martes, 3 de septiembre de 2019

Maratón de Reikiavik (3) - La carrera

Amaneció muy temprano en Reikiavik como corresponde en época estival, pero mi despertador sonó a las 6 de la mañana y  el sol ya lucía tímidamente en un cielo casi nublado por completo mientras que el viento había decidido tomar un respiro esa mañana, un factor importante en  una ciudad tan ventosa. Se puede decir que la meteorología era prácticamente ideal pues el termómetro tampoco pasaba de los 10º mientras desayunábamos en nuestra caravana.  Tras descansar otro poco y prepararme, tomamos el autobús que nos acercó a la línea de salida donde llegué con tiempo suficiente para hacer un calentamiento ligero y acabar de prepararme para la carrera. Me coloqué en la parte de adelante en la salida, mientras Pili se retrasaba un poco pues  decía que no iba en  buena forma, así que comencé la prueba solo y horas después la acabaría también solo.
Salí tranquilo,a un ritmo de 4´45´´ que me permitía disfrutar del buen ambiente de los primeros kilómetros, pero sin desgastar mucho pues mi objetivo era ir tranquilo y sin forzar pues en nada toca empezar la preparación de Valencia. Pronto me encontré con atletas españoles a los que saludé mientras seguía a mi ritmo siguiendo de lejos el globo de la 1h40' al que poco a poco me fui acercando hasta llegar a su altura donde también estaban dos atletas españoles que corrían la media, con los que estuve charlando unos cuantos kilómetros, aproximadamente hasta el km 15 en el que decidí descolgarme un poco porque el ritmo era demasiado vivo.
Hasta entonces todo marchaba conforme a lo previsto, manteniendo el paso que me convenía y disfrutando de las bonitas vistas al mar que ofrecía la primera parte del recorrido que culminaba en una avenida que discurre al lado de la costa donde soplaba el viento y además una ligera pendiente hacia arriba que sllega hasta un fondo de saco donde se da la vuelta para dirigirse de nuevo a la zona de salida/meta, a la que no se llega  porque se desvía a los maratonianos hacia el interior de la ciudad. Por entonces ya había recibido los primeros ánimos de Marisa y Ángela en el kilómetro 12 y un poco más adelante en el 18, justo cuando rodaba a la par de un corredor canario muy simpático y otro de Ciudad Rodrigo con los que también departí un rato hasta que el canario se marchó y yo descolgué al salmantino.
Mi paso por la media fue de 1h41'30'', ajustado a mi planteamiento inicial, pero la segunda mitad de la carrera se me empezaba a atragantar por varias razones, la falta de público, los innumerables giros que da el trazado y un buen número de puentes elevados y túneles que convierten el final de la prueba en un rompe piernas. De hecho, de la segunda media sólo me gustó el paso por un barrio de casas de colores cuyos vecinos animaban a los corredores desde sus balcones, pero el resto era un recorrido infumable por parque vacíos, carreteras y los ya mencionados túneles y puentes.
 Todos estos factores me hicieron reaccionar, no quería seguir tan tranquilo y acabar sin más, decidí aumentar un poco el ritmo ya que me sobraban fuerzas y ganas de adelantar atletas y acabar satisfecho de mi actuación. Así que siguiendo la filosofía de Pili esperé al kilómetro 32 para empezar a "correr" y adelantar a atletas mientras iba maldiciendo las cuestecitas que salpicaban el trazado. Mi ritmo se fue incrementando a medida que completaba los últimos diez kilómetros, aunque fue en los dos últimos cuando me vine definitivamente arriba, puse un ritmo de 4'25'' y me dispuse a acabar la prueba como merecía, espoleado por la presencia de público y el bonito final con el mar a la vista, dejando el Harpa a la derecha y enfilando una recta de meta donde Ángela y Marisa me daban los últimos ánimos.
Crucé la meta en 3h20'27'', un tiempo que no está nada mal teniendo en cuenta que la preparación en en verano es muy dura y  los días de turismo conduciendo y durmiendo en una autocaravana previos a la prueba; de nuevo, la segunda mitad fue más rápida que la primera, pero lo más importante es que las sensaciones fueron buenas en la última parte de la carrera y eso demuestra que epa y o estamos haciendo las cosas adecuadamente.
Una vez acabado el bonito viaje por Islandia toca pensar en el objetivo más importante del año, el Maratón de Valencia que correré el próximo 1 de diciembre; no queda tanto y hay que empezar desde ya a trabajar, pero ese tema ya lo trataré en el siguiente post, de momento toca celebrar mi trigésimo octavo maratón y pensar en los nuevos retos por venir.


lunes, 2 de septiembre de 2019

Maratón de Reikiavik (2) - La organización

Siempre que me inscribo a un maratón intento valorar a priori la capacidad organizativa del evento y tengo que reconocer que en la mayoría de los casos me dejo llevar por los tópicos que etiquetan a los diferentes países en los que compito, por ejemplo, parece que la capacidad organizativa de alemanes o suecos siempre está fuera de duda, mientras que griegos o italianos pueden generar más recelos acerca de su eficiencia; desgraciada o afortunadamente los tópicos generalmente no se cumplen como demuestra que  guardo un gran recuerdo de la organización del maratón de Atenas y no tan bueno de la organización del mítico maratón de New York. Pero vamos al grano y analicemos Reikiavik, maratón modesto, país bien organizado, norte de Europa... ¿Que puede fallar?
En mi opinión, la organización de este evento se queda a medias en muchas cosas, o sea que aspectos positivos son contrarrestados por otros negativos y eso se aprecia con la simple consulta de su página web, modesta pero vistosa, en dos idiomas (islandés e inglés) y de fácil acceso a la información; lo mismo puedo aplicar a las newsletter periódicas que he recibido en mi mail; lo malo es que cuando se profundiza un poco en su manejo , a la página se le ven las costuras. Eso pasa, por ejemplo, con la inscripción, que en un momento dado te lleva a una página en islandés en la que no te enteras de nada o cuando te metes en la página personal de tu perfil, a la que accedes con unas claves que ellos mismos te envían y que sirve, presuntamente, para consultar o cambiar Tus datos; pues bien, tu página personal está en islandés, así que olvídate de cambiar o consultar algo si no eres vikingo.
Pero bueno, pasemos por alto estos detalles y vámonos a la feria, primera prueba seria para la organización; está bien ubicada, en un pabellón no muy alejado del centro, más grande de lo que esperaba y con una recogida ágil de dorsal y camiseta. Hay bastantes stands, sobre todo de charities, alguno de maratones, varios de efectos deportivos y algunos más de grandes marcas como Adidas o Garmin.  Por contra, no hay merchandising, los precios  son muy elevados y la camiseta que regalan es bastante mala y además no es Adidas, que presuntamente patrocina la prueba. Por lo visto hay que ahorrar costes a pesar del alto precio de la inscripción.
El día de la carrera todo está listo de las primeras hora para recibir a los corredores en una avenida de la que sale y llega la carrera; el meollo se ubica al al lado de un pequeño parque donde se colocan las casetas de los baños en un número apropiado. Tampoco falta sitio par cambiarse y prepararse adecuadamente con el beneplácito de una buena meteo. La prueba se inicia con una cuenta atrás en islandés y se encamina por esa primera avenida hacia la parte de la ciudad cercana al mar, de manera que se pasa inicialmente por un animado barrio residencial para posteriormente continuar por zonas con bastante afluencia de público y con buenas vistas. Por entonces, los hitos kilométricos se muestran con grandes carteles a un lado de la calzada, pero aproximadamente a partir del kilómetro 10, los carteles desparecen y son sustituidos por un cono de carretera en el que se refleja el punto kilométrico escrito a mano con rotulador, un poco cutre el apaño.
Hay avituallamientos cada 4 kilómetros, sólo a un lado de la carretera y siempre con el isotónico delante y el agua detrás, al contrario de lo habitual en otras pruebas; también se ofrece fruta a partir del kilómetro 15, pero no dan geles en ningún momento. Tanto agua como isotónico se ofrecen en vaso de cartón, grande y manejable, pero hay que recogerlo de la mesa porque no hay voluntarios ofreciendo vasos salvo en casos muy puntuales.
Comentario aparte merecen las liebres (también llamados "pacers" por los "runners", pero insisto en que yo soy corredor y no runner) que sólo están disponibles para los atletas que corren la media, distancia tras la cual terminan su labor dejando tirados a los atletas de maratón, que ienen que hacer la segunda mitad sin utilizar una referencia que resulta muy útil para muchos atletas; no acabo de entender que no se encuentren voluntarios para hacer esa labor completa.
El recorrido es bonito en la primera mitad, se recorre una zona costera, el puerto y finalmente la avenida principal que discurre al lado del mar y donde se ubican la escultura del barco vikingo y el famoso auditorio Harpa; esta primera parte es muy agradable, pero se termina a los 21 km en la que los corredores de media se separan para volver a meta y a los maratonianos se les dirige hacia el interior de la ciudad y alejados del mar. En ese momento el paisaje cambia, las calles se estrechan y las vistas pasan a ser bastantes sosas, pues discurre por las afueras y arques, sin apenas animación y lo que es peor, se empiezan a a dar giros y más giros combinados con pasos elevados y subterráneos que convierten los últimos 10 Km en un auténtico rompe piernas. No me gustó nada la segunda mitad, que además no está cortada al tráfico totalmente de manera que hay algún tramo que compartes con los civilizados conductores islandeses. Finalmente se regresa al centro para acabar en una recta de meta llena de animoso público que ayuda a cruzar la meta para después dirigirte a un pequeño jardín donde te cuelgan la medalla y te ofrecen un trozo de  barrita de Mars o Twix, plátano, manzana y agua, escaso avituallamiento  después de completar 42,195 metros.
Por todas estas razones, se puede concluir que el Maratón de Reikiavik tiene una organización correcta teniendo en cuenta que es una carrera con una participación baja; tendrían que limar muchos defectos y mejorar detallles para conseguir un nive equiparable a un gran maratón. Un país que ofrece unas maravillas naturales tan sorprendentes y que atrae a millones de turistas al año, debería tener una maratón que cumpliera las expectativas de sus participantes; no estaría mal que los organizadores se pusieran manos la obra para que esta prueba creciera y fuera un atractivo más para visitar Islandia, aunque la isla no parece necesitar más alicientes de los que tiene .

domingo, 1 de septiembre de 2019

Maratón de Reikiavik (1) - El ambiente

La tercera parte de la población de Islandia reside en  Reikiavik, capital de un país prácticamente despoblado que no llega a los  400.000 habitantes, cuyo principal atractivo son los soberbios escenarios naturales que se pueden admirar en cada rincón de la isla. Por esa razón casi dos millones de turistas visitan cada año este país y aunque la capital no es uno de los principales puntos de interés, es evidente que a muchos maratonianos les resulta muy interesante combinar su afición atlética con el turismo en la "Isla de Hielo".
No tengo datos acerca de los corredores que se desplazan a Reikiavik sólo para correr el maratón, imagino que muy pocos, pero pude hablar con varios participantes que me comentaron que  su viaje incluía una visita turística anterior o posterior a la prueba. Por esa razón es difícil discernir si la ciudad estaba más animada por la asistencia de corredores o el número de visitantes era el mismo que en cualquier otro momento de la temporada turística en la que la ciudad sirve como punto de partida o llegada de las rutas elegidas.
Lo que es indudable es que la organización sabe perfectamente que tipo de corredores participan en la prueba y por eso dimensiona la feria del corredor para que sirva de centro neurálgico del fin de semana atlético, pues es visita obligada para runners y acompañantes; por eso todos caben en el pabellón donde se celebra y hay stands de interés para todos, sean corredores o no. La feria concentra el ambiente atlético, es cierto, pero no hace falta asistir a ella para darse cuenta que el sábado por la mañana se celebra un importante evento en la ciudad, pues es relativamente sencillo ver a los participantes con sus bolsas pululando por el pequeño centro de la ciudad islandesa.
Satisfecho de lo visto el viernes tarde en la feria y en la ciudad, tampoco decepciona la abarrotada, aunque pequeña zona de salida del sábado y a muy tempranas horas, pues la carrera comienza a las 8:40; obviamente había muchos corredores calentando, pero también muchos acompañantes y aficionados que se acercan a ver la salida y ofrecen un animado ambiente en los primeros kilómetros de carrera, quizás lo más animados de la prueba pues tras el pistoletazo de salida se recorre un barrio residencial donde todos sus vecinos salen a la calle con cazuelas, silbatos o simplemente sus palmas para animar a los esforzados deportistas.
Tras ese paso, se puede decir que hay luces y sombras y no por causa de la falta de ganas de los animosos habitantes vikingos, sino porque la prueba discurre por zonas deshabitadas y de difícil acceso donde apenas hay espectadores, aunque hay otras con una afluencia masiva de espectadores además de los diferentes grupos musicales que pone la organización y que fundamentalmente se centran en la primera mitad de carrera. Digo esto, porque después del paso por los 21 kilómetros, parece que los creadores del trazado llevan a rajatabla el famoso axioma de la "soledad del corredor de fondo" pues  la carrera se adentra por zonas sin apenas viviendas, por jardines lejanos al centro urbano y por carreteras donde el público no puede acceder ni animar, pero que tampoco se mitiga con la animación oficial que es inexistente a partir de la media. Así que toca mirar el paisaje y animar a los corredores con los que te cruzas hasta llegar a los kilómetros finales en los que de nuevo hay asistencia masiva de público para recibir a los maratonianos en una bonita recta de meta.
No sería justo decir que este maratón no tiene buen ambiente, pero tampoco se puede decir que lo tenga si sumas auna buena primera parte la pobre segunda mitad  que resta espectacularidad al recorrido; personalmente yo hubiera preferido dos vueltas, pero tampoco puedo quejarme porque mi afición particular cumplió a gran altura como es habitual, pues Ángela y Marisa me dieron los ánimos necesarios en tres puntos de la carrera y eso que era complicado hacerlo. Pienso que habría que pensar un poco más en el espectáculo y no tener tanto miedo a cortar la ciudad unas horas más, pero claro, es sólo la opinión de un participante.

domingo, 18 de agosto de 2019

Un maratón en el centro de la tierra

Julio Verne publicó en 1864 su ya célebre novela "Viaje al Centro de la Tierra" en la que el joven Axel y su tío Otto se embarcan en una vertiginosa aventura que se inicia en Islandia, más concretamente en el volcán  Snafellsjökull por el que acceden al corazón de la Tierra donde vivirán un sinfín de peripecias; ha pasado mucho tiempo desde que Verne incluyó esta agreste isla en uno de sus relatos, pero no ha sido el único en hacerlo pues las peculiares características de Islandia le han convertido en un lugar propicio para ambientar relatos, películas, series de televisión o videoclips, entre otras cosas.
Es indudable que la isla, cuna de los primeros vikingos, atesora una belleza particular que le otorga su  su ubicación septentrional y su origen volcánico que generan unos paisajes agrestes y caprichosos que atraen cada vez a más turistas, aunque conservando ese carácter casi virgen que la hacen especial. Desde hace bastante tiempo llevo anhelando viajar a Islandia y desde el inicio de mi carrera como maratoniano me fijé en Reikiavik como un destino ideal para competir en la distancia de Filípedes, así que este año me he decidido a cumplir ambos deseos de una sola vez e intentar acabar mi 38º maratón en una isla agreste, plagada de volcanes, cascadas, glaciares, playas mágicas, verdes montañas y por supuesto llena de habitantes básicamente rubios.
Aunque pueda resultar sorprendente en una ciudad de poco más de más 100.000 habitantes, el maratón goza de una nutrida participación, cercana a los 6.000 corredores divididos en diferentes pruebas y además cuenta con una nutrida representación foránea, pues no en vano, la isla es un importante foco turístico a nivel mundial. A primera vista, parece una carrera bien organizada con un bonito trazado en el que se recorre prácticamente toda la ciudad empezando y acabando en el Ayuntamiento. Se corre en agosto, es cierto, pero no hay ningún problema en este caso, porque la temperatura suele rondar los 8 grados en esta época,  y sólo hy que tener en cuenta otro importante factor meteorológico, el viento, que puede ser un molesto compañero si sopla fuerte el día de la competición, o al menos eso me transmitió un maratoniano islandés al que pregunté tras finalizar la prueba de Copenaghe.
Sin duda esa baja temperatura será para mi un alivio después de haber pasado tres calurosos meses entrenando en Madrid donde hemos sufrido los rigores del verano de un modo muy acusado; no ha sido una de mis mejores preparaciones, pero en realidad para esta prueba no tengo un objetivo claro, aparte de acabar, aunque considero que si las cosas van como yo espero, pueda hacer un tiempo cercano a las 3h20', una previsión un poco aventurada pues cuando se entrena con tanto calor, nunca sabes si los ritmos son bajos porque estás en baja forma o porque la temperatura aprieta.  Afortunadamente cuento con Depa que me ha programado unos entrenamientos acordes con las condiciones climáticas evitando forzar en exceso para llegar descansado y en buenas condiciones a septiembre, cuando comenzaré a preparar el Maratón de Valencia, objetivo prioritario de esta temporada.
Claro que la alegría va por barrios y si a mi me encanta correr con frío, a mi compañera de fatigas Pili, con la que volveré a compartir zancadas, no le gusta nada correr con temperaturas frescas, es lo que tiene ser de Alicante; junto a Pili, nos acompañan en la expedición Ángela y por supuesto Marisa que nos animarán en las calles con las típicas banderas españolas que en esta ocasión pueden ser muy útiles pues el color de pelo de mis seguidoras podría dar lugar a que las confundieran con nativas vikingas. A buen seguro, Marisa y Ángela volverán a recorrer un montón de kilómetros para buscar la mejor ubicación y darnos esos ánimos tan necesarios para completar la carrera.
En fin, un reto maratoniano más por cumplir y acercándome a los cuarenta, un número redondo, pero que no me supone reto alguno, pues acumular maratones no es mi objetivo, sino acumular experiencias en nuevas ciudades, nuevos países y  con nuevas gentes, rodeado con las personas que me hacen seguir disfrutando de esta bonita afición; por tanto, que siga la fiesta.