domingo, 12 de agosto de 2018

Un paseo por el centro de Madrid

Una vez terminado mi viaje por EE.UU. comencé a preparar un nuevo reto maratoniano, el que tendrá lugar el próximo 30 de septiembre en Chisinau, una fecha que implica entrenar duro en verano, pero también implica la necesidad de competir para no perder ritmo;  por eso, a finales de junio me puse a buscar una competición apetecible entre la escasa oferta de carreras urbanas en Madrid en el mes de julio y me topé con el clásico Trofeo de San Lorenzo, una prueba que ya disputé hace unos años y que me gustó mucho, así que no fue necesario buscar más y tomé la decisión de repetir experiencia en esta bonita carrera.
El Trofeo de San Lorenzo se anticipa a las fiestas del mismo nombre que se celebran en el centro de Madrid en agosto ya que se corre a finales de julio, entiendo que para eludir la "huída" masiva de madrileños en el mes más vacacional por excelencia. La salida de la prueba  se ubica en el barrio de Lavapiés y tras un recorrido de 10 km por el centro de Madrid vuelve al populoso barrio madrileño para cruzar la meta de la calle Argumosa. Los que conozcan la capital de España, habrán intuido que no es un perfil sencillo pues las cuestas proliferan en la zona y la organización no ha hecho grandes esfuerzos para evitarlas, lo cual es una acierto, pues el recorrido es muy atractivo ya que se recorren los puntos más emblemáticos del centro de la ciudad.
El evento comienza a las 9 de la mañana a fine de mitigar los rigores veraniegos de la capital de España y aunque la temperatura no se podía calificar precisamente de "fresca", tampoco hacía una calor insoportable y además un ligero viento permitía refrescar un poco el ambiente. Un gran número de atletas calentaban en las calles aledañas a la salida ubicada en la Ronda de Atocha a la que me dirigí trotando con Miguel, un auténtico veterano de esta prueba. No tenía ni idea de como me podía salir la carrera, pues los entrenamientos en verano despistan mucho ya que es muy complicado entrenar, pues hay que madrugar para evitar el calor, a lo que hay que unir el deficiente descanso nocturno debido a la temperatura y las pocas horas de sueño provocadas por el madrugón citado.
Sonó el disparo y empezamos cuesta abajo, muy rápido hasta completar el primer kilómetro por debajo de 4 min/km, pero es solo la primera toma de contacto, porque el perfil empieza a complicarse con cuestas en principio cortas, pero que anticipan la llegada a la cuesta de San Vicente hasta donde llegué con un crono bastante aceptable; sin duda, dicha cuesta es la más larga y empinada del recorrido y por ende donde se pierde más tiempo, pero cuando "coroné" llegando al Palacio Real, me di cuenta que no había supuesto un esfuerzo importante y pude recuperar un ritmo vivo junto a Miguel, que pasó toda la carrera junto a mi.
Una vez en el "centro centro", el perfil se vuelve más fácil, aunque aún quedan rampas por subir, pero es una delicia correr por calles emblemáticas como la calle Toledo o la calle Mayor, aprovechando su sombra bajo la mirada sorprendida de los turistas que ya pululan por allí; enseguida se llega a Sol, se cruza y tras un corto paso por Carrera de San Jerónimo se gira a la izquierda para bajar Alcalá, comenzando la parte final y de nuevo propicia de la prueba. Llegaba relati
vamente fresco a ese último tramo de carrera, así que me lancé cuesta abajo, aceleré un poco el ritmo y volví a correr por debajo de los 4 min/km hasta llegar a la calle Argumosa donde esperaba una meta muy animada que crucé en unos dignos 42'24'' teniendo en cuenta el perfil y las condiciones meteorológicas  de la prueba.
En definitiva, un buen test que ha demostrado que el plan diseñado por Depa está dando sus frutos, aunque es difícil percibirlo en el día a día a causa de la meteorología, adversa para mis condiciones; el trabajo de escaleras y multisaltos sustituyendo al gimnasio me permite tener las piernas fuertes pero más frescas, mientras el trabajo interválico sigue mejorando mis prestaciones de cara a mantener ritmos altos, a pesar de la dureza de realizarlo con este calor.
La próxima cita será un cross de 6 km en Montemayor de Pililla, donde intentaré gestionar ritmos fuertes, para luego rematar con la media maratón de Torralba a tres semanas del maratón, en la que espero calibrar mis posibilidades en la capital de Moldavia. Hasta entonces, habrá que seguir soportando el calor y entrenar más duro todavía.

jueves, 28 de junio de 2018

St Jude Rock&Roll Seattle Marathon (3) - La carrera

Las estadísticas meteorológicas corroboran que en Seattle llueve casi todos los días del año, pero cuando me levanté a eso de las 4 de la mañana para desayunar, el cielo estaba despejado y se podía atisbar que el sol luciría durante la carrera que iba a comenzar dos horas y media después junto al magnífico museo MoPop; lo habéis leído bien, la salida del St Jude Rock&Roll Seattle Marathon se da a las 6:30 de la mañana y por eso tuve que desayunar a las 4 de la mañana, para luego echarme una cabezadita y salir hacia la salida caminando, pues mi hotel estaba ubicado a escasos 500 metros de la zona neurálgica de la prueba.
Ya había amanecido y el cielo seguía despejado, pero afortunadamente la temperatura no superaba los 10 grados y a pesar del molesto viento, las condiciones parecían bastante buenas para mis características. Marisa me acompañó hasta la zona de salida, donde calenté, bebí un poco de agua y enseguida me dirigí a mi "corral" el número 1, donde no había demasiados atletas; escuché con respeto y cierta emoción el himno americano cantado a "capella" por un chico y sin más preámbulos, la carrera echó a andar. No estaba nervioso, no me jugaba nada y además estaba en buena forma, así que nada podía salir mal, aunque el perfil de la carrera me preocupaba y pronto se iban a disipar mis dudas.
Aproximadamente 800 metros después de la salida, una rampa de un 10% de inclinación o superior, me deja bien claro que la carrera no iba a ser nada fácil y que mis temores tras pasear por las empinadas calles del centro el día anterior eran fundadas, en Seattle el concepto plano debe existir, pero con cuentagotas. La empinada cuesta no me asustó demasiado, yo seguía a lo mío, con tranquilidad, sin ponerme nervioso y disfrutando de la animación inicial de la carrera, un grupo de Elvis que chocaban la mano con manoplas gigantes; era una fase de la carrera con constantes subidas y bajadas por una zona residencial que desembocaba en la orilla del Lake Union. En esa fase, se sube la famosa cuesta que corona al King y a la Queen of the Hill, una cuesta de aproximadamente un 15% de desnivel y unos 200 metros de largo en la que se miden los tiempos de los atletas, que en su mayoría dejan de correr para caminar; yo, subí corriendo. El terreno era complicado pero  pude mantener un ritmo de 7'30'' por milla hasta la milla 5,5 en la que una inesperada necesidad me hizo pasar por el baño y perder un minuto en la tarea.
No me gustó mucho el parón, pero había que seguir sin volverse loco en la fase más plana del recorrido, alrededor del lago hasta que la carrera gira para volver al centro de la ciudad de camino a la media maratón; volvían las cuestas, mantenía ritmo y tras una cuesta abajo prolongada recibía por primera vez los ánimos de mi familia, que me habían esperado ya en la milla 6, pero no les pude ver. Poco antes de cruzar la media maratón, la carrera se bifurca y la mayoría de los atletas se quedan en las 13,1 millas mientras que yo sigo mi camino.
La segunda parte de la carrera es mucho más dura que la primera, pero se inicia en un prolongado túnel que pica hacia abajo en el cual un voluntario con una amplificador pone música de los Doors a todo volumen; la música me hace venirme arriba, incremento el ritmo y empiezo a adelantar atletas aprovechando la benevolencia del terreno y a pesar del viento de cara que ya sopla con fuerza. A la salida del túnel se sigue por un viaducto que conduce al Waterfront, el terreno sigue picando hacia abajo, las vistas son preciosas y mis piernas están frescas, así que me pongo el cuchillo entre los dientes y sigo adelantando posiciones con facilidad.
Al final del viaducto se acaba lo bueno, un giro en U frente al Century Link Field me señala el camino inverso, esta vez picando hacia arriba, aunque con el viento a favor; el ritmo se resiente, pero no mi hambre de ganar posiciones, así que sigo adelantando y animado hasta llegar de nuevo al túnel, esta vez suena Nirvana y tras la salida me espera mi familia por tercera vez dándome unos ánimos muy necesarios porque empieza lo realmente duro.
Se sale otra vez del centro para dirigirse hacia el parque Woodland subiendo sin descanso hasta llegar al puente que en laza la ciudad con el parque, de aproximadamente una milla de longitud y con un desnivel considerable que acaba con las fuerzas de muchos atletas que ya se ponen a caminar, pero yo sigo a lo mío, adelantando a atletas y con fuerza suficiente para continuar a un buen ritmo. Se entra en el parque, faltan unas cuatro millas y si alguien no está suficientemente castigado por las subidas y bajadas del recorrido, la organización tiene la deferencia de incluir un demencial recorrido por un parque poco señalizado, con una sucesión de subidas y bajadas cortas y empinadas, giros acusados y además sobre tierra, afortunadamente sin embarrar; personalmente me parece una barbaridad meter la carrera por ese prescindible parque que no aporta nada y supone un esfuerzo extra para las piernas ya al final de la prueba.
Pero a mis piernas les daba igual que hubieran cuestas, giros o arena, seguían frescas y tras salir del parque encaré una nueva subida previa ya a los últimos kilómetros en bajada; seguía pasando atletas, recogiendo cadáveres por doquier y lanzándome a tumba abierta hacia una buena marca teniendo en cuenta el recorrido. Con la Space Needle en el horizonte recorrí los últimos 3 kilómetros oliendo a meta y aunque un atleta consiguió adelantarme (el único en la segunda media que consiguió hacerlo) mi trabajo ya estaba hecho, pero al escuchar los ánimos de Alonso en la recta de meta, me vien un poco arriba y acabé esprintando para adelantar a otro atleta antes de cruzar la línea de meta en 3h20'49''.
La marca tiene mucho valor teniendo en cuenta el circuito y estoy convencido que si hubiera llegado a Seattle en un estado bajo de forma, hubiera sufrido mucho, pero como ya comenté por aquí, tenía buenas sensaciones que he corrobado durante la carrera consiguiendo además el segundo puesto en mi categoría, además del puesto 89 en la general. No obtuve premio específico por ese segundo puesto, en realidad, ni me preocupé de ello porque tras las fotos de rigor, me fui con mi familia al hotel para seguir disfrutando de mis vacaciones.
Con el de Seattle, he completado 32 maratones, pero me faltan dos más por correr este año que espero acabar con 34 maratones y listo para encarar muchos más en un futuro; está claro que el trabajo que me programa Depa cada semana está dando sus frutos, pues a mis 52 años me encuentro en un estado de forma excelente y con mucha hambre para seguir corriendo maratones hasta que ·el cuerpo aguante". Tras la amarga experiencia de Ritterdam, en Seattle he vuelto a disfrutar corriendo y eso es mucho más positivo que una buena marca o una buena clasificación general. Y ahora a seguir entrenando, el 30 de septiembre me espera Chisinau.

martes, 26 de junio de 2018

St Jude Rock&Roll Seattle Marathon (2) - La organización

A pesar de la propagación de la franquicia Rock&Roll Marathon por Europa, la de Seattle ha sido mi primera experiencia  con una de estas pruebas y tengo que decir que he acabado satisfecho y eso que tenía ciertos recelos pues tras su compra de los derechos del Maratón de Madrid no se observó una mejora notable en su organización, más bien, todo siguió igual.
Una franquicia tan potente como esta tiene, obviamente, una potente página web, con un diseño atractivo, actualizaciones periódicas de información y facilidades para el usuario que desea registrase al evento; no tengo queja de su funcionamiento, aunque personalmente prefiero las páginas que están dedicadas a una sola prueba, pues en este caso hay veces que te lías un poco cuando entras en la página general de la franquicia.
Por lo tanto, registro sencillo, actualizaciones eficientes y newsletters completas suponen un buen comienzo antes de llegar a Seattle donde al corredor le espera una visible publicidad en las zonas más emblemáticas de la ciudad y una feria del corredor ubicada en el magnífico estadio Century Link Field, sede de los Seahawks de fútbol y los Sounders de soccer.
La feria es amplia y muy bien organizada, con muchos voluntarios que evitan que se produzcan esperas a la hora de recoger el dorsal o la camiseta. Se visita con facilidad, sin aglomeraciones ya que los expositores tienen espacio suficiente y la afluencia no es masiva; aparte de grandes marcas  y tiendas deportivas locales, exponen varios maratones USA e incluso algunos expositores "frikis" como los que intentaron vender a Marisa una crema antiarrugas cuyo coste de 1000 dolares era rebajado al módico precio de 500 por motivo de la feria; un chollo, vamos...
La salida y la llegada de la prueba se ubican en la misma calle, a escasos metros del Museo MoPOP y de los Chihuly Gardens, en la zona donde se erige la imponente Space Needle, testigo de lujo del evento; la zona está libre de tráfico, con espacio suficiente para calentar, prepararse y evitar aglomeraciones; también cuenta con un número suficiente de inodoros y se ofrece agua de manera gratuita a todos los participantes.
Tras el pistoletazo inicial, la carrera discurre por un circuito bien señalizado y asistido por voluntarios salvo en la última parte de la carrera, cuando se pasa por el parque Woodland en el que no hay apenas indicaciones ni personal  que ayuden a adivinar los múltiples cambios de dirección en el recorrido de la prueba por dicho espacio.
Es destacable la numerosa animación que coloca la organización a lo largo del recorrido, fundamentalmente en las zonas más aisladas y vacías de público, lo que hace mucho más agradable el paso por dichos lugares.
Los avituallamientos se encuentran a ambos lados de la calzada, suministrando agua, isotónicos, así como geles y alimento sólido en abundancia y desde el kilómetro 15; hay puestos sanitarios cada 10 km aproximadamente. No use el ropero, por eso no opino.
Al ser un maratón USA, la distancia se mide y se señala en millas, pero además de dicha señalización, también se señaliza el paso por los km 5,10,15,20,25,30,35 y 40.
Tras cruzar la línea de meta, te ponen una bonita medalla además de  bebida fruta y otros alimentos sólidos.
En definitiva, se puede concluir que la organización es muy eficiente y el trato al corredor es bastante correcto, características comunes en los maratones que se celebran en EEUU.

domingo, 24 de junio de 2018

St Jude Rock&Roll Seattle Marathon (1) - El ambiente

La capital del estado de Washington es una gran ciudad que se extiende en la margen del Océano Pacífico y alrededor del impresionante Lake Union; en Seattle se disputan dos maratones anuales y el St Jude es el segundo en importancia, uno más de los Rock&Roll Series abundan en EEUU. No es comparable, por tanto, a cualquiera de los majors que he disputado en Norteamérica, y ni siquiera es un maratón masivo, más bien, el grueso de los participantes se registran en la media maratón, dejando las 26,2 millas a unos escasos 3.000 corredores.
Conocía estos datos antes de aterrizar en Seattle, así que no me pilló de sorpresa que en la animada ciudad norteamericana no hubiera mucho ambiente atlético, a pesar de algunos carteles que anunciaban en el evento en los lugares más concurridos por los numerosos turistas que deambulan por el centro y el downtown. 
Sin embargo, la feria del se celebra en un pabellón integrado en el Century Link Field, sede de los equipos de soccer y fútbol de la ciudad que se ubica justo al lado de otro de los grandes templos de la ciudad, el Safeco Field de beisbol, sede de los Mariners; la feria es grande y muy animada, aunque el público es mayoritariamente local, lo que no impide que se respire un bonito ambiente atlético con muchos expositores e información sobre otros maratones de EE.UU.
La salida de la prueba ese realiza a una hora muy temprana, las 6:30 de la mañana,  pero eso no evita que la zona de salida sea un hervidero de gente, atletas y también acompañantes que se dan el madrugón para animar a los suyos; eso si, una vez lanzada la carrera, las primeras millas están prácticamente desiertas, aunque pronto se adentra por zonas residenciales donde algunos valientes vecinos animan a los esforzados atletas; a medida que la prueba avanza, el número de aficionados aumenta, aunque de manera intermitente, ya que se pasa por zonas en las que el acceso es imposible, como túneles o el viaducto que conduce al Waterfront. Para mitigar esos vacíos, la organización coloca numerosas bandas por todo el recorrido que animan bastante, destacando una de "Elvis" al principio de la prueba, pero sin desdeñar el resto de animadores que ofrecen calidad y buenos temas.
Los kilómetros finales tampoco son excesivamente masivos, pero hay bastante gente en la recta de meta y la zona de llegada, pues se suman los maratonianos y los medio maratonianos con sus respectivos animadores.
Como dije en el anterior post, mi animación particular se compuso, en esta ocasión, de Marisa y mis hijos que me animaron en tres puntos diferentes y en la recta de llegada, dándome ese extra que tanto me ayuda en la prueba de Filípedes; de nuevo, el "vamos Papi" de Ángela se volvió a escuchar en un maratón, quizás fue una de las claves de mi buena actuación final.