sábado, 17 de abril de 2010

Carrera Popular Parque de Cataluña

El Club Deportivo Parque de Cataluña se enclava en el barrio del mismo nombre en Torrejón de Ardoz. Sus socios organizan cada año esta carrera destinada exclusivamente al corredor popular; no hay cuota de inscripción y los  patrocinadores son escasos, pero la ilusión y el trabajo de los voluntarios compensan todas las carencias.
La sede del club es el punto de partida y llegada de esta fiesta del atletismo. Aparte de la carrera senior, se celebran carreras para niños desde categoría prebenjamín. La organización es modesta, de manera que la recogida del dorsal es un poco desorganizada, pero sin demora excesiva. La salida se realiza desde una calle anexa y tras dos vueltas a un circuito se llega a la misma sede del club, que tiene, además de las habituales pistas de tenis, padel etc, una pista de atletismo de color azul de 200 metros de cuerda.
Un speaker dirige a los corredores a la línea de salida, un puñado de atletas entre los que se encuentra el gran Luismi Martín Berlanas, invitado por el club. El mejor obstaculista de España de todos los tiempos, que acaba de retirarse, no tuvo reparos en compartir kilómetros con un grupo de populares de lo más variopinto. Este acto define, por si solo, la calidad humana y atlética de un campeón.
Era mi primera carrera después de Tokio y no quería forzar. Pero el recorrido es de sólo 4.100 metros, así que tuve que salir fuerte para no quedarme muy atrás. Es evidente que mis piernas no están acostumbrados a ritmos tan altos desde el principio, pero aguanté el tirón como pude durante la primera vuelta y en la segunda empecé a sentirme mejor. Empecé a remontar y a pasar atletas. La meta está situada sobre la preciosa pista donde se recorren los últimos 200 metros, en los que unos chavales de no más de 20 me pasaron como una exhalación, haciendo gala de un rush final que ya no tengo. Acabé en menos de 16 minutos, una marca razonable para una carrera tan rápida.
En meta, una bolsa del corredor más modesta de lo habitual, pero valiosa en una carrera gratuita. Por allí estaba Luismi, que había ganado la prueba, como no podía ser de otra manera. Hablaba con unos y otros, saludaba a los atletas... que tio más grande. Tenía prisa, así que me escapé del recinto y me perdí las carreras infantiles y la entrega de trofeos. Quizás el año que viene vuelva con Alonso, porque esta carrera es de esas que te dejan un buen sabor de boca.


miércoles, 7 de abril de 2010

Tokyo Marathon 2010 (3)- LA CARRERA


Las previsiones meteorológicas no fallaron esta vez; cuando me asomé a la ventana, depués de que el despertador de mi habitación del hotel Keio Plaza sonara a las 6 de la mañana, el panorama era desolador: lluvia, viento, frío... Pero así como la organización continuaba con sus preparativos para la salida en medio de la tempestad , yo comencé los míos bajando a desayunar, en una sala repleta de clientes, la gran mayoría corredores. Comí tranquilo, viendo como llovía fuera del edificio; fruta, cereales, tostada, café... lo clásico.
Volví a la habitación para cambiarme y me asaltó la duda de que ponerme teniendo en cuenta lo que estaba cayendo. Al final decidí llevar lo justo, pantalón, camiseta y un chubasuqero  para correr los primeros kilómetros. Bajé al hall con Marisa y allí me esperaban todos mis amigos con una camiseta preparada para la ocasión; fue muy bonito, comprobar ellos también se habían preparado para correr el "otro" maratón y eso me ayudó a motivarme aún más, pues no iba a decepcionarles después de tanta preparación.
Tras las fotos de rigor, salí a la calle acompañado por Encho (que iba a correr la carrera de 10 Km) y el resto de la expedición de Marathinez. Enseguida llegamos a la zona de salida, donde nos separamos. Calenté un buen rato en una zona cubierta, pero a falta de unos 20 minutos para el comienzo, me dirigí al cajón de salida. Llovía copiosamente, lo que no impedía que casi todos los participantes estuviéramos ya allí, listos, aguantando el chaparrón y esperando el pistoletazo de salida. Fueron malos momentos, estaba un poco deprimido porque después de todos los meses de preparación, la lluvia podía afectar seriamente a mi marca.
Por fin sonó el pistoletazo y comencé a moverme. Seguía lloviendo, pero ya estaba en movimiento. La salida fue lenta, mucha gente al tran tran y poco espacio; me parece que los japoneses también hacen trampas, pues me pasé un buen rato adelantando a gente del cajón superior al mío. Pasé el kilómetro 1 en casi 5 minutos, lento, pero entonces la calle empezaba a estar más despejada y mi ritmo comenzó a incrementarse. La carrera empezó a cambiar, mi ofuscación inicial fue mitigándose y cada vez me entraban más ganas de pelear, de ir por esa marca deseada. Las calles estaban abarrotadas, ahora me estaba dando cuenta y yo seguía adelantando atletas, sintiendo  mis piernas sueltas, sin sensación de pesadez; los nervios habían desaparecido y me di cuenta que mi estado de forma era el óptimo, que mi trabajo meses atrás había sido útil y sentí que era mi día. Pero... joder, voy muy rápido, me dije, al pasar el Km 5 por debajo de los 22 minutos, pero enseguida decidí no aminorar, había que poner toda la carne en el asador.
Los primeros kilómetros picaban hacia abajo, la carrera era rápida y además el recorrido era muy bonito hasta llegar al Palacio Imperial, donde la carrera llegaba al Km 10 y entonces, el recorrido giraba a la derecha y recorría una calle de ida y vuelta con vistas a la Torre de Tokio y que nos devolvía al mismo punto, pero diez kilómetros más tarde. Fue un tramo difícil, debido al viento que soplaba fuerte y frío, lo que unido a la pertinaz lluvia, hacía que el esfuerzo fuera aún mayor. Al paso por la media, por debajo de 1h 33', vi por primera vez a mi grupo de animadores, que habían llegado tarde al paso por el Km 10. aunque iba bien, me ayudó mucho verles con sus banderas entre la multitud de japoneses.
Me interné en otro recorrido de ida y vuelta en el que los espectadores se agolpaban sobre las vallas, animando con sus gritos y con sus banderas fundamentalmente a los atletas locales, pero sin olvidarse de los que habíamos recorrido muchos kilómetros para correr en un ambiente tan espectacular. Tuve un pequeño inicdente, ya que una corredora se tropezó conmigo al cruzarse para avituallarse y estuvo a punto de provocar mi caída, que, afortunadamente, pude evitar. Al final de la calle se giraba y se dejaba a un lado el imponente Templo Sensoji, que te indicaba que aún quedaban 14 kilómetros. Aún iba en tiempo, con fuerza y con ganas, pero empecé a sentir dolor en las caderas. El frío estaba empezando a hacer mella y mi cuerpo se estaba quedando más rígido de  lo aconsejable.
En el Km 34 volví a ver a la afición, que me inyectó el último ánimo antes de encarar la recta final de la carrera. A partir del Km 35 el dolor era constante y aunque la lluvía era ya muy débil, el recorrido se introducía en una zona semi-industrial, en la que los aficionados escaseaban y para rematar, se subían tres pequeños repechos. Me di cuenta que iba  a ser imposible bajar de 3h 10'. Entonces me dije a mi mismo que no podía tirar la toalla, que estaba haciendo una gran carrera y que no podía rendirme, así que aceleré todo lo que pude, para lograr la mejor marca posible, por encima o por debajo de mi marca, pero quería acabar como un luchador, no como un vencido.
Y acabé, crucé por fin el arco de los 42 Km, un arco rosa, lleno de publicidad que significaba que había acabado mi octavo maratón y había batido mi marca dos años después. Era feliz, había logrado una gran victoria, aunque agridulce por no poder bajar de 3h10'. Me dieron bebida, comida, una toalla, la medalla... y fui comprendiendo lo que había hecho; había completado un carrerón, había vuelto a disfrutar un maratón, había sufrido lo justo, peor había llegado con la fuerza que se le supone a un buen atleta y creo que en Tokio lo fui.
En Tokio rebajé mi marca en un día de perros, no conseguí la marca necesaria para tener derecho a correr en NYC, aunque si la necesaria para correr en Londres. Es una buena marca, pero mucho mejores fueron las sensaciones que experimenté en esas 3h 11', las sensación de poder más y sobre todo la sensación de disfrutar de una carrera tan especial. En Tokio, he vuelto a ser maratoniano en su sentido más estricto.




jueves, 18 de marzo de 2010

TOKYO MARATHON 2010 (2) - LA ORGANIZACIÓN

El Maratón de Tokio es, sin duda, el más importante de Asia y eso implica que cada año miles de runners intenten conseguir plaza para correr en la capital de Japón. La organización ha establecido un sistema de sorteo para asignar las plazas disponibles, por lo que es bastante difícil conseguir un dorsal, así que decidí acudir vía agencia de viajes, más concretamente, con mis buenos amigos de Marathinez Tours, que organizan cada año este evento.
Cuento esto, porque mi análisis de la organización de esta prueba, no incluye la fase previa de inscripción, que fue gestionada por la agencia. Así que, nos trasladamos a Tokio y , en concreto, al día en el que me acerco a la feria del corredor para recoger mi dorsal y a partir de entonces comienzo mi análisis.
La feria del corredor del Tokyo Marathon 2010, estaba situada en un pabellón ferial, estilo IFEMA. El recinto es enorme, con una zona exclusiva para runners y otra común.  La recogida del dorsal está muy organizada y es muy rápida, a pesar de que las japonesas que me atendieron no hablaban inglés. Luego recoges la camiseta ya pasas a la zona común. 
La zona "mixta" es enorme". El merchandaising del maratón está situado al principio y dispone de muchas cajas para evitar las colas. El patrocinador del maratón, Asics, ofrece infinidad de productos para el runner y para regalo. Y una vez completada esa parte, hay una gran cantidad de expositores, por supuesto los de ropa deportiva, pero también  los de alimentos para el deportista, té y otros productos japoneses, transporte y obviamente, stands de  maratones, especialemente de EE.UU. y Australia.
Una vez fuera, revisé la bolsa del corredor, que contiene lo básico: dorsal, chip, imperdibles, bolsa para la ropa; pero además en la zona mixta daban guantes y muñequeras a todos los runners.
Mi hotel estaba situado justo al lado de la salida, así que cuando me levanté el día de la carrera, pude ver por la ventana que todo estaba listo para la gran prueba. Hay que entrar con tiempo en la zona de salida, reservada para corredores. Es una zona enorme, un poco agobiante , a veces, pero bien ordenada. Allí dentro hay infinidad de voluntarios, zonas de calentamiento y un montón de cabinas para hacer tus necesidades de última hora y además ¡limpias! No hay mucha cola además, así que tras hacer todo lo preciso me encaminé a la zona de salida, que estaba organizada por cajones. Estaba lloviendo, pero la gente estaba en la línea de salida en hora, bien ordenados, sin aglomeraciones, colocados cada uno en su cajón. La salida era un poco estrecha y con un bordillo central que molestaba. a partir de lo primeros 500 metros el recorrido siempre era ancho, cómodo, vallado, casi perfecto. Había varios "giros en U" bastante amplios que no entrañaban problemas; las mesas de hidratación eran muy largas y accesibles, con voluntarios atendiéndolas, para que la recogida del agua o de la bebida isotónica fuera lo más rápido posible; había baños cada 2 Km; en general, la organización del recorrido también raya la perfección. Además, es un recorrido bonito, que pasa por lugares emblemáticos como el Palacio Imperial, el Templo Medji, el teatro Kabuki...
 La meta está situada en la misma zona de la feria. Está un poco despoblada, pero hay gente animando hasta el final. Una vez cruzada la línea de meta, hay asistentes para todo: para quitarte el chip, para colocarte la toalla, para darte agua, comida, la medalla... pero lo mejor, es que una vez pasado todo eso, te meten en unas naves enormes donde puedes cambiarte tranquilamente sin pasar frío, algo que se agradece en un día como el que vivimos. En las naves, la recogida de la bolsa de la ropa es muy rápida e incluso hay vestuarios, masajes y una especie de piscinas para meter los pies. Cuando sales de allí, tienes la sensación de haber sido mimado por todas las atenciones recibidas y por todas las sonrisas y reverencias recibidas por parte de el ejército de voluntarios, siempre sonrientes y atentos a tus necesidades.
En resumen, en Tokio saben organizar muy bien un maratón y tratar como se merece a los principales protagonistas, los runners.Obviamente, recomiendo encarecidamente correr aquí, es una gran experiencia  que merece la pena a pesar de la distancia. Casi todo fue perfecto, solo faltó que acompañara la meteo...

viernes, 12 de marzo de 2010

TOKYO MARATHON 2010 (1)- EL AMBIENTE

Japón es un país con una relación especial con los maratonianos. Todas las grandes ciudades tienen su maratón, pero realmente significativos son los que se disputan el el Lago Biwa, sólo para corredores de élite y el maratón femenino de Osaka. Al corredor se le trata con el respeto que se merece, ese respeto que desprende toda la cultura japonesa en cuanto a las relaciones personales. Mi decisión de correr en Tokio responde, fundamentalmente, al deseo de completar un maratón por continente, pero elegí Tokio porque su maratón no es una carrera más.
Como pasaba en Boston, en el mismo aeropuerto ya pude ver algún cartel que anunciaba el evento. Mi hotel estaba situado en las inmediaciones de la salida y por esa zona también colgaban carteles anunciando el gran acontecimiento del domingo en la ciudad. además, en mi hotel se alojaban los atletas de élite y muchos populares, por lo que el ambiente maratoniano era evidente.
El día previo a la carrera, ya estaba en marcha el montaje de la salida, pertaba atestao no se notaba nada especial, salvo los carteles anunciadores. Sin embargo, el día de la carrera todo iba a cambiar. En el desayuno, el salón estaba lleno de runners y de aficionados y eran ¡las 6 de la mañana!. Un poco más tarde, el hall estaba atestado de gente: runners, familiares, amigos... la fiesta estaba a punto de empezar.
Era un día lluvioso,la grada de invitados en la salida estaba llena de autoridades disfrutando del espectáculo. Pero lo más sorprendete vino después del pistoletazo de salida, con las calles llenas de aficionados aguantando el chaparrón, animando, dando el aliento necesario a los, esta vez, muy esforzados runners corriendo bajo la lluvia. Practicamente todo el recorrido estaba lleno de gente animando, no aplaudían  demasiado porque tenían las manos ocupadas con los paraguas, pero sus gritos y su calor eran suficiente.
La parte final del recorrido era una zona más desierta, sin edificios y con menos gente. Ya importaba poco, la zona de meta volvía a estar llena de gente, de gritos y de ánimos que te llevan en volandas al final.
Tokio ha supuesto una experiencia fantástica para mi. Aficionados y voluntarios  se vuelcan con los corredores, especialmente con los occidentales. El trato al corredor es excelente, las sonrisas son permanentes, la atención esmerada. Quizás sea la idiosincrasi japonesa, o quizás su esmarada educación, pero, en cualquier caso,  adoro correr en este pais.