementado y rondaba entre los 4'40 /4'45 cuando llegué a la zona de Jaffo, el puerto viejo, una zona antigua muy bonita y animada en la que se corre por una zona adoquinada para posteriormente recorrer el puerto e incluso adentrase en la zona donde se realizan las reparaciones de los barcos para finalmente acabar en un bonito parque; un recorrido espectacular que me animó un poco más, aunque lo mejor estaba por llegar cuando la carrera gira para volver a la ciudad y de repente me encontré a un nutrido grupo de niños muy pequeños haciendo pasillo, animando sin parar y chocando palmas, algo que me encanta hacer. Con el subidón del momento crucé la media maratón en 1h39',  un buen ritmo, pero quería más a pesar de que llegar hasta ese punto medio se me había hecho un poco pesado.
Volví de nuevo a la playa, esta vez dejándola a la izquierda y dirigiéndome al centro de la ciudad al que se accede tras girar a la derecha y subir el repecho más pronunciado de la carrera donde me volvían a esperar mis aficionados para volver a darme un empujón virtual que me hizo incrementar un poco el ritmo en una fase crucial de la prueba, pues el recorrido ya no era tan plano como al principio y los kilómtros iban acumulándose en las piernas. Sin embargo yo iba adelantando atletas, sin forzar, pero avivando el ritmo amientars disfrutaba del recorrido y de los ánimos del público que era mucho más numeroso en esta parte de la carrera.
Una vez superado el km 30  tras ingerir mi segundo gel, enfilé el Bulevar Rostchild cuesta abajo y me lancé en tromba a superar los últimos kilómetros tras volver a "costear" otro poco para adentrarse de nuevo en la ciudad y tras cruzar la plaza Rabin dirigirse al parque Yurkon. Por entonces la carrera comparte parte del recorrido con la cola de los 10 km y aunque inicialmente me temí lo peor, enseguida me tranquilic´al comprobar que los maratonianos teníamos reservado nuestro carril y pude mantener sin problemas mi ritmo sin necesidad de adelantar atletas lentos.
En la última fase los dos recorridos se separan definitivamente y  los maratonianos  tenemos que hacer un bonito recorrido por el parque en el que seguí adelantando atletas hasta llegar a la recta de llegada donde aceleré a tope para llegar en un buen tiempo de 3h15'46' y la satisfacción de haber corrido de manera muy inteligente y doblando.
Después de cruzar la meta me esperaba mi medalla, la enhorabuena del voluntario de turno y el avituallamiento en la carpa para posteriormente salir a saludar a mis aficionados y recibir el abrazo de Marisa, esas cosas que también forman parte del maratón y por las que también entreno, porque cuando llego las disfruto. Por eso llevo treinta y seis maratones y sumando...

viernes, 1 de marzo de 2019

Tel Aviv Marathon (2) - La organización

La IAAF (Federación Internacional de Atletismo) establece unas etiquetas (oro, plata y bronce) que clasifican a los maratones que se disputan a lo ancho del planeta; es fácil deducir que oro es el máximo galardón y que si no tienes ni siquiera la etiqueta de bronce, el evento no atesora los criterios correspondientes para considerarse un "maratón de calidad". Afortunadamente tengo ideas propias y curiosamente mis criterios distan bastante de los que manejan los sesudos burócratas de la la IAAF, de manera que cuando me decidí a correr en Tel Aviv, era consciente que no tenía ninguna de las tres etiquetas y sin embargo todo indicaba que la prueba estaba bien organizada y en esta ocasión, mis previsiones eran acertadas.
Eso no quiere decir que la organización sea perfecta pues hay bastantes cosas que limar, pero lo que me ha sorprendido es el acierto en los los detalles que más interesan a los verdaderos protagonistas, los corredores y no es sólo una sensación, porque os voy a explicar el. porqué.
Empezamos por la web de diseño atractivo, que se puede consultar en hebreo y en inglés y que da toda la información precisa y actualizada para el corredor; el registro es sencillo e intuitivo, peor hay algunos fallos, como un mapa del maratón no descargable y poca información para los aficionados. 
Sin duda el maratón es un acontecimiento importante en esta animada ciudad costera y se nota en cuanto se aterriza en el aeropuerto, pues los anuncios de la carrera son innumerables y en lugares emblemáticos de la ciudad; la recogida de dorsales se ubica en un céntrico mall, pero no es muy atractivo que sólo se instalen unos stands para la ágil recogida del dorsal y nada más, creo que se puede hacer mejor; la recogida de la camiseta se ubica en el mismo mall pero en la tienda oficial Nike, que patrocina el evento y la camiseta, bastante bonita por cierto y de color negro, distinto al de las pruebas de media y 10 Km.
Como ya he dicho, ignoro si la feria del corredor que se ubica en la salida estaba instalada desde antes del viernes en el que se celebra la prueba, supongo que si, porque si los expositores quieren vender algo, es difícil hacerlo minutos antes de empezar a competir; mi opinión es que es una feria correcta, con todos los. stands dedicados a los corredores pero con la pega de ubicarse muy lejos del centro, aunque el parque sea una cita obligada en la visita de la ciudad.
Pero las sorpresas, buenas, aparecen el día de la prueba que se inicia en una enorme explanada con zonas verdes a un lado y espacio suficiente para que los 40.000 participantes se prepararan sin agobios; se ofrece gratis café y agua a los participantes y no acompañantes, los baños son numerosos y la recogida de bolsas trabaja con agilidad. Todo funciona a la perfección en los minutos previos a la primera carrera, la media, que comienza 30 minutos antes que el maratón para mayor comodidad de los competidores; muchos maratones deberían tomar nota. Luego llega el la hora para los maratonianos, nos llaman para que nos incoproremos a la recta de salida en orden y una vez todos colocados y cumplimentados los discursos se comienza por una avenida que permite correr sin rozarse con nadie.
Una vez se sale del parque, se hace un recorrido por los alrededores y enseguida se llega al tramo que recorre las playas de la ciudad de norte a sur, unos 14 km de recorrido con vistas al mar y a las espectaculares playas de Tel Aviv; al final nos espera Jaffo, la ciudad vieja donde se ubica uno de los puertos más antiguos del mundo que se recorre por un tramo adoquinado y un parque en el que se da la vuelta para alcanzar la media maratón y volver de nuevo al centro de la ciudad tras otro pequeño tramo disfrutando de la costa. La carrera se interna entonces en la parte más emblemática de la urbe, como la plaza Rabin o calles tan emblemáticas como Allenby y el espectacular Bulevar Rostchild, un auténtico museo de la arquitectura Bauhaus.
Se sale otra vez y la carrera se dirige ya a su ramo final, cuyo recorrido coincide con el de los 10Km que han comenzado antes y que aún están disputando los corredores más lentos; aún recuerdo que en Hong Kong y en Marrakech tuve que compartir los últimos kilómetros con los corredores lentos de otras carreras, pro en Tel AVi no es así porque habilitan un carril separado sólo para los maratonianos de modo que los participantes en la distancia larga puedan superar su "uro" con comodidad a pesar de algún que otro corredor insolidario del 10Km. Este desdoblamiento dura unos 8 km, es decir, hasta la meta a la que se llega por una ruta separada del resto y a una recta y un arco exclusivo para el maratón, sin necesidad de irse a derecha o izquierda siguiendo la flecha correspondiente.
Sin duda es una gran idea esto de la meta exclusiva, pero aún vamos más allá, tras cruzar la línea de meta, a los maratonianos se les cuelga su medalla y se dirigen a una carpa exclusiva para maratonianos, sin gobios, con avituallamiento líquido y sólido, masajes y una manta térmica; está tan bien pensado, que debe haber sido idea de un corredor la de cuidar a los protagonistas de la prueba, es decir, los corredores.
No me quiero olvidar de otros detalles importantes, como la señalización de los hitos kilométricos en un lateral y con una pegatina en el suelo, para que se puedan ver con facilidad; avituallamientos correctos, sólo a un lado de la calle, el agua en botella y el isotónico en vaso. También hay avituallamiento sólido y dos puntos en los que se ofrecen geles, alrededor de los kilómetros 20 y 30 ofrecidos por animosos y numerosos voluntarios que evitan que alguien se quede sin su vitualla. También hay baños distribuidos por el recorrido así como unos ocho puntos de animación de la organización con música y alguna actuación en directo. En definitiva, podría calificar la organización de la carrera en si con un nueve muy alto, rozando el 10. Por cierto y esto le va a interesar mucho a mi amiga Pili, la medalla es muy bonita.
En resumen, en Tel Aviv no solo se puede disfrutar de unas magníficas playas, admirar su arquitectura Bauhaus, recorrer sus mercados y saborear su "street food", "desayunar" a las 10 pm en el Benedict o disfrutar de la noche en sus bares y discotecas, en esta apasionante ciudad se puede disputar uno de los maratones mejor organizados que conozco, con una temperatura agradable y un recorrido muy interesante. Obviamente recomiendo este maratón, modesto, con solo 2.500 maratonianos, pero vale mucho la pena.

jueves, 28 de febrero de 2019

Tel Aviv Marathon (1) - El ambiente

Hablar del ambiente de Tel Aviv no es complicado si tenemos en cuenta la animación permanente que presentan las calles de esta coqueta ciudad costera en la que bares, restaurantes y mercados son foco de atención de turistas y locales en busca de diversión; me habían hablado muy bien de la "marcha" de esta ciudad, pero mis expectativas se han quedado cortas tras pasar el fin de semana maratoniano allí. Pero este blog no está dedicado al ocio de las ciudades que visito, sino a los aspectos más relacionados con el atletismo y toca escrutar el ambiente deportivo de este evento.
Empezando por lo que debería ser el final, el Samusung Marathon Tel Aviv no es de los mejores ambientes atléticos que he conocido, pero tampoco se le puede colocar en el furgón de cola: en principio, he de reconocer que tiene un formato extraño para lo que estoy acostumbrado y que ese puedo provocar lagunas informativas de mi relato. Digo esto porque tras aterrizar en el moderno aeropuerto de Ben Gurion y registrarme en el hotel, me fui directamente a recoger el dorsal a un centro comercial y salvo los stands de recogida de dorsal no había nada más, es decir, no había feria del corredor, era exclusivamente un punto de recogida de dorsal y camiseta. Es de imaginar que el ambiente allí era inexistente por completo, pues los corredores se limitaban a recoger su pack y marcharse ya que no había nada más por allí; sin embargo la feria del corredor existía y estaba ubicada en la salida del maratón el mismo día de la carrera por la mañana temprano, aunque ignoro si los stands que allí había, fundamentalmente de artículos deportivos como relojes, gafas, alimentación para deportistas etc estuvieron allí los días previos.
El centro neurálgico de la competición se establece en el precioso y enorme parque Yarkon donde se celebran las carreras para los más pequeños y la comida de la pasta el día antes de la gran cita, pero no se me ocurrió pasar por allí antes del maratón porque estaba bastante alejado del centro; supongo que todo estaba montado desde los días previos, pues había muchas carpas e hinchables publicitarios en la enorme explanada en la que se inicia y acaba las diversas pruebas del fin de semana. Pero el centro de la ciudad no es ajeno a la celebración de la prueba, pues hay infinidad de carteles anunciadores esparcidos por el centro, aparte de las señalización en las calles por las que pasa y también unos pequeños escenarios preparados para la animación que la organización ofrece durante la carrera; en resumen, es muy complicado no enterarse de la celebración de la prueba si vives en Tel Aviv.
El día de la prueba, viernes, la zona de la salida luce sus mejores galas para acoger a los 40.000 participantes que disputan carreras de diferentes distancias; el ambiente previo es inmejorable, con multitud de corredores y acompañantes en la zona ultimando detalles antes de la salida escalonada por distancias. Una vez comienza la prueba, la presencia de público en la calles es intermitente,  baja en la zona que discurre al lado de la playa, pero aumenta progresivamente cuando se adentra en el antiguo puerto de Jaffo y posteriormente en el centro de la ciudad. La organización instala bastantes escenarios esparcidos por el recorrido que animan el cotarro con música a todo volumen, pero lo que me resultó realmente bonito fue la presencia de varios grupos de niños pequeños que junto a sus monitores se colocaban a ambos lados de la calle para animar sin descanso y chocar manos a los corredores; ignoro si es una idea de la organización o una idea espontánea de los colegios de la zona, pero me parece una iniciativa muy original y gratificante para los corredores que se ven jaleados por pequeños de 6 a 8 años  y obviamente para los niños y niñas que participan en este importante evento.
Capítulo aparte merecen mis animadores, Encho, Toli, Camilo, Rafa, Magüy y Marisa, que me dieron esos ánimos necesarios en tres puntos del recorrido incluyendo la meta y que volvieron a dar la nota de color española en un maratón fuera de nuestras fronteras. Es evidente que no soy el mejor corredor que puede competir por las primeras plazas, pero estoy seguro que mis seguidores siempre conseguirían subir al podio; no puedo decir más, simplemente agradecer su incansable apoyo.

lunes, 18 de febrero de 2019

Correr en Tierra Santa

Han pasado casi ocho años desde que visité la feria del corredor del Maratón de Londres donde tras pararme a ver el stand del Maratón de Jerusalén, me abordó el responsable para animarme a correr allí; fue una simpática conversación en la que  yo argumentaba que la carrera me parecía excesivamente dura. y el me rebatía diciéndome que un creyente como yo debería correr esa prueba que discurre por todos los lugares sagrados; pero sin duda lo más gracioso fue ver su cara cuando le dije que me llamo Jesús, lo cual le volvió a llenar de argumentos para pedirme que corriera en su país. No puedo negar que después de aquella anécdota empecé a plantearme la posibilidad de correr en Israel, un país cargado de historia y por supuesto de simbolismo religioso que me ya me atraía desde niño, pues no en vano mi madre. siempre quiso visitar "Tierra Santa" pero no logró cumplir su propósito, algo que haré yo en su nombre en los próximos días.
Al contrario que Jerusalén, el maratón de Tel Aviv es una carrera rápida, que discurre íntegramente por esta sorprendente ciudad costera llena de vida y ambiente nocturno; la bondad de su trazado, la posibilidad de poder visitar los famosos lugares santos y de remate competir en Oriente Medio, una zona del mundo en la que nunca he corrido, me hicieron decidirme por esta prueba que aparentemente parece que presenta un buen nivel organizativo.
La organización cifra la participación en 40.000 corredores, pero no hablamos sólo de maratonianos ya que con el maratón se celebran simultáneamente pruebas de 10k y una media, aparte de una carrera infantil y un 5K que se disputan el día anterior; por tanto ignoro el número de participantes exacto que me acompañarán corriendo la distancia de Filípedes, aunque supongo que será un buen número pues es una prueba que atrae a muchos participantes foráneos por sus diversos atractivos. Una carrera que curiosamente se corre en viernes, pues el fin de semana israelí empieza ese día y el sábado o Sabbat, está prohibido correr por motivos religiosos, 
Atraídos por esos atractivos también viajaran mis acompañantes de esta ocasión, Magüy, Encho, Toli, Rafa y Camilo que capitaneados por Marisa, a buen seguro volverán a poner color español en el recorrido. Por mi parte, espero estar a la altura de sus ánimos, pues llego en un buen estado de forma después de una buena y dura preparación que espero que me sirva para tener buenas sensaciones y disfrutar de la carrera sin sufrir en exceso. Al ser una ciudad costera de temperaturas agradables, similar a las islas Canarias, la prueba me infunde un poco de respeto, aunque parece que la meteorología no va ser un problema pues se prevén 11 grados al inicio de la prueba, un inicio muy tempranero por cierto, las 7 de la mañana.
En Tel Aviv me espera mi trigésimo sexto maratón, voy con ganas de correr y y de paso probar mi estado de forma en un año en el que tengo puestas mis esperanzas de marca en diciembre y en Valencia; hasta entonces espero dar un buen nivel tanto en este, como en Copenhague, dos pruebas rápidas y a nivel del mar que siempre me son favorables si la temperatura me respeta. En otras palabras, no voy a Tel Aviv de paseo, eso lo haré después del maratón y de visita por esos lugares que tantas ganas tengo de conocer, no en vano soy un gran belenista, como muchos sabéis, pero también un buen corredor y espero demostrarlo el próximo viernes.

martes, 29 de enero de 2019

Trofeo Paris y Media de Getafe

Una vez iniciado el año 2019 corriendo el Neujahrsmarathon, había que retomar las competiciones para empezar a preparar la segunda cita maratoniana del año en Tel Aviv; el maratón nocturno resultó ser más duro de lo previsto pero aún así decidí seguir el plan inicial y competir dos semanas después en el Trofeo Paris, otro clásico del atletismo madrileño que se distingue por su buena organización y por su recorrido íntegro dentro del Parque Lineal del Manzanares.
A pesar de no poder entrenar específicamente la prueba, contaba con la forma adquirida para preparar el maratón y al no ser una carrera objetivo me iba a resultar muy útil conocer como estaba y ya de paso meter un poco de velocidad en mis entrenamientos a modo de controlado.
Como suele ser habitual, coincidí con bastantes amigos en esta primera clásica del año en la que los atletas desafían las bajas temperaturas de enero, aunque este año el clima fue un poco más benigno y además de seco y soleado, tuvimos la suerte de no encontrarnos con las también clásicas zonas heladas durante el recorrido. El caso es que tras un imprescindible calentamiento, me coloqué en la parte delantera del grupo para salir y comenzar a un ritmo vivo pero sin pasarse pues mi objetivo no era otro que hacer un sub41'. El Paris es una carrera que hay que saber correr, pues hay que gestionar correctamente las subidas y bajadas, ligeras eso si, pero que pueden costar un disgusto si vas demasiado alegre. Por eso intenté mantener un ritmo estable durante toda la prueba, de manera que conseguí no hacer ningún kilómetro por encima de los 4'08" y a pesar de quedarme un poco clavado en la recta final que pica hacia arriba, logré mi objetivo con unos buenos 40'58'' que me sirvieron para subir mi autoestima de cara al aún largo camino que quedaba para llegar a Tel Aviv.
Restaban dos semanas para competir en Getafe, una media en la que iba a comprobar con más rigor mi estado de forma cara al maratón; para llegar bien a Getafe, Depa me programó sesiones con más kilómetros y con series más largas que salieron bastante bien aunque con bastante esfuerzo debido al reducido descanso postmaratón. No obstante, supe regular de manera coherente mi esfuerzo para llegar a Getafe con buenas sensaciones y posibilidades de hacer un sub 1h30', un objetivo ambicioso, pero factible que pactamos Depa y yo antes de la carrera.
Getafe es otra carrera clásica y por tanto otro importante punto de encuentro con atletas conocidos, tanto de Madrid como de El Espinar, encabezados por mis amigos Alex y Beto, dos corredores de gran nivel. Volví a colocarme en una buena posición para salir, pero esta vez salí a 4'15'' pues no era aconsejable salir más rápido para no pagarlo más tarde, ni era aconsejable salir más lento y alejarse demasiado de la marca objetivo. Como siempre, la salida fue multitudinaria, pero no tuve ningún problema de atascos al empezar con atletas que llevan el mismo ritmo y es que se nota que en esta media la gente que corre es de los habituales. Sin embargo, el día contaba con un actor molesto, de esos que siempre estropean las marcas, obviamente hablo del viento, un viento fuerte y frío que no molestó mucho durante la primera parte de la carrera, esa que discurre por la zona nueva de la localidad madrileña, donde tuvimos la suerte de tener a Eolo casi todo el tiempo de espaldas y cuando soplaba de cara el efecto se mitigaba un poco pues los grupos eran aún muy numerosos.
Pude mantener el ritmo previsto sin problemas, mis piernas gozaban de buenas sensaciones y todo parecía ir sobre ruedas, pero sabía que tarde o temprano iba a tener el viento de cara y eso iba a ser un problema y lo fue aún mayor porque tras salir de la mencionada zona nueva se vuelve a una avenida que pica hacia arriba y donde el viento castigó a todos los atletas sin p'iedad, fueron unos 2 km muy duros que no solo me hicieron perder segundos, sino que también me dejaron tocado de cara a los que restaba por correr. Los kilómetros se fueron yendo por encima de los 4'5" y me fui dando cuenta progresivamente que iba a ser difícil bajar de los 90 minutos, pero no quería tirar la toalla, así que seguí luchando contra los elementos esperando mejorar mi ritmo.
Y aunque no fue nada espectacular, las cosas mejoraron en la última parte de la carrera que discurre por el centro de la ciudad antes de volver a encarar de nuevo la Avenida Juan Carlos I para llegar a meta; fueron mis mejore kilómetros, de hecho hice el último a 4'04'', pero antes había perdido demasiados segundos y al cruzar la meta mi crono señalaba 1h30'47'' un buen tiempo, peor que el del año pasado, pero razonablemente bueno teniendo en cuenta las condiciones meteorológicas que nos acompañaron.
La marca conseguida en Getafe reafirma que estoy haciendo bien las cosas pues en realidad no puedo pretender estar mucho mejor y en Tel Aviv mi objetivo es simplemente disfrutar y pasarlo bien, sin la presión de la marca, pero está claro que con todo, creo que seré capaz de hacer un buen maratón. Quedan casi cuatro semanas para afrontarlo y en ellas habrá que volver a entrenar duro, más duro que hasta ahora para llegar con suficientes garantías de hacer un buen ritmo en una ciudad donde espero calor y humedad, que como sabéis no me gusta mucho. Pero como he dicho, lo importante no es la marca, es disfutar la carrera y el viaje con mi afición y ya de paso apuntalar un poco más mi estado de forma, muy regular y que sirva de base para objetivos más ambiciosos, aunque para eso quedada bastante.



lunes, 7 de enero de 2019

Neujahrsmarathon (3) - La carrera

Una ligera lluvia caía en Zurich la mañana del 31 de diciembre constatando que no se habían cumplido las previsiones meteorológicas que auguraban tiempo seco y frío; no me preocupé demasiado porque esa lluvia no era suficiente para encharcar los caminos que tendría que recoger por la noche y además servía para atemperar la temperatura que se pronosticaba ya a unos cómodos 2 grados a la hora de la carrera. No estaba preocupado, de hecho me fui a pasear con Marisa y Ángela por la ciudad para hacer un poco de turismo sin demasiada prisa antes de comer ligero y volver al hotel en torno a las 16 horas para descansar. No me preocupaba la meteorología, ni siquiera correr de madrugada, sin embargo me preocupaba correr solo con mi frontal en una carrera que había previsto correr junto con la mejor maratoniana que conozco, Pili Isidro, que fue baja del maratón unos días antes  por un grave problema familiar. Sabía que correr sin Pili iba a ser distinto y que iba a echarla de menos cada kilómetro, pues siempre me ayuda a superar los malos momentos y sabía que esa noche iba a estar llena de momentos de incertidumbre,
Cenamos en un italiano entorno a las 20 horas y tras volver al hotel de nuevo para prepararme, tomamos el tren de las 22:59 que nos dejaría en Schlieren a las 23:09 y tras un paseito, llegamos al polideportivo a las 23:20, ya repleto de atletas y de aficionados y con todo listo para la batalla. Me cambié y decidí a última hora no llevar gorro ya que la temperatura no era muy baja, así que Ángela me colocó un buff a modo de cinta en el pelo con la que me fui a calentar un poco por las desiertas calles de la localidad suiza para volver a la salida con suficiente antelación para buscarme un huequecito a la cola del pelotón donde celebrar la llegada del año nuevo. No me importaba salir con retraso, prefería celebrar la cuenta atrás con mi familia y tras comer tres uvas y dar los preceptivos besos, comencé a correr el Neujahrsmarathon.
Los primeros metros fueron muy lentos, había mucha gente y la salida es muy estrecha con varios virajes muy acusados que desembocan en un camino en condiciones lamentables en el que te comes todos los charcos sin remisión, pero enseguida se sale de la zona de influencia del polideportivo y se entra en el camino por el que iba a correr una maratón completa, un camino irregular, con charcos y con la dificultad añadida de correr de noche, aunque las linternas del resto de corredores ayudan a que se vea bastante bien. En esos primeros compases también ayudan los fuegos artificiales que se lanzaban profusamente tanto en Schlieren como en las localidades aledañas, pues además de iluminar un poco más el recorrido, animaban a los atletas en los albores de 2019.
Mi ubicación a la cola del grupo en la salida me obligaba a adelantar atletas lentos continuamente, algunos que incluso iban caminado en las salida y debido al estrés generado en esa situación, olvidé poner mi cronómetro en marcha hasta que me di cuenta pasados unos minutos, de manera que mis referencias iban a ser erróneas durante toda la carrera; el sendero discurre paralelo a un río que se cruza antes de llegar al kilómetro 5, donde se ubica un avituallamiento en el que bebí agua para seguir avanzando y adelantando atletas; imagino que a Pili no le hubiera gustado mucho el despliegue pirotécnico que seguía atronando sin descanso, pero seguro que hubiera estado más atenta que yo en una zona muy irregular pasado el puente en el que me tropecé varias veces a causa de las raíces, alcantarillas y alguna cosa más que no llegué a identificar.
Alrededor del km 8 se pasa por una zona en la que las que hay casas decoradas con muchas luces y figuras navideñas lo cual anima un poco más antes de llegar a una parte en la que se hacen fotos y ya te encaminas hacia la primera vuelta entrando en el polideportivo en el que me esperaban Ángela y Marisa para darme ánimos, breves, muy breves antes de volver a la oscuridad del camino y ya con menos atletas. Se había ido los del 10 k y ya sólo quedaban por eliminar a los de la media, a los que adelantaba con facilidad en la segunda vuelta, en la que mi ritmo se había estabilizado a ya en torno a los 4'50''; había algunos kil´ñometros más rápidos y otros que se iba casi a 5', pero era difícil correr de manera homogénea a pesar de que el recorrido fuera plano plano, pero las irregularidades del terreno, los charcos , los adelantamientos sin espacio y los giros bruscos impedían que la media mejorara.
Ya por entonces mis referencias eran un lío por el problema con el reloj y porque los hitos kilométricos sólo señalaban las distancias de la primera vuelta y como cada vuelta mide 10,55 km, había que hacer bastantes cálculos mentales para saber como vas; el caso es que tras beber un isotónico templado en el avituallamiento del puente, me vine un poco arriba y comencé a adelantar atletas y ya no pasaría hasta el final. El tramo de vuelta hacia el polidportivo era más complicado y largo, pero era más motivador porque volvía a la zona donde sabía que mi familia volvería a animarme antes de encarar la tercera vuelta, en la que ya los atletas escaseaban y yo seguía doblando a gente de la medía y adelantando maratonianos.
Echaba de menos a Pili, el rimo seguía estable pero empezaba a faltarme la motivación y el recorrido resultaba cada vez más duro psicológicamente; ya pasaba mucho tiempo corriendo solo, siempre atento al suelo para evitar accidentes y con las piernas cargadas por las condiciones de la ruta. Ya por entonces estaban cayendo los geles con agua que me había llevado, los mismos que usé en Seattle y que me dieron buen resultado, pero aquí hacía más frío y un isotónico templado sentaba de maravilla para encarar el tramo hasta el polidportivo que me llevaría a la última vuelta. Otra vez recibí los ánimos familiares y los del speaker que me llamó por mi nombre para decirme que me quedaba una vuelta, la más dura sin duda, corriendo prácticamente solo, recordando a Pili cada metro y adelantando a atletas que ya iban muy lentos pues la carrera estaba castigando las piernas, tambi´ñen las mías pues mis kilómetros se fueron casi todos a 5 minutos.
a falta de unos tres kilómetros y sintiendo ya el olor de la meta me salí del camino tras distraerme, me desorienté, no sabía como volver al trazado y tuve que esperar a un atleta que había sobrepasado para volver a la linde, volver a adelantarle y encarar los últimos kilómetros con fuerza y con muchas ganas de llegar y entrar en calor. Lo hice en 3h25'10'', un tiempo razonable dadas las circunstancias y que hubiera valido mucho más en caso de ser un maratón diurno. Marisa y Ángela me esperaban tras recoger mi medalla, eran las tres y media de la madrugada de año nuevo y acaba de terminar mi 34º maratón, una experiencia nueva, un maratón que tenía muchas ganas de correr, pero que al final no me resultó tan bueno como esperaba, de hecho no repetiría. En fin, quizás el problema fue no haber corrido con Pili, con ella hubiera sido distinto, pero bueno, nos quedan muchas batallas por librar, así que habrá. que mirar al futuro con ilusión. Feliz año 2019 a todos.

domingo, 6 de enero de 2019

Neujahrsmarathon (2) - La organización

Una carrera que congrega una participación global de 1000 atletas se puede considerar bastante modesta, por lo que a la hora de analizar las labores organizativas del Neujahrsmarathon, hay que tener muy en cuenta este dato porque detrás de una idea tan brillante como la disputa de una prueba atlética que se inicia en el primer segundo del día del nuevo año, está una organización equiparable a la de cualquier carrera popular de pueblo un poco mejorada. Espero que nadie malinterprete el comentario anterior, porque los pueblos organizan muy buenas competiciones y también lo hacen los que montan este evento en el pequeño pueblo de Schlieren pues han logrado que participen en su maratón un importante número de atletas extranjeros provenientes de los cinco continentes.
El primer pilar de esta exitosa carrera es una vistosa página web que genera más expectación de lo que realmente te encuentras posteriormente, pero que funciona muy bien no sólo para inscribirse sino también para mantener a los participantes puntualmente informados hasta el día de la prueba de todos los detalles necesarios y sobre todo de la meteorología, básica a la hora de afrontar la competición. Además, cuelgan las clasificaciones en tiempo récord y puedes ver tus fotos sin esperar demasiados, unas fotos muy buenas, por cierto.
Como ya he comentado no hay feria del corredor porque los dorsales se pueden recoger hasta una hora antes de la competición, aunque yo me acerqué el día anterior para ir más tranquilo el día de la prueba; la recogida es ágil, los voluntarios muy amables y la resolución de problemas es bastante efectiva, no tengo quejas en este aspecto, aunque me hubiera gustado que hubiera una pequeña feria pues siempre es interesante.
El día D empieza a las 19 horas en el polideportivo de Schlieren, pues desde esa hora se oferta comida y bebida a los participantes y acompañantes, fundamentalmente pasta y a precios nada populares; la pista se llena de sillas y mesas para celebrar la última cena del año con menos glamour de lo deseable, pero puede resultar práctico para algunos atletas, no para mi que decidí cenar antes en Zurich y llegar una hora antes del comienzo. En el polideporivo hay vestuarios, baños y una temperatura lo suficientemente agradable para cambiarse y para que los acompañantes estén cómodos. Eso si, una vez comenzada la prueba, el la fiesta que se anuncia con DJ, bebidas y diversión a tope deja mucho que desear teniendo en cuenta que el DJ no es precisamente animado y que la fiesta es prácticamente insistente, sin hablar de los galácticos precios de bebidas y avituallamiento general.
Llega la medianoche y todos esperamos una espectacular cuenta atrás, que finalmente decepciona a pesar del buen hacer del speaker, pero personalmente creo que se puede hacer mucho mejor de manera más emotiva para los participantes; justo después se empieza a correr o más bien a caminar porque la pista es pequeña para los mil atletas y más aún los primeros metros de la prueba que se desarrollan en un camino balizado muy estrecho. El recorrido discurre por un camino paralelo al río, es el único camino que hay pero la señalización es escasa o nula, salvo los hitos kilométricos que sólo valen para la primera vuelta, porque en la segunda ya no valen al ser vueltas de 10,50 Km. Que no haya mucha señalización no es un grave problema en la primera vuelta porque hay muchos aprticipantes sumando 10K y media, pero cuando se quedan sólo los maratonianos hay veces que con las oscuridad es difícil orientarse a pesar de llevar un buen frontal.
El camino estaba encharcado en algunos tramos y no culpo de ello a la organización, pero creo que si se podría hacer algo en el tramo final que lleva al polideportivo, muy encharcado y pesado desde el inicio y muy fácil de solventar con un poco de voluntad; tampoco estaban bien señalizados algunos obstáculos en formas de raices o alcantarillas con las que era fácil tropezarse debido a la falta de luz; no pretendo que iluminen todo el recorrido, pero estaría bien iluminar esos obstáculos.
Los avituallamientos son correctos, con agua e isotónicos templados al lado derecho y en vaso; nada que objetar salvo la inexperiencia de algunos voluntarios que no alargaban el brazo para que cogieras bien el vaso. Hay sólo dos, uno justo antes de cruzar el río para volver al inicio y otro a la salida del polideportivo, ambos siempre bien provistos y bien iluminados. También hay dos zonas de fotografía, bien señalizadas y con bastantes flashes para que las fotos quedaran tan bien como lo hacen.
También quiero destacar la buena labor del speaker que animaba mucho y bien hasta la linea de meta tras la cual te espera agua, isotónicos y algún alimento sólido para reponer fuerzas, aunque eché de menos una capa para entrar en calor; unos amables voluntarios te dan la camiseta y te cuelgan la medalla por la que se paga en la inscripción, un hecho un tanto irregular porque no se puede concebir que después de un maratón no te den la medalla de finisher si no pagas, pero imagino que en Suiza las cosas funcionan así, hay que pagar por todo y además mucho dinero.
Para finalizar, te puedes hacer una foto tu mismo en un photocall dispuesto a tal efecto y sin más que hacer, dirigirte a pie a la estación de tren para volver a Zurich. ¿Mi opinión de la organización? Es correcta, pero mejorable en bastantes aspectos.

sábado, 5 de enero de 2019

Neujahrsmarathon (1) - El ambiente

Schlieren es una pequeña población suiza que se ubica en el área metropolitana de Zurich que aloja unos15.000 habitantes, una ciudad que seguramente nunca hubiera conocido de no ser porque organizan un maratón que comienza el 1 de enero a las 0:00:01 horas. De hecho, no puedo decir que conozca la localidad, a pesar de haber disputado su maratón, más bien conozco su polideportivo y los caminos aledaños y además de noche, así que no podría responder a la pregunta si es bonito o feo porque no lo sé.
Aclarado este punto, es evidente que no puedo hablar con propiedad del ambiente en la ciudad que, por otro lado, imagino inexistente pues los alrededores del polideportivo estaban desiertos, tanto el día que recogí el dorsal como el día de la carrera. Es de suponer que la mayoría de los turistas no eran de la localidad y que los participantes extranjeros dedicaron los días previos a hacer turismo en Zurich donde no logré distinguir a nadie con pinta de maratoniano y es que un maratón con tan reducida participación apenas tiene impacto en el ambiente de una gran ciudad.
Por tanto hay que ir directamente a la feria del corredor, o más bien a la entrega de dorsales porque no existe una feria como tal, no hay ningún stand publicario ni nada que se le parezca, tan solo un mostrador donde una voluntaria muy amable me entregó el dorsal, mientras otro voluntario se lo entregaba a un italiano de Milán que participaba en la media; dos atletas en la recogida de dorsales no ofrecen mucho ambiente, así que habrá que buscarlo en plena competición.
El día del evento, llegué al polideportivo donde se empieza y acaba la prueba con una hora de adelanto; había mucha gente, la mayoría atletas y algunos acompañantes, pero no excesivos; las instalaciones llevaban abiertas desde las 19 horas y se ofrecía comida y bebida a los asistentes en unas mesas ubicadas en la pista del polideportivo, dejando libre la parte externa por la que discurriría la carrera, aparte de ser la ubicación de salida y llegada. Hay también unas gradas que no llegaban a estar llenas y en mi opinión, el panorama general demostraba que el tirón de esta competición era menor de lo que yo esperaba, pues al fin y al cabo la afluencia se reducía a los atletas y poco acompañantes, entre los que se encontraban los míos, Ángela y Marisa.
Esperaba más de la cuenta atrás y la llegada del nuevo año, pero en realidad fue bastante soso, aunque no en mi caso pues tenía al lado la familia y no me hacía falta mucho más, pero creo que se podría celebrar mucho mejor ese momento; eso si, una vez sales fuera del poli, hay fuegos artificiales por doquier, tanto en Sclieren como en las localidades aledañas y prácticamente te pasas la primera vuelto acompañado de un bonito espectáculo de luz y petardos.
Como era previsible, la asistencia de público durante el recorrido era prácticamente inexistente, salvo los voluntarios que ofrecían avituallamiento en el kilómetro 5 y posteriormente una parte en la que se pasa por una zona de casas muy adornadas con motivos navideños, ya que alguno de sus moradores aplaudieron a los atletas en la primera vuelta; también pude ver a algunos chavales bebiendo y fumando en las inmediaciones del recorrido, pero no estaban precisamente animando.
El único punto donde el ambiente se animaba era el paso por el polideportivo, donde se concentraba todo el público, pero aparte del speaker, la gente apenas aplaudía y es que los suizos no son precisamente la alegría de la huerta; menos mal que yo siempre cuento con mi fiel afición, de manera que Marisa y Ángela cumplieron perfectamente su cometido y me animaron en cada paso por meta hasta la llegada. No me quiero olvidar del speaker, que mencionó mi nombre y me animó a partir de la segunda vuelta en cada paso, algo que también me ayudó a completar la prueba.
Se puede decir que hay muy poco ambiente en este maratón, yo esperaba más teniendo en cuenta la fecha y la peculiaredad de correr por la noche, pero ni la organización ni los asistentes ayudan a crear un momento especial para los atletas, salvo para mi que me lo llevaba de casa-