domingo, 24 de enero de 2016

Hong Kong Marathon (2) - La organización

El maratón de Hong Kong es una Gold Label Race para la IAAF, así que es lógico pensar que algo debe tener para haber conseguido ese distintivo; de hecho, no se puede hablar de mala organización, pues hay muchos aspectos que funcionan como un reloj de precisión, pero a los que dirigen la carrera les hace falta pensar un poco en los protagonistas del evento, los corredores y darse cuanta que una competición popular debe estar organizada para los corredores y eso supone hacer las cosas de una manera muy diferente.
Empezaré, como siempre, hablando de la página web, bastante buena, con información suficiente y con un buen comportamiento el día de la inscripción; se complementa con una página de Facebook que ofrece una información similar y en ambos casos, está traducido al inglés. El problema no es la información que ofrece, sino como se gestiona esa información; digo esto, porque las inscripciones para esta prueba suelen agotarse en horas tras la apertura del plazo establecido e imagino que por esa razón, los organizadores juegan al gato y al ratón con los participantes, anunciando fecha y hora de la apertura de inscripciones con sólo tres días de antelación; de manera que o estas atento a diario, o te quedas sin dorsal. Además de esta ridícula medida, tampoco funciona la atención al cliente como debiera; ya he comentado que me equivoqué en la inscripción y a pesar de mis correos, llamadas e incluso mi petición personal cuando recogía el dorsal, todas las respuestas fueron del mismo tipo: no se puede, no sé que pasa si sales en la primera ola, no sé si te descalifican, o incluso no entiendo que quieres decir.
Una vez inscrito en en la web, hay que esperar que te llegue por correo postal el "Bib Pack Collector", imprescindible para recoger el dorsal en la fecha indicada; para los habitantes de Hong Kong, la recogida se hace miércoles y jueves previos a la prueba, mientras que los extranjeros lo hacemos viernes y sábado. La recogida se realiza en el Victoria Park, situado en la isla de Hong Kong, el lugar donde acaba la prueba; aunque en la carta no se especificaba dirección o edificio alguno, cuando me dirigí allí el sábado por la mañana, tenía la vaga esperanza de que hubiera un pabellón o algo similar donde se celebrara la feria, pero mis esperanzas eran vanas. En Victoria Park, se estaba trabajando en la instalación de la zona de meta, pero no había ninguna feria, sólo unas carpas donde se podía recoger el dorsal, la bolsa del corredor y la bolsa para dejar la ropa el día de la carrera. No había apenas cola y el trato fue bastante amable, aunque no todos los voluntarios hablan inglés, así que era difícil entenderse por momentos. Y aunque no veía nada alrededor, pregunté si se podía comprar algo de merchandising como recuerdo y no me supieron contestar; obviamente, no había nada.
Que un maratón con 40.000 participantes carezca de una feria del corredor, me parece lamentable y un error de la organización, pero de remate, este es el primer maratón donde no se podía comprar ni un sólo recuerdo de la carrera, algo que nunca había visto hasta ahora, ni siquiera en Moscú, o en Marrakech. La verdad es que no lo entiendo.
Quizás os parezcan quejas de un consumista de maratones, así que me voy a centrar en lo importante, en la carrera, o más bien en las múltiples carreras que se disputan el domingo a partir de las 05:45 de la mañana en intervalos de media hora, un buen madrugón. La organización justifica la intempestiva ahora con el fin de no molestar a los habitantes de la ciudad; es otro de los errores de bulto de este evento, en vez de hacer partícipe a los ciudadanos de esta fiesta del deporte popular, te escondes y haces todo lo posible para que no se note.
Yo empezaba a las 06:45 y a esa hora en Nathan Road no había nada más que corredores y casi ningún aficionado pues, lógicamente, estaban aún en la cama. Los camiones de la ropa están bien situados y no hay colas para dejarla, aunque si las hay para ir a hacer tus últimas necesidades, pues los baños portátiles no son suficientes. Y si no había nadie en la salida, os podéis imaginar que no había nadie en los primeros kilómetros de recorrido, que se recorren a oscuras en unas calles poco iluminadas, aunque amplías; sólo los tres primeros kilómetros de la prueba son accesibles al público, pues después el recorrido se interna en una autopista en la que se disputa la mayor parte de la carrera.
La autopista no tiene acceso al público, pero no faltan los servicios habituales, como baños, asistencia sanitaria y obviamente avituallamientos, cada cuatro kilómetros, aproximadamente, a ambos lados de la calzada, con agua en vaso de cartón y el isotónico en un recipiente similar al de un zumo; el avituallamiento sólido de plátanos, naranjas y chocolate y creo que también había esponjas, pero con la que estaba cayendo, ni me fijé.
El recorrido es feo y duro, pues se desarrolla por las carreteras que unen los diferentes territorios de Hong Kong , lo cual se hace por puentes colgantes, que pican arriba y luego abajo, aunque la primera mitad de la prueba es una subida casi constante; además se pasa por tres túneles, dos de alrededor de 1,5 kilómetros en la ruta de las autopistas y uno de casi 2,5 km cuando se sale de la autopista para entrar de nuevo a la ciudad, alrededor del km 36. Los túneles son duros, pues hace calor y tras un rato corriendo dentro se respira mal y eso sin contar el agobiante olor a pintura del último.
Como no se emplean todos los carriles de la autopista, el recorrido no es lo suficientemente amplio para tantos corredores y hay momentos en los que hay atasco, no sólo al principio, sino durante toda la carrera, porque todas las carreras se unen (10k, Media y Maratón) ya que el recorrido final es común para todos, de manera que hasta el último kilómetro hay problemas para adelantar.
Y es que tras abandonar la autopista y adentrarse en la ciudad, se recorren, supuestamente, unos seis kilómetros hasta el final por la ciudad, pero en realidad se recorren por una carretera en obras, sin acceso al público y muy estrecha, adornada con múltiples repechos en los que los atascos se hacían insoportables. Sólo en los últimos dos kilómetros se puede ver a la gente animando.
Tras cruzar la línea de meta te ponen la medalla, te dan una bolsa con bebida y comida y te diriges a recoger tu ropa, que está colocada en el suelo, como en otros sitios: el problema, es que en durante la carrera estuvo lloviendo a mares y era previsible que en el suelo, se mojara el interior de la bolsa; así que después de 42 km, cansado y empapado, mi esperanza de ponerme ropa seca se desvaneció, porque mi ropa de cambio estaba también mojada.
Y de remate, me dirigí al punto de encuentro, que está compuesto por un cartel que pone eso, punto de encuentro (Meeting Point), pero nada más. Allí no hay nada, es una especie de callejón que da acceso a un campo de fútbol, sin señalizaciones de letras o de dibujos, con cantidad de gente pululando, cambiándose, otros repartiendo gominolas... un caos. Menos mal que tras un buen rato pude ver a Marisa y mis amigos.
No creo que el problema de este maratón sea la organización, en realidad las cosas funcionan, pero una carrera no puede estar tan mal diseñada, empezando por la hora de salida, siguiendo por el absurdo recorrido alejado del público y terminando por la inaceptable mezcla de carreras y la consiguiente masificación durante todo el recorrido. Por eso, cuando he contestado la encuesta que me ha enviado la organización, he contestado que no aconsejaría este maratón a mis amigos. Ni en broma.


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