lunes, 5 de junio de 2017

Maratón de Lima (3) - La carrera

Esta vez, realicé mu ultimo rodaje premaratoniano el viernes a fin de recuperar un poco las piernas tras el largo vuelo que me llevó de Madrid a Lima; nada más salir del hotel, noté que la humedad era muy alta, tanto que tenía la camiseta empapada apenas cinco minutos después. No me gusta correr con calor, pero menos aún si la humedad ambiente es elevada y parecía que ambos factores iban a ser protagonistas de mi primera cita con la distancia de Filípedes en Sudamérica.
Tras un desayuno muy tempranero en el hotel compartiendo comedor con los atletas de elite, me acerqué caminado hacia la salida con Marisa y Toly; era un día plomizo, con el cielo totalmente encapotado y una temperatura que rondaba los 19º a las 6 de la mañana, aunque no era previsible que subiera mucho más. No eran las condiciones ideales, pero al menos, la "panza de burro" sobre el cielo limeño me iba a permitir librarme de los molestos rayos solares. La zona de salida ya estaba repleta de corredores ultimando detalles y calentando, así que tras despedirme de las chicas, comencé mi calentamiento suave que tuve que interrumpir para ir al baño un pare de veces. Aparte de los nervios, tenía claro que era muy importante hidratarme y no había parado de beber desde que me había levantado. Tenía claro que una buena hidratación iba a ser clave para salir bien parado del evento, pero también debía evitar una pérdida excesiva de sales minerales, por lo que, además de los geles, me llevé un puñado de pastillas de magnesio de las que me había recomendado el gran Alex.
Me ubiqué pronto en mi cajón, aunque no había demasiados problemas pues la participación en el maratón no es precisamente masiva; sonó el pistoletazo y comencé mi carrera como tenía pensado, conservador y con cabeza, pues tenía miedo al calor y la humedad que me esperaban en las siguientes horas. Sin embargo, mi ritmo no podía ser muy lento porque la primera parte del recorrido baja hacia la playa, así que era necesario aprovechar un poco esa ventaja. Me puse a un ritmo entre 4'40'' a 4'45''/km y a pronto me coloqué  en  una posición cómoda para correr, sin demasiados atletas a mi lado.
Fueron kilómetros de tanteo, en los que recibí los primeros ánimos de Marisa al pasar por el km 4, aún en el barrio de San Isidro; en esa fase, coincidí con dos atletas españoles residentes en Lima  que corrían la media, y me advirtieron del calor y de la dureza de la última parte del recorrido. Aunque rodé un rato con ellos, les dejé ir pues llevaban un ritmo de 4'30'' y no quería quemarme. En el km 8 toda mi afición estaba presente para alentarme antes de salir de la zona financiera de Lima y dirigirme hacia el coqueto barrio de Miraflores, por donde comencé a poner ya un ritmo constante de 4'50''/km.
Estaba corriendo bien, pero me agobiaba un poco el calor y la humedad, tanto que desde el principio empecé a beber tanto agua como isotónico en los avituallamientos, aparte de endiñarme dos pastillas de sales cada 10 Km.
Mi momento de crisis llegó entre  el km 12 y el 15, pero lo superé concentrando mi mente en llevar un ritmo constante y no pensar en los que me quedaba por delante, así que empezaron a salir los kilómetros con fluidez al ritmo que quería llevar e incluso mejores, No tomé el tiempo de paso por la media porque no estaba indicada, pero calculo que fue en torno a 1h41', dentro de lo previsto y poco antes de llegar al punto más bajo del recorrido, en la playa y comenzar el constante ascenso hasta meta. Ya por entonces, había charlado con atletas brasileños, colombianos y locales y empezaba a disfrutar de la carrera y mucho más aún cuando recibí otro empujón moral de mi afición en el km 26. Quedaba mucho por correr, pero ni siquiera hacía cálculos, simplemente me concentraba en hidratarme bien, tomar los geles en el momento adecuado y por supuesto, las pastillas de sales.
La ligera subida ya se empezaba a notar y comencé a dudar si era conveniente acelerar a partir del km 32 como había hecho en Ravenna y Las Palmas, o bien ser cauto. El caso es que no hice ni lo uno ni lo otro, porque sabía que mi último "gel moral" estaría en el km 34, donde Rafa y Encho bromearon sobre si iba a empezar a correr, así que, obviamente, eso hice.
Aceleré, me puse a rodar entre 4'30 y 4'40'' pero no era fácil porque el terreno se iba complicando y falso llano era cada vez más falso y más empinado; eso si, empecé  a recoger cadáveres por el camino, pero sin la soltura que me hubiera gustado, aunque era evidente que los demás iban peor que yo. Apreté los dientes, aguanté el tirón y me conjuré para ir a tope hasta el final, pero ya no podía bajar de 4'45'' porque los últimos 5 kilómetros son realmente complicados. Me había olvidado del calor, de la humedad e incluso de los rayos solares que aparecieron en la última fase de la carrera y es que ya daba igual, solo importaba acabar y al ritmo mayor que pudiera.
A falta de un kilómetro ya se podía ver la meta al fondo y tan al fondo, porque  la carretera seguía picando hacia arriba y solamente puede relajarme cuando pisé esa mágica moqueta azul que indicaba que restaban escasos metros para completar mi primer maratón sudamericano y vigésimo octavo en general.
Crucé al meta en 3h23'54'', un tiempo excelente teniendo en cuenta las circunstancias, es decir, calor, humedad y un viaje de 12 horas dos días antes a lo que puede sumar el jet lag. Es evidente que no ha sido mi mejor maratón, pero estoy muy satisfecho del resultado de Lima porque hice la carrera que quería hacer y un tiempo que vale mucho en esta carrera; de hecho, a falta de confirmación oficial, creo que hice el 4º ó 5º puesto de mi categoría.  En definitiva, un maratón más, un continente más y otra gran experiencia en la que volvieron a ser partícipes activos Marisa y mis amigos, que volvieron a estar a mi lado y por supuesto, todos los que me apoyasteis por las redes. El siguiente, en Varsovia, el próximo mes de septiembre.

domingo, 4 de junio de 2017

Maratón de Lima (2) - La organización

Lima42K es el nombre que utiliza la organización para definir esta joven carrera que echó a andar allá por 2009; no tengo referencias de como se desarrollaron las ediciones anteriores a la que  he participado, pero me consta que se ha trabajado sin descanso para eliminar errores y conseguir una participación mayor año tras año. En 2017 participaron 16.000 corredores repartidos entre las tres carreras (42K, 21K y 10K) y si continúan por esta línea, es previsible que la cifra aumente año tras año.
Esta competición está patrocinada por dos grandes firmas, Adidas y Telefónica, así que no es de extrañar que funcione bien, empezando por una vistosa publicidad y una página web con un diseño atractivo y un funcionamiento eficiente, tanto para inscribirse, como para consultar información. 
Sin embargo, no parece que se hayan gastado mucho dinero en el cronometraje, pues la página da fallos desde el día después de la carrera y a día de hoy no tengo tiempo oficial. Otro aspecto negativo relacionado con la web, es que no hay ninguna empresa de fotografía que cubra el evento y solamente se publican unas 50 fotos, a pesar que que vi bastantes fotógrafos en el recorrido.
Una vez en Lima, en la obligada visita a la feria del corredor, compruebo que la organización es bastante correcta, aunque no deja de ser una feria modesta. Se ubica al aire libre, con recogida de dorsales separada por carrera, lo que evita colas y con varios stands desperdigados, aunque sin mucho interés pues no hay representadas  ni marcas deportivas ni otros maratones. Adidas tienen un stand con sus productos y sorprendentemente sin merchandising, algo extraño, pues todo el mundo se quería llevar una camiseta conmemorativa o producto similar, pero no tenían; sin embargo, podías grabar al momento tu nombre en la camiseta oficial, pero no hice uso porque corrí con la mía. Para mi, lo mejor de la feria es que se ubica en el Circuito Mágico del Agua, como comenté en el anterior post; el circuito está compuesto por una serie de fuentes luminosas que se complementa con un espectáculo diario de luz y sonido que no está mal. En resumen, recoges el dorsal y haces un poco de turismo, mucho mejor que desplazarte a un pabellón en las afueras de la ciudad y echar la tarde en el transporte de ida y vuelta.
Y claro, nos vamos al día importante, la carrera; comienza temprano, a las 7 de la mañana debido al calor, aunque la temperatura es muy constante. La zona de salida es muy grande, con facilidad para calentar, para cambiarse y con muchos baños portátiles, de manera que las esperas son escasas. El despliegue policial y del ejército es amplio y es que las autoridades hacen gala de tener un maratón muy seguro, lo que a mi, personalmente, me causa inseguridad, aunque una vez en carrera te olvidas, pero tampoco observé nada fuera de lo normal.
La partida se efectua en una gran avenida de manera que es muy cómodo correr sin agobios desde un principio y además los de los 21k y los de los 42k salen por carriles distintos que se unen posteriormente en el km 3: los del 10K salen una hora después. Una vez pasados los primeros kilómetros, la carrera sigue discurriendo por grandes avenidas hasta el final, pues Lima es una ciudad muy grande con mucho tráfico. El recorrido es entretenido, aunque no pasa por el centro histórico, ya que va desde el centro de negocios,  San Isidro hacia el barrio de Miraflores, Barranco y vuelta de nuevo a San Isidro tras una tramo al borde del mar. El perfil no es precisamente rápido, pues la primera mitad baja hasta la playa y en la segunda mitad hay que subir al punto de partida, de manera que los kilómetros finales son cuesta arriba.
Hay avituallamientos cada 5 km, en vaso, agua e isotónicos, normalmente a un lado de la calzada, pero no hay problema porque no hay demasiados corredores y además los voluntarios te dan el vas en la mano. A partir del 25k hay avituallamiento sólido y alrededor del km 30 dan geles; ya  por ese kilómetro, los avituallamientos se ubican cada 2,5 km, una buena medida cuando aprieta el calor. Es también destacable la labor de los voluntarios, muy activa en todos los avituallamientos, consiguiendo que nadie se quede sin hidratarse.
La parte final es muy bonita, vallada, con gradas y con alfombra azul en los últimos metros; una vez traspasada la línea, te dan isotónicos, fruta, barritas y por supuesto la medalla; se puede descansar o estirar tranquilamente en una zona solo para corredores desde donde se sale por una puerta donde pueden esperar los amigos y familiares. Todo muy bien organizado.
Como dije al principio, el maratón de Lima está creciendo y aunque tiene que pulir defectos, se puede decir que su organización es correcta, teniendo en cuenta también, que si precio es asequible. Aunque parece difícil que atraigan a corredores europeos, está claro que puede ser una carrera atractiva para atletas norteamericanos y sudamericanos

sábado, 3 de junio de 2017

Maratón de Lima (1) - El ambiente

En la capital de Perú viven más de 9 millones de personas distribuidos en enormes distritos que se desparraman entre el interior y la costa; Lima posee un coqueto centro histórico plagado de edificios coloniales, un distrito donde se ubica la actividad económica y un barrio eminentemente turístico, Miraflores. El resto es puramente residencial, a excepción del coqueto distrito de Barranco que se ubica al lado de la playa y por ello posee una incipiente actividad turística en estos momentos. El tráfico es caótico, congestionado constantemente debido a una deficiente red de transporte público, de manera que desplazarse de un barrio a otro es una aventura. 
Con estos condicionantes, no es difícil imaginar que el maratón no deja de ser un acontecimiento más, de los muchos que desconocen los limeños que viven en esta gran urbe; de hecho, el maratón solo cruza cuatro distritos y es "invisible" para el resto de la ciudad, a pesar de los esfuerzos de la organización de esta joven carrera que progresa adecuadamente, pero a la que le falta ambiente.
Los días previos a la carrera, no encontré demasiadas referencias de la carrera, salvo algunos carteles en centros comerciales, pero por la calle no se aprecia nada, ni siquiera atletas pululando por el centro, pues no es una prueba masiva y aunque hay participantes de muchas nacionalidades, apenas se dejan de ver; intuyo que muchos de los participantes foráneos son residentes eventuales en el país y los que se desplazan a Lima solo para correr, son fundamentalmente norteamericanos y sudamericanos, pero en número escaso.


La feria del corredor se ubica en el Circuito Mágico del Agua, al lado del Estadio Nacional y a descubierto; aunque recogí mi dorsal el viernes por la tarde, la feria estaba llena de gente, muy animada, pues la mayoría de los asistentes aprovechan para hacer una visita al circuito con su bolsa de corredor encima; me parece una buena idea ubicarla al lado de este reclamo turístico y de hecho consiguen el objetivo de crear un bonito ambiente atlético, pues hay bastantes stands y buenos speakers animando el cotarro.
Metidos ya en harina, el día de la carrera hay un bastante animación en la salida, no solo público, sino muchos militares para "garantizar" la seguridad de los atletas; los primeros kilómetros son animados, pero luego se reduce bastante la animación pues los espectadores se concentran fundamentalmente en las cercanías de las paradas de sus autobuses "expres" que son escasas durante el recorrido. Por tanto, se recorren muchas avenidas con muy poco público animando, pero hay zonas con bastante ambiente y muchos puntos en los que los aficionados ofrecen agua y alimentos de manera espontánea, al margen de los avituallamientos oficiales. La llegada se ubica en la misma avenida de la salida y también se encuentran muchos aficionados animando en una bonita recta de llegada en la que se pisa una moqueta azul que indica el inminente cruce de la línea de meta. Como este ha sido mi 28º maratón, creo que tengo suficientes argumentos para comparar con otras carreras y el Lima42K ocupa un lugar medio dentro de ellas; no se puede hablar de una gran animación, pero lo que hay es muy agradable y debo confesar que esperaba mucho menos.
Lógicamente, también tengo que hablar de mi animación particular, compuesta, en esta ocasión, por seis personas, Encho, Toly, Carlos, Rafa y Magüy, además de Marisa; como es habitual, estuvieron a la altura y dieron espectáculo en las calles de Lima, portando las únicas banderas españolas del recorrido. Volvieron a dejar muy alto el pabellón.
Lima no es el maratón con más ambiente que he corrido, pero estoy seguro que si le damos unos años más  la cosa cambiará,  aunque no creo que vuelva para comprobarlo.

lunes, 15 de mayo de 2017

Tras los pasos de Pizarro

El próximo domingo disputaré mi vigésimo octavo maratón en Lima, la ciudad que fundó Francisco Pizarro  en 1535; cuentan las crónicas que el conquistador español  era un buen estratega además de un hombre muy tenaz que consiguió doblegar a los incas con un ejército mucho menos numeroso. Una de las anécdotas más aclamadas de su historia, es aquella en la que arenga a sus soldados , hartos de pasar calamidades, en una playa, dibujando una línea en el suelo, que separaba la retirada o la posibilidad de conseguir la gloria. Solo trece soldados cruzaron esa línea, que a buen seguro yo también hubiera cruzado, pues como buen maratoniano, sé que para conseguir la gloria de cruzar la meta, hay que esforzarse mucho e incluso sufrir. Sin entrar en más disquisiciones históricas, en Lima intentaré seguir los pasos de Pizarro, pero no derrotando enemigos y conquistando territorios para la corona española, sino corriendo hombro con hombro con los atletas peruanos con el único objetivo de cruzar otra línea, la de meta.
No lo voy a tener fácil en la capital peruana, donde me espera una carrera cuyo perfil se parece mucho al de MAPOMA, es decir, en la primera mitad baja, en este caso hasta la costa y en la segunda mitad, vuelve a subir para acabar en el mismo punto; además, la meteorología tampoco será muy favorable, pues se espera una temperatura media de 20º y un molesto viento de unos 15 km/h. La carrera comenzará el domingo  a las 7:15 de la mañana, cuando sean las 16:15 horas en España; la intempestiva hora de comienzo de la carrera, será también otro handicap importante para afrontar la competición, además del previsible jet lag debido a la diferencia horaria entre Perú y España. Espero que no se cumplan los malos augurios de mi "entrenador psicológico", Carlos, que afirma que siempre corro mal en América y no le falta razón, vistos los precedentes, aunque espero que las cosas me vayan mejor en esta ocasión. 
Llego a mi segunda cita maratoniana del año en un buen estado de forma, después de haber corrido en 40 minutos los 10K de Laredo y tras haber hecho podio, aunque con un tiempo discreto debido a la meteo, en Medina del Campo. Una sobrecarga en el cuádriceps izquierdo me ha obligado a para dos días la semana pasada, pero no creo que me afecte ni el parón, ni la lesión que ya ha sido tratada convenientemente con mi fisio, Cristina. Por tanto, tengo confianza en mis fuerzas y en mi táctica, que va a ser de nuevo conservadora, aunque diferente a la empleada en Las Palmas, donde el perfil era completamente plano; en Lima, habrá que ir un poco más deprisa en el tramo cuesta abajo, pero sin pasarse, pues hay que guardar fuerzas para la segunda mitad de la prueba. Espero que el calor no me afecte demasiado, pues, afortunadamente, me han dicho que la humedad no es muy elevada.
En todo caso, mi objetivo principal es cruzar la línea de meta de la Avenida Canaval Moreyra y alimentar mi palmarés con mi primer maratón en Sudamérica y vigésimo octavo del cómputo global; no me faltarán ganas ni ilusión y además volveré a estar muy bien acompañado por mis seguidores, que serán seis en esta ocasión y que volverán a darme ese empujón virtual que tanto agradezco. También me llevo los ánimos de todos los que me leéis por aquí o en las redes sociales; intentaré no defraudar a nadie y volver  a lucir una medalla al cuello el próximo domingo.