domingo, 18 de agosto de 2019

Un maratón en el centro de la tierra

Julio Verne publicó en 1864 su ya célebre novela "Viaje al Centro de la Tierra" en la que el joven Axel y su tío Otto se embarcan en una vertiginosa aventura que se inicia en Islandia, más concretamente en el volcán  Snafellsjökull por el que acceden al corazón de la Tierra donde vivirán un sinfín de peripecias; ha pasado mucho tiempo desde que Verne incluyó esta agreste isla en uno de sus relatos, pero no ha sido el único en hacerlo pues las peculiares características de Islandia le han convertido en un lugar propicio para ambientar relatos, películas, series de televisión o videoclips, entre otras cosas.
Es indudable que la isla, cuna de los primeros vikingos, atesora una belleza particular que le otorga su  su ubicación septentrional y su origen volcánico que generan unos paisajes agrestes y caprichosos que atraen cada vez a más turistas, aunque conservando ese carácter casi virgen que la hacen especial. Desde hace bastante tiempo llevo anhelando viajar a Islandia y desde el inicio de mi carrera como maratoniano me fijé en Reikiavik como un destino ideal para competir en la distancia de Filípedes, así que este año me he decidido a cumplir ambos deseos de una sola vez e intentar acabar mi 38º maratón en una isla agreste, plagada de volcanes, cascadas, glaciares, playas mágicas, verdes montañas y por supuesto llena de habitantes básicamente rubios.
Aunque pueda resultar sorprendente en una ciudad de poco más de más 100.000 habitantes, el maratón goza de una nutrida participación, cercana a los 6.000 corredores divididos en diferentes pruebas y además cuenta con una nutrida representación foránea, pues no en vano, la isla es un importante foco turístico a nivel mundial. A primera vista, parece una carrera bien organizada con un bonito trazado en el que se recorre prácticamente toda la ciudad empezando y acabando en el Ayuntamiento. Se corre en agosto, es cierto, pero no hay ningún problema en este caso, porque la temperatura suele rondar los 8 grados en esta época,  y sólo hy que tener en cuenta otro importante factor meteorológico, el viento, que puede ser un molesto compañero si sopla fuerte el día de la competición, o al menos eso me transmitió un maratoniano islandés al que pregunté tras finalizar la prueba de Copenaghe.
Sin duda esa baja temperatura será para mi un alivio después de haber pasado tres calurosos meses entrenando en Madrid donde hemos sufrido los rigores del verano de un modo muy acusado; no ha sido una de mis mejores preparaciones, pero en realidad para esta prueba no tengo un objetivo claro, aparte de acabar, aunque considero que si las cosas van como yo espero, pueda hacer un tiempo cercano a las 3h20', una previsión un poco aventurada pues cuando se entrena con tanto calor, nunca sabes si los ritmos son bajos porque estás en baja forma o porque la temperatura aprieta.  Afortunadamente cuento con Depa que me ha programado unos entrenamientos acordes con las condiciones climáticas evitando forzar en exceso para llegar descansado y en buenas condiciones a septiembre, cuando comenzaré a preparar el Maratón de Valencia, objetivo prioritario de esta temporada.
Claro que la alegría va por barrios y si a mi me encanta correr con frío, a mi compañera de fatigas Pili, con la que volveré a compartir zancadas, no le gusta nada correr con temperaturas frescas, es lo que tiene ser de Alicante; junto a Pili, nos acompañan en la expedición Ángela y por supuesto Marisa que nos animarán en las calles con las típicas banderas españolas que en esta ocasión pueden ser muy útiles pues el color de pelo de mis seguidoras podría dar lugar a que las confundieran con nativas vikingas. A buen seguro, Marisa y Ángela volverán a recorrer un montón de kilómetros para buscar la mejor ubicación y darnos esos ánimos tan necesarios para completar la carrera.
En fin, un reto maratoniano más por cumplir y acercándome a los cuarenta, un número redondo, pero que no me supone reto alguno, pues acumular maratones no es mi objetivo, sino acumular experiencias en nuevas ciudades, nuevos países y  con nuevas gentes, rodeado con las personas que me hacen seguir disfrutando de esta bonita afición; por tanto, que siga la fiesta.


domingo, 26 de mayo de 2019

Maratón De Copenhague (3) - La carrera

El sol ya lucía a las 4 de la mañana de Copenhague abriéndose paso entre unas nubes que cubrían el cielo danés pero que acabaron cediendo ante el empuje del astro rey; en mi hotel las cortinas no eran precisamente opacas y aunque el descanso no fue el adecuado, no me podía quejar cuando sonó el despertador a las 6:30 de la mañana y me dispuse a desayunar en la habitación. Las previsiones meteorológicas auguraban una mañana soleada con temperaturas que llegaría a los 18 grados de máxima y eso no me gustaba nada, pues afrontar un maratón con una temperatura y humedad altas no es precisamente lo que más se adapta a mis condiciones.
Había quedado con Jaime y con Pili en la zona de salida a la que me acompañó Marisa dando un paseo desde el hotel y de camino pude comprobar que las previsiones se iban a cumplir pues ya por entonces a los viandantes les sobraba hasta la chaqueta y se les veía en mangas de camisa. Tras acabar la preparación previa a la carrera, me dirigí a mi cajón  sin calentar y con la intención de hacer la salida con Pili que se había ido a dejar la bolsa y que  me localizó entre la multitud de corredores.
Ni Pili ni yo estábamos al 100% así que lo prudente era salir a un ritmo tranquilo e ir viendo como se desarrollaba la prueba; así lo hicimos desde el principio, marcando un ritmo cómodo entorno a los 4'50''/km que nos permitía ir calentando un poco el cuerpo para lo que nos esperaba. Sin embargo yo no iba cómodo, hacía calor, había muchos atletas y empecé a pasar un mal rato al recordar mis malas experiencias de Rotterdam y Tenerife donde sendos golpes de calor me hicieron sufrir más de la cuenta. Habíamos recorrido sólo 5 km y estaba a punto de entrar en pánico hasta que  la carrera se empezó a abrir al llegar a un parque donde la sombra y una ligera brisa atenuaban un poco la temperatura y un poco más adelante se llegaba a la primera ducha del recorrido ubicada justo delante del primer avituallamiento que me sirvió para bajar mi temperatura corporal y a lavez reponerme y comenzar a correr más tramquilo y concentardo en la carrera.
Los kilómetros iban pasando inexorablemente mientras corríamos  disfrutando del animad ambiente que había enlas calles,  pero sobre todo en el paso por el kilómetro 13 donde nuestros animadores nos dieron nuestro primer empujón que recibimos con alegría pero sin modificar nuestro paso constante, que nos permitió cruzar la media en 1h41'36'', dentro de lo previsto. Por entonces, Pili ya había parado un rato al baño y rodé en solitario unos kilómetros hasta que se pudo integrar de nuevo  a nuestro "duo", pero en el kilómetro 23 se volvió a quedar atrás en un avituallamiento y poco a poco fue rezagándose, pues como me había prevenido no llegaba en las condiciones óptimas a la cita. Yo continuaba llevando un ritmo constante pero ya en la fase en la que se empieza a tirar de geles y  a contar los kilómetros hacia atrás; en el km 29 volví a recibir el calor de mis animadores, a la vez que el calor ambiental subía, pero sin consecuencias para mi rendimiento; mi concentración y mi inteligete decisión de  buscar la sombra durante todo el recorrido y a refrescarme en cada ducha junto a las pastillas de sales evitaron la presencia del temido golpe de calor.
Fui adelantando atletas en casi toda la segunda media e intenté acelerar un poco a partir del km 37 pero yo tampoco estaba a tope después de mi irregular preparación, así que no quise arriesgar demasiado para evitar males mayores; aún así pude hacer la segunda mitad más rápida que la primera cruzando la línea de meta en 3h22'49'' tras recibir el último aliento de Marisa, Jorge y Ana en la recta de llegada. Contento por lo conseguido recibí una merecida medalla y posteriormente pude ver a Jaime que me estaba esperando y tras esperar a Pili que llegó un poco por detrás de mi, nos tomamos una cerveza y nos dirigimos a la salida donde me esperaba Marisa para darme ese tradicional abrazo que tanto necesito en esos momento; hay que conservar las tradiciones y ésta aún más.
Con este ya son 37 maratones completados, una cifra que sigue engordando, pero que no es más que un reflejo de lo que disfruto de este bonito deporte y sobre todo de esta apasionante competición que nació en la Grecia antigua; entrenar, competir, viajar... forma parte de mi vida, me hace feliz y me ayuda a seguir peleando en mi día a día. No lo puedo asegurar, pero todo esto no sería igual si no tuviera la suerte de tener buenos amigos atletas como Jaime, un entrenador que comparte la misma filosofía que yo,  unos fieles animadores que me acompañan cada carrera, si no pudiera compartir zancadas y proyectos con la mejor maratoniana del mundo, Pili, pero sobre todo si no tuviera a Marisa a mi lado, como la he tenido en todas mis competiciones maratonianas, las 37 y las que todavía nos quedan por experimentar juntos.

sábado, 25 de mayo de 2019

Maratón de Copenhague (2) - La Organización

El maratón de Copenhague cumplía cuarenta ediciones en 2019, una buena razón para que los organizadores se esforzaran especialmente en ofrecer un servicio adecuado a los más de 12.000 participantes que se inscribieron en la prueba; la carrera está clasificada como Bronze Label y tras haber vivido la experiencia atlética danesa durante el pasado fin de semana, debo decir que la clasificación no se ajusta a la realidad, aunque reconozco que los criterios que utilizan para clasificar los maratones no son precisamente de mi agrado.
Fotos en blanco  negro en la página web rememoraban el aniversario del evento, cuarenta años son muchos y la organización ha sabido adaptarse perfectamente a la evolución tecnológica a la vista de la página más que correcta que permite una sencilla inscripción ofrece información detallada del evento y además tiene un diseño muy atractivo; también es destacable la información puntual que ofrece la newsletter que envían regularmente a los participantes, detallando todos los aspectos atener en cuenta para los corredores. No se queda a la zaga la app para teléfono móvil que ofrecen, pues aparte de tener un buen diseño y de su uso fácil e intuitivo, permite un seguimiento muy fiable de los participantes durante la prueba y lo que es mejor, te envían las fotos que te han hecho durante la carrera una hora después de finalizada la prueba; realmente espectacular.
Otro importante aspecto organizativo a analizar es la feria del corredor, ubicada en un complejo deportivo de la ciudad, junto al estadio de fútbol, polideportivos, pistas... Pero la feria se ubica en unos barracones a los que se añaden unas carpas para conseguir ampliar el espacio que aún así, es demasiado pequeño para acoger la gran cantidad de público asistente; eso no influye para que la recogida del dorsal sea rápida, así como la entrega de la camiseta y de la espectacular bolsa/mochila del corredor que lejos de ser una bolsa de plástico con cuerdas es una mochila hecha con un material mejor que una bolsa, con un diseño resultón y de gran practicidad, un acierto. La feria en si es animada, con muchos expositores de maratones y bastantes de ropa deportiva y nutrición, complementado por el gran stand de merchandising de Nike, patrocinador de la camiseta del evento en el que se pueden encontrar muchos productos del maratón a precios bastante elevados, eso si.
Pero vamos a los más importante, la carrera, empezando por la salida, bien organizada en un bonito espacio verde junto a un canal en el que es fácil encontrar un lugar para cambiarse, es relativamente fácil calentar y donde hay un atasco mejorable en los baños; luego e pasa a los cajones de salida, ue son orientativos basándose en el buen criterio de los atletas y que a la postre funcionan. Y a partir de ahí, un recorrido bonito, bien señalizado y en buena parte vallado, con bastantes puntos de mucha animación, con duchas en cada avituallamento, pero con el lunar de ubicar los avituallamientos sólo a la derecha, lo cual provoca atascos en la primera mitad de la prueba; el avituallamiento es correcto, agua en vaso de plástico, isotónicos y frutas a partir del km 20. Repito que el recorrido es bueno, se ven varias zonas importantes de la ciudad, pero hay demasiados giros, sobre todo en la zona del centro de la ciudad, aunque la animación es también más intensa en esa zona.
Llegamos al final, en la misma calle donde se comienza donde tras cruzar la línea de meta te colocan la medalla, te ofrecen agua, barritas, cerveza sin alcohol y te hacen una foto con la medalla que te mandan por sms casi ipso facto junto con tu tiempo en la prueba. La zona de llegada también es amplia, la recogida de la bolsa ágil y como punto negro hay que decir que la salida de la zona para encontrarse con la familia es demasiado pequeña y eso provoca un atasco monumental de gente.
Se puede decir que organizativamente hablando esta prueba supera con creces la etiqueta de bronce pues todo se hace pensando en el corredor al que se trata con mucha corrección; además, es un maratón que no se mezcla con otras pruebas con el objetivo de sumar participantes como sea para conseguir popularidad, esta es una prueba sólo para maratonianos y eso es de agradecer en los tiempos que corren, en lo que parece que es más importante aparentar con grandes cifras que ofrecer el servicio que Copenhague da a los esforzados atletas. En resumen, un maratón que hay que correr.



jueves, 23 de mayo de 2019

Maratón de Copenhague (1) - El ambiente

Dicen que  los habitantes de lo países del norte de Europa  están deseando que llegue al primavera para que luzca el sol y salir a la calle a llenar las terrazas de los bares de las ciudades; quizás por esa razón los organizadores de los maratones de lospaises nórdicos eligen fechas que les garanticen el ambiente en su evento, al menos en Estocolmo y en Copenhague, dos pruebas que he corrido en la misma época, primavera avanzada.
La capital del reino de Dinamarca luce un aspecto espectacular a finales de mayo, con verdes jardines llenos de flores de colores vivos y terrazas a rebosar de turistas y nativos pues es necesario  refrescarse con una buena cerveza autóctona; un cartel en el aeropuerto saluda a los participantes que llegan de otros países, pero luego no se aprecian demasiadas referencias visibles en la coqueta ciudad danesa.
En está ocasión decidí participar en la Breakfast Run por su carácter solidario y porque se celebra dentro de los jardines del famoso Tívoli donde el ambiente era bastante bueno a pesar de que apenas 300 corredores fuimos de la partida para completar unas cuantas vueltas solidarias (por cada vuelta se donaban 10 coronas a los niños con cancer)  por los jardines de este bonito parque de atracciones; al evento se apuntaron Marisa, Pili con dos amigas y además Jorge y Ana que lo hicieron andando. Tras completar el recorrido y desayunar el café con bollo de canela que incluye la inscripción dimos un paseo para visitar el parque con tranquilidad y luego nos fuimos a la feria del corredor donde el ambiente era ya espectacular.
La feria está ubicada al lado del estadio de fútbol local, en unos barracones o carpas que estaban atestadas de gente pues aparte de los curiosos y los que recogimos el dorsal, se estaba celebrando la Kid´s Run en una pista anexa. La feria tiene mucho ambiente, pero al estar lejos del centro apenas tiene repercusión, salvo que por las zonas turísticas se puede ver algún que otro corredor con la bonita bolsa/mochila que regalan colgada a la espalda.
Llegamos al día de la carrera y en la línea de salida se puede ver a mucha gente a pesar de ser de 12.000 el número de participantes, pero la hora de inicio (09:30) y la agradable temperatura debió animar a familiares y curiosos a acercarse a la zona de operaciones. Se puede considerar normal una elevada asistencia de público en la salida, pero lo que no me esperaba era la cantidad de gente que iban a estar animando en las calles durante todo el recorrido; es cierto que había tramos de difícil acceso en los que no había nadie, pero calculo que se podía ver público en tres cuartas partes del recorrido y en algunos casos con una animación tremenda usando las palmas o los artilugios regalados por la organización para hacer ruido; creo que es uno de los maratones con más animación de los que he disputado, teniendo en cuenta, insisto, que hablamos de sólo 12.000 particiantes.
Por último, toca hablar de mi equipo de animadores, esta vez era un número reducido, Marisa, Jorge y Ana que animaron sin cesar con las ya míticas banderas españolas que han recorrido medio mundo; como siempre, estuvieron a una gran altura, no sólo animándome a mi, sino al resto de maratonianos con los que compartimos mesa y mantel después de la carrera, a saber, Pili; Martina, Conchi y Jaime. Fuimos un gran equipo durante y después de la carrera y disfrutamos de la mítica distancia de Filípedes en un ambiente tipicamente español.