viernes, 4 de agosto de 2017

Corriendo por Portugal

Este año, he disfrutado mis vacaciones veraniegas en Portugal, el país vecino, que he he recorrido de norte a sur; como ya conocía Lisboa, suponía que el resto del territorio luso iba a ser de mi agrado, pero no solo ha sido  así, sino que ha superado mis expectativas iniciales. En todo caso, no pretendo  contaros las maravillas turísticas lusas, sino comentar las rutas por las que he corrido para que os sirva si algún día viajáis por la zona.
En general y teniendo en cuenta los lugares que he visitado, se puede decir que por norma general, en Portugal hay muchas cuestas y muchas piedras, pues las aceras típicas son de piedra y no de baldosa, de manera que es complicado correr. Por lo general, mis hoteles han estado en el centro de la ciudad, por lo que me ha sido más complicado encontrar un buen lugar libre de coches y de peatones. Pero es mejor pasar de lo general a lo particular y hablar de las rutas en cada ciudad que he visitado.

Oporto: esta bonita ciudad se ubica en la ribera del río Duero, pero desparramada por una montaña, de manera que si tu hotel está en el centro, como era mi caso, tienes que bajar hasta el río y luego volver a subir por unas calles muy empinadas. Obviamente, lo mejor es llegar hasta la zona de la Ribera y allí puedes optar por tomar el camino a la derecha o a la izquierda del puente de Luis II; por la izquierda el firme está mejor y hay pocas coches, pero por la derecha, las vistas son más espectaculares, aunque a veces hay que sortear alguna dificultad en forma de bordillo y además hay que pasar por una pasarela metálica colgada sobre el río. Al final de este camino se llega a la desembocadura del río e incluso puedes llegar a la playa, aunque yo me di la vuelta antes; personalmente recomiendo este lado porque es mucho más bonito.

Viseu: esta ciudad está en el interior y también está en cuesta, aunque la inclinación es más tendida que en Oporto. El centro está completamente empedrardo, además de ser un sube y baja, pero los lugareños me informaron de un sitio ideal para correr, la Ecovía, es decir, una especie de carril bici en el que la gente principalmente sale a andar o a correr, aunque también se ve alguna bicicleta. Para llegar, hay que salir casi de la ciudad en dirección a los juzgados y antes de llegar a ese edificio, hay una rotonda con una fuente en medio, a cuya izquierda sale el camino a seguir. Tampoco llegué al final, pero son 14 Km, más o menos planos y libre de coches entre árboles.

Lisboa: la capital portuguesa tampoco se libra de las cuestas, así que si no te alojas cerca del mar, te tocará bajar y subir, porque por el centro no es muy buena idea correr. De hecho, mi hotel estaba justo al lado del parque Eduardo VII, pero es un parque en pendiente, así que descarté utilizarlo. La zona baja está teóricamente preparada para correr, e incluso hay un carril bici/runners que nace más o menos por la estación de tren, pero el firme es irregular (pasa de piedras a asfalto constantemente) y la señalización deja mucho que desear. De todas formas, el carril es innecesario, pues lo único que tienes que hacer es seguir por la orilla y volverte cuando quieras, porque se puede llegar muy lejos, aunque yo me di la vuelta en las docas. Sin duda es la mejor opción si estás por el centro de la ciudad, porque la zona de la Expo parece más preparada para correr, pero no lo experimenté personalmente.

Évora: esta coqueta ciudad amurallada se lo pone difícil a los corredores, porque está completamente empedradada y por eso, para evitar una posible lesión de tobillo, lo mejor es salir extramuros y dar la vuelta a la muralla, lo que suma unos 4 Km, si no te pierdes. El recorrido es caótico, pues hay partes de tierra, otras urbanizadas y otras son simples aceras junto a la carretera, pero es la opción más sencilla, aunque a veces te puedes despistar sin no llevas la muralla a la vista.

Faro: el Algarve fue mi último destino, alojándome en Estoi, un pequeño pueblo a unos 10 Km de la ciudad más importante del Algarve; en Estoi corrí por carretera y por unos caminos poco recomendables que no vale la pena mencionar, pero Faro tiene un paseo marítimo por el que se puede practicar la carrera a pie sin problema. 
No puedo dar datos propios de Faro, ni tampoco de las playas de Aveiro o Viana do Castelo, lugares que visité y cuyas condiciones para correr parecen óptimas.

Hasta aquí, el resumen de mis experiencias en Portugal, un país donde se puede correr, pero al que no parece haber llegado el boom que actualmente experimentamos en España, al menos eso he percibido en las calles lusas, donde la presencia de "runners" es casi testimonial.

lunes, 5 de junio de 2017

Maratón de Lima (3) - La carrera

Esta vez, realicé mu ultimo rodaje premaratoniano el viernes a fin de recuperar un poco las piernas tras el largo vuelo que me llevó de Madrid a Lima; nada más salir del hotel, noté que la humedad era muy alta, tanto que tenía la camiseta empapada apenas cinco minutos después. No me gusta correr con calor, pero menos aún si la humedad ambiente es elevada y parecía que ambos factores iban a ser protagonistas de mi primera cita con la distancia de Filípedes en Sudamérica.
Tras un desayuno muy tempranero en el hotel compartiendo comedor con los atletas de elite, me acerqué caminado hacia la salida con Marisa y Toly; era un día plomizo, con el cielo totalmente encapotado y una temperatura que rondaba los 19º a las 6 de la mañana, aunque no era previsible que subiera mucho más. No eran las condiciones ideales, pero al menos, la "panza de burro" sobre el cielo limeño me iba a permitir librarme de los molestos rayos solares. La zona de salida ya estaba repleta de corredores ultimando detalles y calentando, así que tras despedirme de las chicas, comencé mi calentamiento suave que tuve que interrumpir para ir al baño un pare de veces. Aparte de los nervios, tenía claro que era muy importante hidratarme y no había parado de beber desde que me había levantado. Tenía claro que una buena hidratación iba a ser clave para salir bien parado del evento, pero también debía evitar una pérdida excesiva de sales minerales, por lo que, además de los geles, me llevé un puñado de pastillas de magnesio de las que me había recomendado el gran Alex.
Me ubiqué pronto en mi cajón, aunque no había demasiados problemas pues la participación en el maratón no es precisamente masiva; sonó el pistoletazo y comencé mi carrera como tenía pensado, conservador y con cabeza, pues tenía miedo al calor y la humedad que me esperaban en las siguientes horas. Sin embargo, mi ritmo no podía ser muy lento porque la primera parte del recorrido baja hacia la playa, así que era necesario aprovechar un poco esa ventaja. Me puse a un ritmo entre 4'40'' a 4'45''/km y a pronto me coloqué  en  una posición cómoda para correr, sin demasiados atletas a mi lado.
Fueron kilómetros de tanteo, en los que recibí los primeros ánimos de Marisa al pasar por el km 4, aún en el barrio de San Isidro; en esa fase, coincidí con dos atletas españoles residentes en Lima  que corrían la media, y me advirtieron del calor y de la dureza de la última parte del recorrido. Aunque rodé un rato con ellos, les dejé ir pues llevaban un ritmo de 4'30'' y no quería quemarme. En el km 8 toda mi afición estaba presente para alentarme antes de salir de la zona financiera de Lima y dirigirme hacia el coqueto barrio de Miraflores, por donde comencé a poner ya un ritmo constante de 4'50''/km.
Estaba corriendo bien, pero me agobiaba un poco el calor y la humedad, tanto que desde el principio empecé a beber tanto agua como isotónico en los avituallamientos, aparte de endiñarme dos pastillas de sales cada 10 Km.
Mi momento de crisis llegó entre  el km 12 y el 15, pero lo superé concentrando mi mente en llevar un ritmo constante y no pensar en los que me quedaba por delante, así que empezaron a salir los kilómetros con fluidez al ritmo que quería llevar e incluso mejores, No tomé el tiempo de paso por la media porque no estaba indicada, pero calculo que fue en torno a 1h41', dentro de lo previsto y poco antes de llegar al punto más bajo del recorrido, en la playa y comenzar el constante ascenso hasta meta. Ya por entonces, había charlado con atletas brasileños, colombianos y locales y empezaba a disfrutar de la carrera y mucho más aún cuando recibí otro empujón moral de mi afición en el km 26. Quedaba mucho por correr, pero ni siquiera hacía cálculos, simplemente me concentraba en hidratarme bien, tomar los geles en el momento adecuado y por supuesto, las pastillas de sales.
La ligera subida ya se empezaba a notar y comencé a dudar si era conveniente acelerar a partir del km 32 como había hecho en Ravenna y Las Palmas, o bien ser cauto. El caso es que no hice ni lo uno ni lo otro, porque sabía que mi último "gel moral" estaría en el km 34, donde Rafa y Encho bromearon sobre si iba a empezar a correr, así que, obviamente, eso hice.
Aceleré, me puse a rodar entre 4'30 y 4'40'' pero no era fácil porque el terreno se iba complicando y falso llano era cada vez más falso y más empinado; eso si, empecé  a recoger cadáveres por el camino, pero sin la soltura que me hubiera gustado, aunque era evidente que los demás iban peor que yo. Apreté los dientes, aguanté el tirón y me conjuré para ir a tope hasta el final, pero ya no podía bajar de 4'45'' porque los últimos 5 kilómetros son realmente complicados. Me había olvidado del calor, de la humedad e incluso de los rayos solares que aparecieron en la última fase de la carrera y es que ya daba igual, solo importaba acabar y al ritmo mayor que pudiera.
A falta de un kilómetro ya se podía ver la meta al fondo y tan al fondo, porque  la carretera seguía picando hacia arriba y solamente puede relajarme cuando pisé esa mágica moqueta azul que indicaba que restaban escasos metros para completar mi primer maratón sudamericano y vigésimo octavo en general.
Crucé al meta en 3h23'54'', un tiempo excelente teniendo en cuenta las circunstancias, es decir, calor, humedad y un viaje de 12 horas dos días antes a lo que puede sumar el jet lag. Es evidente que no ha sido mi mejor maratón, pero estoy muy satisfecho del resultado de Lima porque hice la carrera que quería hacer y un tiempo que vale mucho en esta carrera; de hecho, a falta de confirmación oficial, creo que hice el 4º ó 5º puesto de mi categoría.  En definitiva, un maratón más, un continente más y otra gran experiencia en la que volvieron a ser partícipes activos Marisa y mis amigos, que volvieron a estar a mi lado y por supuesto, todos los que me apoyasteis por las redes. El siguiente, en Varsovia, el próximo mes de septiembre.

domingo, 4 de junio de 2017

Maratón de Lima (2) - La organización

Lima42K es el nombre que utiliza la organización para definir esta joven carrera que echó a andar allá por 2009; no tengo referencias de como se desarrollaron las ediciones anteriores a la que  he participado, pero me consta que se ha trabajado sin descanso para eliminar errores y conseguir una participación mayor año tras año. En 2017 participaron 16.000 corredores repartidos entre las tres carreras (42K, 21K y 10K) y si continúan por esta línea, es previsible que la cifra aumente año tras año.
Esta competición está patrocinada por dos grandes firmas, Adidas y Telefónica, así que no es de extrañar que funcione bien, empezando por una vistosa publicidad y una página web con un diseño atractivo y un funcionamiento eficiente, tanto para inscribirse, como para consultar información. 
Sin embargo, no parece que se hayan gastado mucho dinero en el cronometraje, pues la página da fallos desde el día después de la carrera y a día de hoy no tengo tiempo oficial. Otro aspecto negativo relacionado con la web, es que no hay ninguna empresa de fotografía que cubra el evento y solamente se publican unas 50 fotos, a pesar que que vi bastantes fotógrafos en el recorrido.
Una vez en Lima, en la obligada visita a la feria del corredor, compruebo que la organización es bastante correcta, aunque no deja de ser una feria modesta. Se ubica al aire libre, con recogida de dorsales separada por carrera, lo que evita colas y con varios stands desperdigados, aunque sin mucho interés pues no hay representadas  ni marcas deportivas ni otros maratones. Adidas tienen un stand con sus productos y sorprendentemente sin merchandising, algo extraño, pues todo el mundo se quería llevar una camiseta conmemorativa o producto similar, pero no tenían; sin embargo, podías grabar al momento tu nombre en la camiseta oficial, pero no hice uso porque corrí con la mía. Para mi, lo mejor de la feria es que se ubica en el Circuito Mágico del Agua, como comenté en el anterior post; el circuito está compuesto por una serie de fuentes luminosas que se complementa con un espectáculo diario de luz y sonido que no está mal. En resumen, recoges el dorsal y haces un poco de turismo, mucho mejor que desplazarte a un pabellón en las afueras de la ciudad y echar la tarde en el transporte de ida y vuelta.
Y claro, nos vamos al día importante, la carrera; comienza temprano, a las 7 de la mañana debido al calor, aunque la temperatura es muy constante. La zona de salida es muy grande, con facilidad para calentar, para cambiarse y con muchos baños portátiles, de manera que las esperas son escasas. El despliegue policial y del ejército es amplio y es que las autoridades hacen gala de tener un maratón muy seguro, lo que a mi, personalmente, me causa inseguridad, aunque una vez en carrera te olvidas, pero tampoco observé nada fuera de lo normal.
La partida se efectua en una gran avenida de manera que es muy cómodo correr sin agobios desde un principio y además los de los 21k y los de los 42k salen por carriles distintos que se unen posteriormente en el km 3: los del 10K salen una hora después. Una vez pasados los primeros kilómetros, la carrera sigue discurriendo por grandes avenidas hasta el final, pues Lima es una ciudad muy grande con mucho tráfico. El recorrido es entretenido, aunque no pasa por el centro histórico, ya que va desde el centro de negocios,  San Isidro hacia el barrio de Miraflores, Barranco y vuelta de nuevo a San Isidro tras una tramo al borde del mar. El perfil no es precisamente rápido, pues la primera mitad baja hasta la playa y en la segunda mitad hay que subir al punto de partida, de manera que los kilómetros finales son cuesta arriba.
Hay avituallamientos cada 5 km, en vaso, agua e isotónicos, normalmente a un lado de la calzada, pero no hay problema porque no hay demasiados corredores y además los voluntarios te dan el vas en la mano. A partir del 25k hay avituallamiento sólido y alrededor del km 30 dan geles; ya  por ese kilómetro, los avituallamientos se ubican cada 2,5 km, una buena medida cuando aprieta el calor. Es también destacable la labor de los voluntarios, muy activa en todos los avituallamientos, consiguiendo que nadie se quede sin hidratarse.
La parte final es muy bonita, vallada, con gradas y con alfombra azul en los últimos metros; una vez traspasada la línea, te dan isotónicos, fruta, barritas y por supuesto la medalla; se puede descansar o estirar tranquilamente en una zona solo para corredores desde donde se sale por una puerta donde pueden esperar los amigos y familiares. Todo muy bien organizado.
Como dije al principio, el maratón de Lima está creciendo y aunque tiene que pulir defectos, se puede decir que su organización es correcta, teniendo en cuenta también, que si precio es asequible. Aunque parece difícil que atraigan a corredores europeos, está claro que puede ser una carrera atractiva para atletas norteamericanos y sudamericanos

sábado, 3 de junio de 2017

Maratón de Lima (1) - El ambiente

En la capital de Perú viven más de 9 millones de personas distribuidos en enormes distritos que se desparraman entre el interior y la costa; Lima posee un coqueto centro histórico plagado de edificios coloniales, un distrito donde se ubica la actividad económica y un barrio eminentemente turístico, Miraflores. El resto es puramente residencial, a excepción del coqueto distrito de Barranco que se ubica al lado de la playa y por ello posee una incipiente actividad turística en estos momentos. El tráfico es caótico, congestionado constantemente debido a una deficiente red de transporte público, de manera que desplazarse de un barrio a otro es una aventura. 
Con estos condicionantes, no es difícil imaginar que el maratón no deja de ser un acontecimiento más, de los muchos que desconocen los limeños que viven en esta gran urbe; de hecho, el maratón solo cruza cuatro distritos y es "invisible" para el resto de la ciudad, a pesar de los esfuerzos de la organización de esta joven carrera que progresa adecuadamente, pero a la que le falta ambiente.
Los días previos a la carrera, no encontré demasiadas referencias de la carrera, salvo algunos carteles en centros comerciales, pero por la calle no se aprecia nada, ni siquiera atletas pululando por el centro, pues no es una prueba masiva y aunque hay participantes de muchas nacionalidades, apenas se dejan de ver; intuyo que muchos de los participantes foráneos son residentes eventuales en el país y los que se desplazan a Lima solo para correr, son fundamentalmente norteamericanos y sudamericanos, pero en número escaso.


La feria del corredor se ubica en el Circuito Mágico del Agua, al lado del Estadio Nacional y a descubierto; aunque recogí mi dorsal el viernes por la tarde, la feria estaba llena de gente, muy animada, pues la mayoría de los asistentes aprovechan para hacer una visita al circuito con su bolsa de corredor encima; me parece una buena idea ubicarla al lado de este reclamo turístico y de hecho consiguen el objetivo de crear un bonito ambiente atlético, pues hay bastantes stands y buenos speakers animando el cotarro.
Metidos ya en harina, el día de la carrera hay un bastante animación en la salida, no solo público, sino muchos militares para "garantizar" la seguridad de los atletas; los primeros kilómetros son animados, pero luego se reduce bastante la animación pues los espectadores se concentran fundamentalmente en las cercanías de las paradas de sus autobuses "expres" que son escasas durante el recorrido. Por tanto, se recorren muchas avenidas con muy poco público animando, pero hay zonas con bastante ambiente y muchos puntos en los que los aficionados ofrecen agua y alimentos de manera espontánea, al margen de los avituallamientos oficiales. La llegada se ubica en la misma avenida de la salida y también se encuentran muchos aficionados animando en una bonita recta de llegada en la que se pisa una moqueta azul que indica el inminente cruce de la línea de meta. Como este ha sido mi 28º maratón, creo que tengo suficientes argumentos para comparar con otras carreras y el Lima42K ocupa un lugar medio dentro de ellas; no se puede hablar de una gran animación, pero lo que hay es muy agradable y debo confesar que esperaba mucho menos.
Lógicamente, también tengo que hablar de mi animación particular, compuesta, en esta ocasión, por seis personas, Encho, Toly, Carlos, Rafa y Magüy, además de Marisa; como es habitual, estuvieron a la altura y dieron espectáculo en las calles de Lima, portando las únicas banderas españolas del recorrido. Volvieron a dejar muy alto el pabellón.
Lima no es el maratón con más ambiente que he corrido, pero estoy seguro que si le damos unos años más  la cosa cambiará,  aunque no creo que vuelva para comprobarlo.

lunes, 15 de mayo de 2017

Tras los pasos de Pizarro

El próximo domingo disputaré mi vigésimo octavo maratón en Lima, la ciudad que fundó Francisco Pizarro  en 1535; cuentan las crónicas que el conquistador español  era un buen estratega además de un hombre muy tenaz que consiguió doblegar a los incas con un ejército mucho menos numeroso. Una de las anécdotas más aclamadas de su historia, es aquella en la que arenga a sus soldados , hartos de pasar calamidades, en una playa, dibujando una línea en el suelo, que separaba la retirada o la posibilidad de conseguir la gloria. Solo trece soldados cruzaron esa línea, que a buen seguro yo también hubiera cruzado, pues como buen maratoniano, sé que para conseguir la gloria de cruzar la meta, hay que esforzarse mucho e incluso sufrir. Sin entrar en más disquisiciones históricas, en Lima intentaré seguir los pasos de Pizarro, pero no derrotando enemigos y conquistando territorios para la corona española, sino corriendo hombro con hombro con los atletas peruanos con el único objetivo de cruzar otra línea, la de meta.
No lo voy a tener fácil en la capital peruana, donde me espera una carrera cuyo perfil se parece mucho al de MAPOMA, es decir, en la primera mitad baja, en este caso hasta la costa y en la segunda mitad, vuelve a subir para acabar en el mismo punto; además, la meteorología tampoco será muy favorable, pues se espera una temperatura media de 20º y un molesto viento de unos 15 km/h. La carrera comenzará el domingo  a las 7:15 de la mañana, cuando sean las 16:15 horas en España; la intempestiva hora de comienzo de la carrera, será también otro handicap importante para afrontar la competición, además del previsible jet lag debido a la diferencia horaria entre Perú y España. Espero que no se cumplan los malos augurios de mi "entrenador psicológico", Carlos, que afirma que siempre corro mal en América y no le falta razón, vistos los precedentes, aunque espero que las cosas me vayan mejor en esta ocasión. 
Llego a mi segunda cita maratoniana del año en un buen estado de forma, después de haber corrido en 40 minutos los 10K de Laredo y tras haber hecho podio, aunque con un tiempo discreto debido a la meteo, en Medina del Campo. Una sobrecarga en el cuádriceps izquierdo me ha obligado a para dos días la semana pasada, pero no creo que me afecte ni el parón, ni la lesión que ya ha sido tratada convenientemente con mi fisio, Cristina. Por tanto, tengo confianza en mis fuerzas y en mi táctica, que va a ser de nuevo conservadora, aunque diferente a la empleada en Las Palmas, donde el perfil era completamente plano; en Lima, habrá que ir un poco más deprisa en el tramo cuesta abajo, pero sin pasarse, pues hay que guardar fuerzas para la segunda mitad de la prueba. Espero que el calor no me afecte demasiado, pues, afortunadamente, me han dicho que la humedad no es muy elevada.
En todo caso, mi objetivo principal es cruzar la línea de meta de la Avenida Canaval Moreyra y alimentar mi palmarés con mi primer maratón en Sudamérica y vigésimo octavo del cómputo global; no me faltarán ganas ni ilusión y además volveré a estar muy bien acompañado por mis seguidores, que serán seis en esta ocasión y que volverán a darme ese empujón virtual que tanto agradezco. También me llevo los ánimos de todos los que me leéis por aquí o en las redes sociales; intentaré no defraudar a nadie y volver  a lucir una medalla al cuello el próximo domingo.






lunes, 8 de mayo de 2017

Media Maratón de Medina

Después de competir en  los 10k de Laredo, tocaba centrarme de lleno en el maratón de Lima, pero decidí aprovechar mi buen momento de forma para intentar hacer una buena media maratón, que además me venía como anillo al dedo para completar mi preparación maratoniana. La competición elegida fue Medina del Campo, por ser una carrera relativamente plana, cercana a Valladolid y con una climatología previsiblemente poco calurosa.
El esfuerzo realizado en Laredo me pasó factura la semana posterior a la prueba, pero mis entrenamientos fueron progresando paulatinamente hasta ponerme de nuevo a un buen nivel a dos semanas de la cita medinense; me veía con ganas y posibilidades de asaltar mi mejor marca en la distancia e incluso empecé a preparar la estrategia en carrera, conservadora al principio y acelerando en los últimos 5 kilómetros. Pero mis esperanzas se iban a truncar mucho antes de la carrera, debido a un cambio brusco de las condiciones meteorológicas que pronosticaba vientos de 20 km/h en la villa vallisoletana el día D.
El sol lucía cuando llegué  temprano a Medina el domingo señalado, pendiente de las condiciones climatológicas; el caso es las previsiones no habían acertado del todo, porque el viento soplaba aún más fuerte, a 35 km/h con rachas de 50 km/h y amenaza de lluvia. Recogí cómodamente mi dorsal en la carpa gigante ubicada en la Plaza Mayor y después me tomé tun café antes de empezar a calentar por los alrededores de la salida.
Me coloqué bien para salir y no oculto que aún tenía vanas esperanzas de conseguir un buen tiempo si el viento no soplaba demasiado tiempo de manera desfavorable, pero pronto me topé con la cruda realidad, cuando sonó el pistoletazo de salida y empezamos a correr descaradamente contra el viento ; el recorrido abandona muy pronto el casco urbano y se dirige a una zona abierta, muy expuesta aun viento que prácticamente te dejaba clavado, camino al polideportivo municipal. En la zona del "poli", el viento soplaba aún más de cara y era muy difícil avanzar y obviamente, muy costoso.  Tras un giro a la derecha se tomaba una carretera en la que el viento soplaba de espalda y eso me animó a incrementar mi ritmo y soñar con un buen tiempo, pero tras escasos dos kilómetros, el recorrido volvía a girar y el viento volvía a soplar de cara y me dejó claro que la proeza era imposible, a pesar de cruzar el km 5 ligeramente por encima de los 21 minutos.
Las condiciones iban a empeorar drásticamente a partir de ese kilómetro en el que se recorre un polígono industrial donde el viento azota con fuerza; sigo perdiendo tiempo y cruzo el km 10 en 43 minutos, corroborando que la marca era imposible y que además tocaba sufrir en la segunda vuelta, no solo porque el objetivo era inalcanzable, sino porque el viento comenzó a soplar más fuerte y la lluvia hizo acto de presencia, provocando un enfriamiento progresivo de mis piernas que empezaron  a quedarse rígidas. Fue una vuelta dura en la que incluso me planteé pararme, pues no tenía sentido correr en unas condiciones tan malas de frío, viento y lluvia y a sabiendas que la marca iba a ser muy deficiente.
Afortunadamente no me gusta retirarme sin un motivo físico de por medio, así que apreté los dientes y di lo mejor de mi mismo hasta alcanzar la meta de la Plaza Mayor, donde crucé en 1h33'41''. Un tiempo decepcionante en parte, pero que hay que valorar debido  las penosas condiciones en las que competimos los valientes que llegamos a meta.
Una vez cruzada la línea de meta, me metí en la carpa donde había bastante caos generado por la lluvia; de hecho, me enteré más tarde de que había medalla de finisher, pero a mi nadie me la dio. Decidí cambiarme e irme a casa lo antes posible, sin prestar atención a la zona de entrega de trofeos.
El caso es que al llegar a casa, entré en la página web a consultar las clasificaciones y me llevé una agradable sorpresa, pues había acabado tercero en la clasificación de mi categoría. Es mi primer podio en una carrera y aunque no pude disfrutar de la entrega del premio, debo reconocer que es para estar contento, a pesar de la mala marca. Esta vez, más que nunca, me he dado cuenta que luchar hasta el final siempre tiene premio, incluso sin podio.

martes, 21 de marzo de 2017

"Volando" en Laredo

Hace ya tiempo que hice mis mejores marcas personales, exactamente hace cuatro años y todas en un periodo de dos meses: 10k en la San Silvestre 2012, Media Maratón en enero (Getafe) y Maratón en febrero de 2013 en Sevilla; después de aquel intenso periodo, mis marcas empezaron a decaer y yo seguí cumpliendo años, así que empecé a pensar que me tendría que olvidar ya de intentar superar mis marcas y centrarme en otros objetivos más factibles.
 Afortunadamente no soy conformista y a pesar de mis discretas marcas, he seguido entrenando con ilusión, pues sigo pensando que aún tengo piernas para superar alguna de mis "Personal Best"; pero he tenido que esperar hasta 2016 para volver a hacer buenos registros, sobre todo después de la disputa del maratón de Frankfurt, tras el cual competí en varios 10k con un rendimiento notable.  Aprovechando la  inercia de ese buen estado de forma, continué entrenando con un objetivo claro, mi tercera participación en los 10k de Laredo, con el objetivo de batir mi marca personal en 10.000.
No sé si los 10k de Laredo son los más rápidos del mundo, como reza su publicidad, pero es mi carrera de 10.000 metros favorita por muchas razones; empezando por la belleza de la ciudad y de su playa, continuando por la calidad turística de la zona y obviamente porque el recorrido es absolutamente plano y a nivel del mar. Por todo ello, ya llevo tres participaciones en esta carrera y espero seguir participando en los años venideros.
Como ya ocurriera el año pasado, planifiqué este 10k como uno de los objetivos de mi temporada, porque a pesar de ser básicamente un maratoniano, me gusta también correr distancias cortas y además en esta distancia siempre he tenido la espina clavada de los sub40, que hasta el sábado, sólo había conseguido superar en una ocasión. He entrenado bien después de correr en Las Palmas, siguiendo el  plan trabajo que ideó Depa para ganar velocidad, lo que me ha permitido llegar a la cita de Laredo con posibilidades de asaltar mi marca personal.
En Laredo lucía el sol desde por la mañana, no se atisbaba lluvia, la temperatura rondaba los 12º y el molesto viento no soplaba intensamente en esta ocasión; llegué con tiempo suficiente para recoger el dorsal con Jaime y calentar bien con Beto, ya que ambos competían en Laredo; entre el público, volvían a estar Marisa y Ángela, así que celebramos el día del padre atléticamente, un año más. Me dirigí a la salida a la hora indicada por el speaker, pero por entonces aquello era un hervidero de atletas y aunque me coloqué al final, fui poco a poco "colándome" hasta una posición más adecuada con mi marca. En este sentido, me gustaría destacar la mala organización de la salida, pues sólo hay cajones para la elite y los sub35, de manera que todos los demás vamos al "mogollón"; teniendo en cuenta, que los atletas no respetan ubicarse correctamente según su marca, el resultado es que es muy complicado salir deprisa para los que no somos balas y simplemente coqueteamos con el sub40; en mi opinión, merecemos un respeto mayor.
Con este contratiempo sonó el pistoletazo de salida, aunque yo no llegué a pisar la línea hasta pasar más de medio minuto, tras lo cual me lancé a por la carrera, pero con dificultades, ya que los atletas lentos me hicieron tope en varias ocasiones y tuve que acelerar varias veces para ganar la posición; el resultado fue 3'54'' en el primer kilómetro, conforme a mis previsiones, pero con demasiado esfuerzo. No sé si pagué ese esfuerzo en lo que restaba de carrera, pero no creo que me beneficiara, pues con la inercia se me fue un poco rápido el km 2 (3'51''), tras el cual tiré un poco de freno para evitar colapsarme antes de tiempo. La carrera iba sobre ruedas, dejándome arrastrar por un grupo de atletas que iban aproximadamente a mi ritmo, pero no iba a durar mucho, pues poco a poco se fue desmembrando y tras hacer 19'44'' en el 5.000, me las tuve que apañar yo solo.
El paso a mitad de carrera estaba dentro de mis expectativas, pero tocaba mejorar el ritmo o al menos mantenerlo para conseguir batir mi marca; entonces la carrera se me fue, luché, intenté seguir la estela de algún corredor rápido, pero lo cierto es que se me fueron varios km por encima de 4' y me di cuenta que la marca iba a ser imposible, pero había que luchar por el sub40. El viento molestaba un poco, aunque no creo que fuera determinante en ese retraso que me hizo pasar el km 9 en 36 minutos justos; saltaron mis alarmas, apreté los dientes y lo di todo en el último kilómetro, para conseguir bajar de 40 minutos por un solo segundo, es decir 39'59'', mi segunda mejor marca de siempre.
No he conseguido mi objetivo prioritario, pero no puedo estar descontento; después de 4 años y con 50 (ya casi 51 años) he bajado por segunda vez de 40 minutos y además con buenas sensaciones; creo que me ha perjudicado la salida, un poco el viento y una semana  ajetreada previa a la carrera, pero no quiero echar la culpa al empedrado, aunque pienso que puedo hacerlo mejor.
Con la satisfacción del deber cumplido, me toca empezar a pensar en el maratón de Lima, aunque quizás antes computa en otro 10 k o en una media, algo que aún no he decidido. Lo importante, es que no estoy acabado con mis 51 y tengo ganas de seguir dando guerra.

martes, 28 de febrero de 2017

Parla 2017

Hace un año, disputé por primera vez los 10K de Parla, una prueba que cada año aumenta su popularidad por su, teóricamente, trazado rápido y por disputarse en una buena fecha, pues aún falta tiempo para las medias y maratones de primavera; ya dije el año pasado que no me parecía una carrera tan rápida y en esta ocasión lo he vuelto a corroborar, por si me había influido el bajo estado de forma con el que corrí. Parla es una buena carrera, bien organizada, con buen trato a los corredores y a un precio razonable, pero es tan rápida como la pintan por varias razones; empezando por un trazado con exceso de virajes, siguiendo por varias zonas de falso llano y finalizando por el viento que suele molestar y aún más en esta edición. Sin embargo, para mi, es una de las mejores pruebas que se disputan en el invierno madrileño.
Como ya hice el año pasado, corrí en Parla como preparación para mi objetivo principal de primavera, los 10K de Laredo, donde voy a intentar superar mi mejor marca en esta distancia, que data de la San Silvestre de 2012;  la preparación que estoy haciendo y mis sensaciones respecto a la distancia, me indican que es un objetivo posible, aunque en Parla las cosas fueron peor de lo esperado, pero sin llegar a ser preocupante.
El caso es que el día anterior a la prueba, tuve un día muy movido, que se resume en una comida con amigos en casa, de esas que se alargan hasta casi la cena, pero sin llegar a tanto, porque empalmé con la fiesta de cumpleaños de mi amigo Pirulo y entre unas cosas y otras me dieron las dos de la mañana. Como podéis imaginar, el domingo por la mañana no tenía el cuerpo para darlo todo en el asfalto, pero no quería quedarme en casa y me desplacé a la localidad sureña de Madrid para intentar hacer el mejor papel posible.
La mañana era fría y ventosa, así que hice un calentamiento largo, aunque no intenso y me coloqué bien en la línea de salida junto a Mario, Alex y Edu, que salían en mi cajón aunque con expectativas más ambiciosas que yo. Salí rápido, pero enseguida di cuenta que las piernas no estaban al 100%, lo cual no me impidió completar el primer km en 4'02'', así que pensé en seguir con el mismo ritmo hasta que el cuerpo aguantara y sorprendentemente, aguantó. El año pasado, sin fiesta previa, la carrera se había acabado para mi en el kilómetro 3, pero esta vez, hice una carrera mucho más regular, sin bajones notables y con un ritmo bastante sostenido hasta la meta. No sufrí especialmente en ningún tramo de la carrera, ni siquiera en los falsos llanos o en la parte más expuesta al viento y es que mi estado de forma era bueno, pero el cansancio se hacía notar a medida que pasaban los kilómetros.
Llegué a meta en 41'01'', una marca digna, aunque me hubiera gustado bajar de los 41, pero dadas las circunstancias, creo que hice una buena carrera y que de haber estado descansado hubiera podido acercarme a los sub40' que tanto anhelo.
Faltan cuatro duras semanas hasta llegar a la cita cántabra, a nivel del mar y en un circuito realmente rápido en el que voy a intentar mejorar mi registro en esta distancia; de momento las sensaciones son buenas, pero queda lo más duro del entrenamiento y tendré que echar el resto para llegar a Laredo al 100% y esperar que sepa correr para hacer MMP.

jueves, 26 de enero de 2017

Gran Canaria Maratón (3) - La carrera

La mañana antes de la carrera salí a hacer un rodaje suave y corto en el paseo marítimo de Las Palmas junto con Marisa, como hago habitualmente antes de un maratón; el objetivo de estos rodajes es soltar un poco las piernas y ya de paso templar los nervios pre-competición. A pesar de llevar tantos maratones en mis piernas, esos nervios siempre aparecen, pero más atenuados en una ocasión como esta, en la que mi único objetivo era pasarlo bien y llegar a la meta sin lesionarme, principal preocupación de Depa. El caso es que el rodaje no iba a resultar muy beneficioso, porque el calor y la humedad me afectaron nada más empezar a correr y eso que el ritmo era muy suave y aunque sabía que mi estado de forma era bueno para afrontar la carrera, me empezaron a asaltar las dudas, pues temía que las condiciones atmosféricas supusieran un excesivo desgaste en forma de deshidratación.
El despertador sonó a las 6 de la mañana el día de la carrera, aún no había amanecido y desayuné tranquilamente en la habitación del hotel, para luego tumbarme otro poco hasta la hora de salir hacia el auditorio; fui en taxi, junto con Marisa y Toli y llegamos sin agobios a una zona de partida que ya estaba repleta de corredores y curiosos. Estaba tranquilo, me cambié, fui al baño, me despedí de las chicas, me puse a calentar un poco y me encontré con Duquito, así que nos colocamos juntos en la salida.
La salida fue bastante limpia, sin parones ni zigzagueo, aunque las calles no son demasiado anchas en el primer kilómetro, pero yo quería salir tranquilo y en general la gente había hecho buen uso de los cajones de salida; mi intención era hacer una carrera parecida a la de Ravenna, sin forzar nada e intentar acelerar al final si las piernas respondían. Sin embargo, comencé más rápido de lo previsto, a 4'35 min/km y aunque iba muy cómodo, decidí ir aminorando poco a poco. En el kilómetro 4, Marisa y Toli me daban los primeros ánimos, justo cuando la carrera entra en el paseo marítimo, donde estaba ubicado el resto del grupo para seguir animando. Hacía fresco, el sol no era tan intenso como el día anterior y el viento soplaba de espalda, pero eso iba a cambiar.
El viento de espalda me ayudó a seguir manteniendo un ritmo más alto del previsto, pero sin forzar; se recorre un tramo bastante largo hasta que se llega a la playa de la Laja alrededor del kilómetro 13 y además los participantes de la media giran antes, de manera que se puede correr con más espacio... hasta que vuelves a adelantar a los más lentos tras dar la vuelta. Poco antes del giro me crucé con Duquito, que iba por delante y que me advirtió que sus problemas de cadera le estaban molestando bastante; un poco más adelante, justo en el giro, comencé a hablar con un atleta canario que hacía su primer maratón. Estuvimos charlando un rato y me comentó que hacía carreras de montaña, pero que era su primer contacto con el asfalto; tras aconsejarle tranquilidad y cabeza, le dejé ir porque su ritmo era un poco superior al mío y yo ya me había acomodado en 4'49'' min/km, aunque ahora, con viento de cara.
El viento era molesto, peor por otro lado, refrescaba y eso me venía bien en el fondo porque atemperaba los efectos de la humedad pues impedí que sudara en exceso; la carrera ya se dirigía de nuevo a la ciudad y en el kilómetro 15 tuve mi segundo encuentro con mi afición que seguía al pie del cañón. Hasta el kilómetro 21, me tocó adelantar a muchos atletas lentos que hacían la media, pero había suficiente espacio para correr a gusto; pasé la media en 1h42'37'', en torno a lo previsto y enseguida el recorrido se adentraba en la ciudad, callejeando y mitigando un poco los efectos del viento. Ya por entonces, mi ritmo era muy constante y aunque cansado, seguía notando que mis piernas estaban preparadas para mucho más.
La afluencia de público no era masiva en las calles, pero animaban muchos con ese curiosos énfasis que tienen los canarios; casi sin darme cuenta, volví a ver a mis grupo de aficionados justo antes de entrar en el bonito barrio de Triana, después de cruzar la plaza de San Telmo. Justo después de dicha plaza, me encontré a Chema y Jorge, dos amigos canario que me volvieron a dar un buen empujón moral antes de empezar a callejear por Vegueta, la zona antigua de la ciudad, en la que había demasiados giros y ya empezaba a notar que el sol calentaba más. Tuve una pequeña crisis en mi paso por esta zona, aunque sin bajar el ritmo; ya por entonces Duquito había desaparecido (retirado en el 25), pero me crucé con Israel, otro amigo que corría el maratón y que iba un poco detrás de mi, conforme a la marca que buscaba.
Tras dar otro giro de 180º, se vuelve por el mismo camino, por la misma zona peatonal donde vuelven a animarme mis amigos y encaro una calle larga donde me volverían a esperar Marisa y los demás, en el km 32, como me habían anunciado. En esa calle recibir la visita de una gran maratoniano, Nano Torrent que tras alcanzarme se puso a la par conmigo y charlamos un rato; faltaba poco para el 32, me sentía bien y pensé en lo que me dijo la mejor maratoniana que conozco, Pili Isidro, en Ravenna: hay que correr a partir del kilómetro 32. Así que tras recibir los ánimos de los míos, una vez más, aproveché el subidón para cambiar de ritmo y sin mediar más palabras dejar atrás a Nano y empezar mi personal contrarreloj hasta meta.
Subí el ritmo a 4'35''min/km, podía mantenerlo sin problema y aún me quedarían fuerzas; empecé a adelantar a atletas, uno tras otro, con la satisfacción que supone eso de "recoger cadáveres". Adelanté al atleta canario que me animó y elogió mi veteranía y poco más tarde llegué a las inmediaciones del puerto, donde un speaker me animó con acento canario: "Vamos Chuli"; seguía con el subidón, mi ritmo era alto y los voluntarios me animaban sin parar, yo creo que al ver que iba remontando. En un momento tuve miedo de venirme abajo, pero ya no quería parar, me acercaba a las Canteras, seguía adelantando atletas y la meta estaba cerca. Enseguida entré en las calles aledañas a la playa, donde se callejea bastante, pero ya por entonces la presencia de público es casi constante y eso me animó aún más.
Sin bajar el ritmo llegué a las Canteras, por donde se completan los últimos cuatro kilómetros en un gran ambiente, pues ya está repleto de público que anima sin parar; apreté los dientes y continué adelantando atletas; había olido sangre y ya no podía parar de superar a todo el que viera por delante de mi. El auditorio estaba al fondo y poco a poco me acerqué hasta llegar a los últimos metros en los que un sol radiante y una alfombra verde dna la bienvenida a los esforzados maratonianos. 3h22'52'', mejor tiempo que en Ravenna y por tanto, mejor de lo que había planificado y todo eso sin forzar. Creo que es para estar contento.
Ya en meta, esperé a Nano, a Israel y tras saludarlos me fui a recibir las felicitaciones de mi enorme afición, que una vez más habían hecho un "carrerón". Mi 27º maratón está en la "buchaca", una carrera que me ha demostrado que sigo teniendo un buen nivel y que se puede correr un maratón sin desgastar demasiado. Esta vez,  he cumplido los objetivos, ahora hay que buscar retos nuevos.

martes, 24 de enero de 2017

Gran Canaria Maratón (2) - La organización

La organización del Gran Canaria Maratón está empeñada en hacer de su carrera un referente europeo para aquellos atletas que tengan intención de correr la distancia de Filípedes en el  mes de enero, gélido en todo el continente, pero de temperaturas suaves en las "islas afortunadas"; no sé si esta carrera llegará a ser tan masiva como pretenden, pero de momento, están dando pasos en la buena dirección. Para lograrlo, han empezado por dejarse ver en un gran número de ferias de maratones, como la de Madrid, donde me inscribí a precio de oferta, pero también fuera de España porque visité su stand tanto en Frankfurt como en Ravenna y en mi opinión, estas apariciones acabarán dando su fruto.
La página web es buena y aunque no puedo opinar sobre el proceso de inscripción, el resto ha funcionado con eficiencia, con actualizaciones frecuentes y un buen diseño que hace más atractiva a la prueba; también quiero destacar la puntual información que se envía a los participantes vía mail, en las que te ponen al día de todo lo importante y te dan información precisa para el fin de semana de la carrera.
Una vez en la isla, el primer contacto llegó en la feria del corredor, como es normal; la feria es pequeña, compuesta por carpas ubicadas en la terraza de un centro comercial al final de la playa de las Canteras, junto al auditorio Alfredo Kraus. Aunque no es un lugar céntrico, el aparcamiento es abundante, las vistas preciosas y el acceso es muy sencillo. La recogida del dorsal y la camiseta no tiene esperas y los voluntarios son muy simpáticos y serviciales, pero no hay demasiados expositores y te quedas con ganas de algo más.
Pero la prueba de fuego llegaba el domingo, con el reto añadido del cambio de recorrido, pues de dos vueltas se ha pasado a solo una en esta edición; se disputan tres pruebas y aunque no está mal resuelto el inconveniente de la mezcla de corredores, creo que hay métodos mejores. En Gran Canaria, la salida de maratón y media es simultánea, de manera que los aproximadamente 4.000 atletas pueden salir a la vez sin demasiados problemas de ritmos dispares; la salida del 10 K se efectúa a las 11:30 de la mañana y no afecta en la prueba de los 42 Km. El control de los cajones es bueno, la salida es suficientemente ancha y aunque se callejea un poco en el primer kilómetro, no hay problemas significativos para poder correr a gusto. Enseguida se pasa a una zona más ancha, el paseo marítimo, donde se corre mucho mejor y al lado del mar, un lujo que también tiene inconvenientes en forma de viento. Alrededor del km 9, los participantes de la media giran 180º en la autopista, mientras los del maratón siguen adelante unos kilómetros mas; hay muchos voluntarios pendientes del giro, pero aun así, creo que la profusa indicación con, al menos, cuatro carteles, no acaba de ser lo suficientemente clara y hay algunas equivocaciones, algo que sucede también más adelante en otro desvío y es que , aunque la organización no escatima en medios humanos y en forma de carteles, creo que deben plantearse un método un poco más claro. En cualquier caso, no me parece un defecto importante, sobre todo porque se ponen todos los medios precisos para evitar errores y eso es de agradecer.
Siguiendo con el recorrido, tras girar 180º en la Playa de la Laja, los maratonianos se dirigen de nuevo a la ciudad y se pasa  a un circuito urbano bastante bien logrado, por calles amplías y con sombra y bastantes rectas, salvo el trato por Vegueta, que es un poco enrevesado, aunque entiendo que quieran que la carrera pase por el bonito centro colonial de la ciudad. El último cuarto de la carrera discurre por el puerto y finalmente llega a la Playa de las Canteras, por cuyo paseo se recorren los último cuatro emocionantes kilómetros. Es un final realmente espectacular y muy animado, que culmina en una meta ubicada en un privilegiado entorno junto al auditorio Alfredo Kraus.
Ya he comentado en el primer post  que la presencia de público es intermitente, por lo que la organización coloca varias zonas de animación para cubrir los vacíos de manera efectiva, pues tanto los speakers, como las bandas musicales y las bailarinas, animan de verdad a los participantes. Tampoco hay problema con los avituallamientos, situados a ambos lados de la calzada en algunas ocasiones y suficientemente largos para que no provoquen atascos. Se ofrecía agua e isotónicos en los de hidratación y fruta abundante en los de avituallamiento sólido; además había esponjas y atención médica si se necesitaba. El único lunar es que sólo vi un baño portátil durante el recorrido, muy escaso para una prueba así.
La meta está muy lograda y tras cruzar la línea llegas a una zona muy amplía donde se puede estirar sin problema y donde te atienden fisios si lo requieres; tras colgarte la medalla, pasas a una zona aún más amplia donde puedes comer fruta, barritas, beber agua, isotónicos y cerveza sin alcohol muy fría, lo cual es de agradecer.
Creo que la organización de esta prueba raya a gran altura, pues aciertan en lo esencial, que es cuidar a los participantes y eso es de agradecer; la amabilidad de los numerosos voluntarios y la esmerada organización consiguen que el participante pase una gran jornada maratoniano a unas temperaturas envidiables en invierno y con el azul del mar como testigo. Creo que esta carrera tiene futuro y obviamente, se la recomiendo al que quiera probar suerte maratoniano en medio del Atlántico.

lunes, 23 de enero de 2017

Gran Canaria Maratón (1) - El ambiente

Analizar el ambiente del Gran Canaria Maratón no es una tarea sencilla debido a las especiales características de esta turística ciudad, capital de una isla que recibe millones de turistas anualmente atraídos por sus hermosas playas y su climatología privilegiada; no es extraño que la ciudad grancanaria tenga una ocupación hotelera cercana al 100% habitualmente y que en sus calles se puedan distinguir con facilidad a turistas, normalmente llegados del norte de Europa, donde el invierno es muy duro de sobrellevar. Por eso, la ciudad no presenta ningún cambio aparente durante el fin de semana maratoniano, los turistas son los habituales y la ocupación de los restaurantes es la misma de siempre.
Llegué el viernes a la isla acompañado de mi expedición y ninguno de nosotros notó nada especial relacionado con la prueba; esa misma tarde nos dirigimos a la feria del corredor, ubicada en el centro comercial Las Arenas, donde había poca gente y no se respiraba demasiado ambiente, a pesar de la amabilidad de los voluntarios. Tampoco se distinguían atletas por la calle, seguramente porque la participación es mayoritariamente local y porque los foráneos aprovechan la visita para hacer turismo y se "camuflan" como un turista más. De hecho, yo creo que la gran mayoría se aloja en los hoteles del sur de la isla y se desplazan el día de la prueba  para aprovechar más el sol y las playas canarias, que son muy apreciadas por muchos clubes europeos de diversas disciplinas para realizar concentraciones invernales.
Y aunque el ambiente no es muy abundante los día previos a la prueba, el domingo las cosas cambian sustancialmente; ya en la salida, se puede ver a mucho público que acompaña a los atletas; una vez en marcha, la cantidad de público animando varía de unas zonas a otras, pero en general, se puede ver gente durante casi todo el recorrido, salvo una pequeña parte en la que la carrera sale un poco de la ciudad hasta la playa de la Laja. Lo bueno es que, aunque la presencia de público es intermitente, los que hay son muy activos y animan sin parar a los atletas, de manera que parece que se reparten por todo el recorrido. Además, me gustaría destacar el papel de los speakers de la organización, que también se reparten en varios puntos importantes del recorrido y que son realmente buenos; animan sin parar, son ingeniosos y además personalizan sus frases en algunos participantes, lo cual siempre es de agradecer; además de los speakers, la organización reparte diversas animaciones por el recorrido, como bandas carnavaleras, bailarinas, músicos etc y todos dan el máximo para empujar a los esforzados corredores. 
También es destacable el tramo final de la prueba, los últimos 5 kilómetros, en los que se pasa por las calles aledañas a la playa de las Canteras y el último tramo ya por el paseo que bordea la preciosa playa grancanaria; en ese tramo, hay muchísima gente animando y llevando en volandas a los corredores a una meta bordeada por unas gradas repletas de animosos aficionados que aplauden sin parar. He disputado muchos maratones y creo que este es uno de los mejores en cuanto a animación en carrera, aunque teniendo en cuenta que la presencia de público es modesta comparada con la de las pruebas de grandes ciudades.
Por último, quiero volver a hablar de mi animación personal, que en esta ocasión estaba formada por Carlos, Rafa, Encho, Toli, Ángela, el debutante Daniel y por supuesto, Marisa; como siempre, estuvieron de diez, me apoyaron en cinco puntos diferentes y volvieron a darme esos ánimos que tanto me ayudan en cada maratón que disputo. Aunque todos lo sabéis, tengo que volver a decirlo: no hay mejor afición que la mía.

martes, 17 de enero de 2017

El primero del año, en Canarias

Terminé 2016 con meritorio tiempo de 40'39'' en la San Silvestre Vallecana Internacional, un tiempo al que hacía mucho que no me acercaba, aunque lejos del sub40 que quiero volver a intentar el próximo 18 de marzo en Laredo. Pero antes de intentar ese reto, tengo que afrontar mi primer maratón del año, el próximo domingo en Las Palmas de Gran Canaria.
Como ya hice el año pasado, voy a correr un maratón en el mes de enero y sin una preparación específica, aunque las dos últimas semanas me han servido para acumular kilómetros que me van a venir bien para afrontar esta nueva pelea con la distancia de Filípedes. Lógicamente, mi objetivo es muy modesto para esta carrera, simplemente acabar, aunque me gustaría que fuera por debajo de las 3h30', pero todo eso va a depender de como me encuentre durante la carrera y de las condiciones meteorológicas, porque, por el momento, todo indica que el viento va a soplar con fuerza el domingo en la ciudad grancanaria.
Espero que el maratón de Gran Canaria será el vigésimo séptimo que acabe en general y el séptimo en España; es una competición relativamente nueva que está intentando hacerse un nombre en el calendario europeo, publicitando las bondades de su clima en invierno, un dato que mi no me atrae, pero que es atractivo para los corredores centroeuropeos. En mi caso, la elección de Las Palmas es más sentimental, pues como muchos sabéis, pasé cinco años de mi vida en Canarias, concretamente en la isla de Tenerife y tengo ganas de correr en esas islas que considero un poco "mías".
El recorrido de este maratón cambia en esta edición, pasando de dos vueltas a sólo una, discurriendo fundamentalmente al borde del mar, donde el dios Eolo puede hacer mucho más daño; pero a pesar de la bondad de su recorrido y de estar a nivel del mar, no me he planteado disputarlo a tope, pues el calor y la humedad no me sientan nada bien.
Pase lo que pase el domingo, mis competiciones de diciembre y sobre todo la San Silvestre, demuestran que sigo conservando un buen estado de forma, mantenido desde la disputa del maratón de Frankfurt en octubre; por eso comienzo esperanzado el año 2017, en el que intentaré superar alguna de mis mejores marcas, que datan de 2013. Es un reto difícil, pues los años no pasan el balde, pero mis sensaciones son mejores este año respecto a los anteriores y me veo capacitado para ello. Laredo será una importante piedra de toque, pues si consigo mi objetivo, empezaré a pensar que bajar de las 3 horas en maratón es también posible.
Pero antes de nada, espero disfrutar de mi maratón canario, donde tendré un apoyo espectacular, pues hasta allí se desplazarán Carlos, Rafa, Encho y Toli y por supuesto Marisa y Ángela que volverá a animarme con esa frase que tanto me gusta: Vamos Papi