sábado, 4 de noviembre de 2017

Maratón de Alcalá (3) - La carrera

El sol brillaba en el cielo de Alcalá cuando llegamos a la zona de salida a las 8 de la mañana , con una temperatura fresca, pero buena para la carrera a pie; había desayunado tranquilamente en mi casa tras una noche plácida, sin nervios, inusual para mi antes de correr un maratón, pero esta vez era especial, había dormido en mi cama y corría en casa. Pili y yo nos preparamos dentro del centro comercial Alcalá Magna y nos dirigimos a la zona de salida unos cinco minutos antes de la hora prevista, sin presión y bien situados.
Sonó el pistoletazo y empezamos a correr, el plan era similar al del resto de maratones de 2017, rodar a un ritmo cómodo e intentar llegar con fuerza a la parte final de la carrera; sabía que estaba mejor que el mes pasado en Varsovia y los primeros kilómetros se nos fueron casi a ritmo de 4'30''/Km, pero estaba fresco y podía perfectamente con el ritmo. Tras el recorrido por "El Ensanche", volvimos a la zona de salida, donde recibimos los primeros ánimos de la afición, que siempre vienen bien, aunque faltaran muchos kilómetros por recorrer. Tras cruzar la vía por un túnel, la carrera se encamina a un polígono y desde ahí gira por el Camino de los Afligidos hacia una carretera por la que normalmente hago los rodajes largos; Pili reconoce la carretera porque también ella ha rodado por allí; todo marcha sin contratiempos.
Nos metemos de nuevo en Alcalá y tras pasar cerca del colegio de mis hijos, nos vamos acercando al casco histórico, no sin antes pasar al lado de la casa de Araceli y Javi, que nos animan con entusiasmo. Volvemos a salir del centro paralelos al río y enseguida viramos para ya dirigirnos al Parador, la espléndida Universidad y por fin la Plaza de Cervantes, que está prácticamente desierta a esas horas. Ha empezado el adoquinado, a veces regular y en otras resbaladizo, en los tramos más antiguos, pero son tramos intermitentes y no molestan; tras llegar a Los Santos Niños, se toma la Calle Mayor donde el adoquín está en peor estado, pero solo un pequeño tramo hasta llegar de nuevo a la Plaza de Cervantes donde se vuelve a girar para asentarse en la calle De Santiago, es decir, más adoquines hasta llegar a la puerta de Madrid, donde se vuelve al asfalto. 
Nuestro ritmo se había estabilizado alrededor de 4'45''/Km, pero al llegar al Km16, Pili me dice que tiene que pasar por el baño y que siga; ya por entonces, nos habíamos unido a un grupo con otros tres atletas, con los que recorrí la interminable Vía Complutense hasta el final, donde Marisa y cía volvieron animarme justo antes de la media. No sabía donde estab Pili, ni si estaba bien, pero justo al pasar le media me alcanzó después de hacer un gran esfuerzo; fue entonces cuando llegó un avituallamiento y me adelanté un poco, mientras Pili se quedaba rezagada al beber agua como acostumbra; seguí hacia adelante esperando que me alcanzara, pero en realidad empecé hacer hueco con todos los miembros del grupo y empecé a quedarme solo. 
Faltaba mucho para la llegada y no quería pasarme de ritmo, pero cayeron algunos kilómetros a 4'40'' hasta que salí de nuevo de "El Ensanche" y me encaminé hacia el polígono, mucho más desierto que antes; la carrera ya era un reguero constante de atletas y aunque empezaba a "recoger cadáveres", quedaba mucho por recorrer y había que mantener un buen ritmo. Pensé bajar el ritmo y esperar a Pili, pero no estaba seguro si podía reducir el ritmo y luego subirlo sin más, así que lo descarté. Recibí más ánimos justo antes de volver a entrar en la ciudad, donde ya había más gente, peor no animando, sino haciendo su vida y mirando con perplejidad el paso de los atletas, ya bastante tocados.
Tras pasar el km 32 se volvía a recorrer el casco histórico, con sus giros y sus adoquines, un mal terreno para incrementar el ritmo, sin contar que mis piernas no daban para mucho; sin embargo mantuve el ritmo, completé el recorrido del casco y me dispuse a rematar la faena recorriendo de nuevo la Vía Complutense. Son los últimos cinco e interminables kilómetros por un carril de una avenida ya repleta de vehículos con los que hay que compartir calzada; el viento soplaba ligeramente de cara y el final de esta interminable avenida se iba acercando muy poco a poco. No me podía venir abajo y traté de acelerar, sacando una buena media hasta llegar al final de la avenida donde se vuelve a cruzar la vía cuando restan solo 500 metros para llegar. Una llegada solitaria, disfrutando de los ánimos de mis amigos y del tiempo realizado, 3h19'14'', mi mejor tiempo en 2017.
Acabo satisfecho de un maratón que ha sido especial desde el inicio, pues ha coincidido con mi 23 aniversario de boda y de remate es mi maratón número 30 en la ciudad donde vivo desde hace unos años; con esta prueba, cierro el capítulo maratoniano en 2017, un buen año, con unas marcas decentes y en el que he disfrutado mucho compitiendo, lo más importante, al fin y al cabo. Ahora toca descansar, competir en distancias cortas y empezar a preparar el gran reto dd 2018, aunque eso, mejor lo cuento en otro post.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Maratón de Alcalá (2) - La organización

Aunque ya he comentado algunos aspectos  en mi primer post, en este analizaré por completo los aspectos organizativos de esta prueba, que tiene que mejorar en varios aspectos, pero que ofrece un nivel aceptable de manera general.
En este caso y al correr en casa no me inscribí por internet, aunque he visitado la página web frecuentemente y se podía acceder a mucha información fácilmente con un diseño no demasiado novedoso, pero aceptable. También era sencilla la inscripción, aunque es evidente que con pocos atletas el proceso es menos complicado.
La maratón de Alcalá no tiene feria del corredor, solo una recogida de dorsales en un pasillo del polideportivo, un lugar un tanto deslucido para cualquier corredor que venga de fuera. correr aquí; me parece un error que no hayan hecho algo más, quizás algún stand de turismo en Alcalá o de las tiendas de deportes locales, pero supongo que será un tema eminentemente monetario.
La carrera comienza a las 8:30 de la mañana, un horario que viene bien con las temperaturas actuales; aunque la participación no es masiva y no hay cajones, la organización tuvo la buena idea de demorar el comienzo del 10K en diez minutos, de manera que se dio una sola salida para el maratón y el maratón por relevos. Aunque ya he dicho que no me parece el mejor lugar para comenzar un maratón, he de reconocer que la zona es cómoda para los atletas, pues es posible cambiarse en el centro comercial anexo, donde también hay baños y además hay suficiente espacio para calentar sin problema.
El recorrido no está mal, teniendo en cuenta que Alcalá es una ciudad muy pequeña, aunque yo creo que es mejorable. Los primeros kilómetros discurren por un barrio relativamente nuevo, El Ensanche con buenas avenidas y resguardado del viento; tras pasar de nuevo por la salida, se cruza la vía por debajo y nos vamos a una son de polígono industrial, no demasiado bonita, aunque sigue estando resguardado. Se da la vuelta para entrar ya en el centro de la ciudad encaminándonos hacia el casco histórico por el que se pasa dando demasiados giros, en mi opinión. Yo creo que se puede hacer un recorrido más coherente por la plaza de Cervantes y aledaños, eliminado giros sin afectar a la belleza del recorrido. La última parte es la más deslucida, pues se recorre la Vía Complutense casi por completo y no es que sea una avenida fea, sino que solo se corta un carril para la carrera y te toca correr al lado de los coches durante muchos kilómetros. Luego se cruza otra vez la vía y empieza la segunda vuelta, de manera que nos salen cuatro pasos por el túnel de la vía, el último a falta de 500 metros para la meta, lo cual endurece la carrera de manera artificial, porque el recorrido es bastante plano y rápido, así que sería mejor buscar una alternativa menos lesiva para los corredores.
En general, el recorrido está bien señalizado, hay avituallamientos a ambos lados de la calle, el agua en botella y el isotónico en vaso y también hay avituallamiento sólido; solamente hay unos baños para los corredores, aproximadamente en los kilómetros 18 y 35.
La llegada se ubica al lado del polideportivo, donde tras pasar la línea de meta, te cuelgan la medalla y te ofrecen alguna, bebida isotónica y fruta, correcto en general. El ropero está allí mismo y existe la posibilidad de ducharse y cambiarse en el polideportivo, una buena idea,
Por último, hay que mencionar la entrega de premios, excesivamente lenta, sobre todo para los maratonianos a los que les tocó esperar casi una hora para recibir su trofeo; no entiendo el porqué de este retraso, pero me parece bastante irregular.
En definitiva, una organización que tiene un amplio margen de mejora simplemente alicatando ciertos defectos; creo que esta prueba puede mejorar notablemente con la ayuda de las autoridades y con voluntad de hacer las cosas un poco más elaboradas; a veces, hacer todo muy sencillo, resulta aburrido y Alcalá es una ciudad que tiene margen para hacer cosas novedosas.



Maratón de Alcalá (1) - El ambiente

A los maratonianos nos suele molestar que alguien nos pregunte la distancia que hemos recorrido cuando contamos que hemos competido en un maratón; puede parecer extraño para los que nos gusta esto de "runear", pero la mayoría de la gente ignora que la distancia de Filípedes se compone de 42,195 kilómetros; os preguntarías el porqué de esta reflexión en un post que versa sobre un maratón, pero la explicación es sencilla: mientras corría el pasado domingo en la ciudad cervantina, me crucé en varias ocasiones con viandantes que me animaban con su buena voluntad, pero yo me preguntaba ¿Saben que estoy corriendo un maratón? ¿Acaso saben que se está disputando la segunda edición del maratón de Alcalá?
Es evidente que la joven maratón complutense no tiene tirón entre los habitantes de una ciudad que además de ser patrimonio de la humanidad, oferta cada fin de semana variados actos culturales a los que la gente acude en buena medida; sin embargo, la celebración de una prueba tan emblemática como es un maratóns, apenas tiene eco en la ciudad, al margen de los cortes de tráfico que hacen enfadar tanto a los conductores insolidarios. 
En mi opinión, hay que hacer algo más de lo que ha hecho la organización para que la gente disfrute de un acontecimiento como este; es evidente que no es posible hacer de esta carrera una fiesta en toda la ciudad de un año para otro, pero si no se da el primer paso, no se va a conseguir el objetivo. En Alcalá, salvo unos pequeños carteles colgados en la Vía Complutense, no había señal alguna que indicara que se iba a celebrar el evento; no hay feria del corredor, solamente una recogida de dorsales en la entrada de un pabellón y poquito más. Yo pienso que alguna actividad popular, como las típicas pruebas del día anterior o competiciones infantiles podrían  atraer la atención del público, pero aquí no ha habido nada de eso y así es complicado crear ambiente.
El día de la prueba, la falta de ambiente quedaba muy patente, a pesar del puñado de aficionados que se dieron cita en la salida frente a la plaza de toros, un lugar, por cierto, mal elegido teniendo en cuenta que la ciudad complutense tienes muchos lugares emblemáticos en los que se hubiera podido dar más enjundia a la salida o llegada de la carrera, pero en realidad se comienza en una avenida muy poco concurrida por los viandantes alcalainos y se termina en un polideportivo. El resto, es un circuito sin apenas animación, ni siquiera cuando se cruza por la Plaza de Cervantes, auténtico corazón de la ciudad, pero vacía de público en las dos ocasiones que pasé, aunque con gente paseando como en un domingo cualquiera, ajenos a la carrera estaban disputando los atletas que corrían por allí es mañana. Tampoco había bandas de animación, ni algún otro reclamo para atraer público, así que supongo que para el atleta no local, el recorrido debe ser un auténtico aburrimiento.
Obviamente mi caso es diferente, porque me considero casi alcalino y porque mi afición volvió a estar de diez en las calles complutenses; esta vez, los clásicos Ana, Toni, Encho y Paco  fueron capitaneados por Marisa para animarme en varios momentos importantes de la prueba, pero hubo nuevas incorporaciones, como Belén, Araceli y Javi, que también aportaron esos ánimos que tanto se agradecen. Y a todo ello, hay que sumar la presencia de muchos amigos compitiendo en el maratón y en el 10K y a la participación de Pili con la que corrí gran parte de la prueba, lo cual completó una bonita jornada, corriendo en casa, junto con mis amigos y mi familia; no se puede pedir más.
No obstante, el Maratón de Alcalá me ha decepcionado en cuanto al ambiente que genera y no creo que se puedan buscar excusas por el hecho de ser una prueba modesta y de escasa participación; he corrido bastantes veces en la ciudad complutense y puedo asegurar que la media o incluso la carrera Grutear atraen más gente de los que he visto en esta maratón; tan prueba que cuenta con una ciudad patrimonio de la humanidad, el apoyo de las autoridades locales, un recorrido rápido y que además está al lado de Madrid, debe tener mucha más gente en las calles,

martes, 24 de octubre de 2017

Y galgo corredor...

"En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor". De esta manera comienza una de las obras maestras de la literatura mundial, "Don Quijote de la Mancha", que como todo el mundo sabe, fue escrita por el alcalaino más universal, Miguel de Cervantes. Pero Alcalá  es mucho que más que la orgullosa ciudad natal de Cervantes, pues su privilegiada situación, a la ribera del hermoso río Henares ya atrajo a los antiguos romanos que fundaron la ciudad de "Complutum", de la que aún se conservan restos arqueológicos; posteriormente, los árabes establecieron la ciudad de Alcalá Nahar, que fue finalmente reconquistada por los cristianos y conocida com Alcalá de Henares. Sin embargo, esta ciudad alcanzó su mayor renombre en el siglo XVI con la creación de la Universidad de Alcalá por parte del Cardenal Cisneros, donde estudiaron personajes tan ilustres como Lope de Vega, Calderón de la Barca o Jovellanos. Hoy en día sigue siendo una gran y hermosa población, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y con una permanente oferta cultural que le hacen una ciudad de visita imprescindible.
Para mi, Alcalá es aún más importante de lo que dice la historia, pues aquí ha nacido mi hija y ha crecido junto a su hermano, que vino aquí con 2 años; puedo decir sin equivocarme que es mi casa, aunque tengo alguna más repartida por ahí.
En fin, toda esta introducción sirve para anunciar que el próximo domingo correré en casa la II Edición de la Maratón de Alcalá, una prueba nueva que no pude inaugurar, porque el año pasado coincidió con mi cita en Frankfurt a la que ya estaba inscrito, pero a la que lógicamente no podía falta este año, en el que se dan varias coincidencias notables: voy a correr mi 30º maratón en el día que celebraré mi 23º aniversario de boda con Marisa; no se puede pedir más.
Centrándonos en el tema atlético, el joven maratón alcalino es una prueba modesta, pero que a buen seguro va a mejorar sus registros en poco tiempo; para ello, cuenta con un recorrido prácticamente plano, de dos vueltas, pero bastante bien conseguido, mezclando avenidas grandes con zonas del casco histórico. Algunos se quejarán del adoquinado de la calle Mayor, pero tranquilos, son solo unos 300 metros por vuelta; el resto discurre por calles bien asfaltadas, con alguna zona más expuesta al viento y con una buena temperatura para correr. Además del maratón, se celebra una maratón por relevos y un 10k, que espero que no afecte a los maratonianos. Parece un buen circuito para hacer marca y el hecho de una participación no masiva, en mi opinión, ayuda a la consecución de buenos registros.
Para mi, este maratón es uno más en cuanto a objetivo, es decir, lo importante es acabar y si la marca es decente mejor, pero no me planteo hacer un tiempo importante. Después del caluroso verano y lo que llevamos de otoño, ha sido difícil entrenar y en mi caso se agravó con una lesión de la que ya me he recuperado, pero que me impidió llegar en óptimas condiciones a la cita de Varsovia; pero tras las tres semanas de entrenamiento que me ha programado Depa, mi impresión es que estoy mejor que en Varsovia y que podré hacer una buena carrera. Para ello, contaré con la compañía de la insuperable Pili, con la que voy a compartir este reto y espero que también se puedan sumar al grupo otros dos amigos, Charly, al que una lesión le ha impedido llegar a su mejor nivel y Javi, al que intentaré convencer para que nos siga.
Y claro está, que corra en casa y a solo 30 Km de Madrid no significa que mis seguidores se queden en clase cama, ya que no hay viaje de por medio, de manera que habrá una numerosa representación en las calles complutenses a los que se van a sumar otros amigos de la zona, como la inigualable Garci y familia, que a buen seguro me darás su apoyo el domingo.
Complutum, Alcalá Nahar, la universidad y el imponente río Henares serán, esta vez, invadidos por esos "galgos corredores" de los que hablaba Cervantes en su obra, esforzados atletas populares que  gastarán zapatillas por el maravilloso entorno de la ciudad que le vio nacer.
Todo está preparado para el domingo, ahora hace falta correr y disfrutar de mi trigésimo maratón en mi hogar actual; ahora toca, otra vez, disfrutar de la prueba que más me gusta.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Maratón de Varsovia (3) - La carrera

Una fina lluvia caía sobre Varsovia cuando salí a la puerta del hotel donde me esperaban Pablo y Duquito; había dormido plácidamente, pues no tenía presión alguna para afrontar mi 29º maratón. Desayuné en la habitación del hotel y tras descansar un poco, me cambié y bajé al hall donde había quedado. Paseamos hasta la salida donde ya había mucha gente calentando, así que tras prepararme, dejé la bolsa en el camión correspondiente y me puse a calentar ligeramente hasta que me dirigí a la salida tras un paso por el baño. Aunque tenía plaza en el primer cajón, me coloqué detrás junto con Duquito, pues ya había descartado una buena marca y además, mis sensaciones no habían sido buenas las semanas previas .
Duquito decidió acompañarme, aunque le advertí que mi ritmo iba a ser tranquilo; empezamos detrás del globo de las 3h20', a un ritmo de 4'45'' que me resultaba fácil de seguir a pesar de mis malas sensaciones en las piernas; era evidente que no iba tan fresco como en Las Palmas o Lima, pues tenía las piernas rígidas y muy pronto el sóleo de la pierna derecha me empezó a molestar; aunque Duquito me distraía con sus historias y chistes malos, yo no iba cómodo y empecé a alejarme del globo, hasta pasar el km 10 en 48'. Fue entonces cuando recibí los primeros ánimos de mi afición, pero yo seguía preocupado porque quedaba mucha carrera y  no me sentía tan bien como debiera.
Duquito me animaba con mucha paciencia, pero mi ritmo cayó hasta los 4'51'', a la vez que muchos corredores empezaban a adelantarnos para mi desesperación; al borde del kilómetro 20, también nos pasó el globo de las 3h25' y me conjuré para que no pasara con el de las 3h30', porque estaba perdiendo ritmo y ganas.
Pasé al media en 1h42'20'', lo cual no estaba mal si no seguía perdiendo tiempo, así que había que empezar a cambiar las cosas; le dije a Duquito que tirara, porque el iba fresco y tras quedarme solo, empecé a encontrarme mejor y comencé a avivar ligeramente el ritmo y a pasar a atletas. Había tocado fondo, pero empecé a remontar y a adelantar a corredores poco a poco. Recibí, de nuevo,  los ánimos de mi afición en el km 23, aún por detrás del globo de las 3h25' que tenía a la vista y que me propuse adelantar; me animaba el comenzar a "recoger cadáveres", pero no quería volverme loco porque la segunda parte de la carrera es más dura que la primera, por lo que había que regular bien para evitar sorpresas.
A pesar de los repechos de esta segunda mitad, mi ritmo se estabilizó en 4'52'' y no cambió hasta el final; la fina lluvia no cesaba y la temperatura era ideal para mi, así que empecé a animarme cada vez más, remontando posiciones hasta que volví a echar mano al globo de llas 3h25', allá por el km 28. Poco después recibía mi tercera dosis de animación, confiando en rematar la faena en los últimos 10 km, que se me hicieron más duros de lo esperado.
Era evidente que no estaba tan bien como otras veces y que me iba a tocar sufrir para mantener el ritmo, porque acelerar era una utopía; seguía recogiendo cadáveres y peleando contra el reloj a pesar de la lluvia y de la aparición del viento; no iba a ser un gran tiempo, pero si una marca muy digna teniendo en cuenta el ajetreado verano de calor y lesiones que he pasado. Y aunque a última hora, el globo de las 3h25 me volvió a echar mano, sabía que mi maraca se iba a quedar en torno a ese tiempo y me daba por satisfecho.
Encaré la última recta con fuerza, aunque muy cansado, para cruzar la meta en 3h25'16'', en una maratón donde podría haber hecho un mejor tiempo de haber entrenado mejor, pero dadas las circunstancias, creo que hice una carrera muy meritoria y muy bien disputada, con cabeza y sin abandonarme al pánico cuando las cosas iban mal. Ana, Jorge y Marisa, me esperaban tras cruzar la meta para felicitarme y hacerme las fotos de rigor con la medalla de finisher, una medalla que, en esta ocasión, ha sido muy merecida.

lunes, 2 de octubre de 2017

Maratón de Varsovia (2) - La organización

Como he dicho en el anterior post, el PZU Maratón de Varsovia tiene un competencia muy difícil de superar y aunque ese hecho condiciona la presencia masiva de corredores, no afecta prácticamente  a la capacidad organizativa de los responsables del maratón.
Comienzo el análisis con la página web de la prueba, en polaco e inglés y con una buena información en general, aunque las actualizaciones son escasas, así como las newsletter; aunque el proceso de inscripción es sencillo, mi opinión es que hay que trabajarse un poco más la parte informativa del evento.
Una vez llegado a Varsovia, la visita a la feria del corredor siempre es muy significativa; se ubica en un polideportivo, frente al estadio del Legia de Varsovia. El recito no es muy grande, pero suficiente para los expositores que hay. La recogida del dorsal es fácil, los voluntarios amables y no hay esperas. En la feria hay varios stands de maratones, de tiendas locales de deportes y de grandes marcas, además de una zona muy grande para el merchandising, que resulta un poco caro en un país donde los precios en general no son muy altos; también hay una zona de cintas y una divertida zona infantil con cintas para niños. En general, correcta.
La salida de la prueba se ubica en la céntrica plaza de las Tres Cruces, a la que se puede llegar caminando desde el centro sin problemas o en metro si se viene de más lejos; está bien organizada, con baños suficientes, un parque anexo para calentar adecuadamente y una buena organización en la salida, con solo dos cajones, pero con los "Pacers" bien ubicados para orientar a los atletas. La salida es lo suficientemente amplia para los participantes, maratonianos y relevistas, hay sitio para todos.
El recorrido no es bonito, no se pasa por el centro de la ciudad, ni por ningún lugar emblemático, pero discurre siempre por avenidas grandes y es cómodo para correr; los avituallamientos son largos, cada 2,5 Km, con agua e isotónicos y fruta, geles etc a partir del km 20. Hay baños distribuidos por todo el recorrido y asistencia médica visible, todo muy eficaz. Como he dicho, se corre simultáneamente un maratón por relevos, pero no afecta en ningún momento, pues los puntos de relevo está bien señalizados y apartados de la ruta; esos puntos de relevo y los cercanos a las bocas de metro son los más numerosos en público, pero en zonas más "desiertas" la organización dispone animación, aunque no muy numerosa. Por último, destacar la gran cantidad de fotógrafos que hay por el recorrido, aunque en ocasiones se meten demasiado en la trayectoria de los atletas.
Los puntos kilométricos están bien ubicados y al llegar, se divide el último mil en porciones de 100 metros, lo que ayuda bastante; la meta está situada en una gran avenida, sin mucho público pero con animación de de la organización; me hizo gracia, especialmente, los animadores de LOT, vestidos de TCP y con carteles que rezaban "Clear to Land".
Tras la llegada se camina un poco, te ponen la medalla, la capa para el frío, te quitas el chip y te dan agua, bebida isotónica, fruta, batidos... Bastante bien, la verdad.
En Varsovia saben bien como organizar un maratón a pesar de que no resulten muy animosos; es evidente que no es un maratón masivo y es más sencillo, pero saben cuidar los detalles y dar un buen servicio al corredor, algo que debería ser prioritario y que últimamente no lo es tanto. Si me alguien me pregunta si vale la pena correr en Varsovia, diría que si, pues es una ciudad agradable, una carrera con un circuito rápido y bien organizado y si además cenas en Casa Pablo, pones la guinda al fin de semana.

domingo, 1 de octubre de 2017

Maratón de Varsovia (1) - El ambiente

La capital de Polonia es sede de dos maratones anuales, aunque el que se celebra en septiembre es, teóricamente, el más importante; tiene la peculiaridad que su fecha coincide con la disputa, a pocos kilómetros, del maratón de Berlín, el major en el que se han batido las marcas mundiales en los últimos años. Es evidente que la competencia es muy importante y supone una merma importante de participación foránea, pues los majors están muy solicitados últimamente.
Sabía de antemano que el ambiente no iba a ser lo mejor de esta carrera y lo percibí tras aterrizar en el aeropuerto de Varsovia Chopin y dirigirme al hotel, ya que no había señal alguna de la prueba; una vez instalado en el hotel, fui a la feria del corredor, con escaso ambiente, aunque hay que tener en cuenta que era la última hora del viernes. Tampoco se notaba mucho movimiento de "runners" por las calles del centro de la ciudad y es que la participación extranjera no es muy notable.
Afortunadamente, yo siempre llevo el ambiente conmigo, esta vez mi afición estaba compuesta  solo por Jorge y Ana acompañando a Marisa, pero en Varsovia me esperaba mi amigo Pablo, un magnífico maratoniano y anfitrión que nos recibió nada más llegar al hotel, para posteriormente llevarnos a cenar a su extraordinario restaurante, "Casa Pablo", donde cenamos un sabroso menú degustación, regado de buen vino español y aderezado por una interesante conversación; el ambiente, para mi, empezaba fuerte.
El domingo amaneció chispeando y aún así, había bastante gente en la salida de la Plaza de las Cruces; hay que tener en cuenta que los eslavos no son la alegría de la huerta y que a pesar de ser bastantes no animaban tanto como lo hacemos los latinos; después empieza un recorrido que no pasa por ningún lugar emblemático de la ciudad, que yo sepa, así que el público se concentra cerca de las estaciones de metro, que son numerosas hasta el kilómetro 10, para desaparecer luego hasta el km 23. Como he dicho, no podemos hablar de ambiente festivo, pero la presencia en las calles de aficionados, aunque intermitente, es bastante buena y se complementa con varios grupos musicales que la organización coloca por el recorrido. 
Mi afición me animó en tres ocasiones durante la carrera y a ellos se sumaron Jaime, que les acompañó y Duquito, con el que corría la primera parte de la carrera escuchando sus historiar y sus chistes malos. En definitiva, el ambiente fue bastante bueno para mi, a pesar de la gris mañana polaca y de la poca gracia de sus habitantes, que tienen que mejorar un poco, aunque no están a mal nivel.
El de Varsovia no es de los mejores ambientes que he conocido, pero he de reconocer que en peores plazas he toreado. En cualquier caso, sabía que iba a ser así.



martes, 19 de septiembre de 2017

Ribera Run Race 2017

El sol brillaba en el cielo de Peñafiel a las 9:30 de la mañana saludando a los atletas que se concentraban en la Plaza del Coso dispuestos a completar la versión de 20 km de la Ribera Run Race; el impetuoso castillo de Peñafiel vigilaba desde lo alto el calentamiento previo de los atletas en una mañana fresca, que no fría, con un ligero viento que provocaba la sensación de frío en tu cara, ese frío de otoño que tan bien conocemos los mesetarios. En todo caso, las condiciones meteorológicas  eran excelentes para la práctica de la carrera a pie en un entorno familiar para mi, pero de ruta desconocida, ya que tenía el honor de participar en esta primera edición de la Ribera Run Race. No estaba solo para afrontar los 20 Km que tenía por delante, me acompañaban Miguel y Jorge, amigos de Madrid, Naiara, amiga de Pili a la que conocí el mismo día de la carrera y Javi, un maratoniano incipiente que conoce a la perfección los senderos de la Ribera del Duero, pues es de un pueblo cercano.

Nos colocamos muy atrás en el arco de salida y salimos en grupo por las estrechas calles del pueblo a un ritmo suave, hasta que llegamos al camino donde empieza la carrera de verdad, donde incrementamos al ritmo dejando atrás a Jorge, que no llegaba en su mejor forma; el objetivo era simple, correr y disfrutar, sin dar importancia a la marca, pues me espera el Maratón de Varsovia en una semana y no está la cosa para hacer machadas. Miguel marcaba un ritmo alrededor de 4:45 min/Km que los demás seguíamos con comodidad en los primeros kilómetros que discurren por caminos bastantes cómodos entre campos; poco a poco el recorrido avanza hacia el pinar hasta girar a la izquierda saliendo del camino para tomar una senda que nos lleva paralela al río Duero. 
La senda es absolutamente espectacular, bastante limpia y con unas vistas privilegiadas al río que tanto inspiró a Machado; obviamente, correr en la ribera de un río y en plano no suele ser habitual, es decir, que al entrar en la senda comenzaron los repechos, pero también las subidas pronunciadas, que en su mayor parte se hacían por escaleras en las que prácticamente te ponías a caminar. El incremento en la dureza hizo que Naiara se quedara rezagada sobre el kilómetro 6 y a partir de ahí el grupo se iba a quedar en solo tres personas hasta el final. Miguel seguía manteniendo el ritmo, aunque los kilómetros a veces se iban un poco debido a los obstáculos mencionados, pero aún así era un buen paso que nos permitió adelantar a muchos corredores durante el recorrido, teniendo en cuenta nuestra mala colocación en la salida.
Repechos, escaleras, adelantamientos en senderos angostos... superábamos los obstáculos de la ruta sin desgastarnos mucho, hasta que llegamos a una zona de pinar, alrededor del kilómetro 10, en la que los caminos se volvían arenosos y correr en esa "playa" se antojaba realmente complicado. Ya por entonces, mi isquio me había avisado para que evitara hacer esfuerzos extras en los repechos más empinados, así que decidí tomarme con calma los obstáculos y mantener un ritmo cómodo en el llano. Esa decisión me llevó a la cola del grupo de tres en el que iba haciendo la goma, ya que me quedaba ligeramente rezagado por momentos, pero sin alejarme más de 10 metros.
Al paso por el Km 14 se llega al primer avituallamiento "especial", la Bodega Dehesa de Los Canónigos, donde se podía catar un buen vino y saborear una panceta a la brasa para pasar las migas, pero decidimos seguir adelante sin parar. Aún tuvimos que pasar por una zona arenosa, paso previo para llegar a un buen camino, a la vista ya de la meta en las bodegas Emina, en el que recuperé un buen  ritmo; una última escalera antes del kilómetro final, me dejó cortado de mis dos compañeros de ruta a los que ya no puede alcanzar a pesar de poner un buen ritmo, pero llevándolos a la vista hasta la meta que crucé en 1h38'59'', el 46º de la general y el tercero de mi categoría (Master).
Tras cruzar la meta nos dieron una copa de vino "finisher" y deglutamos productos cárnicos de la tierra, además de agua, isotónicos, vino de la Ribera y cerveza artesanal de Aranda de Duero; un final espectacular para una carrera que acaba de nacer y que espero que siga creciendo pues a pesar de algunos detalles, se han hecho las cosas muy bien. Además de un recorrido atractivo, la prueba te permite conocer las bodegas ribereñas de una manera original, o sea corriendo y además el fin de semana se completa con infinidad de actividades gratuitas como visitas culturales y catas de vino. ¿Se puede pedir más?
En definitiva, una bonita experiencia que espero poder repetir en años venideros en los que me gustaría formar un equipo para disputar la prueba de 50 Km; pero eso será esa historia, ahora toca saborear los buenos momentos vividos el finde en una bonita carrera y rodeado de amigos, aunque desgraciadamente falló uno por un triste motivo. El año que viene será distinto Depa.



viernes, 8 de septiembre de 2017

Sin presión en Varsovia

El año pasado, elegí el maratón de Varsovia para intentar batir mi mejor tiempo maratoniano o al menos, hacer una buena marca; tenía varias razones para elegir la capital polaca, un recorrido plano, un viaje relativamente cómodo y el acicate de correr junto con mi amigo Pablo, español residente en Polonia que ya es sub3h y que a buen seguro va a hacer un marcón en esta prueba. Sin embargo, mi estado de forma dista mucho del óptimo para intentar una buena marca y tendré que conformarme con acumular otra medalla de finisher, la vigésimo novena, si consigo finalizar la prueba.
Acabé cansado del viaje a Perú y no solo por el maratón que disputé, sino por la semana de turismo posterior en la que me vi afectado por la altura, las excursiones, la subida al Huayna Pichu... Pero quedaba tiempo para preparar correctamente mi siguiente cita, así que volví a los entrenamientos con tranquilidad y progresando día a día, a pesar de la dureza del mes de junio, en el que el calor ya me castigó bastante. Cuando parecía que empezaba a coger la forma, un pinchazo en el isquio se cruzó en mi camino y se puede decir que en ese momento se acabaron mis esperanzas; tras unos días de reposo y una punción seca, volví a entrenar y recaí, así que tuve que volver a descansar, volver al fisio y volver los entrenamientos, con más éxito esta vez, pues ya no he vuelto a sentir molestias, pero evidentemente he perdido forma y entrenamientos que me hubieran servido para mejorar.
Llevo dos semanas entrenando sin problemas, aunque con ciertas precauciones, pero solo me quedan 15 días antes de correr en Varsovia donde no queda otra que hacer una carrera digna y acabar, sin más. Antes de eso, competiré en la Ribera Run Race, una carrera que organiza Depa y que promete ser muy divertida, ya que discurre entre viñedos ya que el recorrido pasa por diferentes bodegas de la Ribera del Duero; algo similar al Maratón de Languedoc. Yo voy a correr la prueba de 20 km y a modo de entrenamiento, pues una semana después toca competir en Varsovia y no es el momento para arriesgar, sino para pasarlo bien.
Estoy seguro que disfrutaré corriendo ambas pruebas, para luego descansar y afrontar el Maratón de Alcalá de Henares el último domingo de octubre; previsiblemente, Alcalá sea mi último maratón en unos meses, ya que mi intención es preparar a conciencia el maratón de Rotterdam de 2018, que se celebra en abril. Todo parece indicar que en 2017 no conseguiré grandes marcas, pero espero redondear mi cifra de maratones en 30 y empezar a preparar los retos que me esperan en 2018, pero es lo contaré más adelante.

viernes, 4 de agosto de 2017

Corriendo por Portugal

Este año, he disfrutado mis vacaciones veraniegas en Portugal, el país vecino, que he he recorrido de norte a sur; como ya conocía Lisboa, suponía que el resto del territorio luso iba a ser de mi agrado, pero no solo ha sido  así, sino que ha superado mis expectativas iniciales. En todo caso, no pretendo  contaros las maravillas turísticas lusas, sino comentar las rutas por las que he corrido para que os sirva si algún día viajáis por la zona.
En general y teniendo en cuenta los lugares que he visitado, se puede decir que por norma general, en Portugal hay muchas cuestas y muchas piedras, pues las aceras típicas son de piedra y no de baldosa, de manera que es complicado correr. Por lo general, mis hoteles han estado en el centro de la ciudad, por lo que me ha sido más complicado encontrar un buen lugar libre de coches y de peatones. Pero es mejor pasar de lo general a lo particular y hablar de las rutas en cada ciudad que he visitado.

Oporto: esta bonita ciudad se ubica en la ribera del río Duero, pero desparramada por una montaña, de manera que si tu hotel está en el centro, como era mi caso, tienes que bajar hasta el río y luego volver a subir por unas calles muy empinadas. Obviamente, lo mejor es llegar hasta la zona de la Ribera y allí puedes optar por tomar el camino a la derecha o a la izquierda del puente de Luis II; por la izquierda el firme está mejor y hay pocas coches, pero por la derecha, las vistas son más espectaculares, aunque a veces hay que sortear alguna dificultad en forma de bordillo y además hay que pasar por una pasarela metálica colgada sobre el río. Al final de este camino se llega a la desembocadura del río e incluso puedes llegar a la playa, aunque yo me di la vuelta antes; personalmente recomiendo este lado porque es mucho más bonito.

Viseu: esta ciudad está en el interior y también está en cuesta, aunque la inclinación es más tendida que en Oporto. El centro está completamente empedrardo, además de ser un sube y baja, pero los lugareños me informaron de un sitio ideal para correr, la Ecovía, es decir, una especie de carril bici en el que la gente principalmente sale a andar o a correr, aunque también se ve alguna bicicleta. Para llegar, hay que salir casi de la ciudad en dirección a los juzgados y antes de llegar a ese edificio, hay una rotonda con una fuente en medio, a cuya izquierda sale el camino a seguir. Tampoco llegué al final, pero son 14 Km, más o menos planos y libre de coches entre árboles.

Lisboa: la capital portuguesa tampoco se libra de las cuestas, así que si no te alojas cerca del mar, te tocará bajar y subir, porque por el centro no es muy buena idea correr. De hecho, mi hotel estaba justo al lado del parque Eduardo VII, pero es un parque en pendiente, así que descarté utilizarlo. La zona baja está teóricamente preparada para correr, e incluso hay un carril bici/runners que nace más o menos por la estación de tren, pero el firme es irregular (pasa de piedras a asfalto constantemente) y la señalización deja mucho que desear. De todas formas, el carril es innecesario, pues lo único que tienes que hacer es seguir por la orilla y volverte cuando quieras, porque se puede llegar muy lejos, aunque yo me di la vuelta en las docas. Sin duda es la mejor opción si estás por el centro de la ciudad, porque la zona de la Expo parece más preparada para correr, pero no lo experimenté personalmente.

Évora: esta coqueta ciudad amurallada se lo pone difícil a los corredores, porque está completamente empedradada y por eso, para evitar una posible lesión de tobillo, lo mejor es salir extramuros y dar la vuelta a la muralla, lo que suma unos 4 Km, si no te pierdes. El recorrido es caótico, pues hay partes de tierra, otras urbanizadas y otras son simples aceras junto a la carretera, pero es la opción más sencilla, aunque a veces te puedes despistar sin no llevas la muralla a la vista.

Faro: el Algarve fue mi último destino, alojándome en Estoi, un pequeño pueblo a unos 10 Km de la ciudad más importante del Algarve; en Estoi corrí por carretera y por unos caminos poco recomendables que no vale la pena mencionar, pero Faro tiene un paseo marítimo por el que se puede practicar la carrera a pie sin problema. 
No puedo dar datos propios de Faro, ni tampoco de las playas de Aveiro o Viana do Castelo, lugares que visité y cuyas condiciones para correr parecen óptimas.

Hasta aquí, el resumen de mis experiencias en Portugal, un país donde se puede correr, pero al que no parece haber llegado el boom que actualmente experimentamos en España, al menos eso he percibido en las calles lusas, donde la presencia de "runners" es casi testimonial.

lunes, 5 de junio de 2017

Maratón de Lima (3) - La carrera

Esta vez, realicé mu ultimo rodaje premaratoniano el viernes a fin de recuperar un poco las piernas tras el largo vuelo que me llevó de Madrid a Lima; nada más salir del hotel, noté que la humedad era muy alta, tanto que tenía la camiseta empapada apenas cinco minutos después. No me gusta correr con calor, pero menos aún si la humedad ambiente es elevada y parecía que ambos factores iban a ser protagonistas de mi primera cita con la distancia de Filípedes en Sudamérica.
Tras un desayuno muy tempranero en el hotel compartiendo comedor con los atletas de elite, me acerqué caminado hacia la salida con Marisa y Toly; era un día plomizo, con el cielo totalmente encapotado y una temperatura que rondaba los 19º a las 6 de la mañana, aunque no era previsible que subiera mucho más. No eran las condiciones ideales, pero al menos, la "panza de burro" sobre el cielo limeño me iba a permitir librarme de los molestos rayos solares. La zona de salida ya estaba repleta de corredores ultimando detalles y calentando, así que tras despedirme de las chicas, comencé mi calentamiento suave que tuve que interrumpir para ir al baño un pare de veces. Aparte de los nervios, tenía claro que era muy importante hidratarme y no había parado de beber desde que me había levantado. Tenía claro que una buena hidratación iba a ser clave para salir bien parado del evento, pero también debía evitar una pérdida excesiva de sales minerales, por lo que, además de los geles, me llevé un puñado de pastillas de magnesio de las que me había recomendado el gran Alex.
Me ubiqué pronto en mi cajón, aunque no había demasiados problemas pues la participación en el maratón no es precisamente masiva; sonó el pistoletazo y comencé mi carrera como tenía pensado, conservador y con cabeza, pues tenía miedo al calor y la humedad que me esperaban en las siguientes horas. Sin embargo, mi ritmo no podía ser muy lento porque la primera parte del recorrido baja hacia la playa, así que era necesario aprovechar un poco esa ventaja. Me puse a un ritmo entre 4'40'' a 4'45''/km y a pronto me coloqué  en  una posición cómoda para correr, sin demasiados atletas a mi lado.
Fueron kilómetros de tanteo, en los que recibí los primeros ánimos de Marisa al pasar por el km 4, aún en el barrio de San Isidro; en esa fase, coincidí con dos atletas españoles residentes en Lima  que corrían la media, y me advirtieron del calor y de la dureza de la última parte del recorrido. Aunque rodé un rato con ellos, les dejé ir pues llevaban un ritmo de 4'30'' y no quería quemarme. En el km 8 toda mi afición estaba presente para alentarme antes de salir de la zona financiera de Lima y dirigirme hacia el coqueto barrio de Miraflores, por donde comencé a poner ya un ritmo constante de 4'50''/km.
Estaba corriendo bien, pero me agobiaba un poco el calor y la humedad, tanto que desde el principio empecé a beber tanto agua como isotónico en los avituallamientos, aparte de endiñarme dos pastillas de sales cada 10 Km.
Mi momento de crisis llegó entre  el km 12 y el 15, pero lo superé concentrando mi mente en llevar un ritmo constante y no pensar en los que me quedaba por delante, así que empezaron a salir los kilómetros con fluidez al ritmo que quería llevar e incluso mejores, No tomé el tiempo de paso por la media porque no estaba indicada, pero calculo que fue en torno a 1h41', dentro de lo previsto y poco antes de llegar al punto más bajo del recorrido, en la playa y comenzar el constante ascenso hasta meta. Ya por entonces, había charlado con atletas brasileños, colombianos y locales y empezaba a disfrutar de la carrera y mucho más aún cuando recibí otro empujón moral de mi afición en el km 26. Quedaba mucho por correr, pero ni siquiera hacía cálculos, simplemente me concentraba en hidratarme bien, tomar los geles en el momento adecuado y por supuesto, las pastillas de sales.
La ligera subida ya se empezaba a notar y comencé a dudar si era conveniente acelerar a partir del km 32 como había hecho en Ravenna y Las Palmas, o bien ser cauto. El caso es que no hice ni lo uno ni lo otro, porque sabía que mi último "gel moral" estaría en el km 34, donde Rafa y Encho bromearon sobre si iba a empezar a correr, así que, obviamente, eso hice.
Aceleré, me puse a rodar entre 4'30 y 4'40'' pero no era fácil porque el terreno se iba complicando y falso llano era cada vez más falso y más empinado; eso si, empecé  a recoger cadáveres por el camino, pero sin la soltura que me hubiera gustado, aunque era evidente que los demás iban peor que yo. Apreté los dientes, aguanté el tirón y me conjuré para ir a tope hasta el final, pero ya no podía bajar de 4'45'' porque los últimos 5 kilómetros son realmente complicados. Me había olvidado del calor, de la humedad e incluso de los rayos solares que aparecieron en la última fase de la carrera y es que ya daba igual, solo importaba acabar y al ritmo mayor que pudiera.
A falta de un kilómetro ya se podía ver la meta al fondo y tan al fondo, porque  la carretera seguía picando hacia arriba y solamente puede relajarme cuando pisé esa mágica moqueta azul que indicaba que restaban escasos metros para completar mi primer maratón sudamericano y vigésimo octavo en general.
Crucé al meta en 3h23'54'', un tiempo excelente teniendo en cuenta las circunstancias, es decir, calor, humedad y un viaje de 12 horas dos días antes a lo que puede sumar el jet lag. Es evidente que no ha sido mi mejor maratón, pero estoy muy satisfecho del resultado de Lima porque hice la carrera que quería hacer y un tiempo que vale mucho en esta carrera; de hecho, a falta de confirmación oficial, creo que hice el 4º ó 5º puesto de mi categoría.  En definitiva, un maratón más, un continente más y otra gran experiencia en la que volvieron a ser partícipes activos Marisa y mis amigos, que volvieron a estar a mi lado y por supuesto, todos los que me apoyasteis por las redes. El siguiente, en Varsovia, el próximo mes de septiembre.

domingo, 4 de junio de 2017

Maratón de Lima (2) - La organización

Lima42K es el nombre que utiliza la organización para definir esta joven carrera que echó a andar allá por 2009; no tengo referencias de como se desarrollaron las ediciones anteriores a la que  he participado, pero me consta que se ha trabajado sin descanso para eliminar errores y conseguir una participación mayor año tras año. En 2017 participaron 16.000 corredores repartidos entre las tres carreras (42K, 21K y 10K) y si continúan por esta línea, es previsible que la cifra aumente año tras año.
Esta competición está patrocinada por dos grandes firmas, Adidas y Telefónica, así que no es de extrañar que funcione bien, empezando por una vistosa publicidad y una página web con un diseño atractivo y un funcionamiento eficiente, tanto para inscribirse, como para consultar información. 
Sin embargo, no parece que se hayan gastado mucho dinero en el cronometraje, pues la página da fallos desde el día después de la carrera y a día de hoy no tengo tiempo oficial. Otro aspecto negativo relacionado con la web, es que no hay ninguna empresa de fotografía que cubra el evento y solamente se publican unas 50 fotos, a pesar que que vi bastantes fotógrafos en el recorrido.
Una vez en Lima, en la obligada visita a la feria del corredor, compruebo que la organización es bastante correcta, aunque no deja de ser una feria modesta. Se ubica al aire libre, con recogida de dorsales separada por carrera, lo que evita colas y con varios stands desperdigados, aunque sin mucho interés pues no hay representadas  ni marcas deportivas ni otros maratones. Adidas tienen un stand con sus productos y sorprendentemente sin merchandising, algo extraño, pues todo el mundo se quería llevar una camiseta conmemorativa o producto similar, pero no tenían; sin embargo, podías grabar al momento tu nombre en la camiseta oficial, pero no hice uso porque corrí con la mía. Para mi, lo mejor de la feria es que se ubica en el Circuito Mágico del Agua, como comenté en el anterior post; el circuito está compuesto por una serie de fuentes luminosas que se complementa con un espectáculo diario de luz y sonido que no está mal. En resumen, recoges el dorsal y haces un poco de turismo, mucho mejor que desplazarte a un pabellón en las afueras de la ciudad y echar la tarde en el transporte de ida y vuelta.
Y claro, nos vamos al día importante, la carrera; comienza temprano, a las 7 de la mañana debido al calor, aunque la temperatura es muy constante. La zona de salida es muy grande, con facilidad para calentar, para cambiarse y con muchos baños portátiles, de manera que las esperas son escasas. El despliegue policial y del ejército es amplio y es que las autoridades hacen gala de tener un maratón muy seguro, lo que a mi, personalmente, me causa inseguridad, aunque una vez en carrera te olvidas, pero tampoco observé nada fuera de lo normal.
La partida se efectua en una gran avenida de manera que es muy cómodo correr sin agobios desde un principio y además los de los 21k y los de los 42k salen por carriles distintos que se unen posteriormente en el km 3: los del 10K salen una hora después. Una vez pasados los primeros kilómetros, la carrera sigue discurriendo por grandes avenidas hasta el final, pues Lima es una ciudad muy grande con mucho tráfico. El recorrido es entretenido, aunque no pasa por el centro histórico, ya que va desde el centro de negocios,  San Isidro hacia el barrio de Miraflores, Barranco y vuelta de nuevo a San Isidro tras una tramo al borde del mar. El perfil no es precisamente rápido, pues la primera mitad baja hasta la playa y en la segunda mitad hay que subir al punto de partida, de manera que los kilómetros finales son cuesta arriba.
Hay avituallamientos cada 5 km, en vaso, agua e isotónicos, normalmente a un lado de la calzada, pero no hay problema porque no hay demasiados corredores y además los voluntarios te dan el vas en la mano. A partir del 25k hay avituallamiento sólido y alrededor del km 30 dan geles; ya  por ese kilómetro, los avituallamientos se ubican cada 2,5 km, una buena medida cuando aprieta el calor. Es también destacable la labor de los voluntarios, muy activa en todos los avituallamientos, consiguiendo que nadie se quede sin hidratarse.
La parte final es muy bonita, vallada, con gradas y con alfombra azul en los últimos metros; una vez traspasada la línea, te dan isotónicos, fruta, barritas y por supuesto la medalla; se puede descansar o estirar tranquilamente en una zona solo para corredores desde donde se sale por una puerta donde pueden esperar los amigos y familiares. Todo muy bien organizado.
Como dije al principio, el maratón de Lima está creciendo y aunque tiene que pulir defectos, se puede decir que su organización es correcta, teniendo en cuenta también, que si precio es asequible. Aunque parece difícil que atraigan a corredores europeos, está claro que puede ser una carrera atractiva para atletas norteamericanos y sudamericanos

sábado, 3 de junio de 2017

Maratón de Lima (1) - El ambiente

En la capital de Perú viven más de 9 millones de personas distribuidos en enormes distritos que se desparraman entre el interior y la costa; Lima posee un coqueto centro histórico plagado de edificios coloniales, un distrito donde se ubica la actividad económica y un barrio eminentemente turístico, Miraflores. El resto es puramente residencial, a excepción del coqueto distrito de Barranco que se ubica al lado de la playa y por ello posee una incipiente actividad turística en estos momentos. El tráfico es caótico, congestionado constantemente debido a una deficiente red de transporte público, de manera que desplazarse de un barrio a otro es una aventura. 
Con estos condicionantes, no es difícil imaginar que el maratón no deja de ser un acontecimiento más, de los muchos que desconocen los limeños que viven en esta gran urbe; de hecho, el maratón solo cruza cuatro distritos y es "invisible" para el resto de la ciudad, a pesar de los esfuerzos de la organización de esta joven carrera que progresa adecuadamente, pero a la que le falta ambiente.
Los días previos a la carrera, no encontré demasiadas referencias de la carrera, salvo algunos carteles en centros comerciales, pero por la calle no se aprecia nada, ni siquiera atletas pululando por el centro, pues no es una prueba masiva y aunque hay participantes de muchas nacionalidades, apenas se dejan de ver; intuyo que muchos de los participantes foráneos son residentes eventuales en el país y los que se desplazan a Lima solo para correr, son fundamentalmente norteamericanos y sudamericanos, pero en número escaso.


La feria del corredor se ubica en el Circuito Mágico del Agua, al lado del Estadio Nacional y a descubierto; aunque recogí mi dorsal el viernes por la tarde, la feria estaba llena de gente, muy animada, pues la mayoría de los asistentes aprovechan para hacer una visita al circuito con su bolsa de corredor encima; me parece una buena idea ubicarla al lado de este reclamo turístico y de hecho consiguen el objetivo de crear un bonito ambiente atlético, pues hay bastantes stands y buenos speakers animando el cotarro.
Metidos ya en harina, el día de la carrera hay un bastante animación en la salida, no solo público, sino muchos militares para "garantizar" la seguridad de los atletas; los primeros kilómetros son animados, pero luego se reduce bastante la animación pues los espectadores se concentran fundamentalmente en las cercanías de las paradas de sus autobuses "expres" que son escasas durante el recorrido. Por tanto, se recorren muchas avenidas con muy poco público animando, pero hay zonas con bastante ambiente y muchos puntos en los que los aficionados ofrecen agua y alimentos de manera espontánea, al margen de los avituallamientos oficiales. La llegada se ubica en la misma avenida de la salida y también se encuentran muchos aficionados animando en una bonita recta de llegada en la que se pisa una moqueta azul que indica el inminente cruce de la línea de meta. Como este ha sido mi 28º maratón, creo que tengo suficientes argumentos para comparar con otras carreras y el Lima42K ocupa un lugar medio dentro de ellas; no se puede hablar de una gran animación, pero lo que hay es muy agradable y debo confesar que esperaba mucho menos.
Lógicamente, también tengo que hablar de mi animación particular, compuesta, en esta ocasión, por seis personas, Encho, Toly, Carlos, Rafa y Magüy, además de Marisa; como es habitual, estuvieron a la altura y dieron espectáculo en las calles de Lima, portando las únicas banderas españolas del recorrido. Volvieron a dejar muy alto el pabellón.
Lima no es el maratón con más ambiente que he corrido, pero estoy seguro que si le damos unos años más  la cosa cambiará,  aunque no creo que vuelva para comprobarlo.

lunes, 15 de mayo de 2017

Tras los pasos de Pizarro

El próximo domingo disputaré mi vigésimo octavo maratón en Lima, la ciudad que fundó Francisco Pizarro  en 1535; cuentan las crónicas que el conquistador español  era un buen estratega además de un hombre muy tenaz que consiguió doblegar a los incas con un ejército mucho menos numeroso. Una de las anécdotas más aclamadas de su historia, es aquella en la que arenga a sus soldados , hartos de pasar calamidades, en una playa, dibujando una línea en el suelo, que separaba la retirada o la posibilidad de conseguir la gloria. Solo trece soldados cruzaron esa línea, que a buen seguro yo también hubiera cruzado, pues como buen maratoniano, sé que para conseguir la gloria de cruzar la meta, hay que esforzarse mucho e incluso sufrir. Sin entrar en más disquisiciones históricas, en Lima intentaré seguir los pasos de Pizarro, pero no derrotando enemigos y conquistando territorios para la corona española, sino corriendo hombro con hombro con los atletas peruanos con el único objetivo de cruzar otra línea, la de meta.
No lo voy a tener fácil en la capital peruana, donde me espera una carrera cuyo perfil se parece mucho al de MAPOMA, es decir, en la primera mitad baja, en este caso hasta la costa y en la segunda mitad, vuelve a subir para acabar en el mismo punto; además, la meteorología tampoco será muy favorable, pues se espera una temperatura media de 20º y un molesto viento de unos 15 km/h. La carrera comenzará el domingo  a las 7:15 de la mañana, cuando sean las 16:15 horas en España; la intempestiva hora de comienzo de la carrera, será también otro handicap importante para afrontar la competición, además del previsible jet lag debido a la diferencia horaria entre Perú y España. Espero que no se cumplan los malos augurios de mi "entrenador psicológico", Carlos, que afirma que siempre corro mal en América y no le falta razón, vistos los precedentes, aunque espero que las cosas me vayan mejor en esta ocasión. 
Llego a mi segunda cita maratoniana del año en un buen estado de forma, después de haber corrido en 40 minutos los 10K de Laredo y tras haber hecho podio, aunque con un tiempo discreto debido a la meteo, en Medina del Campo. Una sobrecarga en el cuádriceps izquierdo me ha obligado a para dos días la semana pasada, pero no creo que me afecte ni el parón, ni la lesión que ya ha sido tratada convenientemente con mi fisio, Cristina. Por tanto, tengo confianza en mis fuerzas y en mi táctica, que va a ser de nuevo conservadora, aunque diferente a la empleada en Las Palmas, donde el perfil era completamente plano; en Lima, habrá que ir un poco más deprisa en el tramo cuesta abajo, pero sin pasarse, pues hay que guardar fuerzas para la segunda mitad de la prueba. Espero que el calor no me afecte demasiado, pues, afortunadamente, me han dicho que la humedad no es muy elevada.
En todo caso, mi objetivo principal es cruzar la línea de meta de la Avenida Canaval Moreyra y alimentar mi palmarés con mi primer maratón en Sudamérica y vigésimo octavo del cómputo global; no me faltarán ganas ni ilusión y además volveré a estar muy bien acompañado por mis seguidores, que serán seis en esta ocasión y que volverán a darme ese empujón virtual que tanto agradezco. También me llevo los ánimos de todos los que me leéis por aquí o en las redes sociales; intentaré no defraudar a nadie y volver  a lucir una medalla al cuello el próximo domingo.






lunes, 8 de mayo de 2017

Media Maratón de Medina

Después de competir en  los 10k de Laredo, tocaba centrarme de lleno en el maratón de Lima, pero decidí aprovechar mi buen momento de forma para intentar hacer una buena media maratón, que además me venía como anillo al dedo para completar mi preparación maratoniana. La competición elegida fue Medina del Campo, por ser una carrera relativamente plana, cercana a Valladolid y con una climatología previsiblemente poco calurosa.
El esfuerzo realizado en Laredo me pasó factura la semana posterior a la prueba, pero mis entrenamientos fueron progresando paulatinamente hasta ponerme de nuevo a un buen nivel a dos semanas de la cita medinense; me veía con ganas y posibilidades de asaltar mi mejor marca en la distancia e incluso empecé a preparar la estrategia en carrera, conservadora al principio y acelerando en los últimos 5 kilómetros. Pero mis esperanzas se iban a truncar mucho antes de la carrera, debido a un cambio brusco de las condiciones meteorológicas que pronosticaba vientos de 20 km/h en la villa vallisoletana el día D.
El sol lucía cuando llegué  temprano a Medina el domingo señalado, pendiente de las condiciones climatológicas; el caso es las previsiones no habían acertado del todo, porque el viento soplaba aún más fuerte, a 35 km/h con rachas de 50 km/h y amenaza de lluvia. Recogí cómodamente mi dorsal en la carpa gigante ubicada en la Plaza Mayor y después me tomé tun café antes de empezar a calentar por los alrededores de la salida.
Me coloqué bien para salir y no oculto que aún tenía vanas esperanzas de conseguir un buen tiempo si el viento no soplaba demasiado tiempo de manera desfavorable, pero pronto me topé con la cruda realidad, cuando sonó el pistoletazo de salida y empezamos a correr descaradamente contra el viento ; el recorrido abandona muy pronto el casco urbano y se dirige a una zona abierta, muy expuesta aun viento que prácticamente te dejaba clavado, camino al polideportivo municipal. En la zona del "poli", el viento soplaba aún más de cara y era muy difícil avanzar y obviamente, muy costoso.  Tras un giro a la derecha se tomaba una carretera en la que el viento soplaba de espalda y eso me animó a incrementar mi ritmo y soñar con un buen tiempo, pero tras escasos dos kilómetros, el recorrido volvía a girar y el viento volvía a soplar de cara y me dejó claro que la proeza era imposible, a pesar de cruzar el km 5 ligeramente por encima de los 21 minutos.
Las condiciones iban a empeorar drásticamente a partir de ese kilómetro en el que se recorre un polígono industrial donde el viento azota con fuerza; sigo perdiendo tiempo y cruzo el km 10 en 43 minutos, corroborando que la marca era imposible y que además tocaba sufrir en la segunda vuelta, no solo porque el objetivo era inalcanzable, sino porque el viento comenzó a soplar más fuerte y la lluvia hizo acto de presencia, provocando un enfriamiento progresivo de mis piernas que empezaron  a quedarse rígidas. Fue una vuelta dura en la que incluso me planteé pararme, pues no tenía sentido correr en unas condiciones tan malas de frío, viento y lluvia y a sabiendas que la marca iba a ser muy deficiente.
Afortunadamente no me gusta retirarme sin un motivo físico de por medio, así que apreté los dientes y di lo mejor de mi mismo hasta alcanzar la meta de la Plaza Mayor, donde crucé en 1h33'41''. Un tiempo decepcionante en parte, pero que hay que valorar debido  las penosas condiciones en las que competimos los valientes que llegamos a meta.
Una vez cruzada la línea de meta, me metí en la carpa donde había bastante caos generado por la lluvia; de hecho, me enteré más tarde de que había medalla de finisher, pero a mi nadie me la dio. Decidí cambiarme e irme a casa lo antes posible, sin prestar atención a la zona de entrega de trofeos.
El caso es que al llegar a casa, entré en la página web a consultar las clasificaciones y me llevé una agradable sorpresa, pues había acabado tercero en la clasificación de mi categoría. Es mi primer podio en una carrera y aunque no pude disfrutar de la entrega del premio, debo reconocer que es para estar contento, a pesar de la mala marca. Esta vez, más que nunca, me he dado cuenta que luchar hasta el final siempre tiene premio, incluso sin podio.

martes, 21 de marzo de 2017

"Volando" en Laredo

Hace ya tiempo que hice mis mejores marcas personales, exactamente hace cuatro años y todas en un periodo de dos meses: 10k en la San Silvestre 2012, Media Maratón en enero (Getafe) y Maratón en febrero de 2013 en Sevilla; después de aquel intenso periodo, mis marcas empezaron a decaer y yo seguí cumpliendo años, así que empecé a pensar que me tendría que olvidar ya de intentar superar mis marcas y centrarme en otros objetivos más factibles.
 Afortunadamente no soy conformista y a pesar de mis discretas marcas, he seguido entrenando con ilusión, pues sigo pensando que aún tengo piernas para superar alguna de mis "Personal Best"; pero he tenido que esperar hasta 2016 para volver a hacer buenos registros, sobre todo después de la disputa del maratón de Frankfurt, tras el cual competí en varios 10k con un rendimiento notable.  Aprovechando la  inercia de ese buen estado de forma, continué entrenando con un objetivo claro, mi tercera participación en los 10k de Laredo, con el objetivo de batir mi marca personal en 10.000.
No sé si los 10k de Laredo son los más rápidos del mundo, como reza su publicidad, pero es mi carrera de 10.000 metros favorita por muchas razones; empezando por la belleza de la ciudad y de su playa, continuando por la calidad turística de la zona y obviamente porque el recorrido es absolutamente plano y a nivel del mar. Por todo ello, ya llevo tres participaciones en esta carrera y espero seguir participando en los años venideros.
Como ya ocurriera el año pasado, planifiqué este 10k como uno de los objetivos de mi temporada, porque a pesar de ser básicamente un maratoniano, me gusta también correr distancias cortas y además en esta distancia siempre he tenido la espina clavada de los sub40, que hasta el sábado, sólo había conseguido superar en una ocasión. He entrenado bien después de correr en Las Palmas, siguiendo el  plan trabajo que ideó Depa para ganar velocidad, lo que me ha permitido llegar a la cita de Laredo con posibilidades de asaltar mi marca personal.
En Laredo lucía el sol desde por la mañana, no se atisbaba lluvia, la temperatura rondaba los 12º y el molesto viento no soplaba intensamente en esta ocasión; llegué con tiempo suficiente para recoger el dorsal con Jaime y calentar bien con Beto, ya que ambos competían en Laredo; entre el público, volvían a estar Marisa y Ángela, así que celebramos el día del padre atléticamente, un año más. Me dirigí a la salida a la hora indicada por el speaker, pero por entonces aquello era un hervidero de atletas y aunque me coloqué al final, fui poco a poco "colándome" hasta una posición más adecuada con mi marca. En este sentido, me gustaría destacar la mala organización de la salida, pues sólo hay cajones para la elite y los sub35, de manera que todos los demás vamos al "mogollón"; teniendo en cuenta, que los atletas no respetan ubicarse correctamente según su marca, el resultado es que es muy complicado salir deprisa para los que no somos balas y simplemente coqueteamos con el sub40; en mi opinión, merecemos un respeto mayor.
Con este contratiempo sonó el pistoletazo de salida, aunque yo no llegué a pisar la línea hasta pasar más de medio minuto, tras lo cual me lancé a por la carrera, pero con dificultades, ya que los atletas lentos me hicieron tope en varias ocasiones y tuve que acelerar varias veces para ganar la posición; el resultado fue 3'54'' en el primer kilómetro, conforme a mis previsiones, pero con demasiado esfuerzo. No sé si pagué ese esfuerzo en lo que restaba de carrera, pero no creo que me beneficiara, pues con la inercia se me fue un poco rápido el km 2 (3'51''), tras el cual tiré un poco de freno para evitar colapsarme antes de tiempo. La carrera iba sobre ruedas, dejándome arrastrar por un grupo de atletas que iban aproximadamente a mi ritmo, pero no iba a durar mucho, pues poco a poco se fue desmembrando y tras hacer 19'44'' en el 5.000, me las tuve que apañar yo solo.
El paso a mitad de carrera estaba dentro de mis expectativas, pero tocaba mejorar el ritmo o al menos mantenerlo para conseguir batir mi marca; entonces la carrera se me fue, luché, intenté seguir la estela de algún corredor rápido, pero lo cierto es que se me fueron varios km por encima de 4' y me di cuenta que la marca iba a ser imposible, pero había que luchar por el sub40. El viento molestaba un poco, aunque no creo que fuera determinante en ese retraso que me hizo pasar el km 9 en 36 minutos justos; saltaron mis alarmas, apreté los dientes y lo di todo en el último kilómetro, para conseguir bajar de 40 minutos por un solo segundo, es decir 39'59'', mi segunda mejor marca de siempre.
No he conseguido mi objetivo prioritario, pero no puedo estar descontento; después de 4 años y con 50 (ya casi 51 años) he bajado por segunda vez de 40 minutos y además con buenas sensaciones; creo que me ha perjudicado la salida, un poco el viento y una semana  ajetreada previa a la carrera, pero no quiero echar la culpa al empedrado, aunque pienso que puedo hacerlo mejor.
Con la satisfacción del deber cumplido, me toca empezar a pensar en el maratón de Lima, aunque quizás antes computa en otro 10 k o en una media, algo que aún no he decidido. Lo importante, es que no estoy acabado con mis 51 y tengo ganas de seguir dando guerra.

martes, 28 de febrero de 2017

Parla 2017

Hace un año, disputé por primera vez los 10K de Parla, una prueba que cada año aumenta su popularidad por su, teóricamente, trazado rápido y por disputarse en una buena fecha, pues aún falta tiempo para las medias y maratones de primavera; ya dije el año pasado que no me parecía una carrera tan rápida y en esta ocasión lo he vuelto a corroborar, por si me había influido el bajo estado de forma con el que corrí. Parla es una buena carrera, bien organizada, con buen trato a los corredores y a un precio razonable, pero es tan rápida como la pintan por varias razones; empezando por un trazado con exceso de virajes, siguiendo por varias zonas de falso llano y finalizando por el viento que suele molestar y aún más en esta edición. Sin embargo, para mi, es una de las mejores pruebas que se disputan en el invierno madrileño.
Como ya hice el año pasado, corrí en Parla como preparación para mi objetivo principal de primavera, los 10K de Laredo, donde voy a intentar superar mi mejor marca en esta distancia, que data de la San Silvestre de 2012;  la preparación que estoy haciendo y mis sensaciones respecto a la distancia, me indican que es un objetivo posible, aunque en Parla las cosas fueron peor de lo esperado, pero sin llegar a ser preocupante.
El caso es que el día anterior a la prueba, tuve un día muy movido, que se resume en una comida con amigos en casa, de esas que se alargan hasta casi la cena, pero sin llegar a tanto, porque empalmé con la fiesta de cumpleaños de mi amigo Pirulo y entre unas cosas y otras me dieron las dos de la mañana. Como podéis imaginar, el domingo por la mañana no tenía el cuerpo para darlo todo en el asfalto, pero no quería quedarme en casa y me desplacé a la localidad sureña de Madrid para intentar hacer el mejor papel posible.
La mañana era fría y ventosa, así que hice un calentamiento largo, aunque no intenso y me coloqué bien en la línea de salida junto a Mario, Alex y Edu, que salían en mi cajón aunque con expectativas más ambiciosas que yo. Salí rápido, pero enseguida di cuenta que las piernas no estaban al 100%, lo cual no me impidió completar el primer km en 4'02'', así que pensé en seguir con el mismo ritmo hasta que el cuerpo aguantara y sorprendentemente, aguantó. El año pasado, sin fiesta previa, la carrera se había acabado para mi en el kilómetro 3, pero esta vez, hice una carrera mucho más regular, sin bajones notables y con un ritmo bastante sostenido hasta la meta. No sufrí especialmente en ningún tramo de la carrera, ni siquiera en los falsos llanos o en la parte más expuesta al viento y es que mi estado de forma era bueno, pero el cansancio se hacía notar a medida que pasaban los kilómetros.
Llegué a meta en 41'01'', una marca digna, aunque me hubiera gustado bajar de los 41, pero dadas las circunstancias, creo que hice una buena carrera y que de haber estado descansado hubiera podido acercarme a los sub40' que tanto anhelo.
Faltan cuatro duras semanas hasta llegar a la cita cántabra, a nivel del mar y en un circuito realmente rápido en el que voy a intentar mejorar mi registro en esta distancia; de momento las sensaciones son buenas, pero queda lo más duro del entrenamiento y tendré que echar el resto para llegar a Laredo al 100% y esperar que sepa correr para hacer MMP.

jueves, 26 de enero de 2017

Gran Canaria Maratón (3) - La carrera

La mañana antes de la carrera salí a hacer un rodaje suave y corto en el paseo marítimo de Las Palmas junto con Marisa, como hago habitualmente antes de un maratón; el objetivo de estos rodajes es soltar un poco las piernas y ya de paso templar los nervios pre-competición. A pesar de llevar tantos maratones en mis piernas, esos nervios siempre aparecen, pero más atenuados en una ocasión como esta, en la que mi único objetivo era pasarlo bien y llegar a la meta sin lesionarme, principal preocupación de Depa. El caso es que el rodaje no iba a resultar muy beneficioso, porque el calor y la humedad me afectaron nada más empezar a correr y eso que el ritmo era muy suave y aunque sabía que mi estado de forma era bueno para afrontar la carrera, me empezaron a asaltar las dudas, pues temía que las condiciones atmosféricas supusieran un excesivo desgaste en forma de deshidratación.
El despertador sonó a las 6 de la mañana el día de la carrera, aún no había amanecido y desayuné tranquilamente en la habitación del hotel, para luego tumbarme otro poco hasta la hora de salir hacia el auditorio; fui en taxi, junto con Marisa y Toli y llegamos sin agobios a una zona de partida que ya estaba repleta de corredores y curiosos. Estaba tranquilo, me cambié, fui al baño, me despedí de las chicas, me puse a calentar un poco y me encontré con Duquito, así que nos colocamos juntos en la salida.
La salida fue bastante limpia, sin parones ni zigzagueo, aunque las calles no son demasiado anchas en el primer kilómetro, pero yo quería salir tranquilo y en general la gente había hecho buen uso de los cajones de salida; mi intención era hacer una carrera parecida a la de Ravenna, sin forzar nada e intentar acelerar al final si las piernas respondían. Sin embargo, comencé más rápido de lo previsto, a 4'35 min/km y aunque iba muy cómodo, decidí ir aminorando poco a poco. En el kilómetro 4, Marisa y Toli me daban los primeros ánimos, justo cuando la carrera entra en el paseo marítimo, donde estaba ubicado el resto del grupo para seguir animando. Hacía fresco, el sol no era tan intenso como el día anterior y el viento soplaba de espalda, pero eso iba a cambiar.
El viento de espalda me ayudó a seguir manteniendo un ritmo más alto del previsto, pero sin forzar; se recorre un tramo bastante largo hasta que se llega a la playa de la Laja alrededor del kilómetro 13 y además los participantes de la media giran antes, de manera que se puede correr con más espacio... hasta que vuelves a adelantar a los más lentos tras dar la vuelta. Poco antes del giro me crucé con Duquito, que iba por delante y que me advirtió que sus problemas de cadera le estaban molestando bastante; un poco más adelante, justo en el giro, comencé a hablar con un atleta canario que hacía su primer maratón. Estuvimos charlando un rato y me comentó que hacía carreras de montaña, pero que era su primer contacto con el asfalto; tras aconsejarle tranquilidad y cabeza, le dejé ir porque su ritmo era un poco superior al mío y yo ya me había acomodado en 4'49'' min/km, aunque ahora, con viento de cara.
El viento era molesto, peor por otro lado, refrescaba y eso me venía bien en el fondo porque atemperaba los efectos de la humedad pues impedí que sudara en exceso; la carrera ya se dirigía de nuevo a la ciudad y en el kilómetro 15 tuve mi segundo encuentro con mi afición que seguía al pie del cañón. Hasta el kilómetro 21, me tocó adelantar a muchos atletas lentos que hacían la media, pero había suficiente espacio para correr a gusto; pasé la media en 1h42'37'', en torno a lo previsto y enseguida el recorrido se adentraba en la ciudad, callejeando y mitigando un poco los efectos del viento. Ya por entonces, mi ritmo era muy constante y aunque cansado, seguía notando que mis piernas estaban preparadas para mucho más.
La afluencia de público no era masiva en las calles, pero animaban muchos con ese curiosos énfasis que tienen los canarios; casi sin darme cuenta, volví a ver a mis grupo de aficionados justo antes de entrar en el bonito barrio de Triana, después de cruzar la plaza de San Telmo. Justo después de dicha plaza, me encontré a Chema y Jorge, dos amigos canario que me volvieron a dar un buen empujón moral antes de empezar a callejear por Vegueta, la zona antigua de la ciudad, en la que había demasiados giros y ya empezaba a notar que el sol calentaba más. Tuve una pequeña crisis en mi paso por esta zona, aunque sin bajar el ritmo; ya por entonces Duquito había desaparecido (retirado en el 25), pero me crucé con Israel, otro amigo que corría el maratón y que iba un poco detrás de mi, conforme a la marca que buscaba.
Tras dar otro giro de 180º, se vuelve por el mismo camino, por la misma zona peatonal donde vuelven a animarme mis amigos y encaro una calle larga donde me volverían a esperar Marisa y los demás, en el km 32, como me habían anunciado. En esa calle recibir la visita de una gran maratoniano, Nano Torrent que tras alcanzarme se puso a la par conmigo y charlamos un rato; faltaba poco para el 32, me sentía bien y pensé en lo que me dijo la mejor maratoniana que conozco, Pili Isidro, en Ravenna: hay que correr a partir del kilómetro 32. Así que tras recibir los ánimos de los míos, una vez más, aproveché el subidón para cambiar de ritmo y sin mediar más palabras dejar atrás a Nano y empezar mi personal contrarreloj hasta meta.
Subí el ritmo a 4'35''min/km, podía mantenerlo sin problema y aún me quedarían fuerzas; empecé a adelantar a atletas, uno tras otro, con la satisfacción que supone eso de "recoger cadáveres". Adelanté al atleta canario que me animó y elogió mi veteranía y poco más tarde llegué a las inmediaciones del puerto, donde un speaker me animó con acento canario: "Vamos Chuli"; seguía con el subidón, mi ritmo era alto y los voluntarios me animaban sin parar, yo creo que al ver que iba remontando. En un momento tuve miedo de venirme abajo, pero ya no quería parar, me acercaba a las Canteras, seguía adelantando atletas y la meta estaba cerca. Enseguida entré en las calles aledañas a la playa, donde se callejea bastante, pero ya por entonces la presencia de público es casi constante y eso me animó aún más.
Sin bajar el ritmo llegué a las Canteras, por donde se completan los últimos cuatro kilómetros en un gran ambiente, pues ya está repleto de público que anima sin parar; apreté los dientes y continué adelantando atletas; había olido sangre y ya no podía parar de superar a todo el que viera por delante de mi. El auditorio estaba al fondo y poco a poco me acerqué hasta llegar a los últimos metros en los que un sol radiante y una alfombra verde dna la bienvenida a los esforzados maratonianos. 3h22'52'', mejor tiempo que en Ravenna y por tanto, mejor de lo que había planificado y todo eso sin forzar. Creo que es para estar contento.
Ya en meta, esperé a Nano, a Israel y tras saludarlos me fui a recibir las felicitaciones de mi enorme afición, que una vez más habían hecho un "carrerón". Mi 27º maratón está en la "buchaca", una carrera que me ha demostrado que sigo teniendo un buen nivel y que se puede correr un maratón sin desgastar demasiado. Esta vez,  he cumplido los objetivos, ahora hay que buscar retos nuevos.