martes, 21 de marzo de 2017

"Volando" en Laredo

Hace ya tiempo que hice mis mejores marcas personales, exactamente hace cuatro años y todas en un periodo de dos meses: 10k en la San Silvestre 2012, Media Maratón en enero (Getafe) y Maratón en febrero de 2013 en Sevilla; después de aquel intenso periodo, mis marcas empezaron a decaer y yo seguí cumpliendo años, así que empecé a pensar que me tendría que olvidar ya de intentar superar mis marcas y centrarme en otros objetivos más factibles.
 Afortunadamente no soy conformista y a pesar de mis discretas marcas, he seguido entrenando con ilusión, pues sigo pensando que aún tengo piernas para superar alguna de mis "Personal Best"; pero he tenido que esperar hasta 2016 para volver a hacer buenos registros, sobre todo después de la disputa del maratón de Frankfurt, tras el cual competí en varios 10k con un rendimiento notable.  Aprovechando la  inercia de ese buen estado de forma, continué entrenando con un objetivo claro, mi tercera participación en los 10k de Laredo, con el objetivo de batir mi marca personal en 10.000.
No sé si los 10k de Laredo son los más rápidos del mundo, como reza su publicidad, pero es mi carrera de 10.000 metros favorita por muchas razones; empezando por la belleza de la ciudad y de su playa, continuando por la calidad turística de la zona y obviamente porque el recorrido es absolutamente plano y a nivel del mar. Por todo ello, ya llevo tres participaciones en esta carrera y espero seguir participando en los años venideros.
Como ya ocurriera el año pasado, planifiqué este 10k como uno de los objetivos de mi temporada, porque a pesar de ser básicamente un maratoniano, me gusta también correr distancias cortas y además en esta distancia siempre he tenido la espina clavada de los sub40, que hasta el sábado, sólo había conseguido superar en una ocasión. He entrenado bien después de correr en Las Palmas, siguiendo el  plan trabajo que ideó Depa para ganar velocidad, lo que me ha permitido llegar a la cita de Laredo con posibilidades de asaltar mi marca personal.
En Laredo lucía el sol desde por la mañana, no se atisbaba lluvia, la temperatura rondaba los 12º y el molesto viento no soplaba intensamente en esta ocasión; llegué con tiempo suficiente para recoger el dorsal con Jaime y calentar bien con Beto, ya que ambos competían en Laredo; entre el público, volvían a estar Marisa y Ángela, así que celebramos el día del padre atléticamente, un año más. Me dirigí a la salida a la hora indicada por el speaker, pero por entonces aquello era un hervidero de atletas y aunque me coloqué al final, fui poco a poco "colándome" hasta una posición más adecuada con mi marca. En este sentido, me gustaría destacar la mala organización de la salida, pues sólo hay cajones para la elite y los sub35, de manera que todos los demás vamos al "mogollón"; teniendo en cuenta, que los atletas no respetan ubicarse correctamente según su marca, el resultado es que es muy complicado salir deprisa para los que no somos balas y simplemente coqueteamos con el sub40; en mi opinión, merecemos un respeto mayor.
Con este contratiempo sonó el pistoletazo de salida, aunque yo no llegué a pisar la línea hasta pasar más de medio minuto, tras lo cual me lancé a por la carrera, pero con dificultades, ya que los atletas lentos me hicieron tope en varias ocasiones y tuve que acelerar varias veces para ganar la posición; el resultado fue 3'54'' en el primer kilómetro, conforme a mis previsiones, pero con demasiado esfuerzo. No sé si pagué ese esfuerzo en lo que restaba de carrera, pero no creo que me beneficiara, pues con la inercia se me fue un poco rápido el km 2 (3'51''), tras el cual tiré un poco de freno para evitar colapsarme antes de tiempo. La carrera iba sobre ruedas, dejándome arrastrar por un grupo de atletas que iban aproximadamente a mi ritmo, pero no iba a durar mucho, pues poco a poco se fue desmembrando y tras hacer 19'44'' en el 5.000, me las tuve que apañar yo solo.
El paso a mitad de carrera estaba dentro de mis expectativas, pero tocaba mejorar el ritmo o al menos mantenerlo para conseguir batir mi marca; entonces la carrera se me fue, luché, intenté seguir la estela de algún corredor rápido, pero lo cierto es que se me fueron varios km por encima de 4' y me di cuenta que la marca iba a ser imposible, pero había que luchar por el sub40. El viento molestaba un poco, aunque no creo que fuera determinante en ese retraso que me hizo pasar el km 9 en 36 minutos justos; saltaron mis alarmas, apreté los dientes y lo di todo en el último kilómetro, para conseguir bajar de 40 minutos por un solo segundo, es decir 39'59'', mi segunda mejor marca de siempre.
No he conseguido mi objetivo prioritario, pero no puedo estar descontento; después de 4 años y con 50 (ya casi 51 años) he bajado por segunda vez de 40 minutos y además con buenas sensaciones; creo que me ha perjudicado la salida, un poco el viento y una semana  ajetreada previa a la carrera, pero no quiero echar la culpa al empedrado, aunque pienso que puedo hacerlo mejor.
Con la satisfacción del deber cumplido, me toca empezar a pensar en el maratón de Lima, aunque quizás antes computa en otro 10 k o en una media, algo que aún no he decidido. Lo importante, es que no estoy acabado con mis 51 y tengo ganas de seguir dando guerra.

martes, 28 de febrero de 2017

Parla 2017

Hace un año, disputé por primera vez los 10K de Parla, una prueba que cada año aumenta su popularidad por su, teóricamente, trazado rápido y por disputarse en una buena fecha, pues aún falta tiempo para las medias y maratones de primavera; ya dije el año pasado que no me parecía una carrera tan rápida y en esta ocasión lo he vuelto a corroborar, por si me había influido el bajo estado de forma con el que corrí. Parla es una buena carrera, bien organizada, con buen trato a los corredores y a un precio razonable, pero es tan rápida como la pintan por varias razones; empezando por un trazado con exceso de virajes, siguiendo por varias zonas de falso llano y finalizando por el viento que suele molestar y aún más en esta edición. Sin embargo, para mi, es una de las mejores pruebas que se disputan en el invierno madrileño.
Como ya hice el año pasado, corrí en Parla como preparación para mi objetivo principal de primavera, los 10K de Laredo, donde voy a intentar superar mi mejor marca en esta distancia, que data de la San Silvestre de 2012;  la preparación que estoy haciendo y mis sensaciones respecto a la distancia, me indican que es un objetivo posible, aunque en Parla las cosas fueron peor de lo esperado, pero sin llegar a ser preocupante.
El caso es que el día anterior a la prueba, tuve un día muy movido, que se resume en una comida con amigos en casa, de esas que se alargan hasta casi la cena, pero sin llegar a tanto, porque empalmé con la fiesta de cumpleaños de mi amigo Pirulo y entre unas cosas y otras me dieron las dos de la mañana. Como podéis imaginar, el domingo por la mañana no tenía el cuerpo para darlo todo en el asfalto, pero no quería quedarme en casa y me desplacé a la localidad sureña de Madrid para intentar hacer el mejor papel posible.
La mañana era fría y ventosa, así que hice un calentamiento largo, aunque no intenso y me coloqué bien en la línea de salida junto a Mario, Alex y Edu, que salían en mi cajón aunque con expectativas más ambiciosas que yo. Salí rápido, pero enseguida di cuenta que las piernas no estaban al 100%, lo cual no me impidió completar el primer km en 4'02'', así que pensé en seguir con el mismo ritmo hasta que el cuerpo aguantara y sorprendentemente, aguantó. El año pasado, sin fiesta previa, la carrera se había acabado para mi en el kilómetro 3, pero esta vez, hice una carrera mucho más regular, sin bajones notables y con un ritmo bastante sostenido hasta la meta. No sufrí especialmente en ningún tramo de la carrera, ni siquiera en los falsos llanos o en la parte más expuesta al viento y es que mi estado de forma era bueno, pero el cansancio se hacía notar a medida que pasaban los kilómetros.
Llegué a meta en 41'01'', una marca digna, aunque me hubiera gustado bajar de los 41, pero dadas las circunstancias, creo que hice una buena carrera y que de haber estado descansado hubiera podido acercarme a los sub40' que tanto anhelo.
Faltan cuatro duras semanas hasta llegar a la cita cántabra, a nivel del mar y en un circuito realmente rápido en el que voy a intentar mejorar mi registro en esta distancia; de momento las sensaciones son buenas, pero queda lo más duro del entrenamiento y tendré que echar el resto para llegar a Laredo al 100% y esperar que sepa correr para hacer MMP.

jueves, 26 de enero de 2017

Gran Canaria Maratón (3) - La carrera

La mañana antes de la carrera salí a hacer un rodaje suave y corto en el paseo marítimo de Las Palmas junto con Marisa, como hago habitualmente antes de un maratón; el objetivo de estos rodajes es soltar un poco las piernas y ya de paso templar los nervios pre-competición. A pesar de llevar tantos maratones en mis piernas, esos nervios siempre aparecen, pero más atenuados en una ocasión como esta, en la que mi único objetivo era pasarlo bien y llegar a la meta sin lesionarme, principal preocupación de Depa. El caso es que el rodaje no iba a resultar muy beneficioso, porque el calor y la humedad me afectaron nada más empezar a correr y eso que el ritmo era muy suave y aunque sabía que mi estado de forma era bueno para afrontar la carrera, me empezaron a asaltar las dudas, pues temía que las condiciones atmosféricas supusieran un excesivo desgaste en forma de deshidratación.
El despertador sonó a las 6 de la mañana el día de la carrera, aún no había amanecido y desayuné tranquilamente en la habitación del hotel, para luego tumbarme otro poco hasta la hora de salir hacia el auditorio; fui en taxi, junto con Marisa y Toli y llegamos sin agobios a una zona de partida que ya estaba repleta de corredores y curiosos. Estaba tranquilo, me cambié, fui al baño, me despedí de las chicas, me puse a calentar un poco y me encontré con Duquito, así que nos colocamos juntos en la salida.
La salida fue bastante limpia, sin parones ni zigzagueo, aunque las calles no son demasiado anchas en el primer kilómetro, pero yo quería salir tranquilo y en general la gente había hecho buen uso de los cajones de salida; mi intención era hacer una carrera parecida a la de Ravenna, sin forzar nada e intentar acelerar al final si las piernas respondían. Sin embargo, comencé más rápido de lo previsto, a 4'35 min/km y aunque iba muy cómodo, decidí ir aminorando poco a poco. En el kilómetro 4, Marisa y Toli me daban los primeros ánimos, justo cuando la carrera entra en el paseo marítimo, donde estaba ubicado el resto del grupo para seguir animando. Hacía fresco, el sol no era tan intenso como el día anterior y el viento soplaba de espalda, pero eso iba a cambiar.
El viento de espalda me ayudó a seguir manteniendo un ritmo más alto del previsto, pero sin forzar; se recorre un tramo bastante largo hasta que se llega a la playa de la Laja alrededor del kilómetro 13 y además los participantes de la media giran antes, de manera que se puede correr con más espacio... hasta que vuelves a adelantar a los más lentos tras dar la vuelta. Poco antes del giro me crucé con Duquito, que iba por delante y que me advirtió que sus problemas de cadera le estaban molestando bastante; un poco más adelante, justo en el giro, comencé a hablar con un atleta canario que hacía su primer maratón. Estuvimos charlando un rato y me comentó que hacía carreras de montaña, pero que era su primer contacto con el asfalto; tras aconsejarle tranquilidad y cabeza, le dejé ir porque su ritmo era un poco superior al mío y yo ya me había acomodado en 4'49'' min/km, aunque ahora, con viento de cara.
El viento era molesto, peor por otro lado, refrescaba y eso me venía bien en el fondo porque atemperaba los efectos de la humedad pues impedí que sudara en exceso; la carrera ya se dirigía de nuevo a la ciudad y en el kilómetro 15 tuve mi segundo encuentro con mi afición que seguía al pie del cañón. Hasta el kilómetro 21, me tocó adelantar a muchos atletas lentos que hacían la media, pero había suficiente espacio para correr a gusto; pasé la media en 1h42'37'', en torno a lo previsto y enseguida el recorrido se adentraba en la ciudad, callejeando y mitigando un poco los efectos del viento. Ya por entonces, mi ritmo era muy constante y aunque cansado, seguía notando que mis piernas estaban preparadas para mucho más.
La afluencia de público no era masiva en las calles, pero animaban muchos con ese curiosos énfasis que tienen los canarios; casi sin darme cuenta, volví a ver a mis grupo de aficionados justo antes de entrar en el bonito barrio de Triana, después de cruzar la plaza de San Telmo. Justo después de dicha plaza, me encontré a Chema y Jorge, dos amigos canario que me volvieron a dar un buen empujón moral antes de empezar a callejear por Vegueta, la zona antigua de la ciudad, en la que había demasiados giros y ya empezaba a notar que el sol calentaba más. Tuve una pequeña crisis en mi paso por esta zona, aunque sin bajar el ritmo; ya por entonces Duquito había desaparecido (retirado en el 25), pero me crucé con Israel, otro amigo que corría el maratón y que iba un poco detrás de mi, conforme a la marca que buscaba.
Tras dar otro giro de 180º, se vuelve por el mismo camino, por la misma zona peatonal donde vuelven a animarme mis amigos y encaro una calle larga donde me volverían a esperar Marisa y los demás, en el km 32, como me habían anunciado. En esa calle recibir la visita de una gran maratoniano, Nano Torrent que tras alcanzarme se puso a la par conmigo y charlamos un rato; faltaba poco para el 32, me sentía bien y pensé en lo que me dijo la mejor maratoniana que conozco, Pili Isidro, en Ravenna: hay que correr a partir del kilómetro 32. Así que tras recibir los ánimos de los míos, una vez más, aproveché el subidón para cambiar de ritmo y sin mediar más palabras dejar atrás a Nano y empezar mi personal contrarreloj hasta meta.
Subí el ritmo a 4'35''min/km, podía mantenerlo sin problema y aún me quedarían fuerzas; empecé a adelantar a atletas, uno tras otro, con la satisfacción que supone eso de "recoger cadáveres". Adelanté al atleta canario que me animó y elogió mi veteranía y poco más tarde llegué a las inmediaciones del puerto, donde un speaker me animó con acento canario: "Vamos Chuli"; seguía con el subidón, mi ritmo era alto y los voluntarios me animaban sin parar, yo creo que al ver que iba remontando. En un momento tuve miedo de venirme abajo, pero ya no quería parar, me acercaba a las Canteras, seguía adelantando atletas y la meta estaba cerca. Enseguida entré en las calles aledañas a la playa, donde se callejea bastante, pero ya por entonces la presencia de público es casi constante y eso me animó aún más.
Sin bajar el ritmo llegué a las Canteras, por donde se completan los últimos cuatro kilómetros en un gran ambiente, pues ya está repleto de público que anima sin parar; apreté los dientes y continué adelantando atletas; había olido sangre y ya no podía parar de superar a todo el que viera por delante de mi. El auditorio estaba al fondo y poco a poco me acerqué hasta llegar a los últimos metros en los que un sol radiante y una alfombra verde dna la bienvenida a los esforzados maratonianos. 3h22'52'', mejor tiempo que en Ravenna y por tanto, mejor de lo que había planificado y todo eso sin forzar. Creo que es para estar contento.
Ya en meta, esperé a Nano, a Israel y tras saludarlos me fui a recibir las felicitaciones de mi enorme afición, que una vez más habían hecho un "carrerón". Mi 27º maratón está en la "buchaca", una carrera que me ha demostrado que sigo teniendo un buen nivel y que se puede correr un maratón sin desgastar demasiado. Esta vez,  he cumplido los objetivos, ahora hay que buscar retos nuevos.

martes, 24 de enero de 2017

Gran Canaria Maratón (2) - La organización

La organización del Gran Canaria Maratón está empeñada en hacer de su carrera un referente europeo para aquellos atletas que tengan intención de correr la distancia de Filípedes en el  mes de enero, gélido en todo el continente, pero de temperaturas suaves en las "islas afortunadas"; no sé si esta carrera llegará a ser tan masiva como pretenden, pero de momento, están dando pasos en la buena dirección. Para lograrlo, han empezado por dejarse ver en un gran número de ferias de maratones, como la de Madrid, donde me inscribí a precio de oferta, pero también fuera de España porque visité su stand tanto en Frankfurt como en Ravenna y en mi opinión, estas apariciones acabarán dando su fruto.
La página web es buena y aunque no puedo opinar sobre el proceso de inscripción, el resto ha funcionado con eficiencia, con actualizaciones frecuentes y un buen diseño que hace más atractiva a la prueba; también quiero destacar la puntual información que se envía a los participantes vía mail, en las que te ponen al día de todo lo importante y te dan información precisa para el fin de semana de la carrera.
Una vez en la isla, el primer contacto llegó en la feria del corredor, como es normal; la feria es pequeña, compuesta por carpas ubicadas en la terraza de un centro comercial al final de la playa de las Canteras, junto al auditorio Alfredo Kraus. Aunque no es un lugar céntrico, el aparcamiento es abundante, las vistas preciosas y el acceso es muy sencillo. La recogida del dorsal y la camiseta no tiene esperas y los voluntarios son muy simpáticos y serviciales, pero no hay demasiados expositores y te quedas con ganas de algo más.
Pero la prueba de fuego llegaba el domingo, con el reto añadido del cambio de recorrido, pues de dos vueltas se ha pasado a solo una en esta edición; se disputan tres pruebas y aunque no está mal resuelto el inconveniente de la mezcla de corredores, creo que hay métodos mejores. En Gran Canaria, la salida de maratón y media es simultánea, de manera que los aproximadamente 4.000 atletas pueden salir a la vez sin demasiados problemas de ritmos dispares; la salida del 10 K se efectúa a las 11:30 de la mañana y no afecta en la prueba de los 42 Km. El control de los cajones es bueno, la salida es suficientemente ancha y aunque se callejea un poco en el primer kilómetro, no hay problemas significativos para poder correr a gusto. Enseguida se pasa a una zona más ancha, el paseo marítimo, donde se corre mucho mejor y al lado del mar, un lujo que también tiene inconvenientes en forma de viento. Alrededor del km 9, los participantes de la media giran 180º en la autopista, mientras los del maratón siguen adelante unos kilómetros mas; hay muchos voluntarios pendientes del giro, pero aun así, creo que la profusa indicación con, al menos, cuatro carteles, no acaba de ser lo suficientemente clara y hay algunas equivocaciones, algo que sucede también más adelante en otro desvío y es que , aunque la organización no escatima en medios humanos y en forma de carteles, creo que deben plantearse un método un poco más claro. En cualquier caso, no me parece un defecto importante, sobre todo porque se ponen todos los medios precisos para evitar errores y eso es de agradecer.
Siguiendo con el recorrido, tras girar 180º en la Playa de la Laja, los maratonianos se dirigen de nuevo a la ciudad y se pasa  a un circuito urbano bastante bien logrado, por calles amplías y con sombra y bastantes rectas, salvo el trato por Vegueta, que es un poco enrevesado, aunque entiendo que quieran que la carrera pase por el bonito centro colonial de la ciudad. El último cuarto de la carrera discurre por el puerto y finalmente llega a la Playa de las Canteras, por cuyo paseo se recorren los último cuatro emocionantes kilómetros. Es un final realmente espectacular y muy animado, que culmina en una meta ubicada en un privilegiado entorno junto al auditorio Alfredo Kraus.
Ya he comentado en el primer post  que la presencia de público es intermitente, por lo que la organización coloca varias zonas de animación para cubrir los vacíos de manera efectiva, pues tanto los speakers, como las bandas musicales y las bailarinas, animan de verdad a los participantes. Tampoco hay problema con los avituallamientos, situados a ambos lados de la calzada en algunas ocasiones y suficientemente largos para que no provoquen atascos. Se ofrecía agua e isotónicos en los de hidratación y fruta abundante en los de avituallamiento sólido; además había esponjas y atención médica si se necesitaba. El único lunar es que sólo vi un baño portátil durante el recorrido, muy escaso para una prueba así.
La meta está muy lograda y tras cruzar la línea llegas a una zona muy amplía donde se puede estirar sin problema y donde te atienden fisios si lo requieres; tras colgarte la medalla, pasas a una zona aún más amplia donde puedes comer fruta, barritas, beber agua, isotónicos y cerveza sin alcohol muy fría, lo cual es de agradecer.
Creo que la organización de esta prueba raya a gran altura, pues aciertan en lo esencial, que es cuidar a los participantes y eso es de agradecer; la amabilidad de los numerosos voluntarios y la esmerada organización consiguen que el participante pase una gran jornada maratoniano a unas temperaturas envidiables en invierno y con el azul del mar como testigo. Creo que esta carrera tiene futuro y obviamente, se la recomiendo al que quiera probar suerte maratoniano en medio del Atlántico.